Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Lady Macbeth

Hay procesos kafkianos (El Caribe en “El proceso” de Kafka), laberintos borgeanos (Imaginando a Borges), sueños pobres y fellinescos (El Cine Neorrealista Italiano), crímenes dostoiesvkianos (Fedor Dostoiesvky: el realismo psicológico ruso).

Para completar, hay universos cervantinos y shakespeareanos, que no son tan mentados en esta época. Quizá porque ya pocos leen a Cervantes y a Shakespeare, aunque todos estuvimos prestos en abril a conmemorar los cuatrocientos años de su muerte, la de ambos, ¡menudos contemporáneos fueron! (Shakespeare y Cervantes: vida, obra y comparaciones).

Una total casualidad se sentó frente a mí esta semana con la fuerza de una causalidad –esto lo digo recordando a Jung y sus coincidencias significativas, como llamó a las casualidades que, según él, no existen (Futuros contingentes).

Me regalaron un libro-objeto de gran belleza. Precioso también es su prólogo, escrito por J L B.

Su autor, fácil de adivinar por el título de esta nota y mi devaneo de mundos literarios, es Shakespeare.

¿La coincidencia “significativa”?

En estos días sorprendentes para mi patria –dudé entre decir mi patria o mi lugar de nacimiento o sólo Latinoamérica, o apenas Argentina, porque incluyo al mundo en este mundo más pequeño-, política, judicial y mediáticamente sorprendentes, daba vueltas por los dibujos de mi mente una imagen muy especial: la de Lady Macbeth.

No sabía exactamente por qué, hasta que la llegada de ese libro y la lectura del prólogo de Borges me llevaron hacia algo que apenas recordaba: la mención que hace Freud en uno de sus ensayos  –más que mención, unas dos o tres páginas- del Macbeth, y más que del Macbeth, de su Lady.

Me costó llegar con el recuerdo hacia su fuente.

En los títulos de las obras de Freud no está el nombre de Macbeth, ni el de su mujer ni el de Shakespeare, como sí están el de Leonardo, el de Moisés, el de Dostoievsky: no me servían los índices sino sólo el esfuerzo de asociar… ¿Títulos casi técnicos asociados con el horror de semejante historia?

Pero lo conseguí, en mi avatar de investigadora privada: el ensayo “Varios tipos de carácter descubiertos en la labor analítica” la contiene, contiene la extensa mención sobre los Macbeth.

Borges ya me había anoticiado sobre que Shakespeare era lector frecuente de muy pocos: de Montaigne, de Plutarco y de Holinshed, y que es de este último, y de la historia, el argumento de Macbeth.

¿Holinshed?… confieso mi ignorancia, tal vez muy compartida. Pero Borges me cuenta que es un cronista inglés.

Holinshed “colaboró con perseverancia en la redacción de cierta vasta y ambiciosa historia universal, que se redujo al fin a esas crónicas de Inglaterra, Escocia e Irlanda, que llevan hoy su nombre” –Crónicas Holinshed. Sus páginas incluyen un artículo de la Crónica Anglosajona de 1051.

La escritura de Holinshed recrea hechos reales que, como recalqué, ocurren en el 1051, y él los redacta entre 1560 y 1580. Para mejor contarlos, los convierte en leyenda. Leyenda por algunas apariciones inverosímiles, como los tres primeros personajes que no pueden dejar de aparecer en la “recreación” de Shakespeare.

Dice Borges: “Según se sabe, los tres primeros personajes que vemos son las tres brujas en el páramo, entre los truenos, los relámpagos y la lluvia. (…) Más que el protagonista son ellas las que rigen la acción. Saludan a Macbeth con el título de Señor de Cawdor y con otro, que le parece inaccesible, de rey; el inmediato cumplimiento de la primera de las dos profecías confiere a la segunda un carácter inevitable y lo conduce, urgido por Lady Macbeth, al asesinato de Duncan”, el por ese momento rey actual.

De todos modos, Macbeth está acompañado por Banquo, un general del ejército escocés a quienes las brujas le profetizan que, si bien Macbeth ocupará el trono, serán sus hijos, los de Banquo, quienes lo heredarán. Banquo no da importancia a la profecía de las tres brujas horribles –que para Borges no son ni más ni menos que las parcas- y explica de este modo sus apariciones: “La tierra tiene burbujas como las tiene el agua”.

