Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Mis amores de poeta (reconstrucción)

Una escritora del futuro (¿Tiene la literatura sexo?) -no de las mejores, pero sabe español (El papel de la relevancia en la traducción)- me presta su lápiz para que yo narre mis amores (Los amores de Friedrich Nietzsche).

Antes de narrarlos, procuraré aclarar un poco más el panorama de mi vida y mi obra (Brecht, Vallejo y Bécquer. Tres ensayos críticos). Y que no se considere soberbia el hacerlo (Los 7 pecados capitales): ya estoy muerto y mis páginas se mezclan con las páginas de otros muertos y lo único que importa es lo que dejamos escrito, no nuestra talla de hombres o mujeres.

De todos modos, cuando soy yo el que literalmente habla en este monólogo autobiográfico y de tantas voces a la vez, mis palabras van en letra cursiva (Autobiografía: la experiencia personal en la elaboración literaria).

Cuando hablan otros todo va encomillado, menos los aportes de “mi” escritora.

Ahora continuaré, con menos culpa… (No tiene la culpa el rey…).

Para ella y para quienes me siguieron y me amaron, yo fui el romántico por excelencia, aunque, la verdad, bastante lejos estuve en mis relatos y en mis versos de adherir con el alma al movimiento del romanticismo español. Quise ser un poeta popular y sencillo, me adelanté a mi época en la austeridad de mis palabras y, también, en cierto modo de concebir la prosa y la poesía.

Dice mi biógrafo Carlos J. Barbáchano que lo esencial en mí “es la distinción entre la poesía pomposa, adornada, desarrollada, y la poesía breve, desnuda, desembarazada en una forma libre, que roza un momento y huye, y se quedan las cuerdas vibrando con un sonido armonioso. Toda nuestra poesía anterior… lo mismo la clásica que la romántica, pertenecía al primer tipo, y el gran hallazgo, el gran regalo del autor de las Rimas a la poesía española, consiste en el descubrimiento de esta nueva manera que, con un solo roce de ala, despierta un acorde en lo más entrañado del corazón, y la voz ya extinguida lo deja… lleno de resonancia”. Y Dámaso Alonso me adjudica haber encontrado cierta gema: “…es él quien halla la expresión que angustiosamente se estaba buscando, él quien nos lega la fórmula cristalina: lo huidizo y oscuro se ha cambiado en nítida permanencia”.

Mi amigo el poeta Augusto Ferrán dice en La soledad (1861), libro del cual he realizado una minuciosa -y fervorosa- reseña en El Contemporáneo

“Yo no sé lo que yo tengo

ni lo que a mí me hace falta,

que siempre espero una cosa

que no sé cómo se llama”.

Y de aquí, doy un salto mortal a mis amores.

Lo más urgente es contestarle a Valera cuando escribe sobre mí y mis amores:

“Quiméricos son en mi sentir cuantos amores dan asunto a sus versos y cuantas mujeres los inspiran. Para gozar o padecer en realidad de aquellos amores y para enredarse en ellos con aquellas peregrinas mujeres le faltó tiempo, ocasión, salud y dinero (…) Con frac elegante hecho en París o en Londres, con finísima ropa blanca, con oro en el bolsillo y billetes de banco en la cartera, hubiera brillado y triunfado en los salones… Su deseo de amar, como la flecha del príncipe de un cuento de Las Mil y Una Noches, voló por encima de toda la realidad efectiva y fue a clavarse en la dorada puerta de los encantados palacios y jardines del hada Parabanú…”.

¡Está diciendo que mis versos son sólo fantasías! ¡Que mi imaginación y sólo mi imaginación de poeta me llevó por el amor de las mujeres!

En el Libro de los Gorriones le escribí a mi amante Elisa Guillén este verso que mide el resplandor de sus ojos azules:

‘¿Qué es poesía?’, dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul.

¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas? Poesía… eres tú.

Pero Valera insiste:

“Empeño inútil me parece el averiguar y declarar quiénes fueron las mujeres de las que anduvo enamorado: la que hablaba con él como Julieta en el balcón donde anidaban las golondrinas y donde se enredaban las tupidas madreselvas; la que le dirigió una mirada tan beatífica que le hizo exclamar: ¡Hoy creo en Dios!; la que con su mano de nieve arrancó melodiosos sones del arpa olvidada; la que por infidelidad y traición le hizo comprender por qué se llora y por qué se mata; la que prueba con la sola afirmación de que es, que la poesía será siempre; la que evoca por su mero recuerdo el amor que pasa, entre las olas de armonía, alborozando la tierra con batir de alas y rumor de besos, y la que amarga y quizás acorta el vivir del poeta, cuyo espíritu se propone aguardar a las puertas de la muerte para decirle cuando ella llegue todo lo que hasta entonces ha callado”.

¿Vas a callarte, Valera?

Doy cuenta, para quienes duden, de que mis versos no fueron pruebas de laboratorio, utilizando la propia escala de Valera:

Con Julia Espín fueron esas relaciones misteriosas en el balcón donde anidaban las golondrinas. También fueron muy breves como el fuego. Joaquín Casalduero confirma que: “Si en un grupo de poesías encontramos alusiones constantes a lo que conocemos de su vida amorosa, en el otro grupo podemos ver cómo sufre constantemente de insomnio… Pero si es lícito fijarse en ese elemento humano de la obra, haríamos mal deteniéndonos en él sin ir adelante, pues en los grupos de rimas ha sido superado lo anecdótico, lo biográfico, lo histórico, al quedar todo lo circunstancial en poesía”.

