Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Canibalismo

Cuando cumplía años era como si un momento de silencio y de quietud atravesara la fiesta (Y si estoy, ¿en donde estoy?).

Ahora cumplía nueve y sucedió lo mismo. Miro esa vieja “fotografía”: mi mamá cortando la torta rosada, mi amiga Patricia extendiendo su plato, y a mí no me veo, claro, yo soy la que mira la foto imaginaria (La fotografía).

Después, de nuevo cantos, juegos y risas (La Parranda ¡Aleluya!). En ese silencio de un segundo estaba contenido mi destino, esa quietud era mi quietud actual (¿Existe el destino?).

Venía la parte en que salvajemente mis amigas y yo hacíamos explotar los globos, uno detrás de otro. Teníamos sensaciones de guerra, de fusiles que respondían, de ráfagas de ametralladora -ráfagas de ametralladora decían en esa época las noticias de los diarios, del diario que yo le leía entrecortadamente a mi abuelo, ciego en su último año (Los iluminados - de Marcos Aguinis).

Mi mamá se había retirado a la cocina a fabricar más chocolate -el chocolate para el que tenía un rayador especial que lo convertía en hebras deliciosas (Chocolate - Origen e historia).

Los globos habían acabado de estallar; sin embargo nuestros rostros de niñas guerreras seguían en combate, y luego las manos, los cabellos y hasta los pies combatían, aunque nos conteníamos bastante con una dulzura hipócrita que nos habían enseñado (“La Náusea” -Jean Paul Sartre).

De pronto llegó a la casa la abuela; ella sí era dulce de verdad y traía abrazada una muñeca gorda -tan tierna, tan parecida a mí con sus hoyuelos en las mejillas y en cada comienzo de los dedos.

Me colgué del cuello de la abuela, le di muchos besos, pero no me atropellé para arrancarle la muñeca. Ya de lejos, como dije, la había visto gorda, con trenzas, parecida a mí, y ya de lejos no le tenía simpatía.

Y en este cumpleaños hubo un segundo momento de silencio y de quietud cuando las niñas callaron y se quedaron paradas allí, entre los cadáveres azules, amarillos y rojos de los globos.

La escena cambió, por supuesto, todos los momentos pasan, pero las amigas nos quedamos con mucha culpa -mi abuela había visto los globos y otros adornos destrozados y se fue a la cocina a conversar con mamá.

Nosotras decidimos jugar más civilizadamente. Tomamos la muñeca. ¿Cómo jugaríamos con ella? Estábamos aburridas de jugar con muñecas y aparte ésta a mí me caía particularmente mal, como si fuera un animal, un bicho.

-¿Un animal?.. Los animales se comen -sentenció una de las chicas-. ¿Si jugamos a que invitaste señoras a una cena?

-¡A comer pollo! -exclamé yo; me gustaba la idea de trinchar el regalo.

Desnudamos la muñeca: nos la comeríamos cruda.

La pusimos en una fuente de plata, una fuente grande que extrajimos del mueble francés, donde estaba la vajilla que mamá trataba con mayor delicadeza.

Casi no hicimos ruido; en la cocina estaban los fantasmas de la abuela y mamá, que podían aparecerse de pronto. Esto le sumaba riesgo y por lo tanto interés a la empresa.

Repasamos con servilletas de papel los platos que habían quedado llenos de migas de torta o sanguchitos.

Servimos. Yo trinché. Todas querían alas y patas, pero no alcanzó, hubo que romper el torso para inventar la pechuga.

Es más: no quedó nada, casi nada, para mí, que era la anfitriona y debía sacrificarme para conformar a mis invitadas.

Sólo me quedó un dedo, un pequeño dedo meñique de la muñeca, que saboreé con fruición, sabiendo que me estaba comiendo a mí misma.

Hubo un tercer y terrible silencio cuando aparecieron mi abuelita y mamá para ofrecernos chocolate.

Para terminar el relato debo decir que por aquellos tiempos yo estaba obsesionada con algo que me había contado mi papá, sacado de un libro de historia: en el Imperio Romano se asustaba a la gente que quería convertirse al cristianismo asegurándole que los cristianos eran caníbales, ya que comían el cuerpo y bebían la sangre de Cristo, en la forma del pan y del vino.

Envío

José María, me diste un alegrón. Y Joise, como siempre, me enseñaste a comprenderme. A los que faltaron los quiero igual. Escríbanme todos. Pueden criticarme tanto como quieran, que eso me ayuda mucho. O mandar sus escritos. Prohibido, eso sí, Alejandro, sospechar que tengo Alzheimer, que es respetable como cualquier enfermedad, pero no es, a la sazón, mi caso.

Besos

Mora

Monografias

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Comentarios

6 respuestas a “Canibalismo”
  1. Gerardo Martín Solá dice:

    Cada vez que leo su blog, lo disfruto mucho. Pienso entonces, que comentario inteligente dejar. Sin embargo lo único que quiero decir es “me gustó, me gustó mucho y es tan atractivo su cuento, como una porción de torta de chocolate, pero se puede volver a comer sin empalagarse nunca.”
    Excelente y quedo esperando la próxima porción…de lo que sea…