Cómo lo cuenta Freud

En los fragmentos que voy a citar, Freud, como en tantos lugares de su obra, es a veces más un narrador que un analista. Excelente ayuda en este caso para mí:

“El Macbeth sakhespeariano es una obra de circunstancias, escrita con motivo de la ascensión de Jacobo, rey de Escocia, al trono de Inglaterra. El argumento estaba dado y había sido ya tratado por otros autores, cuyos trabajos utilizó probablemente Shakespeare a su manera habitual. Además, ofrecía singulares alusiones a la situación presente (el destacado es mío). La ‘virginal’ Isabel, de la cual se murmuraba que nunca había podido concebir hijos y que al recibir la noticia del nacimiento de Jacobo se había calificado a sí misma, dolorosamente, de ‘tronco seco’, se había visto obligada, por su esterilidad, a verse suceder por el rey de Escocia, hijo de aquella María Estuardo a la que Isabel había enviado al cadalso.

“La ascensión de Jacobo I al trono fue como una prueba de la maldición de la esterilidad y la bendición de la fecundidad. Y en esta misma antítesis se funda el desarrollo del Macbeth shakespeariano. Las “hermanas del destino” (las parcas para Borges) han profetizado que será rey, pero también han profetizado a Banquo que sus hijos y descendientes ceñirán la corona. Macbeth se rebela contra esta profecía: no le basta satisfacer su ambición personal: quiere ser el fundador de una dinastía y no haber cometido un crimen en provecho de otro. Es, por tanto, erróneo, ver en esta obra tan solo la tragedia de la ambición. Evidentemente, como Macbeth sabe que no ha de vivir eternamente, sólo hay para él un medio de debilitar aquella parte de la profecía contra la cual se rebela, y es tener hijos que puedan sucederlo. Así parece, en efecto, esperarlos de su vigorosa mujer.

(…)

“E igualmente evidente es que, una vez defraudado en tal esperanza, tiene que someterse al destino, so pena de que su actuación pierda todo fin y se transforme en el ciego furor de un condenado al fracaso que intenta aún aniquilar cuanto encuentra a mano. Vemos que Macbeth recorre ese camino, y en el culmen de la tragedia hallamos aquellas conmovedoras palabras de Macbeth, reconocidas ya frecuentemente como de múltiple sentido:

“(Acto cuarto, escena III.) No tiene hijos.

(…)

“En la escena del conjuro las hermanas del destino le hacen ver un niño ensangrentado y coronado; la cabeza armada de casco que antes aparece es acaso Macbeth mismo.

“Sería plenamente conforme a una justicia poética basada en el Talión que la carencia de hijos de Macbeth y la esterilidad de su mujer fueran el castigo de su crimen contra la santidad de la generación, esto es, que Macbeth no pudiera llegar a ser padre por haber robado a los hijos el padre y el padre a los hijos, y que, de este modo, se cumpliese en Lady Macbeth aquella pérdida de feminidad que ella misma demandó a los espíritus malignos. La enfermedad de Lady Macbeth y la transformación de su ánimo homicida en remordimiento quedarían, así, explicadas como reacción a su esterilidad, la cual lleva a su ánimo la convicción de su impotencia contra las leyes de la naturaleza y le advierte, al propio tiempo, que su crimen queda despojado, por culpa suya, de la parte mejor de su rendimiento.”

Un parlamento de Lady Macbeth que me produjo escalofríos

Entra Lady Macbeth sola, con una carta.

Lady Macbeth lee:

“Me salieron al paso el día del triunfo, y he podido comprobar fehacientemente que su ciencia es más que humana. Cuando ardía en deseos de seguir interrogándolas, se convirtieron en aire y en él se perdieron. Aún estaba sumido en mi asombro, cuando llegaron correos del rey y me proclamaron Barón de Cawdor, el título con el que me habían saludado las Hermanas Fatídicas, que también me señalaron el futuro diciendo: “¡Salud a ti, que serás rey!”. He juzgado oportuno contártelo, querida compañera en la grandeza, porque no quedes privada del debido regocijo ignorando el esplendor que se te anuncia. Guárdalo en secreto y adiós”.

Inmediatamente Lady Macbeth deja caer toda la leche de su veneno y ambición.

