Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Archivo de Mayo, 2016

Más allá del espejo

Tal vez alguien piense que hoy voy a referirme a Alicia, la del país de las maravillas, la de Lewis Carrol, con esto del espejo (Cuando las historias se pueden leer en tv). Pero les anticipo que habrá para ustedes otro cuento, y mío, y que nada tiene que ver con las extraordinarias creaciones de Carrol -quien también “creó” maravillosas fotografías en su mundo de fines -¿o mediados?- del siglo XIX (Historia de la fotografía).

Para nombrar a mis amigos, empiezo por Joise, con el que tuvimos este último miércoles una pequeña discusión. Que no fue tal, ya que nos dimos nuestras explicaciones (¿Qué son los grupos?).

Y aunque no por orden de llegada, sigo con Celestino, que se demoró y envió para este miércoles pasado la tarea que yo les mandé hacer para el antepasado. Gracias, Celestino. Aprecié mucho tu sugerencia (La cultura y la comunicación).

Y también Layli Lara, cuyo nombre suena a canción (La importancia del canto recreativo), llegó tarde, junto con Walter Neil Buhler, que vino con hermosos títulos (El hipocampo de oro).

A quienes me escribieron “en tiempo y forma” los saludo con mucho afecto: César José Oropeza Herrera, venezolano, el ganador del “concurso de títulos”. Felipe, mi Felipe Rizzo, amigo y muy amigo aunque no conozca su rostro, como me pasa con casi todos (no con Joise). Y Rubén Darío Vega Sayago, quien no lleva en vano su nombre de pila y que me “desburró” sobre el título propuesto por Joise.

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La Médium

Queridos amigos:

me agradó muchísimo recibir las sugerencias de todos ustedes para titular el cuento de la semana anterior (The secret).  Fueron para mí tantos los que estaban perfectamente elegidos que fue difícil decidirme (Dinámica grupal). Aunque, a la vez, cada uno de los títulos que no seleccioné tendrá “otro” destino “brillante”: escribiré un nuevo cuento con ese título (La Tragedia Griega).

La sugerencia de María Mónica de llamarlo simplemente “Cocó” me impulsó a escribir narraciones de mujeres cuyo título sea el nombre de la dama en cuestión. Ya publiqué acá uno llamado “Nina”, y vendrán muchos más (¿Tiene la literatura sexo?).

Endyra me propone “Encuentro astral”, que me lleva a lugares más esplendorosos que el de mi cuento, y que intentaré pintar (Las Corrientes de Misterios).

“El susurro de las emociones”, de Arrate Plazaola, se las trae para mayores indagaciones, que me empeñaré en cumplir (Amores altamente peligrosos).

Blanca Ferroni: “Receta para deshacer un conjuro” voy a usarlo con toda seguridad, no puede ser más bello, pero tal vez me inspire un poema (Hechizado y hechizada).

Felipe Rizzo, mi querido desconocido de siempre: “Mi nombre es Cocó, mi seudónimo la Parca” exuda terror. Es para una de esas narraciones que quiero que les pongan la piel de gallina, y cumpliré (Día de los Muertos).

“La casa de Cocó Chantal”, que invita Olga Liliana, me sugiere un escrito elegante, de largos y misteriosos collares de perlas, que no voy a desechar (Historia del vestuario). Como el de Ivette, que escribe: “Nunca es tarde” o “Así es mi amiga Cocó” (“El rompe cabezas” de David Auris Villegas).

Mirtha Infante me tentó y casi la elegí con su “Nos fugaremos al cielo”, pero preferí trabajarlo en otro texto (Más grande que el techo del cielo). Rosy Domínguez fue también tentadora, pero “La vida” es muy abarcativo y merece un largo, o un poco más largo, texto (La Vida).

Joise es un geniecillo, pero “El hermano Cocó” me causó desconcierto… (Cartaphilus Vagans - Cuento).

¡César José Oropeza Herrera es el Ganador! El cuento breve de la semana pasada se llamará “El Augurio”. Parece muy simple, pero tiene todo un abismo y un cielo…

Hoy les doy una lectura sin la complicación de elegir título. Es un poema que convertí en prosa para hacerlo narrativo, y que para seguir con estos temas “astrales” se titula La Médium.

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Cuento breve

Otro cuento breve… (El cuento y sus características).

Es todo un arte que no domino (El Arte ¿qué es? Y ¿para qué existe?), aunque lo escribo con cariño para ustedes (Las redes sociales en la actualidad): Luis, Joise, Gerardo, Gladys, Felipe. Y una cantidad de gente que -aunque nunca comente- lee esta página con alguna resignación (La autoestima en todos sus estados), listos a perdonarme (La ciencia del perdón).

Siempre trato de hacerlos trabajar, de modo que hoy les pido algo sencillo (Trabajo).

No encontré título para este escrito, ¿lo sugieren?

Elegiré de entre los que me manden, y el ganador tendrá abrazos especiales.

Por ahora se llama:

Cuento breve

Decidí que ya era tiempo de ir a visitar a mi amiga Cocó cuando desde la biblioteca un libro de su autoría empezó a hablarme. No era nada concreto, ni directo. Decía: “Página 55, primera palabra”, por ejemplo, y allí encontraba una exclamación: “¡Ay!”. Después, y siempre con la voz de Cocó, decía: “Página 251, línea 10, palabra 4″, y era la palabra “dolor”.

Me inquietó. La conocía mucho y sabía que ella, cuando necesitaba ayuda, se comunicaba por señales de humo, manchas de humedad en la pared que escribían su nombre, o métodos parecidos.

Hacía mucho tiempo que no la veía, pero suponía que viviría en el mismo lugar de siempre, en aquel barrio tan alejado del mío y sin teléfono fijo, ni celular, ni computadora.

Fui.

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Lady Macbeth

Hay procesos kafkianos (El Caribe en “El proceso” de Kafka), laberintos borgeanos (Imaginando a Borges), sueños pobres y fellinescos (El Cine Neorrealista Italiano), crímenes dostoiesvkianos (Fedor Dostoiesvky: el realismo psicológico ruso).

Para completar, hay universos cervantinos y shakespeareanos, que no son tan mentados en esta época. Quizá porque ya pocos leen a Cervantes y a Shakespeare, aunque todos estuvimos prestos en abril a conmemorar los cuatrocientos años de su muerte, la de ambos, ¡menudos contemporáneos fueron! (Shakespeare y Cervantes: vida, obra y comparaciones).

Una total casualidad se sentó frente a mí esta semana con la fuerza de una causalidad –esto lo digo recordando a Jung y sus coincidencias significativas, como llamó a las casualidades que, según él, no existen (Futuros contingentes).

Me regalaron un libro-objeto de gran belleza. Precioso también es su prólogo, escrito por J L B.

Su autor, fácil de adivinar por el título de esta nota y mi devaneo de mundos literarios, es Shakespeare.

¿La coincidencia “significativa”?

En estos días sorprendentes para mi patria –dudé entre decir mi patria o mi lugar de nacimiento o sólo Latinoamérica, o apenas Argentina, porque incluyo al mundo en este mundo más pequeño-, política, judicial y mediáticamente sorprendentes, daba vueltas por los dibujos de mi mente una imagen muy especial: la de Lady Macbeth.

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