Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Las cartas de una monja completamente sorprendida…

De pronto se me ocurrió (Cujareño, una historia étnica) -mi cabeza es un pequeño taller literario donde siempre tengo tareas que cumplir que casi nunca llevo a cabo (Cómo concibo un taller literario…)- hacer una antología apócrifa de cartas de mujeres, relatos o diarios íntimos (La literatura: una vía hacia un despertar de la conciencia crítica). A lo que quiero jugar (El destiempo) es a captar en especial el tono, la voz de cada una de estas mujeres. Quiero verles la cara a través de su voz y de su modo de decir, quiero que sean reales (Realidad y ficción en la novela: la ficcionalidad).

Lo bueno es que ustedes, quizá, si tienen ganas, mis amigos, podrían ayudarme a completar, eligiendo el tema que más les gustara de estas ofertas. Sé que estarán presentes Felipe y Joise, y espero a otros, tal vez nuevos, invitados (La solidaridad).

Por ejemplo:

Una reina le escribe a su trovador. La noticia que precedería a las cartas sería algo así: Estas cartas fueron halladas en el convento de Nosequé, dejadas posiblemente por su autora al morir en olor de santidad. No se conocen otros datos de la Reina, pero algunos suponen que se trata de Monchola de Navarra… -las cartas de esta reina serían de un tono apasionado, para unos amores que nunca dejan de ser platónicos más allá del deseo de ambas partes (Del Amor y Otras Yerbas).

Una señora un poco infiel. Acá se darían datos de una señora del siglo dieciocho o diecinueve que le escribe, a modo de Rojo y Negro de Stendhal, al preceptor de sus hijos, con tono recatadamente erótico y dando a entender toda una historia con el mismo: “no fuiste, no viniste anoche, anoche fue para mí…”.

Cartas entre dos desconocidas. Quizá sería mejor no explicar de qué se trata… (9 microrrelatos).

Y así otras, como Cartas de una condenada al fuego más eterno -una muchacha en tiempos de Inquisición-, Papeles de la isla de Lesbos, o unas esquelas que transcribo a continuación, en parte, reuniendo retazos de escrituras parecidas: Las cartas de una monja completamente sorprendida.

Cartas de una monja completamente sorprendida por el mundo

Dios: en el huerto he pensado ¡si fueras sólo jardinero! O unas pocas cosas, y no todas las cosas, fueras. Así más humildemente sería mi pedido, ya que no estaría rogándole a un poderoso por todos sus tesoros, y la verdad, mirándome cuando rezo, o cuando estoy sentada aquí, me doy cuenta de lo pretenciosa que soy. No me conformo a la manera de otras chicas con alhajas que no sean de cielo ni con novios que sólo den placer. Pido de Vos todo, todo lo que hay, que todo lo que hay no es en realidad el mundo sino cosas mejores y más extensas, como el mismo universo, el aire, pido de Vos el universo, el aire y los pájaros y las almas y el agua brotando, por sentirla, y las ceremonias como los bautismos y  esas cosas que hay, que son las más preciosas, las más caras son también y lo merecen, pero que a veces tienden a desaparecer. Sé que estás ahora, sé que ahora, en mi fe, aunque no existieras estarías, pero cuando me canso de la fe, o tengo desesperaciones porque la fe se cansa, tu desaparecer es más grande que todos los sufrimientos; me veo enterrada en fango, es un barro el espíritu que también se convierte en carne, en úlceras estomacales, en menstruaciones con hemorragia donde parece que se me va el alma con esa sangre. En una última me sentí sin alma, sin ánimo, y sin ánimo absoluto de buscarte. ¿Dónde te habías escondido tanto que yo no recordaba ni que te hubieras escondido? Yo era como una infiel, no como alguien que te abandona sino como alguien que no te conoce. Y fueron pocos días, pero se repiten de año en año. Es como si les sacaran todos los espejos a la gente del mundo. Como si en el mundo no hubiera espejos para decirles a las bellas que lo son, y a las feas que se pinten más, y a las viejas que se entretengan con recuerdos, y que a los que son autoritarios les ayuden a poner la cara de ordenar, no la tuya tan dulce. Pero voy a buscarte hasta dar con vos en todas partes, jardinero…

