Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Para leer en Navidad

“Dijeron los magos (Gog y Magog Ezequiel y los Reyes Magos): ‘¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle’.

(…)

“…hicieron entonces las místicas y simbólicas ofrendas al niño: oro, incienso y mirra (Energía cósmica inteligente). Le ofrendaron oro como tributo pagado a un rey. Le ofrendaron incienso como signo de adoración… El tercero y último presente fue la mirra, que en el oculto y místico simbolismo denota la amargura de la vida mortal.”

Copio de mí misma, selecciono lo que se me antoja que escribí mejor, y que tal vez sea lo peor, para ofrendarles a ustedes, mis amigos, oro (Historia y leyenda de El Dorado), incienso y mirra.

Difícilmente lograré el oro, un poco más fácil me será perfumarlos de incienso (Historia del perfume), y, con mis escrituras, nada me impedirá conseguir mirra.

Para leer bajo las luces del arbolito, intermitentes, estos fragmentos hechos trizas. ¿Puede medirse la triza de un fragmento? (Festividad navideña).

Los amores y los días

Esta santa que enhebra hilos blancos para coser un vestidito de fiesta, soy. Entre mis dedos pasaron los días, corriéndose entre sí.

Mis dedos escribieron también cantos de amor, de muerte, de frío. Yo estuve en todas partes, fui un puñado de piedras arrojadas, como digo en un primer libro, pero también una roca enorme plantada en el desierto. Ahí llegaron los visitantes amorosos.

Me pregunto otra vez qué es el amor. No quiero ser pacata ni sabia ni decir ingenuamente que es este vestidito que estoy haciendo para mi nieta. No son cabellos blancos los que me impiden la falsedad, ni ninguna costumbre de no mentir. Es como si naciera recién que quiero saber qué es el amor y escribo entonces un largo tratado para estudiar lo que fue el amor en mí, que quemo en el crepúsculo.

Es que tal vez no revele ninguna cosa escribir sobre relaciones furtivas o anhelos de eternidad incumplidos. ¿Buscaba eternidad jugando juegos eróticos y amorosos?

Buscaba una tierra permanente.

Tres náufragos

Fuimos con Elsa a la isla Martín García. Es pequeña y soleada y tiene un cementerio antiguo con tumbas de marineros españoles de “la Conquista”. Lo raro es que las cruces de las tumbas están torcidas hacia la derecha -¿o hacia la izquierda?- en un orden perfecto, en diagonal, como si en lugar de ser cruces de hierro fueran hierbas altas y el viento las estuviera azotando, un viento muy prolijo.

Recorrimos el lugar donde todas las sepulturas y las cruces eran iguales y no había inscripciones, tan solo se sabía que pertenecían a viejos marineros que habían llegado en barcos españoles.

Elsa juntó un objeto que estaba entre las tumbas y que era muy pesado para ser tan pequeño, y lo guardó en su bolso. Salimos caminando muy rápido hacia el catamarán que esperaba en la costa, y después que nos instalamos dentro del barco vimos que el objeto tan pesado y pequeño era la herrumbrada manija de un ataúd.

Cuando llegamos a casa lo pusimos en una vitrina, entre recuerdos parecidos.

Meses después hubo una gran tormenta de noche, en Buenos Aires -era la época en que vivíamos en esa ciudad.

Todas las puertas y ventanas se abrieron de repente, el viento era feroz: escuchábamos desde nuestras camas queriéndonos dormir, sin atinar a levantarnos por algo que no es exactamente miedo y que se desata en las tormentas; una desolación, un desamparo. En circunstancias así, uno quiere cerrar los ojos aunque tiemblen las puertas.

De golpe algo nos despabiló completamente; comprendimos que había que levantarse, secar el agua que había entrado, cerrar las puertas y ventanas y quizá recoger los pedazos de algo que al caer había hecho un estruendo diabólico.

