Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Manual de Maravillas

Un adorable amigo (José Martí y la amistad) -que vive en mi pueblito actual, Agua de Oro, Córdoba, Argentina (ERKSperiencias en el Uritorco), y a quien le agradezco muchísimo éste y otros dones- me trajo de regalo un libro-joya: Relatos del Viento.

El título tiene varios subtítulos, como: Revalorización de la tradición oral del norte cordobés (Oralidad en la historia). Otro es: Leyendas (Antología de leyendas). Sabidurías. Pasado y presente originario. Problemáticas. Supersticiones. Medicina natural y popular (Medicina Verde). Creencias. Rituales. Recetas con productos del monte y muchísimos saberes más (Fe - Pensamiento Mágico y Eficacia Terapéutica).

Fue editado en 2010 u es lo que se llama un “Colectivo”, destinado a la divulgación.

Insisto en que es una joya, en especial para el cofre de los antropólogos y de todas las personas curiosas y con inquietudes.

En mi caso he elegido las leyendas, sabiendo que quizá dejo de lado cuestiones más importantes como Sabidurías, Rituales e inclusive las pintorescas recetas con productos del monte (Antropología).

De las leyendas extraje las que me parecieron más interesantes, aun cuando estoy de segura de que no siempre lo que a mí me impacta es lo que impacta más a todos.

Es un manual de maravillas, con expresiones de los lugareños del norte de Córdoba que pueden ser similares a las de los lugareños del norte o del sur de cualquier provincia o país. Mejor dicho, estoy convencida de que son similares…

Leyenda del Alma Mula

Recibe los nombres de Almamula, Mula Frailera o Tatácuña y es una mujer condenada por incesto, por vivir con un cura o llevar una vida licenciosa. Se transforma de noche, al dar las primeras campanadas de las doce, en una mulita de pocos años, chica. Galopa haciendo un ruido infernal: arrastra cadenas, da rebuznos estridentes y desesperados, bufa; echa fuego por la boca, las narices y los ojos. Hace ruido como si mascara el freno. Su grito es a veces como un relincho y otras como un llanto de mujer, un quejido que estremece a quienes lo oyen.

Llega hasta la puerta de la iglesia y luego recorre el camino de vuelta hacia el cementerio. Mata a dentelladas a la gente que se le atraviesa y hasta puede comérsela.

(…)

Se la ve cuando va a cambiar el tiempo, al soplar fuerte el viento del sur. Aprovecha las tempestades; durante las tormentas se oye el ruido de cadenas entre los truenos…

Sólo un hombre muy valiente puede salvarla quitándole el freno o cortándole la oreja.

Se debe marcar con el cuchillo un cuadrado en la calle que simule una pieza, con una puerta hacia el lugar de donde viene la Mulánima. En ese cuadrado hay que quedarse hincado, hacer una cruz, clavar el cuchillo en la tierra y ponerse a rezar. Cuando el alma se acerca hay que pararse de golpe y repetir las palabras “¡Jesús, María y José! ¡Jesús, María y José!” tres veces y con un movimiento rápido quitarle el freno desde arriba de las orejas.

En caso de resultar herida amanece ensangrentada y se la puede reconocer.

Cuando se las descubre van perdiendo su poder. Si el hombre que decide atacarla no tiene verdadero coraje, ella lo matará.

El cuchillo protege porque es de acero y porque tiene una cruz entre el cabo y la hoja.

Si algunos vecinos del pueblo, trasnochando, la oyen, se defienden del miedo con oraciones. Piden por ella.

Al toque o llamada de primera misa, se transforma nuevamente en mujer y puede entrar en el hogar. Lo último en tomar forma son los pies, las piernas y las uñas.

Es el fantasma más temible de todos los que pueden aparecer y constituye un gran peligro para los poblados.

Fuente: Seres mágicos que habitan la Argentina, Elena Bossi. Ed. del Copista. Córdoba, 2007.

