Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Archivo de Septiembre, 2015

Gardel y las muchachas en flor

Noticias sobre Carlos Gardel:

(…) “Cuando Carlos -bautizado en Francia como ‘Charles’- tenía poco más de dos años, su madre decidió radicarse en Buenos Aires, registrándose su ingreso al país en el buque Don Pedro el día 11 de marzo de 1893.

“Es a partir de su llegada a esta ciudad que en nuestra opinión su vida puede dividirse en cuatro etapas, hasta el trágico final de la misma.

“La primera de ellas abarca un período al que podría denominarse ‘de formación’, el que se extendió hasta 1911, el año en el que conoce e inicia su relación artística con José Razzano.

“Entonces comienza el segundo período que es el que consideramos como el de su ‘preparación para la fama’ y que se extiende hasta 1917, cuando junto con el advenimiento del tango canción, el Zorzal comenzó a grabar, a dúo con Razzano, para el sello Odeón, hecho que impulsó definitivamente el reconocimiento popular de Gardel.

“Se inicia de este modo la etapa de la amplia difusión de las actividades del cantor, quien pasó a ser desde entonces y para siempre el referente máximo de la canción ciudadana. Podría denominarse a este tercer período de su vida como el de “el advenimiento de la fama.

“Sin embargo existe una bisagra en la vida del Zorzal que admite dar por finalizado ese período en 1932, y que diera lugar desde este año y hasta su trágico fallecimiento a una última etapa: la de su consolidación como ‘ídolo eterno’, a partir de su encuentro y el entralazamiento de su actividad con una figura trascendental en su trayectoria artística, nos referimos obviamente a Alfredo Le Pera.

“Así, la que hemos definido como etapa de formación, extendida entre 1894 y 1911, es la del descubrimiento de su prodigiosa voz…”

Carlos Federico Torres, Gente de Tango, Tomo 2, Serie Cultura, UCSF, Universidad Católica de Santa Fe, 2015.

Gardel y las muchachas en flor

Muchos jóvenes, en especial mujeres (Mujeres Contemporáneas), se quitaron la vida entre el 23 y el 24 de junio de 1935 en Argentina, Colombia y Uruguay (Fenomelogía del suicidio). Se sintió al principio como una especie de peste negra. No se encontraba explicación para esta unanimidad de suicidios. Aún el 24 de junio la noticia de la muerte de Carlos Gardel (El cine argentino en la década del 30) no había aparecido en los diarios de la mañana, llenos de cadáveres en flor (Magazines matutinos: ¿un nuevo Prime Time?).

Hay un relato de Xosé de Enríquez, escritor uruguayo, que podría alumbrar en parte al menos uno de estos suicidios anticipatorios. ¿Y por qué no dos, o tres, o cuatro, de los mismos?

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Poemas de amor con explicaciones

La poesía (Poesía para ti) no debería necesitar explicaciones, pero he soñado (Soñar sí cuesta) que las necesita:

Explicaciones (Meditaciones Metafísicas)

Voy a aprender a hablar,

cada palabra velará mi cuerpo

cuando me acueste,

cuando calle,

el pensar

vendrá hondo del sentir,

de tocar la campana de mi ser

desde adentro, convocándolo,

los vocablos

estarán como graves

e ingrávidas abejas

cargados con su flor

y danzarán su danza

del vuelo de la flor

en el enjambre

explicándome todo.

Para que algún poema sea, aparte de un pequeño don (Breve estudio acerca de los dones espirituales), un abanico de mil colores que se abra más y más, y tal vez, llegue hasta lo verdadero (La forma del conocimiento del amor en Sócrates).

La poesía tiene que perdonarme; a lo largo del tiempo le di pocos, muy pocos versos de amor, si los comparo con los versos fúnebres, con los metafísicos, con los que no encuentran clasificación y con los directamente olvidables que escribí (Amar y sufrir en grande).

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Gran Hermano Pequeño

En diciembre de 1983 (La década de los ‘80) yo, una joven madre de dos niños de 6 y 9 años (La madre en César Vallejo) -Ignacio y Mane- hacía cuentas para resolver si podríamos comprar un billete del Gordo de Año Nuevo de la Lotería Nacional (El conflicto de las Pascuas)

Jugamos varios días a apostar entre nosotros sobre el número que probablemente saldría (Dios y el azar).

Uno de mis hijos dijo: “Y, si termina 1983, seguro saldrá 1984″ (Cerebro Triuno).

