Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

¿Quién les cuenta este cuento?

Cuando terminé de escribir lo que guardaba para ustedes (El secreto de las siete semillas), me hice la pregunta que da título al cuento (Cuento Corto)

Si alguien me la contesta, agradecida. Si no, sirve de título y a lo mejor hasta es efectiva (Antropología: Preguntar por quién pregunta).

Al menos, ¡que alguien quiera saber de qué se trata! (Saber Leer).

De cualquier modo, me parece que esta vez el contenido es un poco más interesante que el título (El trabajo como concepto-valor-contenido).

Hay perros, elefantes, monos, y aspiraciones a tigre o domador. (El Circo de la Triste Figura). Hay Borges y hay Kafka, y ajedrez y novia, tal vez infiel (Franz Kafka y la Praga de fines de siglo).

Que esté bien escrito ya es otra cosa (Producción de textos).

Y ahora yo misma desaparezco… (Imperio Bizantino).

¿Quién les cuenta este cuento?

No puedo decir que era un trabajo fácil, pero si tenías talento había muchas posibilidades de ascender. Allí mismo contaban de perros cuya única gracia al principio era jugar a la pelota, que habían llegado a ser elefantes de memoria perfecta.

Yo entré como perro sabio, que es un poco más que andar en dos patas y atajar, aunque no mucho.

Mis habilidades eran matemáticas.

Mostraba tablas marcadas con números y otras con los signos de multiplicar, dividir, sumar y restar, y luego buscaba el resultado señalando otra tabla.

Los espectadores aplaudían, pero no más que a otros animales ni que a los payasos o a las bailarinas-trapecistas.

Estuve ensayando y aprendiendo matemáticas durante un año para después participar de las funciones.

Hasta que después de muchas funciones, el dueño del circo me llamó aparte y me habló:

-Quiero que juegues al ajedrez -dijo.

Y yo, que apenas si sabía mover las piezas, no quise someterme a una humillación más:

-Un perro jugando al ajedrez no es más que un pobre perro habilidoso -le contesté.

-¿Y que te gustaría ser en lugar de perro? -me puso en ese brete.

-Por lo menos mono -afirmé, considerando que la dieta de los monos me resultaba un poco más interesante que la de los perros: bananas, masitas con maníes, cereales y arroz con leche. A mí siempre me gustaron los dulces.

-¿Te quieres probar este disfraz, a ver cómo te queda? -preguntó el Dueño.

Me lo probé. No quiero parecer vanidoso, pero tengo que decirlo: me quedaba pintado.

El Dueño arregló que un famoso ajedrecista me diera clase.

Me enamoré del ajedrez. Me enamoré además de Mary, la trapecista. Ella también aprendió un poco de ajedrez con el profesor.

Él repetía a menudo un verso de Borges, que no menciona al ajedrez. Y me halagaba diciéndome que yo iba a ser un gran ajedrecista.

Fueron días hermosos los que pasé con, con él y con Mary.

Yo era yo por esos días, y no perro ni mono.

Hablábamos como toda la gente, hasta nos permitían salir a tomar un café o a ver alguna película a los tres. Mary estaba muy agradecida pero el profesor estaba perplejo conmigo. Consideraba que yo podía aspirar a muchísimo más que a perro, a mucho más que a mono, pero a la vez se sentía admirado por mi elección.

Finalmente debuté, debutamos.

Sé perfectamente que él me dejó ganar la partida, pero nunca lo quiso admitir.

Luego de la primera presentación, se pedía a la gente del público que subiera a jugar conmigo un ajedrez-pin-pong. Así le llamaban a las partidas rápidas.

Me enfrenté con valiosos rivales y aparte con ingenuos que me habían desafiado creyendo que era fácil ganarles a los monos. A todos los vencí, a los valiosos y a los ingenuos.

El Dueño pidió hablar conmigo. Pensé que me ofrecería un cargo de león o de tigre, o hasta de domador. No fue así.

Lo primero que expresó fue que conocía mi romance con la trapecista rubia de cintura de avispa.

-Y bueno -dije-. El corazón manda también aquí.

-¡Pero no digo nada! -vociferó el Hombre-. No me parece mal.

-¿Y de qué quiere hablarme? -desconfié.

-Es que estuve pensando… no puedo dormir por las noches porque siento que usted merece mucho más que ser un mono, ¡usted es un hombre hecho y derecho!

-¿Qué me ofrece y qué aumento? -me adelanté. Calculaba que con un buen aumento podría casarme con Mary.