VERSIONES RECOPILADAS (en diferentes lugares de la provincia de Córdoba)

“Dicen que antes los hombres, cuando andaban a caballo camino a un pueblo, a beber unas copas, siempre se les aparecía una mula. Cuentan que el animal remulaba y echaba fuego por la boca y la nariz, y eso asustaba mucho a los hombres. Un día un señor dice: Yo voy a descubrir quién es, y cuando iba cabalgando apareció la mula echando llamaradas; la hicieron pasar por el medio de dos muchachos y le cortaron una oreja. Después, a los dos días, se enteran que había una señora enferma, y el hombre se propuso ir a visitarla. Cuando llega a la casa la señora tenía tapada la cabeza con un pañuelo que apenas dejaba ver su rostro. En una distracción se le corre el pañuelo y a la señora le faltaba la oreja. Ahora señora me voy, dicen que dijo el hombre. Ya la descubrí… Hay otra versión en Quilino donde dicen que le cortaron las piernas. En Quilino están todas las brujas”.

Informante: Claudio Lescano, 64 años. Sauce Punco, Deán Funes, 13/03/2010

“Hace mucho tiempo… había dos hombres que tenían una mula y que la hacían trabajar mucho. Un día se fueron a cargar arena y la mula se cayó en el río porque estaba muy cargada. Entonces ellos le empezaron a pegar para que se levantara. Tanto le pegaron que la mula murió. Desde entonces, cuando la gente pasa de noche, se sienten ruidos de cadenas y se ve la sombra de la mula”.

Informantes: Matías René Arrascaeta y Milagros Gabriela Guerrero, alumnos de la escuela Martín Güemes. Chuña, 15/06/2010

El Farol de Mandinga (Leyenda del Farol / Luz mala)

Cuenta el escritor Hipólito Marcial, con respecto a esta leyenda: “La luz blanca que aparece en la falda del cerro es buena, donde entra hay que clavar un puñal y al otro día ir a cavar, ya que se encontrará oro y plata. De la luz roja huyan o recen el rosario, se dice que es luz mala, tentación del diablo”.

La gente que vive en estas tierra, especialmente en el campo o en el cerro, cuenta de la existencia de la Luz Mala o Farol de Mandinga (Mandinga es el nombre del diablo en estas latitudes). Un mito con trascendencias religiosas que la mayoría de los lugareños asegura haber visto. Por ejemplo se dice que cuando llegan las épocas secas del año, se suele ver especialmente de entre las pedregosas y áridas quebradas de los cerros una luz lúgubre. Ocurre generalmente a la oración, de tarde. También cuando los últimos rayos del sol iluminan las cumbres de los cerros y el intenso frío de la noche va instalándose en los lugares sombreados… En ese momento, una luz especial, un fuego fatuo, producto de gases exhalados por cosas que se hallan enterradas, conjugados con los factores climáticos, produce una luz mórbida y tenebrosa, la Luz Mala. El Día de San Bartolomé -24 de agosto- es el más propicio para verla, ya que es cuando parece estar más brillante del haz de luz que se levanta del suelo y que por creencia general se debe a la influencia maligna. Ya que popularmente estimar que es el único día en que Lucifer se ve libre de los detectives celestiales y puede hacer inpunemente de las suyas. La luz es temida también porque imaginan ver en ella el alma de algún difunto que no ha purgado sus penas y que por ello sigue penando de esa forma en la tierra. …cuentan que los pocos que se han aventurado a ver qué hay bajo la luz, siempre han encontrado objetos metálicos o alfarería indígena. También se han encontrado urnas funerarias con restos humanos, lo que aumentó el terror, porque al ser destapada (el urna) despide un gas a veces mortal para el hombre. Por eso los lugareños aconsejan tomar mucho aire antes de abrir, o si no, hacerlo con un “pullo”, manta gruesa de lana para que el olor no pueda ser respirado.

Fuente: Reconstrucción en base a leyenda y otras explicaciones sobre luces, redactado por L. Quiroga. Artículo publicado en el Diario de Cuyo, San Juan, Argentina, edición Jueves 12 de Febrero de 2009

VERSIONES RECOPILADAS

“En el campo hay luces, a mi papá cuando iba a trabajar le aparecía una luz que lo acompañaba. Mi papá decía que era buena porque le daba luz. Una vez venía a mi casa en bicicleta y se me apareció una luz por detrás, pensé que era un auto, pero no, cerquita estaba, y cuando me di vuelta no había nadie, no sabés cómo pedalié hasta mi casa”.