…yo soy una mujer sencilla, y me levanto al alba, preparo la comida y la comida la como para Vos, ya que no me interesa. Ahora me pregunto, porque a mí sí me gustan algunas cosas materiales, como la luna en el huerto, y el huerto mismo, tan fresco, adonde vengo a respirar. Me pregunto si todo eso no es también material, y lo que yo tengo como cosas espirituales, y Vos en infinito mayor grado ¿es sólo alma todo eso y Vos? Porque mi cuerpo es prestado, me dijiste. Es como la casa construida para Vos en el mundo, como una iglesia. Aunque a la casa suelen dolerle los ladrillos, el techo, suele lloverse y suele llorar muy tristemente. Y ese dolor es de carne y aunque sea leve, no lo soporto. porque ése sí que me pone en el mundo. No es como las disciplinas que se daban los santos en mí. Ellos se te acercaban con el dolor de eso que no era suyo, su cuerpo. Pero el dolor ¿lo sentían? Me parece que no. Estaban sumergidos, sumergidos en tu gran magia de océano, anestesiados para los sentidos, y también son los sentidos los que transportan el dolor físico al alma. Yo no tengo dormidos los ojos, la piel, los oídos, sólo el gusto porque no paso mucho la comida y me obligo a pasarla, por Vos. ¿Y si te quiero y si te estoy queriendo con los sentidos físicos? ¿No sería esto el peor pecado? Porque, como te dije, Vos sos el jardinero, el que pone las cosas y la luna a su cuidado, el que cuenta las tormentas que deben ser y cómo, el que cuenta los árboles y los niños que deben nacer, como un comerciante al que le falta tanto y lo repone. Y lo hacés Vos mismo, lo hacés de materia, de una materia que no sé de dónde sacás porque Vos sos de alma espiritual inabarcable pero no de materia. Pero también sos Dios, de eso no hay dudas hasta por las sombras. Digo esto por el dibujo de la sombra en la pared y tantas sombras bellas. Digo esto porque me parece que cuando llego a ser algo del espíritu, un poco, cuando me acerco a serlo, estoy en ese límite, soy sombra, ya que la sombra no es materia ni deja de serlo, se va haciendo más y más carne, o menos y menos carne, según te acerques, te alejes de la lámpara o luces. No, no digo, perdón: yo pienso todo esto…

…porque es verdad que siempre soy un bicho que husmea, que Te huele, que Te persigue, y luego se olvida de Vos el bicho, y para Vos seguro este olvido hace que me convierta en tu bichito, tu animalito doméstico. Porque yo sé de Vos, para mí es una confirmación tu Ser, ¿cómo me olvido? Solamente un animalito puede hacerlo sabiendo todo esto. Un escarabajo de Tu huerto, que te habla en secreto, porque nadie me perdona estos secretos en los que te apareces como un amante, o un padre, o un amo si es que soy bichito, terrenal, en apariencia, y de pronto como un fantasma que no existe más que en mi cabeza. Y ya que hablamos de la cabeza, de la mente, estoy tratando de entender la diferencia entre mente y espíritu. Decímela, o es que lo estoy empezando a pensar sola: la mente también es de carne, de sustancia química, y el alma entonces es el silencio de la mente, el pensar sin pensar, el entregarse a Vos para que lo pienses por nosotros. Pero sí de una cosa estoy segura, como buen bicho Tuyo: la mente, esa de carne, me condujo a Vos. Porque si yo no hubiera oído con mis oídos de carne las palabras de los que te nombraron -primero mi madre y mi padre-, y esas palabras no me hubieran hecho pensar con mis pensamientos tan de carne, de barro, en Vos, no te conocería. Quiero decir que si yo fuera un niño enfermo, un niño con la inteligencia quebrada, no te conocería. Simplemente si no me hubieran enseñado a Vos o si yo no hubiese podido comprender…

…a lo primero que habría que renunciar es a complacerse con el dolor, a la tristeza. Es verdad que son grandes consuelos la tristeza, las lágrimas, grandes compañeros. Pero se ofende menos con la alegría, esto me lo dijiste Vos, esto lo sé; la santidad es un estado de alegría, y ¿cómo podría ser otra cosa siendo Tu visión? Pero aun en la tortura, en la tortura de la duda, es necesaria la alegría, y hasta, Te digo, la felicidad. Lo otro es resentimiento y cobardía. La alegría es un logro, un logro trabajoso, no un don. Penar es fácil, y aun en la alegría la pena no nos deja. Pero ser alegres o felices es escalar un tramo más, subir por otra escalera (me acuerdo de la escalera de ángeles de un sueño en la Biblia). Hay algo que se calienta al rojo vivo con la felicidad, que hace que uno, el que es feliz, dé calor, entibie a los demás. No digo que yo no sea una doliente, por eso Te busco. Pero admiro a los que sin nada son felices. Sin Vos, sin nada Y también sin Vos y sin otras posesiones. ¿Y Vos podrías darme alguna señal de que esto no es pecado, o de que no te ofende que lo admire? Porque lo único admirable, parece que dijiste, me dijeron, sos Vos. Y yo no me meto en esto de que eso es ser demasiado orgulloso, demasiado soberbio, porque, me dijeron también, Vos podés serlo, Vos sos el único que puede serlo sin pecado. Pero si uno para lograr la felicidad que es necesaria para amarte y admirarte a lo primero que tiene que renunciar es al sufrimiento, como Te dije, quizás haya algunas cosas que uno creyó eran pecado y no lo eran. Por ejemplo, yo sé que tener un amante hace feliz, perdoname. Y en la visión del Infierno que tuvieron los pastorcitos de Fátima -no, no a los tres, sólo a Lucía-, a Lucía la Virgen le mostró, abriendo su mano como una pantalla de cine, por un instante, el lugar donde están los pecadores de la carne. Parece que allí son los más, y no lo entiendo. Por supuesto, Querido, que los pecados de la carne son atroces, pero ¿no hay que sean peores y encima que no hagan la felicidad, como matar?  Las otras monjas conocen un poco los placeres esos, yo las veo y las escucho; entre ellas o solas o afuera. Para ellas, sin embargo, parece que lo de afuera es peor pecado. La que cae y es descubierta es lapidada, espiritualmente lapidada, apedreada, mientras las otras monjas juegan entre ellas, en hamacas altísimas. Quiero decir, casi en Tu nombre…

Dios: me encanta la rutina porque deja en silencio a mi alma inquieta. Trae la paz. La limpieza y el orden traen el silencio, traen la paz, y yo me aventuro en esa paz con mi alma retorcida como los árboles de los cuentos, nudosa. Ahora me apercibo de la profundidad de esos cuentos que me contabas de niña.

