Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Cuento gótico

No sé si esto es soñado o es verdad (Sueños, visiones y presentimientos), pero hace más de 150 años que una figura vestida de negro, y también con un negro sombrero, lleva todos los días de mi aniversario cuatro flores a mi tumba. Creo que sé de quién se trata, pero lo dejaré para el final… (Triste final para una historia de Romance, Encuentro y Muerte).

Mi padre era actor y mi madre era actriz (Historia y evolución del Teatro Universal). A ella la abandonó mi padre cuando estaba muy enferma, para irse a morir, lleno de alcohol y drogas (La drogadicción). De cualquier modo estuve con mi madre hasta que ella también murió, cuando yo tenía tres años, y nunca pude olvidar su hermosura y, extrañamente, su alegría. Tampoco los días de frío y de hambre (A través de los ojos de los niños).

Me llevaron a vivir con un matrimonio muy rico, en Richmond (Edgar Allan Poe. Un acercamiento a las tinieblas).

Si las cosas fueran sólo blancas o negras, podría decir que la mujer que me adoptó, Frances, era bondadosa, y que el hombre que me adoptó, John Allan, era avaro y malvado. Pero las cosas no son blancas o negras. Tal vez John Allan, un rústico y poderoso dueño de plantaciones de algodón y tabaco, no pensó jamás en encontrarse con un personaje como yo, y que además hiciera el papel de hijo.

A mis quince años yo era en apariencia feliz. Me dediqué al deporte -fui un gran nadador, un nadador que hendía velozmente el río James, y un atleta, hasta practiqué boxeo. Mis amigos me “envidiaban” y me amaban, y yo guardaba para todos un misterio.

Livianamente, decidí profundizar ese misterio.

Empecé a encerrarme durante algunas horas diarias en mi cuarto, y que nadie supiera qué hacía allí.

Frances me lo preguntaba dulcemente; John Allan, con cierta violencia y estupor. Yo sólo quería pasar unas horas al día conmigo mismo y, además, hacerles comprender que ya tenía mis secretos.

Creo que fue en ese momento, en esa edad de juegos y competencias deportivas, cuando entendí que todo es mucho más escalofriante de lo que parece. Que cuando uno coquetea con lo terrorífico, acaba descubriendo que existe, puede llegar a verlo y describirlo.

El recuerdo de la joven mujer que fue mi madre biológica permanecía guardado en mí como un fijo claroscuro, como un retrato oval.

En mi cuarto, entre semipenumbras, fue cuando abrí el cuaderno para escribir versos de amor. Me inclinaba sobre el más escondido de los mundos -la página en blanco- para que me revelara sus bosques y sus símbolos.

Ensayé escribir con bellas letras, dibujarlas. De a poco emergían respuestas sorprendentes. Siempre cercanas a la vida y la muerte, mezclándolas.

Era el tiempo en que mi juventud y mi aspecto atlético brillaban juntos. Yo era ingenioso pero tímido, ya que detrás de mí quedaba la gran tiniebla de los días de mi primera infancia.

Mi íntimo amigo me presentó a su madre, y al inclinarme a besar su mano, ella me acarició los rizos. Me enamoré inmediatamente, y junto con mi prima Virginia fue el amor, el gran amor, los dos grandes amores que tuve en esta tierra.

Helen, mi primera amada, tenía el doble de mi edad -es decir 30 años- y al poco tiempo de que yo la conociera pareció enloquecer y murió de un cáncer al cerebro.

Empecé a visitarla en su panteón en todos sus aniversarios. Me vestía de negro hasta el sombrero -este era yo, no confundir con la figura que visita mi tumba- e iba a verla cuando estaba desierto el cementerio. Mi amigo, su hijo, creo que fue el único que descubrió mi disfraz.

Después vinieron días más ardientes, también más miserables.

Viví hasta agotarme; descubrí el universo sublime de lo macabro, que me hizo comprender que existe su reverso, el cielo.

El cielo que pasé junto a mi otro amor, Virginia, hasta que esta joven inteligente y bella se durmió, como parecía destinado a las mujeres de mi vida, para siempre en mis brazos.