Informante: Carlos Iturre, 56 años. Sebastián Elcano, 20/05/2010

“Teníamos entendido que la luz blanca es la mala, y que la roja era cuando había algo enterrado, un tesoro”.

Informantes: Carlos Enrique Fabio, 41 años, y Liliana Sandra Rodríguez, 39 años. Villa Quilino, 10/04/2010

Leyenda de la Salamanca

La Salamanca es la residencia del Tío (el diablo, mandinga, el malo, zupay, son algunas de las denominaciones en Argentina). Allí acuden las brujas como doncellas de hermosos cuerpos, lujosamente vestidas o semidesnudas, a veces sólo tienen un pañuelo para bailar; también llegan los brujos, los aparecidos, las almas condenadas y los hombres y las mujeres que desean realizar un contrato. Todas las noches hacen una gran fiesta y la música se oye a un kilómetro a la redonda: el golpe de las cajas, las guitarras, los cantos y las voces de la gente que habla.

Se sirven los más deliciosos manjares, vinos de todas las clases en copas de oro. Pero lo más maravilloso de todo es la música que atrae a quienes andan cerca, especialmente a los borrachos, que sin darse cuenta se mezclan con los que se divierten en la salamanca.

Algunos describen las salamancas como escuelas donde los profesores son diablos.

Pueden oírse voces, cantos e instrumentos y suelen observarse luces y reflejos de colores. Son luces malas y es preferible no mirarlas. Allí vive Mandinga -de un solo ojo enorme que lo ve todo- con sus diablos.

Al anochecer se ve salir a la puerta de la salamanca a un sacerdote vestido de negro que se golpea la boca y vuelve a ingresar. Se ríe de todos los cobardes que no son capaces de entrar a buscar al Tapado.

Todos los sábados se imparten allí lecciones para diversos estudios. La gente que acude se pone diestra en un oficio y se hace rica. Las salamancas no funcionan los mismos días. La mayoría realiza fiestas todas las noches hasta el primer canto del gallo al amanecer, sonido que deshace todo aquelarre. Sin embargo existen algunas que abren sus puertas sólo los martes y los sábados…

Quienes han ido a buscar de día la entrada no la encuentran. Lo más apropiado para quienes deseen entrar será intentarlo los sábados a la medianoche, pues no existe ninguna en todo el país que no esté abierta esos días.

Si un viajero debe pasar cerca de una salamanca pero no desea tener contacto alguno con el diablo, deberá llevar rosarios y medallas de santos para protegerse.

El diablo puede aparecer de diversas maneras al forastero que atraviesa su territorio o que se atreve a buscarlo, pero lo frecuente es que llegue montado en un caballo blanco o en una mula negra, vestido de gaucho con botas y bombacha. Su vestimenta revela gran elegancia y riqueza, pero la cara no se logra distinguir. El ensillado lleva todas las prendas de plata y las riendas, las espuelas y los enchapados producen al andar el ruido del metal. El diablo brilla en la noche de luna e invita a pasar a la fiesta. Otras veces es un niño desnudo que llora de frío, pero cuando ríe muestra agudos dientes y echa fuego por la boca. Sin embargo hay quienes lo han encontrado en actitud más cotidiana cebando mate. Habla a los hombres de la forma de conseguir grandes y fabulosas riquezas y los invita a firmar un contrato. Convida licor y toma junto a los infortunados.

Quienes acamparon cerca de alguna salamanca, porque iban viajando y fueron invitados por el diablo y las brujas a la fiesta, cuentan que han pasado la noche allí, pero al alborear, sin saber cómo ni por qué, se han encontrado en el mismo lugar donde habían acampado, en la cama que habían tendido en el suelo.

Todos los paisanos saben que es muy difícil embromar al diablo y a los brujos y brujas, pero hay algunos como el viejo Miranda que lo han logrado.