Dice, después de leer la carta de su esposo:

“Eres Glamis, y Cawdor, y serás

lo que te anuncian. Mas temo tu carácter:

está muy empapado de leche de bondad

para tomar los atajos. Tú quieres ser grande

y no te falta ambición, pero sí la maldad

que debe acompañarla. Quieres la gloria,

mas por la virtud; no quieres jugar sucio

pero sí ganar mal. Gran Glamis, tú codicias

lo que clama “Eso has de hacer si me deseas”…

Lady Macbeth:

Hasta el cuervo está ronco de graznar

la fatidíca entrada de Duncan

bajo mis almenas. Venid a mí, espíritus

que servís a propósitos de muerte, quitadme

la ternura y llenadme de los pies a la cabeza

de la más ciega crueldad. Espesadme la sangre,

tapad toda entrada y acceso a la piedad…

Venid a mis pechos de mujer

y cambiad la leche en hiel, espíritus del crimen…

Entra Macbeth

¡Gran Glamis, noble Cawdor y después

aún más grande por tu proclamación!

Tu carta me ha elevado por encima

de un presente de ignorancia, y ya siento

el futuro en el instante.

Envío

No sé bien a qué, a quién exactamente, me recuerda Lady Macbeth. Pero podría enviarles una bella perogrullada: matar de hambre también es matar. Comerse la comida de quienes no la tienen es comérselos a ellos mismos. ¿O estoy muy Macbeth?

Ella es la codicia y la ambición, pero en especial es cómo manejar el poder y la culpa.

Un abrazo, y si no están de acuerdo con mis insinuaciones, díganlo, por favor. Pero si están de acuerdo, díganlo más fuerte todavía.

Mora

Monografias

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Comentarios

7 respuestas a “Lady Macbeth”
  1. luis b martinez dice:

    Me encanta este personaje. Tiene la fuerza de mil maldades y la entereza del perfecto raciocinio, no le tiembla el pulso y ningún daño a conseguir es poco. Su condición moral la exculpa y su ambición la agiganta, Sólo los muy débiles, con tan sólo visiones morales, para medir el Mundo podrán condenarla . Abajo los hipócritas!! (Además, como en la vida, no es otra cosa más que ficción, jaja)

  2. luis b martinez dice:

    Grande Shakespeare y grande Mora.

  3. Joise Morillo dice:

    Saludos querida

    El bardo de Avon, picaro el chico!

    Definitivamente querida, la ignorancia o, diferenciar mal, la sabiduría con la cognición doctrinaria respecto a que se debe concebir como verdad o, no, es la causa principal de la “ambición” perversa y la codicia.

    Aunado a lo anterior, tenemos el deseo desmedido, la intriga, más la curiosidad de una mayoría precaria –digamos- 51% de las entes humanas, que, suspicaces, trabajan caprichosamente para comprobar la capacidad de unos u otros en proporcionarles con indulgencia las cosas –espirituales, materiales y/o concupiscencia- que constituyen las más elevadas de sus aspiraciones:

    ¡Eva incitando a Adán respecto a la manzana en Génesis, de la Biblia!
    Valga la parábola, extrapolada a Lady Macbeth o, así es ella. Son las parcas (según Borges), las brujas, para Macbeth; el inconsciente aflorándole ante la inclemencia de una noche de tormenta, a la cual: la soberbia, el arrojo y la valentía, minimizan todo sesgo de temor ante cualquier enemigo o situación y, en vez Cawdor que, es la mínima inspiración, Lady Macbeth es la incitación, el futuro un reinado incierto Usurpado a los Duncan y, que se defrauda devorado por el monte estratégico de Brinam que fue hasta Dusinane.

    ¿Porque no Evita para Perón a la inversa? ¿O Cristina para Mirian y Néstor? ¿Fidel para Hugo Chávez? ¿Stalin para Ilich Ulianovsk o Trotsky? Etc. Los géneros no importan pero si la voluntad de poder del perverso, y el motivo que les inspira, la codicia la ambición.

    Empero, al ser caso Freudiano la diatriba, las consecuencias son –si se quiere- inocuas, el problema es cundo la política comprende el espíritu del problema ej. :

    Convertir a un pueblo prospero en miserable, domesticar a una nación bajo una doctrina que vuelva a unos ricos (el gobierno) y, al resto de la población pobres (viles como diría Pitágoras).

    Hoy los antiguos miembros y sus descendientes, del Soviet supremo de la †URSS son los dueños de las más grandes corporaciones de Rusia, Fidel Castro es uno de los mas ricos gobernantes latinoamericanos según Business y Forbes, los Boliburguese en Venezuela se convirtieron en multimillonarios bajo la anuencia del gobierno bolivariano.

    Os ama
    Joise

  4. Gerardo Martín Solá dice:

    Esta vez me resulto incomprensible, si bien intuyo que se refiere a Cristina F de K. No pude seguir ni a los personajes ni los conceptos. Lo hizo realmente difícil, Mora!

