Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Las olas de la memoria

De ustedes recibo mucho, permanentemente. A veces me parece que estoy en falta de reconocer y agradecer, aunque sólo es el apuro (Tibidabo).

El tiempo debería abrirse y fluir como un universo (El sueño de Einstein).

Por eso hoy comenzaré  a saludar con nombre y apellido a los últimos que me escribieron, a los que tengo más a mano (El porqué de los apellidos y su formación).

Con el tiempo, y yéndome para adelante y para atrás, tal como la memoria y sus olas, habré saludado a todos mis amigos. Si Dios o los dioses lo permiten (Quienes son vuestros dioses).

Por ahora, a todos, hasta a los futuros (Pensar el futuro, y construirlo), les escribí un cuento breve.

Un cuento cuya única sorpresa es la Realidad (El cuento y sus características).

Yo, que me especializo en finales curiosos, a este cuento decidí darle el más inesperado. Ya lo verán.

Las olas de la memoria

No hay nada en el mundo que pueda compararse a la memoria. Lo digo porque lo sé, lo digo porque la perdí y la recuperé.

¿Era yo cuando estaba sin memoria?

Esa pregunta me mantiene ansiosa, confundida, en vilo sobre los esfuerzos que hago para describir lo que sentía en esos momentos. Lo que me conmueve es conseguirlo, recordarlos.

No puedo entender cómo puedo reconstruir puntualmente, paso por paso, las horas que pasé como una cáscara vacía.

¿Cómo se graba en una cáscara vacía la sensación de no saber siquiera quién es uno, esa cosa que acaba de despertar y tiene dos brazos, dos piernas, una cabeza totalmente inútil, etcétera?

Desperté de no sé qué sueño y me encontré con un cuerpo, con mi cuerpo.

Lo increíble además es que no recordaba quién era yo, pero sí permanecían en el fondo de mí todas las cosas, todos los nombres de las cosas y sus funciones.

Del botinero, para dar un ejemplo, saqué mis zapatillas. Yo no sabía quién era yo pero tenía conciencia exacta de lo que era un botinero, de que guardaba mis zapatos allí, de que esas zapatillas me resultaban cómodas.

Es más, tenía conciencia de que tenía conciencia de todas las palabras usuales y sus significados menos de la palabra y del significado que era yo. ¿Cómo me llamo, quién soy?, me preguntaba atando mis cordones, haciéndoles un artístico nudo y dándole otra vuelta para que quedara doble, sin vacilaciones.

Sabía lo que era un espejo y me miré, pero la cara que apareció allí no me hizo acordar de nada ni de nadie.

Recorrí la habitación reconociendo cada objeto; acomodé la pantalla del velador, vi las fotografías que adornaban la mesa de luz sin asombro ni curiosidad: mi madre y mi padre cuando eran jóvenes me sonreían, mi amigo el Flaco tomaba un mate mientras lo retrataban, mi amigo Ernesto se anudaba la corbata, Pili se pintaba una ceja. Lindos retratos, bastante originales, y en un marco moderno cada uno, en un marco que había elegido yo.

Me vestí, abrí la puerta, salí.

La calle era la de todos los días; se prolongaba en otras calles que eran las de todos los días. Las plazas y los parques estaban en el lugar de siempre y en ellos las estatuas y las hamacas también.

Me senté en un banco. Miré hacia la Iglesia de San Francisco. Sentí el olor del pasto.

Alguien me saludó entrando a misa, un conocido no muy conocido, aunque sabía de quién se trataba con certeza, era un vecino.

Estuve a punto de correrlo e interrogarlo: ¿Quién soy yo?, pero tenía presente que era una pregunta muy ridícula, un acto muy ridículo. ¿Cómo tenía presentes hasta los usos y costumbres y no quién era yo?

Me acerqué al lago del Parque del Sur; venía una canoa. La vi pasar con un estremecimiento, porque me recordaba algo, algo que no sabía.

Pensé que tal vez me recordara algún suceso de mi infancia. Sin embargo, ¿qué suceso podía existir en la infancia de alguien que no sabía ni siquiera quién era?