Aquellos que, tratando de burlar los preceptos, intentaron llevarse algún alimento u objeto de oro del salón, al amanecer encontraron el excremento de un animal en su lugar, y si se durmieron junto a una bella muchacha despertaron abrazados a un espinillo o a un peñón.

Fuente: Seres mágicos que habitan la Argentina. Elena Bossi. Ed. del Copista. Córdoba, 2007

VERSIONES RECOPILADAS

“La Salamanca es más para músicos, allá en el norte dicen que hay una -refiriéndose a Sebastián Elcano-, dicen, se siente una bulla…  hacen todos los fines de año, basta que ellos no tengan ningún contratiempo de familia, ellos hacen una chamameceada, y capaz que la empiecen el 24 a la noche, el 26. Yo no he ido a ninguna”.

Informante: Arsenia Medina, 70 años. Sebastián Elcano, 25/03/2010

“¡Está hecha con una calidad! Usted entra parado un trecho y dentro de ella hay una piedra que hace como una pared. Dicen que ahí vivió el diablo,  yo digo el hombre primitivo, los indios. Hay otra que tiene signos, marcas en la piedra. Está mirando para el lado que sale el sol, en San José. Dicen que se sentía tocar la guitarra”.

Informante: Tino Montes, 72 años. Copacabana, 18/03/2010

“Iban a la cueva a tocar la guitarra. El maestro les ponía una serpiente diferente en cada clase. Cuando uno ya sabía tocar bien le ponía una serpiente cascabel, y ella era la que te aprobaba. Si te daba el visto bueno metía la cola en el agujero de la guitarra y ahí dejaba el cascabel”.

Informantes: Juan “Chichi” Carrizo, 43 años, y Rosa Quinteros, 42 años. Copacabana, 29/12/2010

Envío

Hay más versiones recopiladas de los lugareños, más leyendas, más sabidurías, pero tendría que hacer un contrato -ustedes ya saben con quién- para transmitirles todo, hasta las yerbas curativas.

A este libro lo voy a guardar bajo siete llaves, lo voy a perder menos que a los otros, que tanto perdí. No sé si todavía se consigue, porque no debe de tener muchas tiradas. ¡Gracias, autores y recopiladores de Relatos del Viento!

Y a ustedes, mis amigos, lectores de todas estas ensaladas que les alineo, un gran beso con abrazo

Mora

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Comentarios

4 respuestas a “Manual de Maravillas”
  1. felipe humberto rizzo dice:

    Estimada amiga, no puede imaginarse cuanto me ayuda este envío sobre antiguas leyendas, en este momento estoy escribiendo sobre “nuevas leyendas mendocinas”, dado que las viejas son por todos conocidas, y que el nuevo ritmo de vida terminó con los fogones apagando las luces malas y ahuyentando a tantos fantásticos personajes que nos acompañaron las noches de luna llena. Es realmente un esfuerzo el ficcionar hechos y relatos bajo las modernas e encandilantes luces de mercurio y que no nos permiten fantasear como antaño con seres ocultos en las penumbras del paisaje,
    Al día de hoy llevo recreadoas cerca de diez leyendas para que los abuelos de hoy puedan contar a sus nietos en la intimidad de sus luminosos hogares,

