Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Céfalo y Procris, y la creatividad de Hugo Mandón

Tengo una recopilación de guiones (Géneros y formatos) que escribió Hugo Mandón para una audición que se propagaba por LT10, Radio Universidad de Santa Fe, en aquellos gloriosos años en que todavía ni el mundo ni la Argentina estaban del todo heridos y sangrantes (Estado de Bienestar).

Ya alguna cosa Hugo veía asomarse con su -para usar uno de sus adjetivos preferidos- “frondosa” pero eficaz imaginación (La radio, un medio para la imaginación), puesto que buena parte de esta Biografía del Mito está dedicada a la guerra de los dioses y de los hombres (La Guerra).

Hay que destacar que nuestro autor amigo hacía uso pero no abuso de adjetivos en los cuales estaba el secreto de su fuerza para escribir (Discurso metalingüístico). Eran perfectos para lo que estaba diciendo, definiendo, dibujando en el carácter de un hombre y en la delicadeza o bien en la rigurosidad de alguna mujer (El varón y la mujer).

En la copia que sigue, me emociona comprobar que Hugo marcó en su escrito hasta la ráfaga musical que debía cortar en dos la historia o darle fin: me parece recordar que se trataba de “Extraños en la noche”; el día: martes 13, el año: 1973, y la hora en que la audición acostumbraba salir: las diez y dos minutos de la noche… (Guardianes de la noche, la memoria).

Biografía del Mito, de Hugo Mandón - martes 13 de febrero 1973, 22,2′

(ráfaga)

Céfalo y Procris

Entre la frondosa mitología que se refiere a la suerte de los enamorados, alguna vez feliz y casi siempre desgraciada, el relato del destino conmovedor de Céfalo y Procris seguramente habrá sido muy grato al espíritu griego. En pocos, como en este mito, la presencia del Sino es inevitable y pesa como iría a serlo, terrible y cabal, en la tragedia por venir, esto es, en Sófocles y Esquilo.

Se cuenta que era Céfalo un joven apuesto, bello y dispuesto en todo momento a la práctica de los deportes. Esta afición se la había proporcionado un hermoso cuerpo, un espíritu vivaz y una inteligencia clara. Antes del alba, Céfalo partía hacia los montes para cazar. Llevaba consigo una jabalina, liviana como el aire y no obstante fuerte como un tendón de buey y, a su lado, el fiel perro Lelaps, fiero y elástico, con grandes dientes asomando por sobre la lengua roja y los ojos parecidos al fuego.

Fue precisamente en una de aquellas partidas a los montes en procura del jabalí o del ciervo, cuando el apuesto Céfalo fue visto por la Aurora. La diosa, asomada por sobre la baranda del horizonte, encargada de iluminar al mundo, vio al joven y de inmediato su corazón le dictó la pasión. No pudiendo considerar que Céfalo era hombre casado con la hermosa Procris, la Aurora lo raptó. Envuelto en nubes rosadas, flotando en el ligero aire perfumado de la primera hora, Céfalo se vio trasladado a los dominios preciosos de la Aurora.

Y cuando la diosa abrió amorosamente sus brazos hacia el joven, éste, recordando a su esposa, dulce y siempre inclinada sobre la faena del telar o sobre las hornacinas para depositar tributos a los dioses, pudo con la tentación y dijo a la Aurora que no pretendiera sus amores. Dijo con voz firme que su corazón pertenecía a Procris y que prefería regresar a su perro Lelaps y a los atractivos de la caza. Y lo dijo con tal singular serenidad, que la diosa ofendida no pudo sino dejarlo ir. Pero amargamente advirtió a Céfalo sobre su futuro.

De este modo, Céfalo regresó a su hogar y gozó más que nunca de la felicidad regalada por Procris. Siguió con la costumbre de cazar, siempre junto a su perro Lelaps, pero cuidándose de acercarse en demasía a los balcones de la morada de la Aurora.