Nos levantamos en camisones de franela blanca, como unas fantasmas; comenzamos a sacar el agua con el pequeño escurridor, en el living, en mitad de la noche de tormenta.

Y más que de tormenta, de naufragio, eso creí sentir.

Y eso creí sentir porque de todas las cosas de la vitrina e inclusive de todas las cosas de la casa entera, una sola se había caído provocando aquel temible sonido: la manija del ataúd del marinero español, la pesada y pequeña manija, cuando se mantenían en pie objetos mucho más frágiles y de mayor tamaño.

Elsa y yo, en camisones de franela blanca como ya precisé, escurríamos como quien escurre a los muertos: dos damas muy ridículas, de serias y sonámbulas facciones, con toda seguridad acompañadas por un viejo marinero que no podía dormir, con diminutos escurridores, sacando agua en medio del terror.

Observaciones demasiado sutiles

Leer con el libro o el cuaderno de revés o mirarse en el espejo y estar seguro de que lo que uno ve puede ser peligroso.

Los fantasmas aparecen entre las cosas desordenadas, en el caos. Y si no aparecen, de todos modos el desorden de la casa, o de las cosas, puede llevar a desordenar el mundo.

Hacer las cosas al revés es como apagar la luz.

Pero entre usted a la habitación de siempre, a la que siempre está ordenada y que ahora, cuando usted entra, sigue en orden.

Aunque sucede que usted dejó de ir a esa habitación por dos días, cuando estaba de viaje, supongamos, y, sin tocar ninguna cosa, alguien entró en ella.

Fíjese cómo duda, cómo no atina a ser la misma habitación, cómo no se acomoda rápidamente a usted y sus costumbres.

Puede suceder inclusive que usted no tenga previamente idea de que alguien entró en ese cuarto cuando estaba de viaje, pero seguro va a haber algo en usted, en su persona, que se va a dar cuenta.

Estará molesto, confundido; hasta llegará a sospechar que hay por allí un espíritu o fantasma; tendrá miedo, seguro. Correrá la cama para ver si hay alguien abajo, casi sin darse cuenta de su acto; abrirá el ropero con la excusa de buscar un abrigo, por si algo raro ve, iluminará los rincones para que luzcan supuestamente sus objetos más apreciados, pero en la creencia profunda de que los fantasmas pudieran verse mejor con mayor luz.

Lo que sucede es que la persona que estuvo antes sin que usted lo supiera algo desordenó, quizá buscando algo que no estaba; pero no tocó nada, no corrió ningún mueble, no se llevó ninguno de sus adornos ni fotografías. Pero estuvo, y parecería que desordenó el aire de su cuarto.

Esa presencia desdoró el cuarto, el orden invisible que usted ha organizado en él.

Porque no sólo sus objetos personales tienen un orden, hay algo más: aparte del aire, quizá las sombras que hizo en la pared mientras se movía dejaron diminutas señales grises.

Da miedo regresar de un viaje porque sea quien fuere quien entró, indudablemente fue un fantasma, como usted y como yo, y ahí comprendemos que eso nos da más miedo todavía. Es decir, nuestra condición espectral y de otro mundo.

Envío

Queridos: les deseo la Navidad más alegre y serena. Y para quienes como yo la pasen eventualmente solos, hay una fuente exquisita de la cual servirse: los recuerdos hermosos.

Abrazos y besos envueltos en cintas de colores

Mora

Monografias

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Comentarios

7 respuestas a “Para leer en Navidad”
  1. Gerardo Martín Solá dice:

    El cuento, impecable, impresionante, como bajo los efectos de algo que comunica lo cortical con lo subcortical y el resultado a la vista está.
    Es imposible que usted pase sola la Navidad porque estará acompañada de tanta gente que la quiere, que la aprecia, que valora su alma en cada escrito. Siéntase acompañada, al menos por mi, que estoy “lejos”. Ya nadie sabe que es esa palabra y tampoco importa mucho. A las doce suyas, a las diez mías, brindaré por usted en un gesto de fraternidad universal como lo pidió el del cumpleaños de hoy ( a quien pocos recuerdan), y le pido que recuerde; no está sola.

