Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Partitura: Un homenaje a San Juan de la Cruz

Les ruego me perdonen por la amplitud del escrito (Ensayo de un ensayo), difícil de entender, pero no imposible (La pasión de la pregunta. Blanchot y la filosofía)..

Lo que van a leer es un homenaje a uno de los genios más extraordinarios del Siglo de Oro Español (Morris), San Juan de la Cruz (El renacimiento. La lírica).

Yo que no soy del todo creyente (Job el creyente, Prometeo el rebelde), diría, como Santa Teresa (Poesía de Santa Teresa. Del logocentrismo a la otra lógica), pero dirigiéndome a San Juan:

“No me mueve mi Dios para quererte

El cielo que me tienes prometido

Ni me mueve el infierno tan temido

Para dejar por eso de ofenderte”

Verso que termina así:

“Que aunque no hubiera cielo yo te amara

Y aunque no hubiera infierno te temiera”.

La poesía de San Juan hace que de alguna manera creamos más que nunca en Dios: ella es una diosa. Hace que consideremos que estamos en el cielo ante cualquiera de sus poemas, y que el infierno no es más que perder uno a uno el recuerdo de sus versos.

Escribí muchas cosas sobre San Juan, mucha poesía y prosa. Nada alcanza, por supuesto, a hacer que quien me lee imagine la obra majestuosa.

Pero quizá los aliente a buscar más en la fuente, que les entregue estos fragmentos convertidos en prosa que escribí:

Homenaje a San Juan de la Cruz

Belleza  como pausa

La belleza, oh belleza, brotando como un niño deforme de la fuente vacía, es ese testimonio de saber que puede convertirse en bendición el amado cuerpo inmundo, y que el alma sostendrá que, aun así, es su misma sustancia de arco iris.

La belleza que apresura los pasos hacia la luz ardiente para huir de los cánones y que alumbra la frente del amado y la amada, de todos los amados de la historia y de todas las amadas.

La escala de la noche de San Juan de la Cruz estuvo escrita con cuerpos parecidos; los distintos niveles de esa noche eran reverberaciones de esos cuerpos –antes futuros, ahora pasados-, radiografías fulgurantes que San Juan escaló.

La lectura de San Juan de la Cruz debe llevarme hacia noches de cuerpos y de almas mezclados en el alba y en la noche, a ser quien es uno, y quien es uno siendo dos es el fruto: dios padre, espíritu madre, el hijo es el que renace en la Cruz, y en la sombra loca de esa tarde los amantes recuerdan que su amor tiene un sentido cuando dirigen su mirada hacia el atardecer los amantes reconocen su nombre en el INRI y su alegría es una sombra de los días aquellos, ya que no tienen más rostro, más espacio ni tiempo que el de la propia música, que son pasos de pétalos en el crepúsculo de calendarios rotos, ni más belleza que una postal del espacio borrado inscripta en la mirada convertida en una sola, ni más realidad que el único instante de infierno y paraíso.

Belleza como vacío

La muerte y el paraíso conjugados abrigan la nada, vocablo cuyo oscuro decir se enriquece cuando es pronunciado con diverso sentido y en todos los idiomas, pero que nunca conseguirá definirse más que en lo absoluto y en lo eterno. Si mirada con ojos de los muertos, la nada significa lo que mirado con los ojos de los amantes vivientes huye al ser pensado, escurridizas visiones traen una ráfaga de Su visión, opuestos que se excluyen, como agonía y renacimiento, remedan la nada.

Y al pronunciar la belleza, oh belleza ya dicha, en rotación desde el manantial deformado por el vidrio, uno que mira la estrella de varias puntas que ella es en la gema del agua transformada, verá formarse la nada en uno de sus extremos.

Deformado, transformada, formarse, no por error inscribo los términos de una palabra única que contiene a su verbo, que se detiene al construirse, que se destruye al levantarse como el astro de un cielo huyente. Releeré a San Juan esta misma noche.

Las voces vegetales

Y ahora es el alba, el aire son rosas muy pálidas, el clima de las rosas es el de la hora: un invernadero de fiesta congelada donde las únicas voces que se escuchan son vegetales y casi inaudibles, murmullos sonámbulos de haber bebido y cantado y llenádose de narcóticos el corazón de las flores por la noche.

Anoche repasé a San Juan de la Cruz a la manera de quien abre un silencio de láminas de cristal y de cobre o los libros sagrados de los niños donde el hada parece erigida en el mismo papel que la pronuncia; se abren sus alas como para volar o el castillo está dentro del libro y sólo basta encontrar algún sostén para edificar un sueño; el hada pasa por los ojos del niño a vuelo de pez que se roza con una mano en la laguna.