Dios: soy como un astronauta adentro de su cápsula espacial reluciente que anda perdido en el espacio, en el espacio limpio y tan bien ordenado por Vos, pero indescifrable, para el que todavía no hay brújula, como no la hay en casi todas las cosas que creaste. Las brújulas, lo sé, son otro engaño. Y esto voy a decirlo sin pensar en sus graves consecuencias, pero me arde la garganta: la religión es una de esas brújulas. Es brújula que durante años se aprende a ajustar y después se abandona: ese es el sentido de las religiones, Pero yo no puedo abandonarTe ahora, falta mucho…

Envío

Si puedo, uno de estos miércoles les mando “Papeles de la isla de Lesbos”, pero ustedes trabajen…

Grandes abrazos con un poco de misticismo contagiado.

Mora

Monografias

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Comentarios

3 respuestas a “Las cartas de una monja completamente sorprendida…”
  1. felipe humberto rizzo dice:

    Querida Mora, cuando de amor se trata es muy difícil intentar saber que es lo que realmente siente el autor, solo el conoce el final, así que por más que busqué y rebusqué asomarme a su idea solo tropecé con esta idea.
    Espero que el golpe no sea muy fuerte y solo sea un tropezón.

    ARDIENTE AMOR
    Anoche no pude dormir y la culpa no la tuvo la tormenta.
    Solo una cosa te digo: ni toda el agua del mundo puede aplacar el fuego que me consume,
    es mi carne la que arde con tu ausencia.
    Añoro tu piel, el suave vello de tu pecho y el roce áspero de tu bigote.
    Intento cerrar los ojos y la imagen de tu virilidad penetrando mis entrañas
    hacen arder mi interior y mis uñas se clavan en tu espalda en un intento por retenerte dentro de mí.
    Anoche no fuiste, no viniste anoche, anoche fue para mí el peor de los infiernos:
    Sola en la habitación del hotel sufriendo el fuego de la ardiente carne
    mientras el agua y los truenos de la tormenta buscaban acallar mis jadeos
    y apagar los ardores de las quemantes llamas.
    Solo una cosa te pido: Si ya no me amas, atiza por última vez mi hoguera
    y déjame incinerarme para siempre en el infierno de una vida sin ti.

  2. Joise Morillo dice:

    Mora saludos, Adoro vuestra teleológica narración, una imponderable petición de paz al Señor.

    “Pero yo no puedo abandonarTe ahora, falta mucho”. Ja ja ja, creo estabais –en nombre de la hermana- reflexionando a la hora del Té, querida.

    ¿Mente y espíritu? (…) La hermana (monja) igual que Gregorio Samsa (Metamorfosis, Kafka), sentiríase: Bicho también. He ahí la respuesta. ¡Que se piensa y que se cree el individuo que es, derivado de lo que le circunscribe! Eso, el espíritu, es la causa de toda reflexión y respuesta al estímulo externo. Se vuelve carne, es quiasma, mencionémosle como ejemplo de la interrelación carne-mundo.

    Según Merleau-Ponty, lo místico trasciende a la “noción de carne que sometida a interpretación se convierte en el producto de lo que si somos nosotros. Así convertimos –con el pensamiento- lo que es espíritu, lo que nos atañe, los avatares, en carne; mente alma.

    ¡Oh Dios, estoy viva!

    ¿Porque he de sufrir mi sangre?
    Oh Dios,
    ¡Estoy viva!
    Oh señor ¿qué más puedo ser que carne?
    ¡Este espíritu no puede ser mejor!
    Otros y otras sufren, también;
    Todo lo que soy.

    ¿Vale más mi alma que mi cuerpo?
    ¿Es que acaso vuestra gloria no se ufana de haber creado tal perfección?
    ¡Yo!
    Humanitaria, hasta que desaparezca la civilización;
    ¡En mí!
    Luego, humana, con todos los defectos,
    Habidos y por haber
    Mientras y después, como si fuera digna
    Vuestra indulgencia.

    Y, en lo más profundo de los pensamientos, de quienes me amaron,
    Me sufrieron, me desearon;
    Inmortalizar lo que queda bajo el firmamento
    Lo que hizo el espíritu que viví y,
    Derivado de lo que quiso el mundo
    ¡De mí!

    Os ama
    Joise

  3. Gerardo Martín Solá dice:

    Deje’ un comentario pero no se publico’, no entiendo porque…



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