Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Archivo de Diciembre, 2015

Regalos de Año Nuevo 2016

No es lo más común hacer regalos de Año Nuevo (Un acercamiento a la realidad humana). Pero yo elegí hacerlo (Coaching y creatividad: elección y cambio), y los textos que escogí para ustedes creo que merecen no ser olvidados (Carta a una señorita en París).

Esta vez no tienen esa frescura de viento norte que a veces espanta mis buenas intenciones de obsequiarlos (Pepina y las Islas de Aysén).

Son algo “viejos” para la mayoría de los lectores (El viejo en la historia): el de Thomas Merton fue escrito alrededor de 1960, y el de Erich Fromm (Ética de Erich Fromm: el problema moral en la actualidad) alrededor de 1970.

Brindo con las almas de estos dos autores clarividentes (Don Quijote de la Mancha), y con ustedes.

En el final, envío algunos datos de ambos escritores.

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La Navidad y su Paraíso Perdido

La Navidad es un paraíso de la infancia (¿Qué fue la Estrella de Navidad?), y la palabra paraíso quiere decir jardín (Llegando al paraíso).

La Navidad es un jardín para los niños (La travesía de los elefantes), y los mayores sólo podemos recordarlo (Mirando hacia la vela del olvido). Las flores de ese jardín son los presentes de Navidad que nosotros, largamente crecidos, ya no esperamos con inocencia y libertad (Tau CETTI, Epsilón Eridani y el Libre Albedrío). Flores en general humildes y coloridas.

El recuerdo surge como en una sesión de psicoanálisis (Freud on line), y nos trae un regalo: la vívida niñez.

La ciudad de aquellos días míos -la ciudad donde nacimos mis hermanos y yo- era prodigiosa en aquel tiempo. El cielo la dominaba porque, en su mayoría, las casas y los edificios eran bajos. Había… dragones, hadas, duendes en los parques, liebres y conejos de Pascua, juegos y madre y padre y el corazón siempre estaba presente y se escuchaban sus latidos.

Los días eran cálidos, extremadamente cálidos, en la temporada de las fiestas: Navidad y Año Nuevo en la Argentina caen en verano.

El calor era otro abrazo de la Noche más Hermosa (Los Villancicos), un abrazo que nos embalsamaba junto a los jazmines y las santarritas.

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Quiero regalarles algo, mis amigos…

Y ese deseo de “regalarles” (La travesía de los elefantes) sólo puedo cumplirlo con poemas (Poemas).

Humilde puede ser el obsequio (Apostillas al diente de Kong), pero la intención es para ustedes: busqué como siempre en mis viejos cuadernos y hasta encontré en cuadernos nuevos alguno que otro versito.

“Lindos” o “feos”, “buenos” o “malos”, creo que todos, mis conocidos y desconocidos más amados, están adentro de ellos.

“Siempre confié en la benevolencia de los extraños”, dice la protagonista al final de la obra Un tranvía llamado deseo (El cine y la literatura, una relación de intertextualidad).

En caso de no acertar con mi regalo, tengo un regalo B: la recomendación de que miren -en algún lugar del espacio cibernético o no van a encontrarla- ese profundo y bello film (Las campanas de la muerte). Ésta es la ficha técnica:

Un tranvía llamado deseo, 1951. Director: Elia Kazan. Actores principales: Vivien Leigh, Kim Hunter y Marlon Brando.

También podría darse el milagro (Milagro en el bosque) de que los hiciera felices mi regalo A, pero, por favor, no dejen de ver la película.

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Tittivillus, el pequeño demonio que soy

Todo lo que sea caos le agrada a mi oscuro Señor (El karma, Bach y la matriz), y yo, que era el más pequeño de sus acólitos debía seguirlo en cada preferencia y cumplir estrictamente sus órdenes, aunque fueran humillantes y hasta a veces ridículas (Maus: una herida que no cierra).

Soy Tittivillus, un pobre diablo, y el Demonio me daba poca tarea, y muy de siglo en siglo, lo que no es tan importante; lo malo eran las tareas que ponía a mi cargo (Alienación del Hombre)

La última vez que estuve trabajando para él fue en la Edad media. Mi empleo quedaba en un convento de monjas, y, antes que nada tengo que decir que, si bien no sé cómo ha evolucionado la vida espiritual de estas mujeres que se ofrecen a Dios, los años que yo estuve con ellas fueron un infierno. En eso me sentía como en mi casa: eran almas para llevarlas derechito junto a mi tenebroso Señor, pero claro, en eso no consistía mi oficio, era mucho más humilde y no tenía remuneración. Apenas si el Diablo me tiraba unas brasas al llegar de regreso, por todo pago.

Esas brasas no alcanzaban ni a quemarme la punta de los cuernos, cuando otros diablillos jugaban y saltaban en enormes asadores chamuscándose la cola y dando gritos de placer, mirándome burlones. Me discriminaban. Pero esa no es la historia que quería contarles, eso es una ramificación.

Soy Tittivillus, dije, y mi recuerdo más viejo para poner en el currículum es el del convento de unas monjas muy pícaras.

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Céfalo y Procris, y la creatividad de Hugo Mandón

Tengo una recopilación de guiones (Géneros y formatos) que escribió Hugo Mandón para una audición que se propagaba por LT10, Radio Universidad de Santa Fe, en aquellos gloriosos años en que todavía ni el mundo ni la Argentina estaban del todo heridos y sangrantes (Estado de Bienestar).

Ya alguna cosa Hugo veía asomarse con su -para usar uno de sus adjetivos preferidos- “frondosa” pero eficaz imaginación (La radio, un medio para la imaginación), puesto que buena parte de esta Biografía del Mito está dedicada a la guerra de los dioses y de los hombres (La Guerra).

Hay que destacar que nuestro autor amigo hacía uso pero no abuso de adjetivos en los cuales estaba el secreto de su fuerza para escribir (Discurso metalingüístico). Eran perfectos para lo que estaba diciendo, definiendo, dibujando en el carácter de un hombre y en la delicadeza o bien en la rigurosidad de alguna mujer (El varón y la mujer).

En la copia que sigue, me emociona comprobar que Hugo marcó en su escrito hasta la ráfaga musical que debía cortar en dos la historia o darle fin: me parece recordar que se trataba de “Extraños en la noche”; el día: martes 13, el año: 1973, y la hora en que la audición acostumbraba salir: las diez y dos minutos de la noche… (Guardianes de la noche, la memoria).

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