Increíblemente, el suceso apareció, se dibujó como un fantasma en las aguas, el suceso pasado.

Los ojos de mi cáscara vacía lo vieron, lo recordaron: era un rayo de sol que había iluminado una ola que formaba la canoa al moverse, pero no ahora ni esta canoa que pasaba ni esta agua que veía, sino cuando yo -¿pero quién era yo- tenía diez, once años.

Vi la ola iluminada otra vez como si fuera el presente y me obligué a recordar, como quien hace una maniobra dificilísima manejando un vehículo a punto de chocar. Y me dije que si no recordaba, eso, la cáscara, se moría.

Hice el esfuerzo de encajar adentro mío. Vi mi nombre escrito en alguna parte de mi cuerpo, por dentro, como si yo caminara con una lámpara por el interior de un gran organismo.

Seguí tratando de encajar más y más. El sol del mediodía ya me había devuelto un cuarto de mi vida, cuando cayó la tarde ya recordaba de mi vida una mitad, después tres cuartos.

Decidí volver por las mismas calles.

Al abrir la puerta de mi pequeño departamento de un ambiente me vi tirada sobre la cama, en pleno sueño, de modo que abandoné afuera la inútil cáscara y dejé que yo continuara durmiendo.

Lo peor, lo que todavía ni yo puedo creer, es que este cuento es real; sucedió, lo mismo que el reflejo del sol en el agua, hace años, cuando tenía diez u once yo.

Envío

Para Joise, siempre presente y filosófico y “de los viejos del club”, como José María Gil y Felipe Rizzo, con sus aportes narrativos inquietantes.

Para Roberto Sartoro, cálido igual que Gerardo Martín Solá, Rubén Darío Vega Sayago, Emilio Luis Gaviria Lareo, Alejandro Franco Chávez, “franco” y “canchero”, Darío Rochas, que parece ser un comprovinciano, Juan Augusto Roa, que me trajo el recuerdo de Augusto Roa Bastos y la nostalgia de volver a leerlo, Analía Guardia, Carlos César Molina León.

Para “los nuevos” como Dayana Catherine Infante Laguna y Rubén Barajas López.

Y especialmente para Celestino Gaitán y Liana María Sosa Hernández.

Monografias

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Comentarios

7 respuestas a “Las olas de la memoria”
  1. felipe humberto rizzo dice:

