Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Ella, la mezcladora de venenos. Él, Lucifer en persona

Como parece que “Los siete pecados capitales” no estremecen a nadie (La plaga neurótica), decidí apelar hoy a mi dos veces prometido artículo sobre venenos, talismanes y demonios (Cronología de la utilización de los venenos).

Antes me gustaría recordar que “La mejor protección contra la acusación de brujería consistía en huir hacia la invisibilidad del conformismo” (Certidumbre - incertidumbre).

Y también recordar a José Itriago, su ironía, su humor, su talento de escritor y poeta (Escritores y poetas venezolanos).

José I. nunca dejó de participar en este lugar -que es más suyo que de “la escribidora”, que es en realidad tanto de él como de Joise, Celestino, José María y muchos etcéteras, más los lectores que no escriben- hasta que el año pasado, por la mitad de la estación, dejó de hacerlo (El concepto de libertad en Erich Fromm).

¿Adónde estás, amigo? (El amigo fiel - por Oscar Wilde).

Usaría todos los talismanes del mundo para recuperarte (Psiquismo y magnetismo).

Ella, la mezcladora de venenos. Él…

Faltaba un año para que los conquistadores llegaran a nuestras “Indias” cuando un preocupado científico alemán indagó en su Fasciculus Medicinae de 1491 la razón de por qué “la mirada de la mujer menstruante daña los espejos”. La respuesta fue que “los vapores venenosos de la menstruación suben a la cabeza y tratan de salir de ella a través de los ojos”.

Por esos tiempos medievales, en los catálogos de peligrosidad de los venenos figuraba primero la sangre de mujer, el más letal de cuantos se hubieran estudiado.

Es que la mujer siempre fue una hábil mezcladora de venenos. Basta mirar la luna -que es mujer- para saber que el mundo se refleja en su espejo de modo caótico y desorientado. Seguramente también invertido, y la inversión del mundo es la marca del diablo.

Pero el Diablo es hombre, no suave mujercita que bate cocteles de estricnina. También los inquisidores eran hombres…  y Lucifer, Ben Kadosh, Torquemada, El Divino Marqués, hombres todos, y bastante venenosos, aunque la lista parezca delirante.

Mezcladoras de venenos

En mi memoria inmediata surgen dos representantes de las mezcladoras, una antigua y una moderna: Lucrecia Borgia y Yiya Murano. La primera italiana, la segunda ¡argentina!

La leyenda negra de Lucrecia

El 27 de mayo de 2010 se publicó en Historia en femenino una nota importante sobre Lucrecia Borgia (https://historiaenfemenino.wordpress.com/2010/05/27/lucrecia-borgia).

Se trata de una defensa encarnizada de la bella renacentista, pero lo que más me llama la atención es el nombre de uno de los culpables de su leyenda negra: Victor Hugo. Extraigo para ustedes, con mi bisturí, la parte final de la nota:

“La desgracia personal de Lucrecia Borgia trascendió su vida mortal, pues todavía hoy, casi quinientos años después de su muerte, se sigue vinculando su figura a envenenamientos e instigaciones políticas. Nada más lejos de la realidad.

Posiblemente el libelo más dañino fue la célebre Carta a Silvio Savelli, de autoría anónima; aparecida en Tarento (ciudad ubicada en la Península Salentina, también conocida como el “tacón” de la bota italiana) el 15 de noviembre de 1501, se la conoce también como la lettera antiborgiana (la carta antiborgiana), y acusaba a los Borgia de todos los crímenes imaginables: incesto, apuñalamientos, envenenamientos… La carta comparaba a los Borgia con los mismísimos Calígula o Nerón, afirmando que César secuestraba mujeres en sus campañas militares para crear su propio harén (toda vez que, paradójicamente, lo acusaba de mantener relaciones homosexuales con uno de sus capitanes, Astorre Manfredi). O, en una historia absolutamente delirante, explicaba cómo, durante los festejos de la boda de Lucrecia y Alfonso de Aragón, se produjo una inenarrable orgía, consistente en una cincuentena de cortesanas desnudas, que debían recoger unas castañas de oro esparcidas por el suelo, de tal forma que los hombres presentes debían tener relaciones con cuantas más mujeres mejor, ganando la competición aquél que consiguiera hacerlo con más mujeres. A estos rumores contribuyó el trabajo de uno de los mayores enemigos que jamás tuvo Alejandro VI, el maestro de ceremonias vaticano Johann Burkhardt, en cuyo Liber Notarumaparecen descritos éstos y otros comportamientos similares de los miembros del clan Borgia, incluyendo la morbosa y truculenta descripción de la muerte por envenenamiento de Alejandro VI, que no escatima en detalles.

