Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Historia de la prehistoria

Iba a llamar “El resplandor” a esta entrada, pero después pensé que ese era el nombre de una película de terror, y que no le iba, y después leí otra vez lo escrito y me pareció que sí, que era adecuado (El mundo de las letras).

En una última leída le di otra vuelta al asunto: el relato trata sencillamente de invenciones y de descubrimientos, de la tecnología de la prehistoria y otras viejas sorpresas. Nada de miedo, y mucho menos lo inconcreto del miedo (La ignorancia y el miedo).

Decidí titularlo “Invenciones” (Nivel de Invención).

En un arrepentimiento final y apresurado, se llamó “Historia de la prehistoria” (Historia, edades de la prehistoria). ¿Ven como cambia uno en pocos minutos? (Cambios. Aprende a manejarlos).

Este cuento es exacto, es un reloj (El Nieto del Relojero y la Física); es verdadero, es una revelación; es ejemplar, es una moraleja, y hasta es zoológico como un animal, si se me permite un poco más de ironía (El animal simbólico).

Y lo encontré debajo de una piedra.

Historia de la prehistoria

Es una historia previa a la misma, lo que significa que es una historia de la prehistoria. Pero siempre estoy yo.

Aquí el tiempo no existía, ni la palabra tiempo, ni ninguna palabra.

Dejo debajo de una piedra mi comunicación escrita en la lengua críptica de lo invisible y lo inaudible, para quien tenga ganas de descifrarla.

Yo no sabía si era hombre o mujer, de tan amontonados que estábamos en la cueva, aunque a veces me llegaba caminando despacio hasta cerca de la entrada. Pero no miraba nada, de tanto que me interesaba ver la luz, examinar la luz, aquello tan extraño que salía del cielo -esta última palabra fue dada antes de las palabras, no inventada. Permanecía apenas un brillar de la luz mirándola, y regresaba a lo oscuro, como todos.

No era terror pero todos teníamos aprensión de salir, hasta los grandes cazadores. Se contaban novelas muy extrañas sobre lo que había afuera, aunque para llegar a una novela hubiera que esperar al siglo XIX.

Lo que se contaba no tenía palabras, como dije, pero nos entendíamos perfectamente. Los ojos contaban aunque los ojos casi no existieran cuando había un relámpago o un estremecimiento de la tierra; el corazón contaba con palpitaciones, y la sangre que se sentía fluir en las venas de algún otro cuando estaba muy cerca de mí, me contaba al correr.

Afuera había seres distintos a nosotros, según entendí. Con dientes, con garras, con cabezas enormes; nosotros también podíamos ser el alimento de ellos.

Digo nosotros y yo, alternativamente, porque no se sabía muy bien quiénes éramos nosotros y menos todavía quién era yo. Me parece que en ocasiones yo era nosotros con los otros de la cueva y en ocasiones yo era yo sin los otros. Después de todo nosotros era un amontonamiento de brazos, piernas, cabezas, abdómenes, y yo era sólo un amontonamiento más pequeño pero igual, hecho en escala mínima con el mismo patrón.

¿Soñaba en soledad o todos juntos soñábamos?

Esta era una pregunta que nos hacíamos a menudo; solían armarse fuertes discusiones -por supuesto inaudibles e invisibles, recalco- al respecto: en ese momento cada uno era yo.

Cuando discutíamos nos volvíamos individuos por un rato. Aunque inmediatamente, en lugar de que todos fuéramos nosotros, o yo, nos convertíamos en nosotros y los otros, dos bandos en guerra únicamente para resolver esa pregunta de si soñábamos solos o en conjunto. Mi bando opinaba que se soñaba en la más absoluta soledad, pero alguno del otro bando, considerando que acá no existía el tiempo, se permitía citar a un poeta del siglo XX que iba a decir en el futuro algo así como: “Cuando un hombre duerme es todos los hombres”.

Nuestro bando le contestaba al que hacía la cita que había que analizar detenidamente esa línea: decía que eso ocurría -ser todos los hombres- cuando un hombre duerme, no cuando un hombre sueña. El poeta del siglo XX no especificaba que la que dormía era una persona que soñaba, y no siempre dormir implica soñar.

Cuando alguien dormía sin sueños era menos que nosotros, que nuestro bando, que yo. Era menos que la vida, y respecto de eso quiero contar una anécdota de la cual yo fui protagonista, o estuve en la escena, porque el protagonista era el que estaba dormido.

Nos habíamos acercado con nuestros cuerpos dos de nosotros y yo era uno de ellos. Tal vez éramos una pareja, como se dirá en el futuro, me parece. Eso es menos que nosotros y que nuestro bando, pero más que yo. Pienso que es la cantidad ideal de personas en lo oscuro, dos. La multitud y la individualidad se aplacan en ese momento, es un modo de estar muy cómodo y sereno y nadie discute. Nadie discute con la mente ni con los brazos, todo es suave en los gestos y cada uno, cada yo, experimenta algo singular en presencia del otro.

Un día me desperté y ese cuerpo que era tibio se estaba enfriando entre mis brazos y en el pecho yo ya sentía algo muy frío que venía de él. El cuerpo inmovilizado sobre mi cuerpo, la sangre congelándose sobre mi sangre cálida.

Pedí ayuda a otras formas de cuerpos, esos que estaban de a muchos o de a tres, o de a uno inclusive. Lo sacaron de mí y lo pusieron a mi lado. Ese cuerpo que estaba conmigo empezó a heder, y en el mismo momento se inventaron la palabra heder y la palabra muerte en el idioma fantasma del futuro y en nuestro inaudible idioma de cavernícolas a ciegas.