    EL CABALLO DEL DIABLO
    Cuentan los memoriosos que allá por el 1.820 un grupo de colonos europeos llegaron hasta las tierras lindantes al *Rio Diamante, lo hacían en busca de una tierra donde afincarse escapando a las penurias de una Europa en crisis que los expulsaba de sus campos y ciudades, los había franceses, italianos y españoles, muchos de ellos se afincaron a unos treinta kilómetros de la Villa 25 de Mayo.
    No fue fácil la vida de los primeros pioneros, la indiada resistía su presencia maloneando e incendiando los primeros asentamientos, fueron pocos los que sobrevivieron, pero su tenacidad pudo mucho más que sus desgracias y poco a poco con ayuda de las milicias criollas fueron creando fuertes y fortines para defenderse del infiel.
    El jóven Fausto Paiñichiñé, nieto de los caciques pehuenches Pichicolemilla y Paiñichiñé dolido por la pérdida de sus tierras y en desacuerdo con la paz firmada por sus dos abuelos con el invasor, se sublevó y junto a unos cien indios de lanza se refugió y se hizo fuerte entre los altos y rocosos cañadones de la zona. Salían de madrugada y al despuntar del sol caían sobre algún aislado caserío, asaltando y matando a sus desprevenidos moradores y una vez terminado el ataque y antes de retirarse incendiaban los ranchos y arrasaban con sus haciendas y plantíos regresando rápidamente a su casi inexpugnable refugio.
    La fiereza de sus ataques tenía en jaque a los comandantes de los fortines, las distancias eran muchas y no contaban con suficiente tropa como para proteger a tantos y tan dispersos asentamientos. Se reunieron en el Fuerte San Carlos para planificar y coordinar una defensa más efectiva y al final decidieron tentar a un tal Zenón, indio matrero, matrero entre sus pares pero colaborador de los milicos a cambio de comida y refugio.
    El tal Zenón se arrimó al Fausto, arrenpentido y ofreciendo hacer de espía entre los militares y así poder ayudarlo a eludir más facilmente sus emboscadas. Supo su traicionera lengua llegar al corazón del caciquejo y ganarse su confianza. Este nunca supo el porqué de su derrota, pero si supo del escarnio de verse estaqueado en medio del patio del fortín y del dolor de ver a su alrededor los cuerpos colgados de cientos de horcas rodeándolo, pidió a su Dios Pillan, señor del sol y los volcanes terminara con su martirio.
    Esa noche, mientras los militares celebraban su triunfo se desató una fuerte tormenta que apagó las fogatas y los obligó a guarecerse dentro del cuartel.
    Fue un amanecer radiante el que los despertó, salieron al patio y para su sorpresa las horcas se veían vacías y del cuerpo de Paiñichiñé solo quedaban los tientos que lo sujetaban a las estacas clavadas en el suelo. No hubo explicación para el misterio, solo el cura fortinero se animó a decir que el Diablo se los había llevado para hacerle purgar sus culpas en el infierno, esto los conformó y no se volvió a hablar más del asunto.
    No pasó mucho tiempo y las más inverosímiles denuncias comenzaron a preocuparlos, los puesteros se quejaban que tropillas de **reyunos aparecían de la nada y pisoteaban y arruinaban sus sembradíos; otros que habían visto como una desbocada caballada irrumpia en sus poblados atropellando y matando a quien se interpusiera en sus caminos. En una sola cosa coincidían todos, los lideraba un enorme potro de ojos color fuego cuya intensa negrura lo destacaba de los demás, decían que sus relinchos espantaban hasta las bestias más fieras del monte y sus cascos destrozaban como si fuesen de barro las duras piedras del rocoso cañadón.
    Doscientos años después, en las noches sin luna los acampantes de Los Reyunos cuentan horrorizados haber sentido sus relinchos y el trepidar del suelo ante el desbocado galope de una tropilla de fantasmales caballos y el intimidante mirar de los igneos ojos de un potro negro como el azabache.
    Según un viejo cura que solía hace unos años visitar la zona, el potro era el alma del Fausto y su tropilla la de los cientos de indios muertos por los fortineros y que aún hoy, amparados por Pillan su Dios claman venganza, venganza que algún día verán cumplida cuando este haga tronar su furia y un fuerte terremoto libere de su yugo al Diamante y devuelva la tierra sus hijos.
    *Presa Los Reyunos, dique construido para contener y encauzar el Rio Diamante ubicado al sur de Mendoza.
    **Reyunos - Se les decía a los caballos sin dueño que en cantidad se encontraban en ese tiempo en la zona y que por lo tanto pertenecían al rey.
    18 de Marzo de 2.016