    Querida Mora
    Leer tus historias son un placer; cada línea es como el trazo del pincel del artista que plasma en el blanco lienzo, los colores ocultos que sus ojos de pintor descubren en el grisáceo paisaje cotidiano que nos acompaña día a día.
    Leyendo tus relatos, sueño aprender un día a usar el pincel con maestría. Por ahora, solo un bosquejo.
    NO SUELTES MI MANO
    Que importa mi nombre, si ya nadie se acuerda de mí, y los pocos que lo hacen, lo hacen para enloquecerme.
    Hay un tal Juan que dice ser mi hermano y María, quien cree ser mi hija, a la que nunca vi en mi vida, como si yo no supiese que solo tuve un hijo, hijo que hoy dice ser mi primo.
    La tal María me obligó a acompañarla al médico; Al entrar solo alcancé a leer su placa: “Neurólogo”. ¿Pare que un neurólogo-, me pregunté, -si mis problemas siempre fueron digestivos?
    Quería escaparme del consultorio, no soportaba su acoso.
    ¿Recuerda su fecha de nacimiento y el número de su documento?: ¿El día de mi casamiento?; y hasta ¿el nombre de la calle y el barrio donde nací?
    Me atosigaba con preguntas que no sé porque me negaba responder; mientras, María le decía: -Vio doctor, es como yo le digo, hay momentos que ni tan siquiera a su hermano reconoce.
    Al final el médico pensó que debía ser sordo, por lo que habló de mí.
    -Lamento decirle que sufre de Alzheimer y que habrá de tener paciencia-. Más otro montón de zonceras, como que en algún momento deberán internarme, porqué es una enfermedad muy larga y que con el tiempo empeora.
    Ya de vuelta, me negué a acompañarla, la muy taimada quería hacerme entrar a su casa; tanta fue mi resistencia que debió salir quien dice ser mi primo y entre ambos me hicieron ingresar.
    Con paciencia, María calmó mis nervios y acepte sentarme en un sofá igualito al mío mientras me preparaba un té bajo la atenta mirada de mi hijo.
    Quizás algo de razón tenían, el dormitorio era mi habitación y hasta la cama la misma. La cocina y el comedor en nada habían cambiado y hasta el patio y su parral seguían en el mismo lugar.
    Al final se olvidaron de mí, el té había calmado mi ánimo y ya dejaron de vigilarme. Al rato, unas palabras del médico vinieron a mi memoria: -“Es una grave enfermedad mental la que afecta a su papá”.
    Lástima no tenerlo cerca para retrucarle que el loco es él.
    Aunque ahora sé que estoy en mi casa, sigo sospechando me quieren enloquecer, quise ir al baño y no lo pude encontrar, alguien tapió su puerta y la cambió de lugar y hasta la habitación de mis padres se quedó sin sus ventanas al patio, y hoy solo posee una que da a la calle.
    Muchas cosas me han cambiado aprovechándose de mi edad, y hasta la hamaca del jardín y su olorosa glicina desapareció del lugar. A mi madre ya no encuentro y no sé qué fue de mi padre, y como no me dejan salir, sufro sintiendo a mis amigos jugar.
    No sé cuánto tiempo he pasado viviendo con extraños, los que aún siguen insistiendo en ser mis hijos, hermanos y otros parientes que me vienen a visitar. Solo los dejó hablar, a la espera del regreso de mi madre para pedirle un favor:
    -“No sueltes mi mano, tengo miedo que me olvides y no regreses nunca más”.

  2. LUIS BENITO HERNANDEZ MARTORELL dice:

    Muchas veces y ahora cada vez mas seguido ,me pregunto ¿ Quien soy yo ?. considero que es una buena pregunta para ubicarse frente al espejo…
    Me gustó este trabajo, me dejó pensando.
    Gracias por estar ahí.
    Desde el medio de la pampa húmeda le envío un caluroso abrazo.

  3. Joise Morillo dice:

    Gracias por vuestra bella la ofrenda, entonces, mi aporte a la estetica del mensaje y lo profundo de su espiritu.

    En el dintel del templo de Apolo en Delfos, en la antigua Grecia, estaban escritas dos exhortaciones que indicaban, a aquellas personas que querían ocupar el recinto con su presencia esto:

    “conóceos a vosotros mismos”

    “Quien no tenga un alma limpia y pura no debe entrar en este recinto”

    Esta medida debe ser entendida como un patrón, no tanto como de conducta, sino como la identificación del carácter del individuo en relación con su autonomía para desenvolverse para sí mismo y el entorno que le circunscribe. En otras palabras, saber el alcance y las limitaciones que le atañen respecto a la otredad, al ámbito que le afecta, el individuo debe saber su alcance individual, entender de qué índole son sus deseos para sí mismo y, para los demás, acorde con la otredad, de otro modo su vida será una incertidumbre, un buscar sin sentido una teleología que no existe en sus más sólidas ilusiones, pues su existencia, aunque efímera por naturaleza, esta neutralizada desde el origen de su inconciencia.

    Lo contrario es enfrentarse a lo inteligible y digerirle en función de ser eficiente consigo mismo, sin caer en el súper yo, o la súper consciencia, simplemente ser lo que uno debe ser, conocerse a sí mismo para dar de uno lo que es, y no la apariencia de lo mejor o, lo que cree que podría ser lo mejor sin serlo y no saber que no se es. En eso estriba la pureza del alma.

    Controlar el temperamento es una formula, mantener un carácter idóneo es el complemento, el corolario de ser uno mismo en función de vivir óptimamente. En esta medida, la verdad del ser individual comulga con la verdad de común colectivo, por ende, constituir lo que para el mundo terrenal es un bien reciproco.

