Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

El gato negro

Con todo y mi vasta ignorancia (Rawls: el velo de ignorancia), en especial en temas de psicoanálisis (Psicoanálisis general), he leído a Freud -como quien lee una novela policial (Biografía de Sigmund Freud)- y a Lacan -como quien lee a un poeta raro (A partir de la metáfora - Jacques Lacan).

De todos modos, en el fondo de mí, estaba mi deseo de entenderlos (La enseñanza para la comprensión).

A Lacan quería entenderlo, literalmente, y no podía (Comprensión lectora).

Comprendía lo que leía de Freud, pero había un lugar al que su lectura no me conducía: justo, justo, a su Inconsciente, ni más ni menos que a su continente oculto (El inconsciente).

Era una mitología, una historia de dioses, semidioses, hombres y semihombres lo que encontraba en Freud, y no sentía la presencia del Inconsciente ni en mí ni en sus escritos (Teorías de la Mitología).

Tal como se pide por la fe en una religión, yo casi rezaba por creer (La resiliencia de la fe).

En mis desciframientos de Lacan creí llegar a saber que el inconsciente se manifestaba cuando mostraba “su garra”; que si no, estaba quieto y no existía. Es seguro que me equivoco y Lacan no intentó expresar esto, pero me pareció un buen punto de partida…

¿un buen punto de partida para qué?

Para hacerme de un inconsciente, pues, ya que el mío, como una deidad caprichosa, no se manifestaba. O yo creía que no se manifestaba, que es lo mismo para no comprender.

Entonces yo, que estoy más bien hecha de madera de libros y de literatura, me crucé con “El gato negro”, el cuento de Edgar Allan Poe.

No se puede explicar por qué ya en su principio, “El gato negro” me explicó lo que es el Inconsciente mío, tuyo, de la humanidad, de nosotros.

Eso es algo que ustedes tienen que examinar.

Yo quería escribir una novela, o un libro de cuentos, para niños.

Consideraba que, para un niño, cualquier sustancia podía salir del interior del papel; un mundo entero, diferente a todo lo que se ve, y hasta el mar, puesto que ya el papel blanco, al apenas mirarlo, me llevaba hacia “La sirenita”, uno de mis relatos preferidos de la infancia.

Y yo me veía ir -todavía estamos ante la página en blanco, sin el más débil borrón- caminando, en uno de mis paseos nocturnos acompañada por mis padres por la playa.

Iba siguiendo con ellos la luna, iba siguiendo las sombras de las cosas, pero yo no era siquiera el pobrecito Hansel, ni la valiente Gretel, y sin ninguna rebeldía volvía junto a mamá y papá a la casa que ellos habían alquilado para pasar el verano a la orilla del mar.

Los dueños de la casa nos la habían alquilado amueblada, y entre otros objetos extravagantes que allí dejaron descubrí una biblioteca.

Esa noche yo había caído en entrañable devoción por la luna, por su definición en el cielo, como una luna de dibujo animado; a la vez, me había invadido una paz incomparable.

Busqué entre los libros de esa biblioteca y hallé uno cuyo título, no sé por qué, me prometió continuar con  el encantamiento del paseo, “El gato negro”.

No sé si entendí la historia; no sé si en ese entonces, digo, la entendí; pero después seguí leyéndola, año tras año la tuve entre mis lecturas preferidas, a veces un año sí y un año no, hasta ahora, que tengo el libro acá, a mi lado, entre los papeles que imprimo, leo, corrijo y después borro en la computadora.

Y me parece que el papel me estuviera diciendo cosas más allá de sí mismo, de mí misma, sobre el hecho de que mi primer intento de empezar esta historia como un cuento de hadas haya fracasado rotundamente.

Es decir, haya ido a dar en un relato que sería de terribles consecuencias sobre la psiquis de un niño, dicen.

El papel también me dice: “En otra cosa no podría ir a dar“. Y es claro, lo que tengo que contar no tiene prados ni pájaros adivinos, y tampoco lo siniestro de la historia se alivia con una casa de tejas y paredes de chocolate y confitado jardín. Más bien se parece, pero sacándole lo sobrenatural, al cuento que mencioné, de Poe.