  2. Pedro Antonio Peraza Lopez Peraza Lopez dice:

    La imaginacion crea esos mitos,leyendas,todas responde a que los asuntos espirituales,asi com los misterios del alma humana son insondables.Cuando hablamos de luces podemos decir vi y no se desaparecio.Claro la velocidad de la Luz. Asi percibimos el mundo de luz.Por ello la noche se torna siempre y para todos en algo misterioso y una luz pues aun mas en un espacio de sombras y en funcion de la velocidad y el tiempo entre percibir y reconocer .Los sonidos, igual de engañosos,la velocidad del sonido se torna como que muy alta para la velocidad de analizar lo que sentimos.O sea los sentidos nos dan la idea de todo y claro que aun con las mejores condiciones y finos sentidos dos no ven,huelen, oyen,olfatean,degustan,y palpan lo mismo.Y lo de la luz pues es lo mas dificil.Ahora he visto,he oido,etc. muchas cosas pero no me preocupa, pues si, son misterios sobre todo para mi.Pero me consuelo con que trato de no joder a nadie y entonces supongo que los demonios no me anden buscando en nombre de nadie pa joderme.Y si es asi bueno supongo que sabran.No soy eceptico.Por si viene el calificativo filosofico.

  3. Joise Morillo dice:

    Hola querida, y todos. Cuento de maravillas.

    En este asunto, el miedo es gratis, unas veces producido de lo sucinto o fortuito, otras por intemperancia o falta de carácter y, el comportamiento o conducta del individuo que reacciona en la medida de lo intuitivo y, en contra de lo absolutamente desconocido o lo bien conocido que sabe: potencialmente es un peligro.

    Empero el dogma, el fetichismo, el fanatismo y un sin número de características que afectan al individuo, más por ignorancia que por conocimiento de causas y consecuencias, generan situaciones tan insólitas que: unas dan risa y otras, indignación. Total, el albedrio califica relativa y subjetivamente como motor de la voluntad del hombre en la medida de sus posibilidades de reconocer lo bueno de lo malo, lo sublime o divino de lo material, lo ficticio de lo real, lo ético, lo estético, lo moral, lo perverso, pero sobre todo, la miseria de lo fructífero.

    El fundamento del escepticismo no es ver para creer, sino: incredulidad o falta de confianza en la verdad o eficacia de una cosa, si creéis ver un fantasma, no es escepticismo, ¡puede ser un espectro de luz polarizada u obstaculizada por un objeto o la misma presencia del objeto en un ambiente lúgubre, con muy poca luz! O la caracterización de lo que se observa con relación a la conciencia y, respecto al espíritu o atmosfera del ámbito en que os desenvolvéis o se desenvolvieron aquellos a quienes amabais o despreciabais, que por algún motivo como corolario viene a vuestra memoria o mente.

    Memoria de anécdotas o cuentos, ej. Las animas rezanderas, El tío rico que murió accidentalmente y ahora está en pena por haber enterrado su dinero y no haberlo repartido entre sus parientes. ¡que locura!

    ¡Espero creáis mi cuento!

    Os ama
    Joise

  4. José María Gil dice:

    ¡Hola Mora!
    Siempre me han gustato este tipo de historias. Historias antiguas, casi siempre de transmisión oral y muchas de ellas sin pies ni cabeza, pero de las que siempre se puede sacar alguna enseñanza o alguna advertencia que nos sirva para seguir en el camino del buen obrar.
    Recuerdo que mi padre, agricultor ilustrado y filósofo rural, me contó una vez la historia de la cabra “Rupia”. A él se la contó mi abuelo, también agricultor ilustrado y filósofo rural, y el relato se basaba en la súbita aparición de un animal de apariencia caprina, con ojos de color rojo intenso y dientes de fuego, que atacaba de manera sorpresiva a algunos de aquellos labradores que se encontraban solos por el campo en las horas en que el resto de la población asistía a la Misa Dominical. Parece ser que, aunque la cabra atacaba saltando a la espalda del impío de turno y mostrando su terrible cara por uno de los lados, la cosa no iba más allá del susto, terminando la aventura con una sonora explosión del cuerpo del animal cuando el labriego, sorprendido y asustado, lograba desembarazarse del bicho y arrojarlo lejos de sí contra el suelo. Sólo quedaban en el aire, después de aquello, un humo pesado y un intenso olor a azufre que duraba varios días.
    Las conclusiones las dejo al libre sentir de los lectores.
    Un abrazo, Mora Torres…!



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