Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Archivo de Octubre, 2015

La realidad y los sueños desatan una pesadilla en el sueño y en la realidad

Escribí otro cuento para ustedes (Género Narrativo). Siento que les agrada, al menos siento que me ocupo de agradarles y agradecerles (Entre Eva y Pandora…). Perdonen la extensión del título, quiero explicar con él algo que no supe explicar en el texto (El pensamiento en las distintas épocas de la filosofía).

Éste es tan loco como cualquiera de los míos, tan adaptable a lo que esperan mis amigos de mí que me parece bien editarlo (Erasmo de Rotterdam, filósofo de la locura).

Seguramente, cuando me convenza de que quizá yo sería mejor cocinera que cuentista les mandaré exquisiteces (Cocina Italiana); o cuando me convenza de la edad que tengo, recetas para prolongar la vida, qué comer, cómo cuidarse (Hacia una longevidad satisfactoria)

Por ahora, aparte de mis cuentos, le mando a todo el mundo que tenga la posibilidad de hacerlo este consejo: adopten un perro. No saben la alegría que da. Al pasar la mano por su sedoso lomo las penas emigran y los buenos recuerdos nos asaltan. Y, dejando de lado a todos nuestros amigos y familiares con los que podemos contar, lo bueno que es contar durante todas las horas del día con un mimo que nos dan sin pedir nada (Técnicas de adiestramiento canino).

Por algo grandes terapeutas diseñaron una terapia con mascotas, en especial perrunas.

¡Guau!

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La guitarra mágica

Si algo va en crudo (El tremendismo de Camilo José Cela), son estos cuentos que quiero regalarles todos los miércoles (La magia de la palabra en Egipto). Es que… sólo con el apuro puedo escribirlos (Pensamiento inventivo sistemático).

Me digo: “Hoy es miércoles y tengo que darles otro cuento” (Algunas miradas al calendario de Le Goff).

Espero un rato y las ideas empiezan a surgir (Prosas para la vida. Reflexiones para las buenas ideas).

No pretendo que sean ideas brillantes, pero sí que los conmuevan o los “muevan” (Versares y Pensares).

Tal vez si me diera tiempo para corregir repiticiones y un poco de estilo… Pero puedo escribir sólo a último momento (¿Cómo producir un Libro?).

¿Ustedes saben qué me pasa, qué patología es?

Por otra parte a mí misma me sorprenden los disfraces que adoptan mis protagonistas. A veces jóvenes, a veces maduros, a veces hombres, a veces mujeres. ¿Raro, no? (Viaje al Reino de los Deseos).

La guitarra mágica

Cuando era chico, acá, en el pueblo donde nací, mamá encendía la radio y escuchaba valsecitos mientras planchaba.

Es un lugar de clima muy frío, y ella la emprendía con un montón de ropa. La mayoría no era nuestra ropa, era de los vecinos. Le gustaba planchar, escuchar radio y ganarse unos pesos para ayudar a la economía de la casa.

Yo me quedaba a su lado, mirándola y escuchando la radio.

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Te doy otro cuento: “Somatoesquizofrenia”

Somatoesquizofrenia

No sé las pocas horas o días que tengo disponibles para escribir (La escritura y como escribir). Escribo cuando, por ejemplo, soy una mujer de cuarenta años como hoy, no en otro estado (Adultez intermedia).

Si soy una beba mi mamá me tiene en brazos; de adolescente, a menudo me enamoro y dejo todo para sumergirme en el amor (¿Se enamoran o se identifican los adolescentes con el otro?); a los ochenta que tengo a veces, me tiemblan estas manos (El parkinson).

Siempre soy más o menos yo por dentro aunque nunca duro mucho en una edad precisa (La neurociencia del ego).

Los médicos no descubren qué me sucede (¿Debo ir a un psiquiatra, a un psicólogo o a un psicoanalista?). En general los consulto cuando mi cuerpo tiene los años que tengo en realidad, entonces la mayoría me manda para el psiquiatra. Trato de convencerlos, les entrego un reporte que escribí hace mucho y que ya está amarillo en el que cuento mi historia, mis síntomas. Entonces me piden que los visite cuando esté en los dieciocho años, o en los ochenta, o que mi madre me lleve en brazos, de bebé (Papá, Mamá: Habla tu bebé).

Lo hice, y también fui con mamá al estar recién nacida. Fueron varios los doctores que me vieron en el transcurso de esta enfermedad y que, al comprobar que mi historia era verdadera, dejaron a un costado toda ciencia y murmuraron: “Brujería”.

“Brujería”: trato de calcular en qué momento y por qué puedo haberme embrujado, en caso de que se trate de eso. Justo a mí me pasó, a mí, que hasta los veinticinco años no creí en hechizos, ni tampoco en nada que no fuera visible, concreto y terrenal.

Era una mujer joven como cualquier mujer joven; atendía una boutique y había decidido empezar un poco tarde la facultad, precisamente Psicología. Estaba en las primeras materias, leía con fervor a Freud y  -lo aclaro para que nadie piense que me contradigo- sí creía, pensándolo bien, en algo invisible: el inconsciente.

Fue justamente al soñar por las noches, muy dormida después de jornadas agotadoras, que me di cuenta de que algo en mí estaba siendo reelaborado, que se avecinaba un suceso poco común para mi vida tan normal.

Casi puedo decir que este suceso es poco común no para una persona sencilla sino para cualquiera; que es único, que no le ocurre a nadie más que a mí. ¿Por qué soy la elegida?

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“Dante”, un cuento para vos…

Escribí otro cuento para vos, seas quien fueres, aunque preferiría que fueras alguno de mis amigos lectores y colaboradores del blog de Monografías, amigo viejo o nuevo (Las relaciones humanas: la triangulación del saber).

En primera persona habla alguien que no soy (El mundo contemporáneo de los tipos de narraciones y sus técnicas narrativas).

Lo escribí para vos, pero me inspiré realmente porque uno de esos tests que andan por la pantalla de mi computadora atrapando naúfragos (Manual Simplificado de los Tests Psicológicos), me dio un extraño resultado: soy hombre y tengo 73 años. Y traté de sentirme el personaje (Sobrevivir. Un reto psicológico).

Cuando volví a leer el cuento, vi mis rasgos apenas desdibujados (La Personalidad). Aunque mi historia y mi familia no tengan nada que ver con este cuento, algo en mí es él (La sociedad).

Dante

Soy Dante Ferrari, vivo solo y estoy bastante viejo, ya en los setenta años.

Mi vida no fue un canto de alegría pero me las compuse como pude leyendo a Dante, ya que nací bajo su advocación, y aprendiendo su idioma.

Desde que me quedé solo en el mundo pasó la mitad de un siglo. Cuando enterré a mis padres y a mi hermana cerré la puerta de mi casa y, prácticamente, me acosté a dormir. Algunos murmuraron, lo supe, que me acosté a morir para estar con los míos, aunque pasado tanto tiempo del terrible accidente que se llevó sus vidas, puedo pensar con objetividad.

Visto desde acá, desde mi edad, ninguna muerte que quede en el pasado tan remoto es terrible. Papá y mamá y mi hermana son recuerdos amables, y con sus muertes yo encontré mi verdad.

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