-Nada y todo le ofrezco -se conmovió el Dueño-. Le ofrezco que se vaya inmediatamente del circo con su novia y que hagan una vida menos dura. Sólo con jugar al ajedrez en campeonatos ganaría fortunas.

Nos fuimos esa noche, no nos queríamos despedir de nadie. Yo con el disfraz y Mary con el tutú, bajo la luna.

Le pedimos ayuda al profesor de ajedrez, que nos recibió con alegría. Nos dio alojamiento. Yo me dormí como el animal más aburrido de la tierra, no sé qué pasó…

A la mañana, mientras desayunábamos, él dijo que lo primero que tenía que hacer era sacarme el disfraz.

-Ya hace muchos años que lo uso… ¿Se acuerda de cuando terminó de darme clase? Desde entonces. Hasta me baño con él… No tengo ropa -le confesé al final.

-Es muy hermoso así vestido -me apoyó mi novia. Ella ya se había cambiado el tutú por unos pantalones ajustados y una camisa blanca de seda.

El profesor trajo ropa de su propiedad para que me probara. Éramos más o menos de la misma talla.

Y yo intenté, pero no pude, como si el traje de mono estuviera soldado con mi piel.

Trataron de ayudarme, pero yo no podía.

Es decir, no podía permitir que me sacaran el disfraz, que no estaba soldado con mi piel pero sí con mi alma.

Tuve que volver al circo, solo, sin Mary.

Ahora soy perro sabio de nuevo: disfraz sobre disfraz.

Envío

El verso de Borges que el profesor repetía era el siguiente:

“Lo sabían los tres.

Ella era la compañera de Kafka.

Kafka la había soñado.

Lo sabían los tres.

Él era el amigo de Kafka.

Kafka lo había soñado.

Lo sabían los tres.

La mujer le dijo al amigo:

Quiero que esta noche me quieras.

Lo sabían los tres.

El hombre le contestó: Si pecamos

Kafka dejará de soñarnos.

Uno lo supo. No había nadie más en la tierra.

Kafka se dijo:

Ahora que se fueron los dos, he quedado solo.

Dejaré de soñarme.”

Mora

Monografias

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Comentarios

8 respuestas a “¿Quién les cuenta este cuento?”
  1. linda verlliui dice:

    En especial, no cambia nada, es maravilloso para venir en su sitio.
    Sinceramente y buena suerte.

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  2. fabi risso dice:

    Mora, este cuento es una monada, y para mi lo cuenta el mono, lo cuenta.
    Exelente como siempre.
    Interezante el verso de Borges, me hizo reir en un momento.
    Abrazon

  3. Mora Torres dice:

    Fabi: de apurada, me olvidé las dos últimas frases. Son así:
    “Tuve que volver al circo, solo, sin Mary.
    Ahora soy perro sabio de nuevo”.
    ¡Gracias!, voy a ver si lo puedo enmendar.

  4. fabi risso dice:

    Mora, se ve que me encariñé con el mono.
    El cuero, el de adentro, el que sufre, sigue siendo el mismo aunque se vista de león, mono o perro, y lo cuenta el último que le toca, el perro.

  5. Joise Morillo dice:

    Hola queridas

    Al hablar de ironía y absurdos, las más de las veces es por derivación del análisis de los avatares cotidianos –observados- del individuo humano, demasiado humano diría Nietzsche. Kafka es el maestro de este análisis, donde, Gregorio Samsa no es el mono; es el bicho, cucaracha, escarabajo o como le queráis llamar. Sin embargo, en la vida real de la Grecia clásica, si hubo un perro de esta índole: Diógenes de Sinope (el cínico o perro) como le gustaba le llamaran, no jugaba ajedrez pero hacía dinero inorgánico; por lo fue juzgado y encarcelado aun siendo filósofo e hijo de un alto funcionario del gobierno ¡Absurdo!, ¿verdad? Este es el analisis de Borges, lo patentiza en este poema con un simil del propio Kafka el maestro de lo absurdo.

    Os ama
    Joise

  6. Joise Morillo dice:

    Vos lo habéis dicho cuidaos de los elógios, las más de las veces son hipócrtas, la verdad duele pero no ofende.

    Os ama
    Joise

  7. linda verlliui dice:

    Hola,
    una nota rápida para decirte que me encanta tu blog, así que no priva a mí mismo!

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  8. linda verlliui dice:

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