Así vi a San Juan descender por la noche hacia ese castillo de silencio, el invernadero, hacia el corazón drogado de esas flores que están despertando adormecidas por el amor.

Oh, la belleza ya dicha por tercera vez clava agujas de hielo en esta alba. Es el frío de lo puro, los ojos azules y helados del encanto cuando lo perfecto posa los pies sobre el paisaje y la luna del alba es el filo de un cuchillo que escarba los ojos de quien apenas ha salido de los sueños.

Allí es donde San Juan puede aprehenderse con los dedos si se posee el rayo de sol que recién aparece sobre la sombra que dejó, y ese conocimiento de la luz uno lo ejerce sobre la sombra.

Los ojos ciegos leen

Considerad los lirios. No, por supuesto, en el invernadero, sino entre el aire y la hierba.

Hay una cosa que es de la misma materia de lo intangible y de lo aéreo, una palabra borrada casi del todo en pergaminos destrozados, pero de la que puede vislumbrarse el dibujo elegante de la primera letra.

Los lirios, que en realidad no son mirados por San Juan ni por mí, y que están en sus letras, participan de esta materia, aun los que crecen sobre el campo. Ellos brotaron en un espacio tan grande que es casi invisible; un espejo sin bordes, ríos sin orillas que he escuchado nombrar en libros no leídos. Imaginad los lirios de esta forma para poder contenerlos en la mirada, que tiene límites, como la mía.

Y una vez advertida la materia de que está hecha esa cosa innominada que yo quiero decir, relato la lectura de San Juan de la noche pasada, cuya dificultad para ser comprendida residirá en mi incapacidad de traductora y en mi ceguera de tristísimo poeta.

Visita del fantasma

Un poco antes de la lectura, cuando estaba a la espera del deseo, que me buscara con su mirlo hechizado entre las blancas telas de la alcoba, como tonta reina, vi, ya situado en el lugar preciso, y la imaginación era la fuente girante, a San Juan por las calles de la ciudad, en lo más céntrico, bajo la luz dicroica. Aquel que se ocultaba de sí mismo para mirar su alma, o bien que escondido en un ropero se hacía invidente e invisible, daba vuelta en una esquina donde un escaparate robaba las visiones.

Y su cuerpo era el cuerpo del cemento y el vidrio, un compuesto poético que rodeaba la noche con una capa y que a pesar del artificio parecía tan bello como un espíritu desnudo: era San Juan de la Cruz a paso vivo y sin la brújula del cielo.

En el edificio de departamentos donde entró el portero sonrió a sus harapientas sedas, lo saludó como a uno más de sus huéspedes. Él era el dueño del piso de una remota mariposa eterna.

De este sueño me rescató el libro pequeño, donde exquisitas miniaturas labraban el rostro del poeta San Juan, y sus morenos ojos mortales se desvivían para siempre.

“Dios mío”, pensé, entrando al exclamar en contradicción con lo escrito, “¿cómo permanece sobre el papel la gesticulación de un muerto tan antiguo?”.

(…)

Rodeos de los pájaros almas

Detrás del raso de la lámpara que esculpe en celeste su sombra en la pared, transportados por especies de pájaros-almas, mis dedos espiritualizados dan vuelta en rara danza, con un ritmo de abanico, las hojas.

Y detrás lo desconocido arde en estrellas de conocimiento, prados de más allá de la razón traen sus brasas y su ternura; detrás de las colinas de la razón, en lo alto de la más pura idea, que es como un dibujo de los contornos del pensamiento, detrás del papel el mundo que se abre en selva es alegría.

(…)

Envío

Me gustaría que -el que tuviera ganas de leerlo- lo fuera haciendo lentamente, fuera buscando los fragmentos que pueden tocarle alguna parte del alma.

Está hecho en verdad con intención de partitura, con intención de música.

De todos modos este envío es porque necesito una palabra de ustedes…

Por otra parte, si algo del homenaje despierta en alguno las ganas de leer, la curiosidad de descubrir, a San Juan de la Cruz, el más brillante de los poetas del Siglo de Oro y, a la vez, el más humilde, me sentiría premiada.

Gracias, mis amigos, por al menos empezar a observar estas líneas.

Mora

Monografias

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Comentarios

4 respuestas a “Partitura: Un homenaje a San Juan de la Cruz”
  1. felipe humberto rizzo dice:

    Querida Mora, siempre hay “una primera vez” y es lo que me sorprendió al descubrir a San Juan de la Cruz, de quien solo tenía vagas referencias. Gracias, mil veces gracias por acercarme a su obra y despertar en mí las ansias por beber de su lírica inigualable.
    En su homenaje rescato un escrito de mi madre, humilde pero sincero.
    LOS MUERTOS

    ¿Dime divino poeta
    Que piensas de los muertos?