  2. Joise Morillo dice:

    ¡Hola querida, saludos a todos…!

    Como dice Martin Solá, alguien esta con vos aun en la lontananza, quienes os aman comulgan con vos devenido del espíritu que formula vuestro espacio, vuestra relación con aquellos que compartís ej. El Blog

    De todas esas escrituras, dramáticas, alegres o cómicas, de suspenso, de intriga, paisajistas o bucólicas, ninguna ha sido –que yo defina- tediosa, ni aburrida, al contrario, sus métricas y longitudes han sido lo suficiente amenas, o sea, excelentes son.

    Ja ja, el misterio, es quiasma, la idea, el creer, el pensamiento se hace carne y manifiesta sus sensaciones de muchas formas, miedo, por ejemplo.

    Para definir el amor, que incluso, he explicado el platónico, solo se necesita dedicarle lo que llamáis tiempo (movimiento-espacio) a quienes os emociona tratar. Con un equilibrio de bascula de cuatro brazos ubicando en uno Aprecio, en otro cariño, tercer brazo consideración y ultimo respeto.

    Un sexto sentido, constituido por la intuición, se manifiesta por sensaciones emanadas de la atmosfera, el olor, es el más patente, luego la descarga aurea del individuo al momento de incurrir en un sitio confinado derivado de la tensión que representa una invasión furtiva.

    Os ama Joise

  3. fabi risso dice:

    Mora
    Feliz Navidad pasada, espero que hayas estado bien, en compañía de tu propia eleccion, recuerdos y demás. Desde mi lugar te recordé.
    Conozco ese objeto, la manija, me la mostraste, te mmm…

  4. fabi risso dice:

    Mora
    Feliz Navidad pasada, espero que hayas estado bien, en compañía de tu propia eleccion, recuerdos y demás. Desde mi lugar te recordé.

    Conozco ese objeto, la manija, me la mostraste, te una vez que pase por tu casa, mhmhmh…
    No es cuestión, de darle mas manija…
    Me gusto, me llevo inclusive a otra ciudad, Nueva Yorck
    Abrazo grande!

  5. felipe humberto rizzo dice:

    Mora
    Pasado, presente y futuro se amalgaman en este tiempo: un año que se va, un esperado renacimiento y el anhelo de un futuro mejor que arroje a la basura los dolores del ayer, y de la mano del recién nacido recomenzar el camino, sabiendo que la rueda de la vida nos volverá a enfrentar con nuevas alegrías y pesares a lo largo del nuevo año, y que al igual que la manija del cuento, al final se caerá, despertando con su inesperado ruido, los miedos escondidos y la aparición de nuevos fantasmas a enfrentar en soledad, soledad que muchas veces no queremos compartir por temor a mostrar la íntima desnudez de nuestra alma.
    Y como no podemos evitar que la rueda siga girando, vistamos a nuestra soledad con el mejor ropaje guardado en el baúl de los recuerdos y brindemos junto a todos aquellos, que solos o acompañados comparten la aventura de enfrentar lo por venir, sabiendo que al final la manija volverá a caer.
    Todos los que semanalmente te acompañamos elevamos la copa brindando por haber sido invitados a compartir tus recuerdos, recuerdos que al compartirlos hacen que sintamos gozo el poder hacerte saber cuanto estimamos tu amistad.
    ¡Felices fiestas!!!!!!!
    Un brindis y un abrazo.
    Felipe

  6. Rubén Barajas López dice:

    Mora:
    Felices fiestas, cuento grato, impecable, con misterio.
    saludos

  7. José María Gil dice:

    Felices Navidades y que el nuevo año nos traiga salud, paz y alegrias para todos.
    Y que podamos seguir gozando, como hasta ahora, de tus magníficos relatos, Mora.
    Saludos.



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