Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Cumplo sus sueños, gratis

Un día caminaba en Buenos Aires (Un tango y un último café) por un sitio lleno de locales extraños, y no era un sueño (Mi primer sueño).

En las vidrieras estaban escritas las mercancías que se traficaban (Barrio de San Telmo). Más se compraba que se vendía, y después de unos cuantos negocios cuyos rubros eran el oro y la plata (La ciudad sumergida…), los libros viejos (Quema de libros…), el cartón, empezaron a aparecer otros más singulares. “Compro ojales” o “Compro cuerdas rotas de guitarra” no eran los más asombrosos, “Compro pelo de perro o de gato” tampoco.

Recuerdo uno especial cuya leyenda era: “Si tiene uñas suficientemente largas, se las compro. Yo mismo las corto”.

Me miré las uñas con aprensión. Las usaba normalmente cortas, pero sentí un escalofrío como si fueran tan preciosas que alguien pudiera robármelas.

No me atreví a permanecer mucho tiempo mirando hacia adentro desde la vidriera, porque de pronto se me ocurrió que ese negocio era una excusa para torturar arrancando uñas de pies y de manos, y temí ver una masacre.

Lo poco que vi fue un señor de anteojos con saco y corbata frente a un escritorio.

En todos los negocios lo que se alcanzaba a ver desde afuera era eso: un señor con saco y corbata, con o sin anteojos, sentado frente a un escritorio, y ningún cliente.

Hasta en el más espantoso de todos -el que decía “Compro su alma”- la escena era la misma y el señor variaba poco. A veces era calvo o tenía un traje más antiguo; cada objeto era casi igual en los locales de ese barrio de compras o de ventas.

Al fin vi un sitio que no me causó escalofríos, aunque seguía la uniformidad de todo. Tenía pintada con letras de mucha fantasía y en dorado la frase: “Cumplo sus sueños”, y entré sin vacilar.

El señor estaba leyendo un libro enorme, grueso, de tapas moradas, y lo cerró al escucharme entrar. Puso una gran sonrisa y, como si vendiera muchas cosas, me preguntó formalmente qué deseaba.

-Saber de qué se trata -contesté.

-El libro es muy antiguo, trata de alquimia -dijo frotándose los ojos.

-Quiero saber de qué se trata su negocio -dije con seriedad.

-En los negocios se compra y se vende. Yo no tengo nada para vender… ni tampoco para comprar -sonrió.

Le recordé lo que estaba escrito en la vidriera.

-Ah -dijo-, eso es parte de mi libro de alquimia. Pronunciando determinadas palabras se hacen realidad los objetos y los deseos. ¿Usted de qué cree que está hecha sino de la vibración de las palabras?

-Lo que usted dice me suena a una distorsión de la física cuántica que está ahora muy de moda -me atreví a decirle.

-Mi libro es muy antiguo, como le expliqué. Esto no es moda, es realidad, señora -pareció ofenderse-. Además, ya es hora de cerrar -miró su reloj extrayéndolo de su bolsillo: un reloj con cadena que estoy segura era de oro.

Yo veía que el cumplimiento de mis sueños se alejaba fatalmente y me di ánimos para rogarle. Le dije que había entrado a su local para ver si podía hacer realidad algunas cosas que me faltaban para estar completa, y que si eso era posible.

-¡Claro que es posible! -casi gritó.

-¿Y cuánto me saldría? -pregunté.

-¡Ah, no! Usted cree que vendo sueños… -se sentó y abrió el libro.

Le rogué:

-Deme un turno…

Buscó en su agenda:

-Debe venir mañana a las cinco de la tarde.

Dije “hasta mañana” y no me contestó, enfrascado en su libro enorme de tapas moradas.

Salí corriendo y le hice señas a un taxi que pasaba. Antes de subir le dije al conductor:

-Mire bien el lugar porque mañana a las cinco tendrá que traerme de vuelta.

Sonrió de costado y me aseguró que conocía todo el barrio. Le di la dirección de mi casa y partimos.

En el viaje hablamos poco, pero las breves frases que dijo el taxista me hubieran asustado si yo no hubiera estado tan excitada, tan llena de adrenalina y también de certidumbre porque iba a cumplir todos mis sueños.

-Ese hombre está loco -fue una de las frases que dijo.

-En el barrio le dicen Nostradamus -fue otra, que no me pareció aterradora para nada; yo sabía quién había sido Nostradamus y fue todo bondad.

-Muchos del barrio que fueron a verlo desaparecieron después.

Esto sí me aterró:

-¿Desaparecieron, quiénes? -pregunté.

-Bueno -dijo él rascándose un instante la nuca-, no es que desaparecieran. Cambiaron, y ya se los ve muy poco.

Me quedé tranquila.

Acordamos que pasaba a buscarme por casa al otro día, a eso de las 4 de la tarde.