  5. Mora Torres dice:

    Gerardo: leo los comentarios antes de publicarlos. Muy excepcionalmente dejo alguno afuera. Los que ofrecen créditos o te quieren vender alguna cosa. No publiqué los suyos hasta recién porque ¡estaba durmiendo! Gracias por escribir.

  6. Gladys Edith Pinacca dice:

    Oh Lady Macbeth parece que te han descubierto…esperemos que el pueblo paciente no se transforme en Madame Derfage, la que hilaba la parcas frente a La guillotina. Me da miedo el mal, pero aún más me da miedo cuando los asolados, usados y descartados se transforma en turba, en grupos en búsqueda de revancha.
    Madame Derfage, es hija de los abusos de la aristocracia, de las violaciones a sus derechos, y se transforma en un ser sin medida en la búsqueda de revancha. Como símbolo de un pueblo enojado, ella en su tejido decidía vida y muerte. Las Ladies Macbeth de la historia deberían leer a Dickens, de vez en cuando, encontrarían en sus huérfanos desesperados, en sus héroes cotidianos y en sus moralejas éticas una advertencia memorable. Aunque al final harían lo mismo porque la psicopatía no tiene contención.

  7. felipe humberto rizzo dice:

    Querida Mora
    Es sabido que no hay nada nuevo bajo el sol y la historia corrobora este aserto que se repite cíclicamente en la cultura y la política de los pueblos, ya en la antigüedad Polibio, historiador griego, en su Historiae VI (200 a. C.) define con la palabra de “Oclocracia” al fruto de la acción demagógica, y que según su idea, esta surge cuando la democracia se mancha de ilegalidad, violencia y corrupción de su clase dirigente y entonces la turba (el pueblo) decepcionado espera la llegada de un hombre providencial que los reconduzca a la monarquía.
    Según “El contrato social de Jean-Jaques Rousseau”, se define “oclocracia” como la degeneración de la democracia. El origen de esta degeneración es una desnaturalización de la voluntad general y comienza a presentar vicios en sí misma, encarnando los intereses de algunos y no los de la población en general, pudiendo tratarse esta, en última instancia, de una “voluntad de todos” o “voluntad de la mayoría”, pero no de una “voluntad general”.
    Si analizamos lo ocurrido en la Argentina podemos coincidir con lo que pensaban famosos pensadores como Aristóteles, Pericles, Giovanni Sartori, Shakespeare, Lope de Vega, Ortega y Gasset o Tocqueville quienes advertían y coincidían en el peligro que corren las democracias populares cuando la ejercen los oclócratas con el único fin de convertirlas en oclocracia para lograr sus fines, que son los de mantener el poder sobre el sector menos beneficiado de sociedad: los pobres, los marginados y los faltos de cultura (las masas). Individuos fáciles de manipular, sobre los que operan con sus falsas promesas de un promisorio futuro y la derrota de lo que ellos llaman seudo democracia capitalista.
    La verdad es que solo lo hacen para mantener el status de una persona o grupo haciendo uso de la demagogia y apelando a las emociones irracionales como la discriminación, la lucha de clases, el fanatismo, y el culto a la persona dominante como el iluminado salvador, haciendo uso de todos los medios de comunicación y de propaganda.
    En síntesis, esta forma de hacer política solo busca el poder por el poder mismo en beneficio propio o del grupo que lo acompaña creando la ilusión de que ejercen un legítimo poder apoyados en la legalidad que le dan la mayoría de los votos obtenidos en las urnas influenciados por sus falsas promesas de un mejor futuro, promesas de mayor control y participación de las minorías en la administración del estado. “Sin embargo, tal como lo afirma Rousseau en El Contrato Social falta la piedra angular, es decir, la voluntad general de unos ciudadanos conscientes de su situación y de sus necesidades, una voluntad formada y preparada para la toma de decisiones y para ejercer su poder de legitimación de forma plena. De esta forma, en la oclocracia la legitimidad que otorga el pueblo esta corrupta, pasando el poder del campo de los políticos al campo de los demagogos”.
    Tengo la esperanza que en nuestra vapuleada Argentina prevalezca la “voluntad general” sobre la voluntad de todos o la voluntad de la mayoría tal cual lo define J.J. Rousseau en su Contrato Social.
    Fuente;
    *Wikipedia. - Definición de Oclocracia
    Excelente lo tuyo, sinceramente,
    Felipe



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