Empecé a llorar y se inventó la palabra llanto.

Todo se inventaba en silencio, pero ese silencio tenía cada uno de los significados de las palabras que se inventaban.

Lloré tanto que se inventó la palabra amor.

Para entonces yo ya me había separado de todos y había inventado la palabra tiempo y la palabra pasajero.

Algunos bandos inventaron: infinito, eternidad, Big Bang, matrimonio, con el correr de mi palabra tiempo.

Una tarde yo estaba derramando lágrimas sobre la tierra -lo digo así para decir que ya había muchas palabras más, como tarde, derramar, lágrimas y tierra- y de pronto vi un resplandor, que todavía no había sido inventado, y oí un chisporroteo, y el ruido de dos piedras que chocaban -aunque estábamos muy lejos aún de la palabra dos, o tres, o cuatro.

Ese resplandor se inventó de inmediato y de inmediato tuvo nombre.

Quería, para ustedes, sólo terminar contándoles un hecho histórico, o casi histórico, o mejor dicho, prehistórico, en el que estuve presente: el descubrimiento del fuego y la invención de la palabra que lo menciona.

Envío

Más que “envío”, esto es un pedido: ¿alguien puede enviarme algún o poema o escrito sobre mi amado Fuego?

Creo que hay algo de Octavio Paz, algo de Neruda o de Pedroni.

Gracias y abrazos

Mora

Monografias

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Comentarios

4 respuestas a “Historia de la prehistoria”
  1. Joise Morillo dice:

    Saludos querida, con mucho gusto

    El fuego y la llama…

    No quiero inicies el llanto
    sin antes encender el fuego
    este que parece juego
    empero os gusta tanto.

    Es de amor vuestra llama
    esa cual dolor y quebranto
    la que tanta pasión reclama
    y pródiga cede vuestro encanto.

    La que gime de placer
    y de las entrañas derrama,
    licor que no he de beber
    y que esparces en mi cama.

    Duerme, ninfa, odalisca de lana
    duerme y, sueña que os acaricio
    para, sin desperdicio;
    reiniciar lo nuestro, mañana.

    Os ama

    Joise

  2. José María Gil dice:

    El fuego y el olvido

    Hoy, primer día frío de este invierno,
    harto de soledad, me he sorprendido,
    mirando con nostalgia el fuego del hogar
    mientras observo esas cálidas llamas
    que me traen recuerdos pasados
    de aquellos lejanos “ayer” que,
    al rodar de los días, van quedando atrás.

    He quedado mirando las llamas,
    esas cálidas llamas…, y observando
    como el fuego devora de prisa,
    ¡muy de prisa!,
    como débiles secas ramitas,
    obstinados recuerdos de amor.

    He quedado mirando esas llamas
    y han ido asomando a mis ojos,
    unas tras otras,
    inquietantes lágrimas de añoranza
    de lo ya vivido…
    y de rebeldía de lo por vivir.

    He quedando mirando las llamas
    y pensando en algunas
    de aquellas cosas que juntos hicimos
    y en otras muchas que pudimos hacer…

    Y en esta obligada soledad
    causada por el tiempo y la distancia,
    miro esas llamas
    y en mi interior no puedo dejar de sentir
    cómo van asomando,
    poco a poco y a un tiempo,
    los débiles recuerdos de un amor apenas vivido
    y la persistente sensación de los errores cometidos.

    Buenas noches, Mora.

  3. Celestino Gaitan dice:

    Amada mora nuestra,
    Ahora si hice la Tarea,
    y he tenido mi velada Literaria privada,
    Disfruté de muchas cosas bellas,,, mi selección:

    2 Gabriela Mistral 2

    FUEGO
    Como la noche ya se vino
    y con su raya va a borrarte,
    vamos a casa por el camino
    de los ganados y del Arcángel.
    Ya encendieron en casa el Fuego
    que en espinos montados arde.
    Es el Fuego que mataría
    y sólo sabe solazarte.
    Salta en aves rojas y azules;
    puede irse y quiere quedarse.
    En donde estabas, lo tenías.
    Está en mi pecho sin quemarte,
    y está en el canto que te canto.
    ¡Ámalo donde lo encontrases!
    En la noche, el frío y la muerte,
    bueno es el Fuego para adorarse,
    ¡y bendito para seguirlo,
    hijo mío, de ser Arcángel!

    RONDA DEL FUEGO

    Flor eterna de cien hojas
    fucsia llena de denuedo
    flor en tierra no sembrada
    que mentamos flor del fuego.

    Esta roja flor la dan
    en la noche de San Juan.

    Flor que corre como el gamo,
    con la lengua sin jadeo,
    flor que se abre con la noche,
    repentina flor del fuego.

    Esta flor es la que dan
    en la noche de San Juan.

    Flor en tierra no sembrada,
    flor sin árbol, flor sin riego,
    el tu amor está en la tierra
    y el tu tallo está en los cielos.

    Esta flor cortan y dan
    en la noche de San Juan.

    Flor que sueltan leñadores
    contra bestia y contra miedo;
    flor que mata los fantasmas,
    ¡voladora flor del fuego!

    ¡Esta roja flor la dan
    en la noche de San Juan!

    Yo te enciendo, tú me llevas;
    yo te celo y te mantengo.
    Cuánto amor que nos tuviste
    ¡flor caída, flor del fuego!

    Esta flor cortan y dan
    en la noche de San Juan.

    Como siempre para tod@s un Fraternal Abrazo.
    Y Felicitaciones a Joise Morillo y Jose María Gil,
    Estuvieron Excelente.

  4. linda verlliui dice:

    Hola, me encanta lo que haces me pregunto cómo pude haber perdido tu blog

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