Pagué y bajé muy apurada. Tenía mucho que hacer.

En casa abrí un cuaderno y empecé a anotar. Mi idea era hacer una lista de mis “sueños”.

Yo solía soñar en grande, tanto para las cosas materiales como para las metafísicas.

Aunque lo primero que anoté fue “Ser feliz”, inmediatamente lo taché. Me parecía demasiado abstracto y, además, si mis sueños cumplidos no me procuraban la felicidad, ni un mago podría hacerlo.

Decidí hacer dos listas, una de cosas inmateriales -no tan burdas como ser feliz- y otra de cosas materiales.

Comencé con las inmateriales, me parecía más digno.

Escribí un subtítulo: “Inmateriales”, claro.

Lo primero que se me ocurrió fue el nombre de un libro que estaba deseando desde hacía mucho.

El libro podría decirse que trataba de cosas inmateriales -eran las poesías de San Juan de la Cruz-, pero era bien concreto, de tapas duras y, en las librerías, te lo cambiaban por dinero.

A pesar de esta reflexión, no paré allí. Hice una lista muy larga de todo lo que tenía que leer, y aprender, para mi evolución espiritual.

Cuando dejé la primera lista había llenado el cuaderno.

¿Qué cosas inmateriales podía pedir yo, que me había alejado tanto del espíritu? Sólo cuestiones que figuraban en libros, sólidos y caros.

Estuve toda la noche tratando conmigo misma este tema.

Cuando llegó el alba -”el crepúsculo del día” la llamaba Borges- tomé otra decisión.

Primero tenía que vivir todo lo material del mundo -que yo no había vivido tampoco: ni lo material ni lo inmaterial- para empezar mi educación espiritual. Esto último lo dejaría a mi cargo, sin ninguna intervención de magos.

Tomé otro cuaderno. Empezaría por lo que le hacía falta a mi cuerpo para estar impecable.

Me miré los pies: necesitaba muchos pares de zapatos finísimos para distintas ocasiones. Anoté los modelos y las marcas.

Medias de seda: tenían que ser alrededor de mil pares para cubrir la necesidad de toda una vida.

Pantalones y faldas traídos directamente de las “Maison” francesas, lo mismo que sweters, blusas, chalecos, trajecitos, abrigos de invierno y trajes de baño, guantes de cabritilla y algunas cosas más, como treinta o cuarenta carteras de esa marca exquisita cuyo creador se llama Luis V. (¿Luis Quinto?).

Una vez vestida, faltaba el alrededor, mi casa, mi auto, y mil detalles más.

¡Cuánto me ocuparía de mi vida espiritual cuando tuviera todo esto! Yo estaba exultante. No dormí. Desde que llegué a mi por el momento humildísima casa hasta las 4 y cuarto de la tarde del otro día, cuando subí de nuevo al mismo taxi, no dormí, pero tampoco deseé hacerlo.

Esta vez el taxista estaba más locuaz:

-No le voy a cobrar el viaje -dijo-. Quiero hablar con usted.

“¡Ah no! -pensé (esto ocurrió hace algunos años y yo era bastante joven)-. ¡No es momento para que me proponga una aventura!”

-Hable -dije haciéndome la importante- pero lléveme al lugar que acordamos.

-No sé cómo decírselo… -yo veía que no sólo daba vueltas por sus pensamientos sino por toda la ciudad.

-En realidad quise advertírselo ayer -continuó.

Pensé: “él pertenece al barrio y la gente habla mal de ‘Nostradamus’. Eso es lo que sucede, ya que es un mago que regala sueños”.

-¿Qué pasa? -me impacienté.

-En mi vida he llevado en el auto a muchísimas personas, y entre ellas me encontré con gente muy especial que iba a lugares especiales…

-¿A qué lugares? -pregunté.

No me contestó pero siguió hablando.

-En general la gente especial es la que busca mucho, y a veces sus búsquedas las llevan a lugares peligrosos.

-Usted se refiere -dije indignada- al barrio donde me encontró ayer, que no sé si entendí mal pero me pareció que era el suyo -terminé con una entonación muy ruda.

-Fue el mío en una época, por eso sé que es un lugar peligroso -afirmó-. De todos modos, debido a eso soy taxista, y encuentro toda la magia del mundo en mis pasajeros. Algunos tienen más y otros un poco menos, pero siempre hay misterio. No siempre tan grande como el suyo, si no se ofende.

-¡Me ofendo! -grité y susurré al mismo tiempo-. Estamos perdiendo demasiado tiempo. Tengo que estar allí a las 5 en punto -apreté mi cuaderno como si alguien estuviera a punto de quitármelo.

-Bien -se puso serio-. ¿Adónde quiere ir?

Me indigné más y me quedé callada, porque él lo sabía perfectamente.