Y fue así: todo lo circunstancial lo hice poesía, pero, claro, todo lo circunstancial existió. Mis heroínas son Julia Espín, Elisa Guillén y mi propia esposa, Casta Esteban, con quien y por quien tanto sufrí. Pero no puedo olvidar lo que me dijo el día que la conocí, cuando ella tenía las manos ocupadas batiendo mantequilla y su padre -mi médico- me la presentó: “Lo saludo con la dulzura de mis ojos, ya que no puedo tenderle la mano”.

A los 34 años me retiro a morir al monasterio de Veruela, donde la espiritualidad alivia mis recuerdos y dolores.

Y sólo puedo escribir estas últimas cosas:

Todas las tardes, y cuando el sol comienza a caer, salgo al camino que pasa por delante de la puerta del monasterio para aguardar al conductor de la correspondencia que me trae los periódicos de Madrid.

Ya todo pasó. Madrid, la política, las luchas ardientes, las miserias humanas, las pasiones, las contrariedades, los deseos; todo se ha ahogado en aquella música divina. Mi alma está ya tan serena como el agua inmóvil y profunda. La fe en algo más grande, en un destino futuro y desconocido, más allá de esta vida; la fe de eternidad, en fin, aspiración absorbente, única e inmensa, mata esa fe al pormenor que pudiéramos llamar personal, la fe en el mañana, especie de aguijón que espolea los espíritus irresolutos y que tanto se necesita para luchar y vivir y alcanzar cualquier cosa en la tierra.

Gustavo Adolfo Bécquer

Envío

Después del casi sagrado Bécquer, sólo puedo enviarles una estrofa que recuerdo de él y que me asusta y maravilla:

Al brillar un relámpago nacemos

y aún dura su fulgor cuando morimos, tan corto es el vivir!

La gloria y el amor tras que corremos

sombras de un sueño son que perseguimos

¡despertar es morir!

Mil besos, amigos

Mora

Monografias

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Comentarios

3 respuestas a “Mis amores de poeta (reconstrucción)”
  1. Joise Morillo dice:

    Saludos querida

    La poesía, es la obra de un genio que observa el objeto de forma que otros sin ninguna profundidad,
    le ven.

    ¡La poesía no a muerto, vive, es inmortal!

    ¿La poesía ha muerto? No, ni la más funesta y natural actividad del individuo humano –la guerra- puede eliminar una de las más hermosas formas estéticas de expresar su espíritu rebelde y, creador a la vez.
    “Cuando Adorno, después de Auschwitz, señaló que ya no se podría escribir más poesía, había algo de verdadero en su afirmación.” Eduardo Pavlovsky.
    La diatriba radica en su más emblemática crítica contra el horror y la crueldad de quienes tienen en su haber el espíritu del malo con deseo de poder que “defiende” Nietzsche. Un ejemplo, la falacia del –precisamente- Nazi Goebbels, cito:
    “Hay que hacer creer al pueblo que: el hambre, la sed, la escasez y las enfermedades son culpa de nuestros opositores y hacer que nuestros simpatizantes se lo repitan en todo momento (…) Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar (…) Una mentira repetida mil veces termina creyéndose como verdad”
    Contra esto y quienes oprimen, halago la amistad, a la entereza de quienes luchan con tezon por la libertad de expresarse.

    A Dios por los amigos

    Tengo más de un amigo
    El científico, el músico, el obrero
    Irme de paseo;
    Es, lo que más deseo.

    Despistado en una jungla
    Ignoro definirle, de arboledas de cementos
    Lo cierto es que me abruma
    A causa de: leones, hienas y jumentos.

    Los caminos por mí andados
    Junto a mis tres amigos
    Son senderos desolados
    Por culpables y testigos.

    En esta selva desolada
    Los tres y yo, para que más
    Como ocultos, fuera de la ensenada
    Hemos divisado dos surtidores de gas.

    Custodiados y acechados,
    Cual erario o tesoro
    Por leones y gendarmes malvados
    Dilapidados, por contables sin probidad, ni decoro.

    No son leones asesinos los enajenadores
    Son hienas que muerden garganta
    Mal timonel, marinos, violentos y agresores
    Empero, mi verbo sus cerebros, quebranta.

    Estoy extraviado mas no perdido
    Veo la tierra hoyarse cual toroides de burbujas
    El retorno a mi lar persiste tedioso, obstruido
    Como camino al purgatorio, como rúa de brujas.

    Oraré, a Dios por los amigos.

  2. Gerardo Martín Solá dice:

    Me encantó, como siempre. ¿seré objetivo, o me gusta porque sí, porque lo escribe Mora? Solo sé que me gusta. Y lo quiero decir y escribir.
    Lo que no me gusta es que otros se prendan de lo escrito para escribir interminablemente sobre cosas que no tienen nada que ver con lo que escribe Mora. Es como robar terreno ajeno; es como agarrar el micrófono del artista y aprovechar una audiencia cautiva, para enchufarle cosas que nadie pide ni interesan. Es como un monólogo de a varios, donde en vez de opinar sobre lo escrito se aprovechan del espacio para intentar vender lo propio.
    Mora, me encantan sus historias , las disfruto enormemente y me gustan los comentarios referidos a su escrito; no me gustan los que roban espacio ajeno. Que hagan su propio blog. Pero usted no puede escribir esto; sería poco amistoso. Yo sí. Con admiración genuina, la saludo.

  3. linda verlliui dice:

    Vraiment sympa ce site web

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