Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Carta a la psicóloga forense

Como siempre, en mis viejos cuadernos encuentro relatos nuevos (Fragmento del diccionario de la evolución). Quiero decir, me he olvidado de haberlos escrito alguna vez… (La memoria y el olvido).

Esta, al parecer, es la historia de una joven que está presa (Prontuario criminal).

La joven le escribe a la psicóloga que le han asignado (La psicología y la psiquiatría forense), y a la vez conversa con Clara, que es sencillamente una estrella, en el cielo, con la que charla desde que era una niña (Astrología Religiosa).

Nada más bizarro (Esquizofrenia).

Nada más inocente (Judas ¡Inocente! -Ensayo).

¿Compartimos?

Comienzo de la carta-relato

El patio es gris, gris es el patio; todos los hombres matan lo que aman. Pero yo no soy hombre, soy mujer. No seas bestia, Clara. Él se refería a la humanidad. Todos los hombres, con un palo o un suspiro. No sé, no era así. No seas bruta, Clara.

Bruta es una palabra vulgar, es como Te Amo escrito con heces en el baño. Allí está escrito. También hay gotas de sangre en la pared. Rodean con sangre la obra.

¿Por qué no estás de día, cuando nos traen al patio, Clara?

El patio es gris, gris es el patio; me bloqueo apenas escribo la palabra patio. Hay noches en las que salís en el techo de la celda. Hay veces en las que no te callás adentro de mí. Hay otras veces en las que me envenenás con tu silencio; una tinta ponzoñosa, mugrienta. Tu silencio mientras Ellas hablan; les das lugar a que hablen cuando callás. Sé que lo hacés adrede; siempre fuiste maligna Estrella; siempre cruel. Me trajiste hasta acá; me guiaste como guiaba la estrella de los pastorcitos hasta Dios. Ésa era buena.

Por ahora sólo puedo distinguir lo bueno y lo malo, lo muy blanco o muy gris. Yo si algo tenía es que era sutil, que percibía los matices. Por ahora sólo puedo distinguir lo blanco y lo que llaman negro y es muy gris.

Nunca entendí el amor. El amor no es amor, sí lo entendí. Que lo llamen así. Una pareja de mujeres en la celda se besa con “locura”. Les dura hasta los pasos que vigilan. Se besan y cuando la otra no la ve una extiende la mano y me toca; me llama queriendo atraerme.

Tampoco existe el sexo, nunca lo entendí. Éstas ya deberían estar hastiadas, lo hacen todos los días. Pero siempre una de ellas me llama, y no siempre la misma. Dicen que no son lesbianas; que se hicieron aquí. Que descubrieron no sé qué. Pero en definitiva es un pan amargo para un hambre muy oscura, de siglos. No es apetitoso si no te gusta, no se come simplemente por hambre. Y ellas lo hacen simplemente por hambre; se sacian y me llaman. Como si fuera un postre embrujado; la casa de chocolate de Hansel y Gretel. Cuando ya no se tiene hambre no se come. Por gula sólo se come lo delicioso, lo prohibido, aquello que tiene también significados antagónicos. Agónicos. Agonizan a veces cuando acaban. No sé si es sólo por cansancio; me provocan. Sé muy bien que soy linda como Corina; que le robé la belleza que había tenido de joven cuando la asesiné a los cien años. A los cien años de ella, veinte míos.

Sé muy bien que lo lindo es lo feo lo negro lo blanco lo bueno lo malo el agua el fuego la nieve el sol… escritura automática para escribirle estupideces a mi psicóloga y que ella analice. La psicóloga es rubia, perfumada, de unos treinta años, con algo seductor: ¿la limpieza, el brillo del pelo, la buena comida? (No lo leerás, señorita bella; romperé el papel, haré un barquito que navegará por los ríos de semen, los líquenes de delicado diseño, la bosta de las botas militares, las películas clase B, los adolescentes masturbadores con granitos y leche en la boca, las madres con tetas con olor a huevo recién puesto de gallina. Un barquito con mi escritura-robot, comandado por un robot. Miles de papelitos con un solo papel; en cada letra, en cada tacho de basura donde caigan estará mi crimen.)

Fácil era la vida para los surrealistas; fácil la poesía, el teatro, la épica y los discursos fúnebres. ¡Quien hubiera nacido en Francia el mismo día que Breton, o Aragon o Soupault! Ellos fueron los ejércitos de la página en blanco, este es el silencio que tanto pregonaron: sale mierda de la tinta. Recuerdo la papa asada en la chimenea de la sala redonda de la casa de un amigo rico y los ojos de su perro, Capitán, que se transformaba muchas veces en gato y otras en un fantasma llamado Antonio Gómez, por efecto del humo. Recuerdo algún dato, palabra, cifra. Ya llega la bandeja, es la hora del té. Es posible que un día me calle tanto que lo que escriba sea más brumoso que el verdadero silencio de la muerte.