Y hasta pensándolo bien, el principio de “El gato negro” es el más adecuado para mi historia.

Comienzo de “El gato negro”, de Edgar Allan Poe

“No espero ni pido que nadie crea el extravagante pero sencillo relato que me dispongo a escribir. Loco estaría, de veras, si lo esperase, cuando mis sentidos rechazan su propia evidencia. Sin embargo, no estoy loco, y ciertamente no sueño. Pero mañana moriré y hoy quiero aliviar mi alma. Mi propósito inmediato es presentar al mundo clara, sucintamente y sin comentarios, una serie de episodios domésticos. Las consecuencias de estos episodios me han aterrorizado, me han torturado, me han destruido. No obstante, no trataré de interpretarlos. Para mí han significado poco; salvo el horror, a muchos les parecerán más barrocos que terribles. En el futuro, tal vez aparezca alguien cuya inteligencia reduzca mis fantasmas a lugares comunes, una inteligencia más tranquila, más lógica y mucho menos excitable que la mía, capaz de ver en las circunstancias que detallo con temor sólo una sucesión ordinaria de causas y efectos naturales”.

Yo escribí la novela, que fue un fracaso en los concursos y en las editoriales y que descansa, muerta, entre mis papeles.

Pero, para Poe, ese alguien de inteligencia más tranquila, más lógica y mucho menos excitable que la suya, apareció: Sigmund Freud!

Y hasta sospecho que, cuando no aparecen “sucesos terribles y bizarros”, el inconsciente me habla, a mí, por lo menos, con enfermedades y síntomas que alejan esos sucesos a su dimensión más justa. Hoy, por ejemplo.

Abrazos reconfortantes a todos los que están leyendo, y especiales a Celestino, José Itriago  y Joise, más Fabiana.

Mora

Monografias

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Comentarios

4 respuestas a “El gato negro”
  1. lise salazar dice:

    Ciertamente Poe sufría como muchos de sus personajes de “overacuteness of the senses” como señalaba él. Esa sobreexcitación ansiosa y agotadora, esa gran capacidad de percepción lo llevaron en gran medida a escribir su gran obra. Pero fueron también su perdición y tormento. El alchool lo llevaba a calmar su posiblemente terrible ansiedad. Hoy día posiblemente sería diagnosticado como paciente de algún desorden siquiatrico como manía -depresiva.
    Y ciertamente Poe ilustra mejor q nadie eso que llamamos inconsciente. Sobre Freud y Lacan una se pregunta si estos autores realmente querían q la gente entenddiera lo que querían decir. Freud al menos parece sincero. Sobre Lacan pienso q sus escritos son un juego críptico de palabras usando a Freud. Así ha podido mantenerse como el sumo sacerdote de una pseudo-religión con sus acólitos, hoy día sobrepasada por el avance de la neurociencia. Freud era un médico y un escritor brillante, Lacan un malabarista del lenguaje muy muy ingenioso. Poe, uno de los grandes de la literatura universal.

  2. José Gros dice:

    Hola: el psicoanálisis es algo inventado por un médico neurólogo, y pese a la opinión de Sigmund Freud de que podría admitir en su sociedad psicoanalítica internacional, tras un adeccuado ‘análisis didáctico’ a gentes que no fuesen médicos, Sigmund Freud llegó a las imprentas y muchos sitios más, pero no a los: ‘Boletines Oficiales del Estado’, que son quienes tienen la última palabra en definir quién puede tratar pacientes, porque el psicoanálisis es una teoría psicopatológica que quiere explicar el funcionamiento básico de la mente, pero a partir de disfunciones, sobre las que propone unos mecanismos de aparición, y un abordaje para su tratamiento.

