Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Archivo de Abril, 2016

Las cartas de una monja completamente sorprendida…

De pronto se me ocurrió (Cujareño, una historia étnica) -mi cabeza es un pequeño taller literario donde siempre tengo tareas que cumplir que casi nunca llevo a cabo (Cómo concibo un taller literario…)- hacer una antología apócrifa de cartas de mujeres, relatos o diarios íntimos (La literatura: una vía hacia un despertar de la conciencia crítica). A lo que quiero jugar (El destiempo) es a captar en especial el tono, la voz de cada una de estas mujeres. Quiero verles la cara a través de su voz y de su modo de decir, quiero que sean reales (Realidad y ficción en la novela: la ficcionalidad).

Lo bueno es que ustedes, quizá, si tienen ganas, mis amigos, podrían ayudarme a completar, eligiendo el tema que más les gustara de estas ofertas. Sé que estarán presentes Felipe y Joise, y espero a otros, tal vez nuevos, invitados (La solidaridad).

Por ejemplo:

Una reina le escribe a su trovador. La noticia que precedería a las cartas sería algo así: Estas cartas fueron halladas en el convento de Nosequé, dejadas posiblemente por su autora al morir en olor de santidad. No se conocen otros datos de la Reina, pero algunos suponen que se trata de Monchola de Navarra… -las cartas de esta reina serían de un tono apasionado, para unos amores que nunca dejan de ser platónicos más allá del deseo de ambas partes (Del Amor y Otras Yerbas).

Una señora un poco infiel. Acá se darían datos de una señora del siglo dieciocho o diecinueve que le escribe, a modo de Rojo y Negro de Stendhal, al preceptor de sus hijos, con tono recatadamente erótico y dando a entender toda una historia con el mismo: “no fuiste, no viniste anoche, anoche fue para mí…”.

Cartas entre dos desconocidas. Quizá sería mejor no explicar de qué se trata… (9 microrrelatos).

Y así otras, como Cartas de una condenada al fuego más eterno -una muchacha en tiempos de Inquisición-, Papeles de la isla de Lesbos, o unas esquelas que transcribo a continuación, en parte, reuniendo retazos de escrituras parecidas: Las cartas de una monja completamente sorprendida.

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Los versos de la Correctora

Hasta los oficios menos significativos (La producción de textos escritos) traen a nuestra vida bailes de ilusiones (La pasión de escribir). El trabajo que a casi todos les parece el más aburrido del mundo fue el que ejercí durante gran parte de mi vida: corregir (¿Cómo producir un Libro?).

Corregir los textos de los otros, embarcarse en los textos de los otros como en una obra propia a la que hay que entender, amar y corresponder, no es un empleo para cualquiera. Reconozco que necesité mucho amor, mucho respeto, una gran humildad, y fue mi premio que muchos de los autores a quienes corregía se convirtieran de vez en cuando en mis amigos, al menos en mis cómplices.

Hubo algunos que estallaron de ira (El túnel de Ernesto Sabato). No sé si eran injustos, pero cada vez que yo pescaba un pez gordo en alguna sintaxis demasiado retorcida, lo hablaba con el autor, o bien con el traductor a quien en parte se debía la obra. Muy seguido me contestaban que no tocara nada, y yo sufría, porque pensaba en la gran obra en que se convertiría el texto con sólo retocar algunas frases (La felicidad, esa constante búsqueda).

En ocasiones pasé por alto sutilezas, y, por ejemplo, corregí el apellido de un escritor, que estaba mal escrito, por el que en efecto tenía. La cuestión fue que el autor del ensayo deseaba efectivamente llamar Hemingay a su trabajo y no Hemingway, para dar a entender una serie de indecisiones sobre su identidad sexual que, decía, torturaron durante toda su vida al viejo Ernest (Ernest Hemingway y la generación perdida…).

Cuando dejé mis años de correctora y seguí escribiendo mis cuentitos, poemas y novelitas, comprendí la seriedad de la ofensa que les había causado. A veces un punto que parece estar demás o un signo de exclamación que no conviene en apariencia no son erratas: son fundamentales para quien los eligió.

Si alguna vez publico algo más que mis dos libros de poesía, por favor, ¡que no haya correctores!

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Nina

No sé si este cuento estará repetido en este blog (Como crear un blog con Blogger). Hace cerca de diez años que escribo en este sitio y mi memoria no es muy buena (Fenómenos Perceptivos).

Pero si es que se los vuelvo a contar (Funciones del lenguaje), tampoco lo siento demasiado, porque me gustaría que ustedes -los que no estaban antes- lo leyeran (Lecturas).

A Joise, por ejemplo, le pido disculpas si por azar recordara a “Nina” (Las leyes del Azar). Además, le agradezco sus hermosos y bizarros -en el sentido menos ruin de la palabra (Los no mundos)- poemas. Parecen madera gruesa trabajada de la manera más fina (Renacimiento).

A Felipe: nadie como vos para completar mi cuento del miércoles pasado. ¡Gracias! (Uslar Pietri. El hombre que fue).

Y a quien se acerca por primera vez, mi bienvenida. Acá no va a encontrar autoayuda (Impacto de los libros de autoayuda en el desarrollo de la sociedad en el siglo XXI), ni beneficio alguno, más que el de leer los buenos comentarios -a veces cuentos, poemas y alta literatura- que escriben mis amigos. Y si algún escrito malo hubiera, también, que el mal y el bien, como se ve en mi cuento, son hermanos (El Mal y el hombre moderno).

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Invasión de personajes (2a. y última parte)

Fue un fracaso el cuento del miércoles pasado (¡Del Fracaso a la Grandeza!). Pedí que algunos de ustedes lo continuaran -aunque yo lo haría también por mi lado- pero no hubo respuesta (Cuan feliz, es ser muy feliz).

Los comprendo, los perdono, me pongo en sus zapatos: ante un caso similar, tampoco lo hubiera hecho. ¿Por qué concluir un cuento que ni siquiera imaginé yo misma? (El proceso de Ayudar).

De todos modos cumplo con la segunda parte (Clientes satisfechos).

A quienes no leyeron la primera y quieran entenderlo, les ruego la busquen y la lean.

¡Les pido tantas cosas! ¿Por qué no pedirles una más? ¡Y tan simple! (Aproximación a la filosofía y género de vida cínicos).

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