Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Ni Una Menos. Las diferencias y semejanzas de esa Plaza

Gracias, Felipe, otra vez, por el comentario y, en especial, por el poema (Lenguaje Poético). Gracias Rubén Darío Vega Sayago por tus buenas palabras que me remontaron a la infancia (La educación y desarrollo de la infancia), cuando, con asombro a veces y otras veces como un reproche, mis padres me decían: “¡Qué prodigiosa imaginación!”, eligiendo exactamente los vocablos que elegiste (Principios sobre creatividad) -justo me llamaste “Morita”, como ellos me llamaban. Gracias Joise por tu cálida lucidez.

Y gracias a todos los que leyeron mis cuentos en silencio (Comprensión lectora y lectura veloz).

Un silencio no es nada (Todo en el fin será silencio). El peor silencio debe ser el que me invadió por adentro y por afuera cuando vi en la televisión en estos días la Plaza de las Ni Una Menos, y me di cuenta, me di cuenta real de que venía de muy lejos esa plaza (Violencia de género).

Ni Una Menos. Las diferencias y semejanzas de esa Plaza

Nadie ignora que los espejos se empañan, se nublan y hasta pueden romperse cuando una muchacha en flor que está menstruando se mira en ellos.

Tampoco, que la maldad que gusta a los demonios está presente sobre todo en el corazón de las mujeres.

Es de todos sabido, además, que el mismo sustantivo que nombra a la mujer, fémina -feminus-, indica su falta de fe y, por lo tanto, su inferioridad espiritual respecto al hombre -fe=fe; minus= menos: la que posee menos fe.

Por naturaleza la mujer es crédula, pero nunca creyente. Cree sólo en supersticiones, jamás en las verdades teológicas o éticas reconocidas.

De cualquier modo, las supersticiones no son una simple carencia o ignorancia de las féminas. La mujer cree en ellas porque se cumplen.

Cuestiones sencillas como pasar bajo una escalera se han convertido en tragedias cotidianas. Gracias a Dios, muchas mujeres permanecen en cama durante todo el día los martes 13, con lo que impiden que las tremendas fuerzas malignas del planeta Marte y del número 13 conjugadas generen cataclismos.

La superstición contiene en sí todos los dogmas -religiosos o no- que han creado los hombres de buena voluntad, pero al revés, como vistos en espejo. Y la mujer, que suele ser mucho más perversa que el hombre, manipula, teje y desteje y se beneficia con ese revés de la trama. “Así que la mujer es mala por naturaleza, pues duda más pronto de la fe y reniega más pronto de ella, lo que constituye el fundamento de la brujería”, dice con todo fundamento -bueno, es obvio para cada lector o lectora el fundamento- Johann Schmidt, uno de los autores del Malleus Maleficarum, o Martillo de Brujas, manual clave para que la Inquisición entienda cuáles damas deben ser condenadas y qué castigo debe otorgárseles: si la hoguera, la muerte por agua u otros de una lista bastante extensa y truculenta.

La Inquisición, el fanatismo, las supersticiones, los miedos irracionales y las religiones extremas, aunque de esto último me permito dudar de que alguna vez se acallen sus ecos, se supone dejaron de existir -o al menos de ser visibles- en un tiempo en que a los fantasmas se les da caza por las redes sociales.

Eso, para casi todos nosotros, es tan antiguo que de tan antiguo se ha vuelto cuento, un bello cuento de hadas. ¿Acaso no hay afamados museos donde se conservan desde los más viejos instrumentos de tortura del mundo y se los exhibe ante un público fascinado?

No obstante, estoy pensando que la Inquisición -el Tribunal formado por hombres de Dios que condenaba a mujeres del Diablo a tan crudas penas- no cerró nunca, hasta ahora, sus terribles portones.

Si la mujer fue considerada en los años de oscuridad de edades pasadas un ser hecho para el mal -o bien una virgen o una santa como excepción necesaria para que la regla se cumpliera-, y eso ya es historia para nuestras mentalidades modernas, ¿qué pasó entonces con los hombres, con algunos, pero con suficientes hombres -ya que entre ellos existen los equivalentes de las vírgenes y las santas.