    ¿Deben ‘psico-analizarse’ todos? Los psicoanalistas, por la cuenta que els trae, dirán que sí. ¿Deben todos hacerse un: ‘Full Genome Sequencing’?, ‘I say, no, no, no…’, a ambas propuestas, entre otras cosas porque la simple presencia en el despacho del analista pone en marcha la ‘transferencia’, se le toma por figura de autoridad, figura parental y eso supone encuadrarse en la cadena o pirámide de poder, de mando, en la que esté incrustado el terapeuta, poder casi siempre oculto, muchas veces hostil al que acude sin saber muy bien a qué o sus consecuencias, se sabe cuando empieza un análisis, nunca cuando termina, y sobre los aspectos esotéricos de la ‘terapia’, que los tiene muy importantes, basta leer el artículo ‘Terapia’ en Wikipedia, por eso autorizan que se anuncien en las misma páginas y en las mismas revistas pitonisas y terapeutas.
    Alguien, devoto de Leon Trotsky, me comentó que debía dejar que me mostrasen los aspectos negativos o las posibilidades de destrucción en mi propia mente, la respuesta fue: ‘Yo puedo demostrate que dentro de tí hay un epiléptico, un canceroso, no le veo la gracia a tu propuesta’.
    Felipe IV dijo con tino: ‘De medicina se sabe poco, pero lo poco que se sabe, lo saben los médicos’, hoy se va sabiendo más, pero se lo siguen sabiendo los médicos.
    Si no hay disfunción mental, es decir, si la persona no tiene un sufrimiento en ese ámbito de la salud que le haga pedir ayuda, o los que le rodean no piensan que tenga una conducta groseramente alterada que le pone en peligro a él o a terceros, o a sus bienes,eso es la propuesta de la anti-psiquiatría, para lo cual hay procedimientos legales, si tiene un trabajo adecuadamente remunerado que le permite vivir, o está en búsqueda activa de empleo, no ha lugar a visita ninguna, que hay mucho émulo del profesor Rodríguez-Delgado, que hacía embestir a una vaquilla, para detenerla con una señal de radio que a través de un receptor en el animal enviaba corrientes a ciertas zonas del cerebro de la vaquilla, ‘una sociedad psico-civlizada’ era una de las propuestas de Rdez-Delgado, y C G Jung, en una de las entrevistas filmadas que recopiló Shalomon Shang el año 2007 (título: Carl Gustav Jung), indica abiertamente que algunos terapeutas ‘mutilan’ a sus clientes/víctimas.
    C G Jung, que aportó a S Freud el método de las asociaciones libres, y del que el traductor al español de S Freud, Ramón Rey Ardid, indicó que su psicoterapia de robustecimiento del yo era más util en el entorno hispano que la dinámica; el único discípulo, que no ‘discépolo’, directo español de S Freud, Ramón Sarró Burbano, escribió que respecto a Freud prefería que le tuviesen por parricida antes que por discípulo, parece que CG Jung estuvo prohibido en los EEUU.
    Dado que cosas básicas como que los antipsicóticos difieren en su actividad anti-toxoplasma, un parásito intracelular que induce algo parecido a psicosis en roedores, y que son principios básicos de la buena práctica clínica que todo es orgánico mientras no se demuestre lo contrario, y lo psicológico (¿Qué es la psique, aparte de la novia de Cupido?) como poco se acompaña de un sustrato de cambios epigenéticos, y que deben prevalecer la autonomía del paciente, la beneficiencia y la no-maleficiencia, los principios de la declaración de Helsinki sobre investigaciones en personas son de aplicación a la clínica diaria, cuando se hace una epxloración, un ‘test’, una prueba, se deb indicar al explorado la naturaleza de la epxloración, su contenido, alcance y consecuencias, y el uso que se hará de los resultados, a proteger junto con los derechos de acceso, cancelación, rectificación y posición a datos de carácter pesonal que prescribe la LO 15/1999 de 13 de diciembre, de protección de datos de carácter personal’. ‘Psicología clínica’, ya no es ‘logos’ es ‘iatros’, por tanto, medicina, las primeras normas sobre estudios en personas las emitió el gobierno prusiano en el siglo XIX, tras que el médico Neisser inoculase con sífilis a varias decenas de personas para probar una vacua que inventó, pues lo prudente y lo legal, ante toda enfermedad mental, y lo serían todas las categorías incluidas y descritas en las diversas ediciones de los DSM, nacidos al calor de los RDC de Robert Spitzer, con ayuda de su mujer Janet B Williams, pues algunos y algunas deberían considerar abandonar ciertas actividades, ‘primum non nocere’, el bulo que han hecho circular, de que la medicación psiquiátrica destruye la personalidad, es al revés, la psicoterapia se basa en que hay aspectos erróneos en el desarrollo personal que hay que eliminar, eventualmente mediante la ‘vuleta a trás’, la regresión y luego reconstrucción o reforma, casi nunca cumpliría la gente que vive de la cuasi-esotérica terapia o análisis, el principio de BPC de indicar diagnóstico, riesgos y ventajas del enfoque propuesto, e, igualmente imprtante, las diversas alternativas existentes, ahí o en otro despacho; ciertas praxis no estarían ‘fuera de la ley’, sino dentro, incursas en hechos tipificados.
    El psicoanálisis no es una antropología, no es una filosofia, no es una ética, no es un sustituto de la religión, o una racionalización para eliminar conflictos morales, que no es lo mismo una duda ética, que un conflicto inconsciente entre el ‘ello y el ’super-ego’, que un ‘yo’='ego’, una parte del: ‘id’, poco desarrollado o dañado no puede resolver, es una técnica de exploración y tratamiento médicos, y solo la deben usar médicos autorizados a ejercer; como existe, y se tiene por válido, el ‘autoanálisis’, S Freud lo practicó, la ‘terapia autógena’, pues ni el ‘psicoanálisis didáctico’ sería ya necesario, no hay que pagar pleitesía a los guardianes de la pureza y los auto-justificados herederos exclusivos de las aportaciones de S Freud a la ciencia médica.

