Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Archivo de Febrero, 2016

Perro de perros

Borges insistía en que no se enorgullecía tanto de los libros que había escrito como de los que había leído (Algunos Borges de Jorge Luis Borges).

Lo mío es peor, no sé si más modesto, pero peor: no me enorgullezco de lo que he escrito, pero sí, con razón y vergüenza, de lo que han escrito mis amigos (La felicidad).

Mi talento indigente tuvo desde ellos alientos de oro (La incertidumbre del poeta).

Es raro, pero en una ciudad no demasiado grande como Santa Fe -la vieja Santa Fe, capital de la provincia, antigua y llena de la voz de los que juraron la Constitución en 1854 y a la que la ciudad de Rosario se le adelantó tanto que hoy casi todos en Buenos Aires creen que esta última es la capital- lo que había en lugar de empresarios era escritores, y en lugar de doctorados, músicos, pintores, gente de teatro muy adelantada (La transmisión de la cultura y la educación verdadera)

Fue por eso, supongo, que mis primeros, más entrañables y duraderos amigos fueron -como a mí “me daba” por las letras-, adolescentes que escribían (Construcción de cuentos).

Esos adolescentes que escribían, no sé por qué, llegaron a ser grandes escritores (El mundo de las letras).

Acabo de recibir el libro de uno de ellos, con prólogo de otro de ellos.

El viejo del agua, de José Luis Pagés, está “anoticiado” por Enrique M. Butti. ¿Qué tal?

Para los que no los conocen, es hora de conocerlos a ambos. Creo que después de Juan José Saer, que también se reunía con nosotros en las mesas de nuestra juventud, aunque era mayor, José Luis y Enrique son los mejores, aunque esto parezca, más que literatura, fútbol: soy fanática de ellos.

Dice Edgardo Russo -otro talento, pero él ya no está-, de Pagés, prologando un librillo publicado en 1985 por la Universidad Nacional del Litoral:

“… En otros cuentos los caballos vuelan, las casas se construyen desde el techo al piso, un hombre cuelga cabeza abajo de una telaraña, un artista logra hacer el retrato de un fantasma, un viejo realiza el sueño de una mujer enorme con un sombrero verde que al enamorarse de otra persona precipita la irrealización del mundo entero, un caballo carraspea y le dice al oído a un General: ‘No mires. No creo que te agrade el espectáculo’ “.

Pagés reúne 36 cuentos en su El viejo del agua, y el prólogo de Butti es un bello comienzo para el libro.

A mi entender -muy humilde, ya lo expresé- el más expresivo es “El hombre de los perros dálmata”. Me saco el sombrero, sin embargo, por todos y cada uno de los que incluye esta antología.

Se los copio para que sufran y disfruten.

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Horóscopo poético para el resto del año

Al final del 2013 se me ocurrió armar para mis lectores un “horóscopo bíblico” con “predicciones” y consejos para el 2014 (Predicción. Aproximación intuitiva).

Anoté cada signo y por cada signo abría la Biblia y transcribía lo que allí había hallado (La Biblia). Es decir que las predicciones eran casi por sorteo… (Un acto informal: juguemos a la lotería).

A veces creo que el azar es destino, a veces creo que el azar es un disfraz de Dios (Amor, justicia y predestinación).

Hoy se me ocurre reunir doce poéticos libros que están en mi biblioteca -digo “poéticos” porque no todos son exactamente de poesía (El género lírico: la poesía). Sin mirar mucho, estirar la mano, tomar el primer libro que, desparramado sobre la mesa se me acerque con los ojos cerrados. Lo abriré y marcaré con el dedo Tu Destino.

Así empezaré con el primer signo, Aries, y continuaré con los demás.

¿Quién les dice que mi inocente juego no les anticipe o confirme alguna cosa? ¿Que no les dé un consejo atinado?

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El mal antiguo

Los cuatro comentarios que he recibido por la última entrada me han dejado sin palabras (Palabras de un cartujo), y esto es muy cierto, no es “verso” (Bien Vale un Verso).

Gracias Felipe Humberto -me gusta más tu primer nombre, ¿firmas Felipe o Humberto, o Felipe H. que suena tanto?- por tu cuento increíble que no acepto consideres inferior a ninguno del mundo; gracias Joise por tus conceptos siempre acertados y tu pluma erudita; gracias Celestino por volcar tu corazón en cada uno de tus comentarios; gracias Zenaida Toro por acariciarme el alma (La travesía de los elefantes).

Para refresco, diría mi madre (La madre en César Vallejo), además de quedarme sin palabras, la computadora, internet y todo lo que marcha con energía eléctrica comenzó a fallar en mi casa. Las tormentas iluminaron el cielo y las montañas de la noche , aterraron a mis perritos, me provocaron insomnio y destruyeron mi idea de levantarme tempranito a escribir (Trastornos del sueño). No hay modo de escribir sin máquina… mejor seguir en cama por si viene un sueñito reparador.

Cuando me levanté ya era muy tarde y no había cumplido con ustedes, mis lectores y amigos.

Rescaté de un canasto lleno de polvo un viejo reportaje que me hizo Enrique Butti -un gran escritor santafesino, junto con José Luis Pagés son los dos grandes narradores actuales de Argentina- en el diario El Litoral, el sábado 14 de julio de 1984. Perdón por la vanidad, que más se debe al apuro.

En la entrevista se me menciona como “Morita Torres”, que era el modo como me conocían por aquellos años en Santa Fe.

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Meditación de un alma candorosa

Mi alma (Alma platónica) cayó del cielo cuando se produjo el choque de dos procesiones de fieles: una por Santa Lucía, otra por Santa Cecilia (Santa Cecilia, ¿patrona de la música?).

La indulgencia de Dios había permitido un exceso de superpoblación. La prueba de semejante indulgencia era quizá yo misma (La virtud como principio y valor).

En vida fui una mujer bastante fácil y alocada. Trabajaba en un cabaret, de bailarina, la noche que me encontró la muerte, o que me la encontraron, mejor dicho. Esencialmente en esa época no le hallaba sentido a todo lo que tuviera relación con religiones, ritos, leyes y mandatos (Los ritos de la vida y los mitos de la felicidad).

Antes de ser bailarina, había empezado filosofía en la universidad, por eso mi caso es tan extraño (Los no mundos).

Fue mientras estudiaba que me vi en un aprieto económico tan grande que debí dedicarme a conseguir trabajo, de lo que fuera y lo que fuera (Trabajo).

No tenía muchas condiciones prácticas, así que fracasé en cada uno de los que probé: empaquetadora, mucama por horas, empleada de tienda (Pedagogía).

Todo lo arruinaba. Envolvía los objetos de un modo tan original que terminaban pareciendo masticados como una galleta.

Ni qué decir de mi trabajo de mucama; recuerdo que muchos de los que me tomaron tuvieron la paciencia de pretender enseñarme: a barrer, a cocinar, a fregar la vajilla. Y como el acto de enseñarme era cotidiano, porque yo no aprendía nunca, al final hacían el trabajo ellos mismos y me cobraron comisión.

Como empleada de tienda tampoco me destaqué, pero allí fue que conocí a la persona que me cambió la vida.

No había nadie en el lugar y yo aprovechaba para repasar mis apuntes, ya que pronto debía rendir “Introducción a la filosofía griega”, cuando entró un cliente.

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