Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

El trasvasamiento

Esperen un momento, y lean la parte lírica de lo que les envío (La poesía lírica). Cuando lleguen a un subtítulo llamado “El trasvasamiento”, allí, justo allí empieza el cuento que puede interesarles (El cuento de terror).

El hacedor de la poesía pretende ser aceptado por la gente, como si su tentáculo, que él ha hecho visible y muestra con orgullo, pudiera ser aceptado en buena sociedad (Estatuto de poeta).

¿No ha advertido los estremecimientos de la gente cuando un pulpo, por cualquier motivo, les anda caminando por un brazo? (Corazón de Sur Infinito).

¿Y tampoco el rechazo de la gente de menor cultura por los frutos de mar? (La maldición de Yavé).

Este hacedor cree que sus descripciones sobre los jardines del mar y las luchas crueles de los peces entre las rocas más profundas pueden integrarse convencionalmente a una charla de sobremesa. Y no. Con el agravante de que esto es sólo una metáfora: él no es un buzo de las profundidades sino de los abismos de la altura (Pepina y sus Historias en isla Humos). Los peces que menciona fácilmente podrían ser catalogados como ángeles en cualquier enciclopedia… (Diccionarios y enciclopedias).

El trasvasamiento

Vivo en una cabina telefónica, en una de ésas que existieron en Buenos Aires en los 70 y los 80, que en los 90 modernizaron y que en el siglo XXI desaparecieron.

Pero la mía está viva, erigida en una calle de Recoleta, mucho más vieja que muchas de las construcciones que la rodean y, sospecho, invisible a los paseantes.

Tiene rotos dos vidrios y me congelo o casi me congelo sentada en la banqueta o hablando por teléfono en los meses de invierno. Porque lo raro es que el teléfono es de esos que ya no existen en ninguna parte de la ciudad, pero funciona.

Parece loco, pero yo siempre disco el mismo número para escuchar la misma voz, una voz que quiero descifrar lo que me está diciendo.

Sé que casi seguro todo esto, sin que yo sepa cómo, sucede en el pasado.

Mi vida consiste en tan pocas cosas que es casi tener una esperanza imaginar que sucede en el pasado. Estoy sentada en una incómoda banqueta tratando de comunicarme con alguien y nunca lo consigo, tal es en esencia mi vida. Con alguien que es siempre el mismo pero cuyas palabras no alcanzo a oír, aunque suenan como una amenaza.

Hace muchos años que me sucede esto. Hace unos veinte años, cuando este tipo de teléfono público era reciente en Buenos Aires, todos pintados de amarillo. Al principio llamaban la atención por lo bonitos, porque parecían un juguete de niño recién comprado, recién laqueado y casi fosforecente. Con el tiempo se convirtieron en ruinas y con más tiempo, como dije, desaparecieron; sólo quedó el mío en la plaza; el mío, y yo.

Creo que todo ocurrió por una especie de trasvasamiento, si bien no estoy segura de que esté bien usada en este contexto esa palabra. Trasvasamiento de la vida cotidiana a la vida de los sueños, digo.

Porque yo antes tenía una vida diferente. Me levantaba temprano, desayunaba con mi pareja, me vestía y me iba a trabajar. Tenía amigas y amigos y los veía al salir del trabajo. Los sábados y domingos íbamos con mi pareja a un concierto o una exposición gratuitos de esos que a menudo había en Buenos Aires, y después íbamos a comer con otra pareja, o al cine.

No entiendo que era una vida plena, pero era una vida mejor que ésta, que empezó inocentemente con un sueño. Un sueño que se empezó a repetir hasta que ya no tuve más sueños que ése: iba a una cabina telefónica, discaba, alguien cuya voz me recordaba profundamente a alguien atendía, me reconocía, me decía unas palabras poco claras en las que se advertía una fiera amenaza, y me cortaba.

Todos los días lo soñé desde entonces, todos los días al despertar intenté descifrarlo. Todos los días les pedí ayuda a mi pareja y mis amigos para intentarlo. No conseguí hacerlo, pero el sueño seguía exactamente igual; las palabras que no entendía eran iguales. La cabina telefónica, aunque pasaban los años, era la misma, no la reformaban como a las otras. Después, cuando las otras cabinas desaparecieron, ella siguió impertérrita y con el teléfono funcionando.

Era un misterio.

Era un misterio que se repitiera continuamente el sueño, que las palabras fueran las mismas pero inaudibles y que se notara que eran una amenaza, y por qué.

Aunque descubrí mucho después que un sueño repetido no es un gran misterio, ni algo tan fuera de lo común.

Tampoco es tan raro que la pareja y los amigos se harten de que todos los días uno les relate exactamente el mismo sueño.

Lo extraño es que te expulsen de la vida y te metan adentro de un sueño para siempre… Es decir, yo sueño que desayuno con mi pareja, que voy a trabajar, que converso con mis amigos, que los fines de semana voy a un concierto.