Otros autores posteriores, como Tommaso Tommasi (Vita del duca Valentino, 1655), Friedrich M. Klinger (Fausts Leben. Taten und Höllenfahrt, 1791) o el mismísimo Voltaire (Essai sur les moeurs, 1756), contribuyeron a afianzar la leyenda negra borgiana. Pero el responsable máximo de la leyenda negra que rodea a Lucrecia Borgia es uno de los autores más famosos de la historia: el francés Victor Hugo. El autor de “Los Miserables”publicó en 1831 una obra de teatro, “Lucrèce Borgia”, en la que convierte a nuestra protagonista en una mujer inmoral, una femme fatale que instiga, envenena y comete todos y cada uno de los crímenes de los que se la había acusado, fijando para siempre en el imaginario colectivo la imagen de Lucrecia Borgia como envenenadora al servicio del Papa. La traslación de la obra de Hugo a la ópera, en la “Lucrezia Borgia” de Gaetano Donizetti, hizo el resto.”

Yiya Murano, que no es precisamente un cristal

Paso ahora mi bisturí por Wikipedia, para los que no tienen fresca la historia:

María de las Mercedes Bernardina Bolla Aponte de Murano (Corrientes, 20 de mayo de 1930), más conocida como Yiya Murano (la envenenadora de Monserrat) es una asesinaestafadora argentina. Condenada por tres homicidios, estuvo presa durante dieciséis años. Su caso policial es uno de los más famosos en la Historia argentina, tomando mucha repercusión y manteniéndose a lo largo de los años.

Historia

El 24 de marzo de 1979, Carmen Zulema del Giorgio de Venturini, prima de Murano, sufrió una caída y falleció en la escalera del edificio de la calle Hipólito Yrigoyen, donde vivía. Los médicos diagnosticaron paro cardíaco. La hija de Zulema, Diana María Venturini, se percató de que entre las pertenencias de su madre faltaba un pagaré por un valor de 20 millones de los entonces pesos ley. El portero del edificio dijo que mientras la Sra. de Venturini agonizaba en el interior del edificio, la Sra. Murano había llegado a visitarla con un misterioso paquete en mano (que luego se descubriría que eran masas finas, una especie de galletas dulces muy comunes en Argentina), y de la manera más natural le había pedido una copia de las llaves del departamento de su prima, justificando su intromisión con un «necesito su libretita para avisar a los parientes». Había entrado en la vivienda de la mujer y luego había salido rápidamente con unos papeles y un frasquito en la mano. Se lamentaba en voz alta: «Dios mío, es la tercera amiga que se me muere en poco tiempo».3 Al realizarle la autopsia, los peritos descubrieron cianuro en el cadáver. los investigadores relacionaron el veneno con el supuesto frasco mencionado por el encargado.

Entonces se supo que Nilda Gamba, una vecina de Yiya, había muerto el 10 de febrero de 1979.

Pocos días después de la muerte de Nilda, el 19 de febrero de 1979, un infarto había matado a Lelia Chicha Formisano de Ayala, otra amiga de Yiya. Murano les debía dinero a ambas mujeres y ambos cuerpos presentaban signos de haber sido envenenados con cianuro. El veneno era camuflado dentro de las masas finas.

El 27 de abril de 1979 la policía detuvo a la señora Murano en su hogar, en la calle México. En 1980, fue encontrada desmayada en el penal donde estaba presa (Penal de Ezeiza); luego de eso, se le extirpó un tumor de la cabeza. En el mes de junio de 1982, el juez de sentencia Ángel Mercardo la absolvió de todos los cargos y la dejó en libertad.

PARA HACER UN TALISMÁN -un poema de Olga Orozco

Se necesita sólo tu corazón

hecho a la viva imagen de tu demonio o de tu dios.

Un corazón apenas, como un crisol de brasas para la idolatría.

Nada más que un indefenso corazón enamorado.