Porque en las mismas o parecidas plazas que reunían a los inquisidores para cumplir con su deber, y al público excitado por ver cómo lo hacían, se reúnen ahora mujeres que no queman, no ahogan, no torturan a los hombres; simplemente les piden piedad y justicia.

Hace unos días se llevó a cabo en Buenos Aires una de esas marchas pacíficas llamadas Ni Una Menos.

Es que en las épocas antiguas no existían las encuestas ni los guarismos ni las estadísticas, y ahora sí: cada día y de cada día cada hora muere una mujer quemada, asfixiada, ahogada, acuchillada, no por ningún otro inquisidor que su pareja, que su compañero.

Hay casos en que las hieren de muerte más allá de la muerte: las dejan vivas, pero les matan a sus hijos, que generalmente también son los hijos o hijastros de estos hombres.

¿Reencarnaciones de Torquemada o Gilles de Rais, llamado a veces Barba Azul?

¿Otro revés de la historia para cumplir con su destino cíclico?

Más que eso. Más que los bárbaros, más que los inquisidores.

Ya no se castiga o mata a las mujeres por brujas que hacen caer granizo sobre la cosecha, que comen niños recién nacidos o copulan con el Diablo.

Se las mata para jugar a ser Dios -ese Dios que ya ha muerto-, o se las mata por una razón más humilde todavía: son mujeres.

En la matanza múltiple colaboran representantes de todas las clases sociales, en esto ya no existe discriminación alguna, puede ser socio todo varón que desee limpiar la tierra de la serpiente que le dio la manzana, y sus víctimas pueden tener el coeficiente intelectual más alto o el más bajo.

Tal vez a mí no me quede nada más que decir: sólo escuchar a esas mujeres.

Envío

La nota está dedicada a todas y cada una de las mujeres que sufren, físicamente o psicológicamente, por sus “valientes machos”.

¿Alguna o alguno de ustedes es capaz de proponer un plan para que esto ya no exista?

Pido perdón a mis “lectores o lectoras frecuentes”, porque en general jamás escribo sobre sucesos o noticias actuales. Quiero hacer atemporal -o casi atemporal- este sitio. Pero pensándolo mejor, este execrable crimen que menciono, ¿no es acaso atemporal?

Un gran abrazo, aunque ningún consuelo: se trata de luchar

Mora

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Comentarios

2 respuestas a “Ni Una Menos. Las diferencias y semejanzas de esa Plaza”
  1. Pedro Antonio Peraza Lopez Peraza Lopez dice:

    Solo veo que mientras no dejemos de pensar en una persona,como si fuera un objeto,como vamos a no cometer cualquier atrocidad en nombre del sagrado derecho a la propiedad. Ese es a mi modo de ver esta problematica.Con relacion a las personas se ha legislado todo lo relacionado con esto. Pero legislar y aplicar lo legislado no es suficiente.Hay que ir mas alla y mucho mas alla.Hay que crear un nuevo paradigma que se base en que ningun ser humano es propiedad de nadie.Incluso no puede usarse por nadie como objeto. Incluyendo a los Estados y sus mecanismos.Por ello el cambio de todo el pensamiento respecto a esto. Y aclaro por si aparece quien quiera usando mal El Español,andar con genero definido.Hablo de los generos todos,aun los que puedan ser culturales.Saludos y acabemos con este desdichado y terrible asunto.Gracias.

  2. felipe humberto rizzo dice:

    Matar una mujer es matar la vida y los femicidas, olvidando que el útero de la mujer que lo parió es el crisol donde el amor mezcla las sustancias divinas que dará origen a un nuevo humano y que vaya uno a saber ¿porqué? se contaminó con el espíritu de las bestias dando origen a este maligno engendro y que debemos esforzarnos en erradicar si queremos seguir morando en las entrañas de la mujer dadora de vida y amor.



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