    No sólo los montoneros y afines, y la psiquiatría soviética, hicieron uso de la ciencia psicológica y psiquiátrica como medio de control de la disidencia, con ocasión del fin de la II GM; un psiquiatra de la US Army propuso, sería con la idea de borrar de su mente el NSDAP, dar un electro-shock a todo alemán que en mayo de 1945 tuviese 14 años de edad o más; hasta donde llegó tal propuesta, es, evidentemente, secreto de estado, y la ‘razón de estado’ no es otra cosa que el deseo de los que detentan el poder de seguir okupándolo y disfrutandolo de generación en generación.

    ‘Ideología’ es siempre una vision sesgada de la realidad, una visión auto-referencial, ( ‘auto-referencial’ es un término de la epistemología, por más que algun obispo parece que lo pase al mundo de la lista de pecados), que se emplea como racionalización para intentar dar apariencia de construcción lógica y ética válida a propuestas o acciones que casi todos los demás, salvo sus abuelitas y amigotes, claro-, tienen por completamente inaceptables, del análisis se haría demasiado uso ideológico, y no serían normales cosas como lo que ví en el ‘metro’: dos mujeres con acento porteño hablando de temas de análisis en el tono en que los moralistas discutirían sobre el género de los ángeles o la pre-ante-or-destinación. El undécimo, ‘no molestar’. ‘Su caso es tristísimo, pero eso pasa hasta en las mejores familias, no me cuente usted su caso’, +salut

  3. Julio Sanabria dice:

    Mara Torres: Mi opinión sobre tu pluma, la forma de escribir y el gusto por las expresiones precisas con sus referentes, revelan toda una tradición maravillosa basada en la lectura. Envidio a los privilegiados que disfrutan de tu amistad, a los que que te tienen cerca y pueden aprender mucho de ti. Te felicito..

  4. Joise Morillo dice:

    Hola, excelente Mora, José Gros, con súper yo y yo define al superconsciente y al consciente, mientras el ego absoluto es la representación de inconsciente, todo un solipsismo propio de una conducta temperamental y ausencia de carácter. Yo primero, segundo y por último…yo!

    Os ama
    Joise



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