Dijo:

-El loco Nostradamus no existe; yo le puse ese nombre porque usted lo inventó.

-Lléveme al lugar -esta vez imploré.

-Gustosamente -dijo en broma y aceleró.

Llegamos a un pedazo de campo. Un gran charco se había formado por la lluvia. El taxista paró y dijo:

-¡Descienda! Tiene que ver adónde estuvo ayer.

Me bajé. Cerca del charco había un pedazo largo y rectangular de vidrio en el que estaba escrito con letras doradas y fantasiosas “Cumplo sus sueños”.

-¿Qué es esto? -le pregunté al conductor, que seguía sentado en el asiento de su auto.

-Es el lugar donde estuvo usted ayer, y no ha cambiado nada. Usted se perdió y llegó hasta acá, supongo. Y yo estaba dando vueltas justito por acá y la recogí.

Me quedaron varias preguntas por hacerle, como por qué sabía del alquimista loco si yo no lo había mencionado. No pude hacérselas porque se fue, me dejó allí, aquí, se fue mientras gritaba que yo debía encontrar sola el camino y volver, y que entonces sería como un renacimiento.

Estuve mucho tiempo pensando en empezar a caminar, pero no había nadie para preguntarle por dónde.

Nunca llegué a ningún lado, ni siquiera de regreso a mi casa. Tal vez esté mejor recostada en el árbol y comiendo los frutos que caen.

Envío

Queridos míos: espero se les cumplan todos los sueños, después de una gran taza de chocolate. Besos pascuales

Mora

Monografias

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Comentarios

5 respuestas a “Cumplo sus sueños, gratis”
  1. DAVID FERNANDO ARAUJO dice:

    Estimada Mora: termino de leer su cuento, me gusto pero me quedo un sabor extraño en mi mente: es metafísico o una realidad de su vida? que sensación extraña tengo…voy a volver a leerlo. igual me pareció excelente! Toda la Onda para Ud. David

  2. FELIPE ARAUJO-FERRER dice:

    señora MORA. hermoso relato. Pero al igual que DAVID FERNANDO, quien comentó antes , tambien me quedo una sensación extraña- No se si es desconcierto, tristeza, es rara la sensación. Pero es una construcción bonita. felicitaciones.

  3. Hector Aguilera S. dice:

    Un lindo y atractivo relato, argumento para un “film” de “cine misterio”
    Saludos
    Hector Aguilera S.

  4. Joise Morillo dice:

    Su Merced, Barda, Doña Mora, Saludos amantísimos, besos, abrazos.

    La estética patética de vuestra narración es insuperable.

    Creo, Kafka en Metamorfosis, hubiera vindicado a Gregorio de haber leído vuestro maravilloso cuento. De cierto es -¡considerando a Fedón en su diálogo con Platón!- El individuo humano debería cultivar -la naturaleza humana conspira para evitarlo o limitarlo- el alma, el espíritu; con la adquisición de conocimientos en aras de consolidarse como individuo de carácter idóneo y correlativo a la sociedad y la civilización que “subjetivamente” avanza -¿en un mundo construido sobre la base del defecto racional y el irracionalismo?- en constante contradicción, pero que único y relevante comprende el espacio donde se desenvuelve. Empero concupiscencia y amor a lo carne o material (normal), deviene en: ingenuidad, credulidad y desaciertos, a tal punto de provocar el propio caos. Caos, colectivo o peculiar, como en “La Búsqueda de lo absoluto” de Goethe.

    Por eso es más fácil construirse sueños, total, sueños, tienen el beneficio de la duda´: ¿los conseguiré o no? Es el dilema, y no la carga ontológica de ser o no ser del Bardo de Avon y menos de la máxima de JPII citando la exhortación en el dintel del templo de Delfos: “ conoceos a vosotros mismos)

    Luis Uzcategui, sociólogo y antropología venezolano (contemporáneo) dice:

    “Son innumerables las cosas que la humanidad se apropió en estadios primigenios, y siguen allí latentes, e irrumpen súbitamente a la luz cuando las condiciones sociales y culturales están dadas, tal vez después de años: entretanto han madurado y se hicieron fuertes y atroces.”

    Esto anterior vindica la vanidad, el narcisismo, la crueldad y la voluntad de poder que ha desarrollado el hombre en aras de consolidar su experiencia individual de donde advenido en líder, arraigando más su imperfección mental, deviene, también, como un gesto de moral -empero más bien altruismo- en Nepotismo (todo para el colectivo pero si el colectivo). Por supuesto, olvidándose, completamente, “que la tierra no solamente pertenece a la especie humana”

    “conocer os hace libres” José Martí

    Os ama

    Joise

  5. Gloriela Quintero dice:

    Hola. A esta sumisa pero incansable soñadora…le encantó TODO su escrito. Aunque me preocupa que no haya regresado a casa…

    Saludos…y gracias!!



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