Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Museo fantasma

Hay un museo de cosas que tienen sonidos y colores (Vasijas y ladrones), que tienen algo que decir sutilmente, y que, por una coherencia muy lógica, queda en un lugar lejanísimo y sin mapa adonde no se puede llegar… (Ideas sobre la complejidad del mundo).

Para no confundir, es necesario afirmar que no se parece en nada al de Madame Tussauds, por ejemplo, museo turístico más bien que es como una brisa fina en la espalda, apenas. Fundado por la escultora Tussauds en Londres en 1835, produce un agradable terror que no quiere decir muchas cosas, aunque venga del siglo de los fantasmas.

Son gestos sutiles, pero no lo que quiero decir.

Tampoco es un museo del crimen. Hace pocos días salió en los diarios esta impactante información: “Abre a todo el público el macabro museo del crimen”. Y más abajo: “Máscaras mortuorias, sogas de horca, pistolas y hasta cálculos biliares serán exhibidos en Londres” -los cálculos biliares son los únicos restos de una víctima de “El asesino del ácido” (Una cultura de la (des)memoria).

Ni de investigaciones criminológicas ni de investigaciones para investigar, ni de la historia del ADN ni de las huellas dactilares, bellas marcas de Dios y de ladrones (Impresiones digitales).

Es como un libro que un día planeamos con un amigo, Jorge Cappato. Yo recogería mediante encuestas públicas los sueños más hermosos del mundo, y él los ilustraría con fotografías. No lo hicimos, por suerte, porque estoy segura que su concreción hubiera quedado tan lejos de su plan como las estrellas quedan lejos del fondo del mar.

Tampoco podría representarse lo que quiero decir con los exiliados de la guerra del 14, en Zurich, que pudieron al fin revelarse y rebelarse fundando el movimiento dadaísta, ni tampoco podría representarse con el gesto magnífico de que en esa ciudad suiza Hugo Ball jugara largas partidas de ajedrez con Lenin por ese mismo tiempo (Revolución Rusa).

Es como un museo de esperpentos o de objetos imposibles, el que formó en su casa el autor de Greguerías, y que fue la mejor de sus obras aunque era un buen autor. En el museo de Don Ramón Gómez de la Serna (Géneros literarios) había “bolas lucientes de pasamanos de escaleras, una estrella de mar disecada, un candelabro de velas ante el que surgía la figura de cartón de Gerard de Nerval”. Había también un par de “anillos del diablo, que compré en Madrid”.

Nada de todo eso es todavía lo que quiero decir, y es que no lo voy a poder decir nunca, porque ese sello, esa impronta con la que cada uno de nosotros modifica la tierra es intraducible a cualquier idioma literario o artístico… y entonces ¿sobre qué estoy escribiendo, amigos míos?

No sobre un pájaro ni sobre su vuelo sino sobre el instante preciso en que se pone en marcha para ser pájaro volando, que dura menos de un segundo.

Dicen que Dios -dicen que Dios si acaso existe- reconoce y distingue el rostro de cada una de las hormigas.

Y aun sin que hubiera Dios, eso tal vez quiero decir…

El orgullo de ser yo, el orgullo de tener amigos como ustedes que, por ejemplo, como José Itriago, con su escritura me ha descubierto el rostro, ya que nunca nos vimos y nos conocemos hasta físicamente y sin videos ni fotografías.

Pero todavía no es esto. No es el mal, no es el amor mortal.

Creo que podríamos acercarnos a definir lo indefinible leyendo un ensayo sobre Marcel Proust, escrito por George D. Painter -en realidad es una biografía:

“…(Proust) nos revela que ha descubierto el tema de su futura novela, aun sin darse plena cuenta de ello. La ‘idolatría’ y su superación, que representa el único camino redentor, son el tema de En busca del tiempo perdido. La inútil búsqueda de Nombres de Lugares y Nombres de Personas, de la amistad e incluso del amor, es la idolatría en que el narrador incurre, es la sumisión a lo efímero en sustitución de lo eterno. La idolatría es tiempo perdido; la verdad oculta tras la cerrada puerta de las imágenes es el Tiempo Recobrado; y la llave que abre esta puerta es la memoria inconsciente”.

…la verdad oculta tras la cerrada puerta de las imágenes

Interpreto lo que dice Painter como que nosotros vemos desde ventanas semiveladas -de esas con vidrios esmerilados por ejemplo- figuras de cartón; las adornamos, las adoramos, las vestimos y pretendemos encontrar revelaciones en sus gestos frívolos o muertos.

Cuando vemos la verdad hemos crecido y los ídolos caen: Proust se acerca con pasos de cazador hacia los despojos de las duquesas y los hombres de mundo elegantes o geniales. Los atrapa y, como cada uno de nosotros, se mira en el espejo de su cacería: mi misma mirada perdida, desesperada, encuentro en cualquier animal de la selva, y entonces sé quién es.

Es pura casualidad, pero hace muchísimos años, antes de que Painter publicara su hermosa biografía de Marcel Proust, publiqué yo este poema -Swan es uno de los personajes protagónicos de En busca del tiempo perdido:

Swan

¿A qué distancia de tu tumba

está la tumba de Marcel?

¿Puede medirse esa región

o, inhabitada por el amor de Odette,

por el perfume de la princesa de les Laumes,

es el abismo

donde somos hermanos?

Y si puede medirse, puesto que no eres

Swan más que en una parte de tu ser,

en ésa en la que extraes de la música

una brizna o un tallo

para sorber en tu prisión de muerto,

y si puede medirse, digo, entonces

entre raíces que forman una casa, una trampa, un asilo,

mezclado en tus exequias,

¿quién de nosotros no está allí también?

Envío

Descanso mi lápiz, los saludo. No sé si entendieron algo o se quedaron como yo, jugando con una sola mariposa pero con sus dos alas, después de haber leído lo que escribí.

Abrazos

Mora

Monografias

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Comentarios

2 respuestas a “Museo fantasma”
  1. Joise Morillo dice:

    Saludos querida

    Encantador dilema.

    La historia nos enseña, nos enajena, o nos hace más vivible la vida. La pluma, la báscula diacrónica del artista, que observa, critica, denuncia y, en potencia transforma la perversidad. El genio, aunque deteste lo anacrónico, desafortunadamente, también puede ser anárquico.

    Existe una sola forma de ser libre, es, no tener que hacer nada para serlo, de otra forma la libertad es subjetiva.

    Un ejemplo: Nacer, aquí la naturaleza ha hecho todo el trabajo.

    Ergo, empero: ¿quién creo la naturaleza y todos sus elementos en el Universo? He ahí el dilema, diría el bardo de Avon..

    ¡¿Gracias a Dios que soy ateo?!

    Os ama

    Joise

  2. Joise Morillo dice:

    Hola otra vez, querida Mora

    - Algo curioso, ¿será que Proust vivía o le gustaba Australia? Porque Swan es el rio que cruza totalmente la ciudad más bella y organizada de Australia: Perth, tuve el agrado y el placer de conocerle y atravesarle diariamente por casi un mes.

    - La expresión !Gracias a Dios que soy ateo! Es algo sarcástico del gran director de cine español : Luis Buñuel.

    Os ama

    Joise



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