Como John Allan me había desheredado, vivimos con Virginia en la mayor pobreza, pero fuimos por dos años felices, si es que el adjetivo “feliz” le está permitido a mi destino; si es que el adjetivo feliz les dice algo. A mí ya no, ya nunca más. Como El Cuervo, nunca más.

Aunque la historia primera, la de mi nacimiento en un carromato de cómicos de la legua, es simple comparada con el mayor misterio que mi vida legó a las generaciones de lectores: mi muerte.

Es tan dolorosa, además, que voy a dejar que la cuente otra persona, una persona nacida en el futuro, en el siglo XX, que me parece tan distante. Y la narra oralmente a quien quiera escucharla:

“Pongamos nuestra mirada en un oscuro callejón, en un lugar miserable. En una esquina un hombre está muriendo. Es un individuo que está siendo presa del peor de los terrores. La más horrible pesadilla, el delirium tremens. Sombras, visiones, diablos, lo están atenazando, se están apoderando de él, con su raído gabán, rodeado de basura, de papeles tirados. Nadie lo reconoce. ¿Cómo es posible?

“Es uno de los padres de la literatura universal. Maestro indiscutible de alucinaciones, este hombre se consume en su propia alucinación. ¿Qué está viendo? Seguro que para él son cosas reales… ¿Y cómo es posible que este hombre acabe así? Hay que intentar buscar las claves…

“La revolución industrial, a principios del siglo XIX, había auspiciado todo lo que es el mundo del misterio. La ciencia exacta y la mecánica habían constreñido eso que todos llevamos dentro: el miedo a lo desconocido. Y de pronto este escritor y periodista, a través de Narraciones extraordinarias que se publicaban en periódicos y folletines, nos conecta de nuevo con esa realidad, con ese mundo oscuro que a veces estaba representado por extraños embajadores: los fantasmas, los espectros, los aparecidos, las maldiciones, las casas encantadas, los entierros prematuros, los presagios, las profecías, todo ese universo que manejó como nadie.

“Sus críticos decían que aquellos relatos eran nocivos, eran como cuchilladas en la conciencia colectiva.”

(…)

“Es el momento de volver a donde comenzamos: a tres días que siguen siendo un gran misterio de la literatura…

“¿Qué pasó? ¿Por qué? ¿Dónde estuvo vagando? ¿Con quién habló? Hay incluso quien afirma que llevaba consigo unos manuscritos que le fueron robados en ese momento, cuando lo vieron caído. Algunos biógrafos afirman que en sus manos se encontraban los escritos del llamado ‘Poema de la propia muerte’.

“Quizás en esta ocasión también su facultad visionaria había acertado. Cierto o no, aquel frío día de octubre de 1849 es ingresado en el hospital Washington de Baltimore. Allí, delante de unos perplejos médicos, el horror continúa.

“Hay quien dice que esas noches en el hospital se lo escuchó hablar con las sombras y que llegó a decir mirando a la pared fría y oscura: ‘Ave Maldita, regresa al infierno, regresa a la ribera de la noche plutónica’. También hay quien dice que poco después retumbó un eco. Un eco que algunos doctores aseguraron que decía: ‘Nunca más’. ‘Que Dios se apiade de mi alma’.

“Lo que le ocurrió durante aquellas noches y aquellos días sigue sin resolverse.”

Otra persona del futuro relata así esa parte de mi historia:

“El 3 de octubre de 1849 el periodista Joseph Walter caminaba en búsqueda del Cover Hall, en Baltimore, un bar abarrotado de actividad nocturna y muy conocido en la ciudad. Es allí donde Walter encuentra a un hombre delirante en estado deplorable, vestido con harapos de segunda mano que no eran de su talla. El periodista, preocupado por la salud del perplejo poeta, le preguntó rápidamente si conocía a alguien en Baltimore que pudiera ayudarlo. Consiguió que le diera el nombre de un editor de revistas que vino en su ayuda inmediatamente. Cosa que sirvió de poco, porque cuatro días después, el poeta sucumbe a la muerte.

“Y es en este punto donde se inicia la confusión, comenzando con que aún nadie sabe con completa convicción y con argumentos cuál fue la causa de su muerte. Unos dicen que fue víctima de una práctica de fraude electoral muy común en Baltimore en esa época. Esta consistía en emborrachar y secuestrar personas para disfrazarlas y forzarlas a votar varias veces por un candidato en específico. Y para mayor confusión, el bar donde fue encontrado era donde tiraban a las víctimas luego de usarlas.”