    El espejo os muestra lo externo de vuestro ser, empero la expresión de vuestra imagen refleja la pureza del alma, la bondad de vuestro espíritu. O, todo lo contrario, cuando hayáis tenido la habilidad de captarlo os habréis encontrado a vos mismo, por ende, empezareis a vivir vuestra propia vida, y no la apariencia de ella. O rectificar, o continuar lo que verdaderamente sois.

    No soy yo, es el mundo

    No había encontrado; tanta belleza en mi alma
    Fortuito y, ¿porque no? Observando mi espejo,
    Vi un rostro, uno que conocía, uno que sabía que existía
    Sin embargo, un rostro de alma insospechada
    Un rostro, pulcro y prolijo, sin lumen interior
    Ignorado por omisión, ¿qué importa mi entorno?
    Al fin, ¿qué importa el mundo? Ante toda causa estoy vivo
    Pero ese ánimo tiene algo que le sustenta
    Algo que no es mío solamente, pues, ¡no estoy solo en el mundo!
    Está mi origen, mi entorno, quien debía quererme,
    En la medida de la voluntad de dejarme querer o amar
    Total, me he encontrado a mí mismo, por ende,
    Mirando bien adentro he encontrado mi razón de ser
    Profundo en mi interior, he encontrado mi propia vida
    para disfrutarla, con “los demás”

    Os ama
    Joise

  4. Ruben Dario Vega Sayago dice:

    Hola Morita.
    Recuerdo la primera vez que te hice un comentario sobre uno de tus cuentos. Yo creía que estabas narrando una vivencia tuya y me respondiste diciendo que se trataba de un cuento, que no era real; sentí vergüenza ante los demás lectores, ¿Qué opinarían de mi? ¡Este señor si es tonto, creía que era verdad!. Pero bueno, ya han pasado varios años de eso. Esta vez, según dices, no es cuento, es real lo que te pasó. Sobre esa experiencia, me atrevería a decir que a todos nos ha pasado algo similar alguna vez en la vida; la mayoría dudamos que haya sido un sueño o al revés, que haya sido real. Según los metafísicos o esotéricos, lo que te ocurrió fue un desdoblamiento astral imperfecto, es decir que lograste separar tu espíritu de tu cuerpo de manera involuntaria y, además, sin auto-consciencia. Desconozco esta materia, solo sé algunos conceptos básicos, creo muy poco en esto, pero alguito de verdad debe haber. ¡¡ Que tengas un feliz mes de febrero !!

  5. Martha Olmedo Vera dice:

    Si comprendo. Pero podriamos decir:
    * Tibidabo entonces te llego lo enviado.
    * A Einstein en el Big-Bang ya aparecieron los agujeros negros (prefieres el princio al fin o el fin al principio)
    *En cuento a la formacion del apellido, es bueno saber que escribir es algo facil.
    *La sonrisa hace dioses en cuLquier momento.
    *!Hoy!, mejor ni les cuento.
    *En la conversacion esta la caracteristica. Que cuentan?
    *Al final la platica fue del todo agradable.
    Gracias. Espero seguir conversando.

  6. linda verlliui dice:

    Gracias por traernos para relajarse, su sitio web es maravilloso, estoy cada día más y no veo final por lo que hay novedades.

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  7. ALEJANDRO FRANCO CHAVEZ dice:

    Muy apreciable Mora: Tu cuento de un estar “despierto dormido” con toques de Alshheimer, hacen percibir la desesperación del personaje; sea este o no ficticio. Encuentro algunas pequeñas incongruencias en el relato: ¿está consciente de que se acuerda o que no se acuerda?; como lo es el caso al mirarse en el espejo o al atraer sus recuerdos de niñez en el lago. También me haces imaginar el terrible desasosiego o ansiedad por la que deben atravesar quienes se hallan viajando por tales perturbaciones. Una mirada perdida en el vacío… en la nada; una planta que recibe humedad y luz sin esperar más.
    Como siempre, un fuerte abrazo,
    Alejandro



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