Pero mi verdadera vida transcurre dentro de una cabina telefónica amarilla pasada de moda cuyo teléfono todavía funciona, tiene dos vidrios rotos la cabina y en invierno con el viento que hay me muero de frío, porque era verano cuando me mudé a este lugar y tenía puesto un vestidito floreado de algodón, sin mangas.

Es verdadero lo que dicen de los cuentos de Kafka, que por sencillos son terroríficos. Puedo jurarlo desde su interior.

Muchos abrazos, mis amigos

Mora

Monografias

Si le ha gustado esta entrada, por favor considere dejar un comentario o suscríbase al feed y reciba las actualizaciones regularmente.

Comentarios

5 respuestas a “El trasvasamiento”
  1. Joise Morillo dice:

    Cenicienta

    Quiero comer pan, ¡no como!
    Huele a rosa
    Me figuro que me hiere
    Que me unta, cualquier cosa.

    Lo libelos y las arcas que me guardan tanta historia;
    Me entretienen, me consuelan,
    Más, no me hace ver la gloria.

    En cambio vos,
    Tan nefasta, querellosa, tan grotesca, tan bufona
    Regodeas la maldad, compartís si os sobra
    Empero, me hacéis olvidar que me siento descontento.

    Sois salvaje, así os quiero
    Sois mugrientas, os comprendo, odio vuestra desventura
    tampoco admiro vuestro cuerpo
    Sino, vuestro silencio.

    Que no ofende, que no hiere, que comprende la miseria,
    La ignorancia, el sufrimiento,
    Compadece al que sufre
    ofreciendo algún sustento.

    Mientras otros en sus carrozas regodean su ostento
    Vos, mal oliente;
    Elaboráis, un refugio, un convento.

    Os ama

    JOISE

  2. luis b martinez dice:

    Una bellísima historia bellamente contada con la simplicidad más perfecta. Un dibujo sin maripositas ni almíbar. Un fruto seco y delicioso que pasa por la garganta sin esfuerzo alguno Un relato digno de admirar. Gracias,

  3. fabi risso dice:

    En la cabina de la vida, el trasvasamiento acecha.
    Ví un par de fotos de la ciudad de la furia, Bs As aquí.
    Me gustó

  4. Carlos Manuel Balán Carballo dice:

    El autor deja vaciar su vida a partir de un sueño, lo cual cuenta con bellas metáforas. Ese trasvasamiento es una forma de escapar de la realidad sin dejar de estar presente en ella.

  5. felipe humberto rizzo dice:

    LA CÁRCEL
    Nunca supe él porqué ni cuando fuí encerrado. ¿Que deleznable crimen cometí para merecer tan cruel castigo? nunca conocí al juez ni al duro carcelero.
    Solo cuatro pétreos muros y ninguna ventana. Gruesas y oxidadas rejas por infranqueable salida. Áspero y húmedo piso y ningún camastro. Penumbra por Sol. Fetidéz por aire puro. ¿Por compañero? un viejo y decrépito vagabundo.
    ¿Qué hago yo acá? Soy joven, lleno de vida y de proyectos. Recién estoy comenzando a descubrir el mundo, solo he recorrido escasos pasos y me faltan muchos por caminar.
    ¡Quiero salir! No aguanto un minuto más este encierro.
    ¡Grito! ¿Grito! ¡Grito!………, fueron tantos los gritos que ya no tengo voz.
    ¡Silencio! Solo silencio. Solo el agitado y desacompasado respirar del viejo vagabundo por respuesta.
    Un fuerte puñetazo, un rastro de sangre tiñendo de rojo las oscuras paredes. Un fuerte empujón y mi dolorida humanidad cayendo y rodando sobre las ásperas losas. Se me agotan las fuerzas. Cansado, dolido y lastimado, me arrastro lentamente hasta el rincón donde yace el lastimoso viejo, me abrazo fuertemente hasta fundirme con su cuerpo, compartir su débil corazón su ajado rostro y sus dolores.
    Y, ¿oh, sorpresa! su mente sigue viva, derrocha sueños y esperanzas. Al igual que yo, anhela vehementemente escapar de su encierro y volver a correr libremente. Descubro que sus alforjas intelectuales están preñadas de ideas y proyectos. Ansía enfrentar el desconocido futuro. No teme ni esquiva los duros desafíos del vivir. Sin embargo el desconocido y cruel carcelero frustra nuestras ilusiones, no nos permite escapar de los años vividos, castigándonos cada vez con mayor dureza a permanecer recluidos hasta nuestra muerte, dentro de esa prisión llamada vejez.
    Hoy, con espanto descubrí: el anciano vagabundo, ¡Yo!; ¿la cárcel? su decrépito cuerpo; ¿ y el joven rebelde?, mi mente, la que pese a los años no ha perdido su brillo y busca desesperadamente huir de su cruel destino
    La admiro, sinceramente Felipe H. Rizzo



Deje su comentario

Debe para dejar un comentario.

chatroulette chatrandom