El escritor Julio Cortázar adhiere a esta última explicación sobre mi muerte. Lo que nadie se explica es la desaparición de mi acta de defunción y mis registros médicos.

Ahora develaré quién me parece ser la sombra que aun hoy, en el siglo XXI, se desliza vestida de negro -como yo lo hacía en los aniversarios de Hellen- para dejarme cuatro rosas sobre la tumba, tal vez una por cada mujer que murió en mis brazos.

Supongo que es una generación de sombras: el primero fue mi íntimo amigo, el hijo de Hellen, apenas yo morí. Los demás tienen que ver con su descendencia.

Estoy seguro. Volví claros misterios que nunca tuvieron respuesta. ¿Cómo me voy a equivocar ahora, con la sabiduría que dan los años de estar muerto?

Envío

Amigos míos: escribí este “cuento gótico” para decirles sutilmente que ya sé que ustedes saben de quién estoy hablando. Tal vez sería demasiado finalizar con un “Yo soy Edgar Allan Poe”.

Aparte, no se pueden imaginar la alegría que me dieron con sus respuestas y sus escritos para el post pasado. ¡Isabel Salcedo, chilena linda! ¡Celestino!!! Y todos los demás, a quienes los recuerdo y agradezco continuamente.

Mora

Monografias

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Comentarios

5 respuestas a “Cuento gótico”
  1. Mirtha Infante dice:

    Sencillamente fascinate !!!! Sra. Mora. Hace algun tiempo leo las monografias que publica y esta es la seguna vez que me decido a hacer un comentario, me pareció increible como de a poco, con la narrativa que desenlaza la vida de este poeta, se me iba pareciendo a Edgar Allan Poe, creo que su manera de narrar este cuento era de hecho ¨como un fijo claroscuro, como un retrato oval¨ del propio escritor, un cuento maravilloso, una narrativa impresionante, hubo momentos en que llegué a pensar que estaba leyendo al Gabo narrando pinceladas de la vida de Edgar Allan Poe.Felicitaciones !!!!

  2. Carlin Alegria Sanchez dice:

    DESPUÉS DE TANTOS INTENTOS DE LEER LAS MONOGRAFÍAS QUE ME LLEGAN, HE DECIDIDO LEERLA ESTA NARRACIÓN, ME FASCINÓ TANTO QUE CASI LO VIVO EN CARNE PROPIA, CUANTOS HIJOS RECUERDAN DE SUS MADRES MUERTAS EN UNA U OTRA FORMA, PERO ES UNA PÉRDIDA IRREPARABLE Y DE MUCHO DOLOR Y SENTIMIENTO, FELICITACIONES DRA. MORA

  3. basilisa morales dice:

    Fenomenal.
    Un abrazo.

  4. felipe humberto rizzo dice:

    Sin palabras. ¿Que más se puede decir de tan magistral relato?
    Espero con ansias otra sorpresa.

  5. Joise Morillo dice:

    Delicadamente lóbrego, Querida Mora, Saludos

    No obstante, triste, seres resentidos, padecen sus peculiaridades, nefastas e inherentes, aun cuando el poder y la gloria -Calígula, El Hombre G de V. Hugo, Bonaparte- les convierta en lo más grandes miserables de la historia, son famosos por inefables, herméticos y casi que alienígenas.

    De no ser por la fisonomía humana que en veceses repudiable caminan entre los vivos -Van Gogh, Diógenes de Sinope- algunos orates con la sinceridad del ingenuo y la perspicacia del paranoico, deambulan por la poesía y la filosofía, las artes que no les quieren; pero, les aflora como cosa del intelecto, que a veces, sin querer han desarrollado y que, con lúgubres avatares casi siempre son su destrucción.

    Su felicidad es, la poca tristeza que le ha dado sabor a su vida, no hay pasión, ni desengaño, la muerte ¡qué importa!

    ¿Bohemios? ¡Quiza! ¿Góticos? ¡Quizá! No obstante sus miserias son sus cadenas que arrastran, eso si, con orgullo.

    Os ama
    Joise



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