    Solo diré con acierto
    Lo que pienso de los muertos
    Que los muertos, muertos son
    Que se van a los desiertos.

    Que al apagarse sus vidas
    Y fenecer sus nostalgias
    Dejan recuerdos grabados
    De sus venturas y andanzas
    Como raudas mariposas
    En los tiempos de bonanza.

    María I. D’Onofrio - Diario El Comercio - (Frías - S. del Estero) Setiembre de 1936

  2. Joise Morillo dice:

    Mora y todos, ¡saludos!

    Esta prosa (IV), en vuestro “Jugar en noche oscura” es totalmente hermosa, devenido en función de una estética diáfana y prolija, que concede a la naturaleza la lírica homenaje del genio. Con poética inspirada en otro grande de la literatura.

    cito:

    Ahora es el alba, el aire son rosas muy pálidas, el clima
    [de las rosas es el de la hora,

    un invernadero de fiesta congelada donde las únicas voces son vegetales y casi inaudibles, murmullos sonámbulos de haber bebido y cantado y llenándose de narcóticos el corazón de las flores por la noche.

    Anoche repasé a San Juan de la Cruz a la manera de quien abre un silencio de láminas de cristal y de cobre o los libros sagrados de los niños, donde el hada aparece
    [erigida
    en el mismo papel que la pronuncia; se abren sus alas casi
    [para volar
    o el castillo está dentro del libro, y sólo basta encontrar
    [el centro
    para edificar un sueño, y el hada pasa por los ojos del
    [niño
    a vuelo de pez que se roza con una mano en la laguna.
    Así vi a San Juan descender por la noche hacia ese castillo de silencio, el invernadero, hacia el corazón drogado de esas flores que están
    [despertando,
    adormecidas por el amor.

    Oh, la belleza ya dicha por tercera vez clava agujas de
    [hielo en esta alba.

    Es el frío de lo puro, los ojos azules y helados del encanto cuando lo perfecto posa los pies sobre el paisaje y la luna del alba es el filo de un cuchillo que escarba los ojos de quien apenas ha salido de los sueños. Allí es donde San Juan puede aprehenderse con los dedos si se posee el rayo de sol que recién aparece sobre la
    [sombra que dejó
    y ese conocimiento de la luz uno lo ejerce sobre la sombra.

    Os ama
    Joise

  3. José María Gil dice:

    Hermoso homenaje, Mora, a quien brilla con las luces más intensas en el campo de la poesía del Siglo de Oro. Nada que añadir al mismo y sólo lamentar que fuese tán poco lo que se salvó de la obra del poeta místico por excelencia.
    La poesía de San Juan destaca, entre otras cosas, por su gran densidad expresiva. Nada falta ni sobra en sus poemas. No se les puede cambiar ni una coma sin arruinar su sentido. No hay en ella elementos supérfluos de los que podamos prescindir, pues se trata de poesía pura. Ocurre en sus versos lo mismo que vemos en la música de Mózart, donde lo sublime mora en lo sencillo.
    Gracias, Mora, por tal homenaje, pues no sólo se trata de un homenaje merecido sino también justo.
    Un abrazo

  4. Dr. Luis Alberto Navarrete Obando dice:

    Excelente Obra, Sra Mora Torres, la felicito por publicarla; preguntaba la última vez que comuniqué con ustedes, de que cómo hacer para adquirir un “Blog Personal” en “Monografias.com?; estoy interesado en tener uno propio.

    Atentamente,

    :.V :.G :.M :.Dr. Luis Alberto Navarrete Obando
    ABOGADO – EX DOCENTE UNIVERSITARIO
    DOCENTE UNIVERSITARIO INVESTIGADOR
    TEÓLOGO – ACREDITADO POR LA “SOCIETÀ INTERNAZIONALE
    DI TEOLOGI E FILOSOFI CATTOLICI” (SITFC), Roma – Italia
    SACERDOTE ORDENADO RECIENTEMENTE POR EL SANTO PAPA, FRANCISCO I
    ASESOR PERSONAL DEL DESPACHO PAPAL (pendiente de viaje, Enero del 2017)
    DEL ESTADO CIUDAD DEL VATICANO, SANTA SEDE, Plaza San Pedro – Italia
    ESCRITOR, ENSAYISTA Y POETA E HISTORIADOR AUTODIDACTA
    MAGISTER EN EDUCACIÓN SUPERIOR E INVESTIGACIÓN UNIVERSITARIA (Trujillo – Perú)
    DOCTOR EN TEOLOGÍA, FILOSOFÍA Y HUMANIDADES (Barcelona – España)
    E INVESTIGACIÓN UNIVERSITARIA (La Habana – Cuba)
    Cel. RPC N° (051) (76) 987306675
    CAJAMARCA – PERÚ



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