Sí, recuerdo algún dato, palabra, cifra. Ya llega la bandeja; es la hora del té. Pero los ojos de la muerte me miran desde estas dos amantes enlazadas que llevan el morir en sus huesos; un gesto es de desesperanza, una caricia acaricia el cadáver que acaricia el cadáver. Todos los hombres acarician lo que matan. Todas las mujeres. Todas las muertas me miran como si yo estuviera viva. Peco, les digo, con letras, con sueños. Soñé que mataba a mi abuela. Escribo que la maté. La verdad es que la hice vivir, si no escuchen:

Ella, Corina, desciende por la tapa del techo condecorada por una estrella que no es Clara. Me perfuma. Trae un par de zapatos de tacones muy altos, se los ha colocado como si fueran alas. Pero sirven. Ella vuela los pocos metros de la celda, y sobre las cabezas de las tres ocupantes de la celda. La pareja la mira extrañada, porque no la ven, ven los zapatos como alas, ven el vestido.

Yo que la veo sin problemas construyo su último nido en mis brazos. Ella se duerme como un niño; ya tiene 105 años. Dicen las vecinas: “¡Cómo ha crecido mientras estabas presa!”.

Ahora que se llevaron las sobras de la merienda, mi abuela desapareció entre las sobras.

Ella era una miga de su propio pan, un alimento para ratas pequeñas como yo.

Al fin, cuando pude consumarlo, cuando por fin aquel día dije fin y le clavé la aguja, corrí feliz al baño y me oriné de felicidad en la puerta; en el espejo me esperaba mi mejor cara, mis manos no tenían huellas.

Esperar es horrible. Esperaba el veredicto sentada en la cama de otra celda. Me lo comunicaron. Corina me enseñó a leer. Leímos a todos, pero los surrealistas le gustaban más que todos, más que ninguno. Vaya esta página, señorita psicóloga, en homenaje a la que fue mi abuela, Corina Temperlí Vives, bella, lúcida.

Monografias

Si le ha gustado esta entrada, por favor considere dejar un comentario o suscríbase al feed y reciba las actualizaciones regularmente.

Comentarios

3 respuestas a “Carta a la psicóloga forense”
  1. Jose Itriago dice:

    ¿Cómo sabrán en que tiempo vivo yo?

    Quieren imponerme el de ellos. En su dictadura mental creen que debo pensar, escribir, hablar, bailar y cantar conforme ordene su dictadura mental. Solo debería pensar en esa secuencia, según ese programa, vigente hoy, obsoleto mañana.

    Pero hay cosas bellas que aún carecen de corporeidad. Existen porque pienso que existirán. Pero las sentencian como disparates y existen otras de siglos, decenios o apenas semanas atrás que están presente, cuya estela persiste, con aromas impregnados de esencia real y les extraña que conviva con ellas.

    Y me aferro a unas y otras y desecho las que llaman actuales porque carecen de abolengo o porque son crueles. El mundo de adelante, no sé qué tan adelante tendrá que ser, está expurgado de tanta malignidad, quizá por extinción natural o porque uno aprenderá a elevarse tan alto, que se verán en su dimensión real. La dimensión de los gérmenes, muy dañinos, es verdad, pero que no aguantan un buen antibiótico. No los de ahora, sino los que vendrán.

    Vivo atrás y adelante, sueño y cuando sueño traspaso todo. Lamentablemente no recuerdo los sueños donde sé, estoy seguro, podría encontrar las claves de tanta confusión. Pero cada noche me muevo como pienso sin que nadie me mire raro, voy de imposibles pasados a seguros futuros en apenas milésimas de segundo y entiendo todas las claves que hoy me ocultan.

  2. Pia Elli dice:

    Hola gracias por este relato me encanto!. Quise compartirlo en facebook pero me aparecio la ventana roja titilante que decia: Advertencia: este mensaje contiene contenido bloqueado: No se puede enviar tu mensaje porque incluye contenido que otras personas de Facebook reportaron como ofensivo.
    Bueh me gustaria leerte. Quisiera saber donde. Abrazo

  3. linda verlliui dice:

    Gracias por ser quien eres, y sobre todo no cambia.

    voyance par mail gratuite



Deje su comentario

Debe para dejar un comentario.

chatroulette chatrandom