Lógica absoluta: no pude comprar ningún billete, pero salió el 01984.

Esa noche leí en el diario que Borges, consultado sobre tan importante coincidencia, hablaba sobre una famosa novela que yo no conocía: 1984, de George Orwell (El Pensamiento Humano).

Compré el libro.

En un primer momento creí que se trataba de ciencia ficción; en un segundo momento, de futurología; en un tercer momento, de historia-ficción.

Finalmente resolví que era una gran, hermosa y maligna distopía, porque yo había aprendido esa palabra en mis cursos de letras.

Una distopía es todo lo contrario a una utopía, o es una utopía con el signo contrario, el del mal.

Es una visión del futuro mirado con pésima cara, no con la iluminación de la utopía (La Revolución Bolivariana y los mitos americanos).

Pero, sinceramente, ¿quién podría mirar hacia el futuro y que sus rasgos resplandezcan con todos los antecedentes que tenemos de él?

Es como apostar por un asesino convicto de interminables crímenes.

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¿Y si conoces esta noche al Diablo?

Transcribo este poema sólo como advertencia a toda  jovencita (El enigma de la mujer). El poema y yo somos muy viejos (Historia de la Poesía), el Diablo no (Bailando con el diablo - Cazadores Oscuros 6):

Mi amante anda por allí sabiendo que yo ando (¿Ya está listo?)

por aquí, y que es inevitable,

quizá, que nos crucemos

o que todos los puentes se deshagan; (“Romance de Lobos”)

porque no conocemos nuestros rostros (La ignorancia y el miedo)

y somos como flores en lo oscuro

escudriñando lluvias y tormentas.

Esta mañana

vi la fotografía de un extraño,

por la tarde charlé con un desconocido;

ninguno de ellos era mi amante o tal vez sí

y nuestro amor ha muerto sin nacer,

ha muerto nuestro amor hoy sin orillas.

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La medalla de oro

A veces pienso que he deseado muy poco todo aquello que se denomina “oro” (Un sueño… Una búsqueda… La realidad).

Tal vez deseé con ganas una medalla de ese metal que era el premio en un torneo de poesía provincial, intercolegial, cuando tenía quince años (Motivación y enseñanza).

Y la obtuve, la tuve en mi mano -era bastante grandecita y pesada-, salí en el diario como medalla de oro colegial y provincial, y finalmente la guardé. ¿Qué se hace con una medalla de oro? ¿Acaso no se hizo para ser guardada? (La neomicrohistoria).

Un tiempo después me casé y tuve un hijo casi inmediatamente (Embarazo adolescente).

El que entonces era mi marido se llamaba Matías, era titiritero -algún día voy a hablar del gran artista que fue y de su arte-; mi primer hijo se llama Ignacio y por la época de mi cuento tenía unos dos años.

Las cosas iban muy mal en cuanto a “dinero”; Matías tenía pocas funciones, y pagadas con céntimos.

Nos habían prestado un departamento que quedaba en un segundo piso frente a la terminal de ómnibus de la ciudad -Santa Fe, capital.

Ahora están de moda esos hábitats urbanos, de un solo ambiente grande.

Lo decoramos con lo que nos regalaron amigos y parientes; no teníamos idea de cómo hacerlo de modo que no pareciera la escenografía de una obra dramática, y eso parecía.

Un espectacular ropero de roble de tres espectaculares lunas que había sido de mi abuela y testigo de mi infancia narcisista reproducía lo que recuerdo como muy gris; bibliotecas hechas con ladrillos huecos -porque eso sí, libros teníamos y muchos- parecían contener todo el polvo y la tristeza del mundo.

Sentíamos a menudo al estómago pidiéndonos un poco más, y sobre todo a Ignacio pidiéndonos un poco más.

Había una mesa muy teatral y pequeña junto al ventanal que miraba a la estación.

A esa mesa estábamos sentados los tres siempre tratando temas culinarios.

Ignacio hablaba ya muy bien y ponía a consideración sus ideas.

Ese día la idea de Ignacio compartida por sus papás consistía en un magnífico sándwich de jamón, queso, mayonesa, tomate y no sé qué otras delicias (Origen y evolución del servicio de alimentos y bebidas).

De pronto recordé algo y encontré el modo de que nuestro sándwich se convirtiera mágicamente en realidad: “Abracadabra pata de cabra”, decíamos entonces (Narraciones infantiles…).

Les dije a padre e hijo: espérenme sentados aquí, ya vuelvo con el pan, el queso y el jamón.

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