  2. Joise Morillo dice:

    Hola querida

    Si interpretamos, la envidia, la intriga y muchas formas de odio solapado o evidente, donde quien siente este sentimiento siniestro, que incluso, es víctima de tan nefasto designio, encontramos una especie de misantropía o misoginia, caso que dependiendo la intensidad del sentimiento puede ocasionar las más de las veces tragedias mortales, por ende, dolor, si esta cosa es nefasta como para mantener una atmósfera lúgubre y asfixiante donde las víctimas se carcomen psicológica o mentalmente, ese ambiente es canibalismo, aunque la sangre no se va a beber ni la carne se va a comer, pero la actitud si se ingiere a las victimas psicológicamente

    Os ama

    Joise

  3. felipe humberto rizzo dice:

    Querida Mora, excelente relato. No se si es real que has estado enferma, pero eso no opaca la brillantez de tu intelecto y este último envió lo confirma.
    Cono puedo con mi genio, va ahí un cuento de mi autoría, que estoy seguro tu puedes mejorarlo y transformarlo en algo digno de ser leído.
    Un fraterno abrazo. Felipe
    CANÍBAL
    Aún recuerdo sus últimas palabras escritas en la pantalla: ¡No te detengas!, son solo dos párrafos y podrás ver tu obra terminada.
    Todo ocurrió una noche de Julio en medio de una pertinaz lluvia de invierno. Sentado frente a la ventana, empañada por el frío, veía la desdibujada figura un vagabundo arrumbado sobre la pared de enfrente. Deje de teclear, froté mi mano sobre el vidrio abriendo un informe agujero en su húmeda superficie, tenía el presentimiento que el pobre infeliz se hallaba muriendo, podía adivinar su respiración entrecortada y sus ojos aterrados ante la eminencia de su trágico final.
    Una morbosa curiosidad se apoderó de mí, nunca había visto morir a un hombre y pese a que con solo abandonar mi casa y atravesar la calle podía impedir su muerte, pero no lo hacía, estaba fascinado por poder presenciar el arribo de la implacable Parca en busca de su presa. Me la imaginaba como un buitre carroñero desgarrando con su afilado pico el cuerpo de su víctima en busca de sus entrañas. El placer que esta idea me producía aletargaba mis sentimientos solidarios.
    Nunca supe en que momento retomé la escritura y comencé a relatar la pavorosa escena que se desarrollaba a metros de mi computadora. El teclado ya no respondía a mis dedos, había cobrado vida propia y se expresaba como el mejor escritor de cuentos de terror, describía cada movimiento convulsivo del moribundo con una crueldad estremecedora.
    Había momentos que dejaba de mirar la pantalla para corroborar si lo escrito coincidía con lo que mis ojos veían a través de la ventana. De pronto, tomé conciencia e intenté frenar sus teclas; imposible, su frenético teclear comenzó a lastimar mis dedos. Intentaba despegar mis manos del ensangrentado teclado, pero este ya había engullido parte de mis manos y comenzaba, al igual que el buitre, a desgarrar mi cuerpo y ya nada podía hacer para librarme de la Parca que se escondía tras sus plumas, el que al igual que un arrugado ariete, su cuello, armado de un puntiagudo pico penetraba en mí ya casi descarnada osamenta en busca de mi corazón.
    Tuve el tiempo justo para alcanzar a ver como de dos certeros picotazos me arrancaba los ojos, ojos que depositó frente a la pantalla y me permitieron leer el final de mi relato:
    -”Acosado por el hambre, el náufrago en un último intento por sobrevivir, recordó la historia del “milagro de Los Andes” protagonizado por un grupo de jóvenes rugbiers uruguayos, y no dudó en alargar su agonía y comenzó a auto devorarse, empezando por sus dedos”-.

  4. José María Gil dice:

    EL CANÍBAL

    - Te quiero tanto - dijo él entonces - que algún día te comeré entera, comenzando por esos pies tan lindos…
    Ella, ilusionada, creyó que todo aquello era amor…; y así fue por algún tiempo. Pero él había sido claro: no se equivocaba…Acabó devorándola como un caníbal y comenzó, tal como había anunciado, precisamente por los pies.
    Todo comenzó el día de su primera reacción machista:
    - ¡Tú, sin mí, no vas a ningún lado!
    Había sonado enérgico, “autoritario”… y ella sintió de inmediato recortada su libertad. Fue algo así como si le acabaran de cercenar ambas piernas a una altura difícil de precisar.
    Más adelante, tras el nacimiento del primer hijo, el caníbal devoró su iniciativa. Le obligó a rechazar aquella oferta de trabajo que se le antojaba como esperanza liberadora y a permanecer recluída en la casa, luchando así por su amor y su familia, pero nada aquietó al tirano y en su vida siguieron los recortes, de manera sutil pero progresiva, a medida que las sucesivas dentelladas del caníbal alcanzaban sus manos, sus brazos, el cuello, el pecho, el abdomen y el bajo vientre, devorando así sus habilidades y aficiones, su voz y sus protestas, sus gustos y sus placeres.
    En lo más avanzado del proceso el caníbal atacó su cerebro y devoró su voluntad.
    Ya sólo le quedaba el corazón y ella llegó a pensar que, con los sentimientos de amor ligados a éste, le bastaría para resistir, pero el caníbal no supo parar a tiempo y la dejo sin corazón el mismo día del abandono.
    Saludos, Mora.

  5. María Cristina Schneider dice:

    Hola Mora. No tengo conocimiento literario como para juzgarte. Me gustó, si, me gustó. Me equivoco si interpreto que esa niña sufría una tremenda desvalorizacion de su persona?

  6. linda verlliui dice:

    je passe en coup de vent pour te souhaité une bonne fin de journée gros bisous

    voyance par mail gratuit



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