Déjalo a la intemperie

donde la hierba aúlle sus endechas de nodriza loca

y no pueda dormir,

donde el viento y la lluvia dejen caer su látigo en un golpe de azul escalofrío

sin convertirlo en mármol y sin partirlo en dos,

donde la oscuridad abra sus madrigueras a todas las jaurías

y no logre olvidar.

Arrójalo después desde lo alto de su amor al hervidero de la bruma.

Ponlo luego a secar en el sordo regazo de la piedra,

y escarba, escarba en él con una aguja fría hasta arrancar el último grano de esperanza.

Deja que lo sofoquen las fiebres y la ortiga,

que lo sacuda el trote ritual de la alimaña,

que lo envuelva la injuria hecha con los jirones de sus antiguas glorias.

Y cuando un día un año lo aprisione con la garra de un siglo,

antes que sea tarde,

antes que se convierta en momia deslumbrante,

abre de par en par y una por una todas sus heridas;

que las exhiba al sol de la piedad, lo mismo que el mendigo,

que plaña su delirio en el desierto,

hasta que sólo el eco de un nombre crezca en él con la furia del hambre:

un incesante golpe de cuchara contra el plato vacío.

Si sobrevive aún,

si ha llegado hasta aquí hecho a la viva imagen de tu demonio o de tu dios,

he ahí un talismán más inflexible que la ley,

más fuerte que las armas y el mal del enemigo.

Guárdalo en la vigilia de tu pecho igual que a un centinela.

Pero vela con él.

Puede crecer en ti como la mordedura de la lepra;

puede ser tu verdugo.

¡El inocente monstruo, el insaciable comensal de tu muerte!

-¡tremendo y peligroso talismán el de Olga Orozco!

Abrazos y suerte en la construcción del mismo, mis queridos

Mora

Monografias

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Comentarios

3 respuestas a “Ella, la mezcladora de venenos. Él, Lucifer en persona”
  1. linda verlliui dice:

    Gracias por este gran sitio, muy abigarrado las ideas buenas e interesantes. Especialmente mantenerlo. Buena suerte
    Con cordialidad .

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  2. Joise Morillo dice:

    Hola, vuesa mercer poeta Doña Mora, abrazos y besos…

    El veneno del amor

    ¿Qué veneno más letal que el veneno del amor?
    carente de dicha, preñado de dolor, como figura de Nínive;
    descendiendo en el hades, destapa vuestra maraña,
    que de cierto se sabe,
    no queréis a nadie, y nada os complace,
    como carpa de ninfa, con su tolda que no cierra,
    y desata la querella, entre quienes no lo saben,
    del mancebo, del andrajoso, de quienes sienten los presagios,
    menos a sátiro que os persigue por ser acolito de Sade
    imperturbable, desdeñoso y cogeros el bien sabe.

    Derramad vuestro veneno, que endulza los pesares
    libado por Genovevo, cocinado y serenado
    en las venas del que ame
    e esa loca,
    esa;
    que no sabe de bondades y
    perturba los quejidos de quien lagrimas no pare.

    Recoged toda la ortiga, el cianuro en el pilón,
    coced lo más incierto del que lleva el pantalón,
    que os jure fiel sería para beber vuestro veneno,
    como vino en la mañana y café al despertar,
    que no crea en porfía,
    que la muerte no es tan pronta, sino lenta y cada día,
    que fallezca de veneno,
    por amar ¡A quien no debía!

    Os ama
    Joise

  3. felipe humberto rizzo dice:

    Perdón papá por usar tu verba poética para acompañar a Mora.

    A LAS MUJERES

    Son seres de siete vidas
    Las mujeres en parangón;
    Son sus males a montón,
    ¡Y quieren ser sufridas!…

    A las hidras las comparo
    Por las furias que contienen
    Y los hombres las mantienen.
    ¡Es un mal que no reparo!.

    Si con una yo arremeto,
    Las restantes me acorralan,
    Mis manos se resbalan,
    ¡Ya inerme me someto!…

    Son siete mordeduras
    Que eyaculan su veneno,
    Ya a mi pánico largo el freno,
    ¡Y sonaron mis bravuras!…

    Gota a gota voy midiendo
    El tiempo en mi clepsidra.
    ¡Ya está comiendo la hidra
    Con sus fauces sonriendo!…

    2 de Abril de 1950 - Felipe Rizzo

    Si mi padre viviese se hubiese animado a desafiar a Joice, demasiado grande para mi escasa estatura intelectual.
    Con cariño, Felipe



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