Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Archivo de Febrero, 2017

Una mujer que leía un cuento

Una mujer que leía un cuento largó desesperadamente el libro (Módulo escritura). Llegaba a la parte en que la mujer protagonista iba a conseguir hacerlo: matar (Principio de no maleficencia).

La mujer había entrado al zoológico buscando algo para odiar -un animal, un hombre que se cruzara por las galerías, una brisa repentina que le levantara la falda (El Gen Homicida, y Atavismos que Matan).

Había probado los enamorados que gritaban y se besaban en la montaña rusa -ella misma sacó un boleto para sentarse en la montaña rusa- para odiar en masa. Detrás de los barrotes, trató de odiar al león. A los monos también; a uno que la miraba fijamente.

No pudo (El fenómeno de violencia más devastador que existe en la actualidad: la agresión humana a los animales). Pero ahora la lectora se dio cuenta de que sí iba a poder. El relato se acercaba peligrosamente a la palabra “oso”, y “El oso” era el título del cuento. La escritora le había puesto ese título porque algo sucedería con el oso (El oso de anteojos).

Largó desde su cama el libro lejos, muy lejos. Ese rectangulito luminoso de tapas brillantes atravesó la puerta de su cuarto, mirado, desde la cama, por ella, y se iba perdiendo en el pasillo hasta que no lo vio más, en el montón informe de cosas que desaparecen de la vista y poco a poco del recuerdo. Ella no lo vio más; se dio vuelta en la cama después de acomodar las sábanas y la colcha y se preguntó si sabía bien quién era ella… No era la eterna pregunta filosófica, era una pregunta real. No daba múltiples opciones ni buscaba que le contestaran que ella era una especie de diosito interior, o el mismo universo, o el destino de una mujer, o una esclava de fuerzas exteriores, o la reencarnación de Nefertiti. No.

(Continuar leyendo »)

Monografias

Mis amores de poeta (reconstrucción)

Una escritora del futuro (¿Tiene la literatura sexo?) -no de las mejores, pero sabe español (El papel de la relevancia en la traducción)- me presta su lápiz para que yo narre mis amores (Los amores de Friedrich Nietzsche).

Antes de narrarlos, procuraré aclarar un poco más el panorama de mi vida y mi obra (Brecht, Vallejo y Bécquer. Tres ensayos críticos). Y que no se considere soberbia el hacerlo (Los 7 pecados capitales): ya estoy muerto y mis páginas se mezclan con las páginas de otros muertos y lo único que importa es lo que dejamos escrito, no nuestra talla de hombres o mujeres.

De todos modos, cuando soy yo el que literalmente habla en este monólogo autobiográfico y de tantas voces a la vez, mis palabras van en letra cursiva (Autobiografía: la experiencia personal en la elaboración literaria).

Cuando hablan otros todo va encomillado, menos los aportes de “mi” escritora.

Ahora continuaré, con menos culpa… (No tiene la culpa el rey…).

(Continuar leyendo »)

Monografias

Breve autobiografía de poeta

Breve autobiografía de poeta

Mi padre fue pintor y retratista (El arte en el siglo XIX…), se llamaba José y firmaba con su segundo apellido, que era de la nobleza flamenca y que nos legó a mi hermano Valeriano y a mí (Don Juan de Austria). Quiso que cada uno de sus hijos -fuimos ocho varones- llevara el nombre de algún emperador. A mí me tocó el del rey de Suecia (Suecia entre las dos guerras mundiales).

Cuando tenía cuatro años, él me contó mi bautismo y nunca lo olvidé, porque lo contó como si fuera una fotografía (Historia de la enseñanza de la fotografía), o quizás una película muda, aunque ni fotografías ni películas había en ese tiempo; las hubo recién después que yo morí (Historia del cine).

El bautismo, de doble capa y con órgano, se realizó en la iglesia de San Lorenzo Mártir. Una joven me llevaba en sus brazos, Manuela, que era muy bella, sensible como pocas, y cruel. Estaba destinada a ser algo más que mi madrina, a ser algo así como una madre nada amorosa y distante para mí.

En la época de mi nacimiento fue más o menos cuando los turistas cultos empezaban a visitar el lugar, y mi padre se hizo rico vendiendo sus paisajes andaluces y retratos coloridos, al óleo (El romanticismo). Era un excelente artista. Recuerdo entre nieblas que tenía lindos coches y caballos y que vivíamos como príncipes, tal como él lo deseaba.

Pero de pronto yo tenía cinco años y mi padre murió, y mi madre, Joaquina, no había parido aún al octavo varón de la familia.

(Continuar leyendo »)

Monografias

¿Bécquer? No, yo

Pensaba escribir sobre Bécquer para levantarlo un segundo de su caja, halagarlo un poco, después agradecerle (Lo siniestro en las leyendas de Bécquer: la ajorca de oro).

Empecé a recordarlo leyendo el comienzo de un prólogo con una cita del propio Gustavo Adolfo en las palabras fúnebres a su hermano Valeriano; parecen una simpleza pero tienen su encanto de despedida y, examinando la vida de los hermanos, mucho más (Lenguaje verbal. La importancia de las palabras):

“Como sabes nuestro padre era pintor y murió siendo nosotros muy pequeños” (La Civilización Española en el Siglo XIX).

El prólogo de marras empieza a su vez citando a los hermanos Álvarez Quintero (El Genio Alegre, novela de Joaquín y Serafín Álvarez Quintero) y este comienzo no lo puedo rehuir, coloca en situación:

(Continuar leyendo »)

Monografias
chatroulette chatrandom

Iniciar sesión

Ingrese el e-mail y contraseña con el que está registrado en Monografias.com

   
 

Regístrese gratis

¿Olvidó su contraseña?

Ayuda