Estando un buen día de cacería, advirtió que su perro Lelaps detenía la marcha y que por su lomo corría algo así como un suave oleaje. ¡Bien conocía el cazador aquella reacción! Alguna buena presa, de buena sangre, estaba cerca. Azuzó entonces al animal y éste partió como una flecha. Tras él, Céfalo, veloz como la luz, jabalina en mano, trató de divisar la presa presentida. Pero no halló sino el verdor de los pastos y el penumbroso trazo de los senderos del bosque. Entonces se internó entre la alta arboleda y así cruzó el bosque y se asomó a un prado y volvió a encontrar árboles y penetró en otro bosquecillo. Del perro Lelaps, nada.

Detuvo su marcha, sudoroso y tenso. Renovó una y otra vez el aire de sus fatigados pulmones y dejó que la brisa secara la transpiración de su cuerpo agotado por la carrera.

Aliviado, entonces dijo en voz alta y clara:

-¡Oh, Brisa amada que haces tanto bien a mi cuerpo! ¡Gracias, amada Brisa!

En tanto, por las cercanías andaba alguien. Y ese alguien, sin mirar siquiera y reconociendo la voz de Céfalo, no demoró en imaginar que el joven estaba con una mujer llamada Brisa. Guardó lo que consideró un secreto y se marchó del lugar, pensando que la fidelidad es cosa frágil en el corazón humano.

Pero más pudo la debilidad. Y aquel extraño contó a Procris el suceso. Y de ese modo Procris, llorando sin consuelo, pensó que nada podía hacer mejor que ir en busca de Céfalo para recriminarle su infidelidad. Y así pensando, quitándose las lágrimas de sus bellos ojos acongojados, marchó hacia donde habíale indicado el informante.

Llegada al lugar, escuchó rumores entre los mirtos. Lo mismo sucedió con Céfalo, quien escuchando rumor de pasos sobre la hierba calculó que allí, por fin, estaría la presa. Levantó entonces la jabalina y al ver movimiento entre las matas arrojó el arma con fuerza y velocidad. Un grito de dolor contestó al lanzamiento. Corrió Céfalo y halló entonces la forma leve de Procris con la jabalina clavada en su pecho amado.

Desesperado, alzó a la mujer en sus brazos y entonces escuchó su postrer gemido:

-Ah, amado mío -dijo Procris-. Si alguna vez me has querido, júrame que habrás de hablarle a esa tal Brisa de mis caricias, de mis besos, para que así mi recuerdo duela en su corazón -y así diciendo, Procris murió.

Céfalo comprendió todo y como enloquecido se hundió en el espeso monte. Llorando estuvo toda la noche en espera del día. Y cuando eso sucedió, cuando la luz se insinuó entre los altos troncos del bosque, junto con ella le pareció al desesperado Céfalo escuchar la lejana risa triunfal de la Aurora.

(ráfaga)

Envío

En alguna próxima o no tan próxima entrada, daré más datos sobre Hugo Mandón, este poeta santafesino cuyos versos, leídos a la distancia, me hacen pensar que, más que santafesino fue universal, o debió serlo.

Abrazos recordando a mi amigo

Mora

Monografias

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Comentarios

3 respuestas a “Céfalo y Procris, y la creatividad de Hugo Mandón”
  1. Henry Mendoza Puerta dice:

    Estimada Mora Torres, buenos días. Si te gusta Buenos Aires siendo argentina; qué puedo decir yo siendo peruano: estoy enamorado. Gracias por compartir la creatividad de Hugo Mandón, no lo conocí ni tampoco escuche de él, como de tantos talentos universales; felizmente nos pertenece a todos gracias a ti.
    Saludos.
    Henry Mendoza (Lima-Perú)

  2. lucia fermin dice:

    Excelente, bonito mensaje para reflexionar sobre la infidelidad.

  3. linda verlliui dice:

    Su sitio es maravilloso y diverso. Insomniac no es válido y estoy siempre ocupado gracias a ti.
    Buena continuación !

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