Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Archivo de Julio, 2015

Papel, tinta, madera, muy cerca de Florencia

Había una fórmula tonta, cuando éramos chicos, que tonta y todo nos divertía a rabiar, porque sí: pin uno, pin dos, pin tres, contábamos hasta llegar a Pin Ocho, y tal vez se nos pasaba el común -y descomunal- aburrimiento de la infancia, que consiste en algunos momentos de insoportable paz (Algunas reflexiones sobre los juegos tradicionales rurales).

Se dice que hay otras fórmulas mágicas, y son para elaborar seres humanos (Hechicería e Imaginario Social) -aparte de la convencional receta de hacer el amor entre una mujer y un hombre bajo ciertas condiciones propicias de la luna (Trilogía del Amor: El Amor, el Odio y los Celos).

Acá dejaremos pasar laboratorios y probetas, clones y científicos cuerdos u orates en busca de una nueva vida (Bioética y genómica), porque no queremos enfocarnos en eso sino en las leyendas y los cuentos fantásticos que hablan de varios atrevidos intentos multiplicadores de gente.

Uno de ellos es el llamado Golem, creado por un rabino en la ciudad de Praga mediante el método terrible de pronunciar con exactitud el nombre verdadero de Dios (Asambleas de pájaros). Y aun así fue un intento fallido; el rabino más bien creó a un homúnculo poco desarrollado que terminó incendiándole la sinagoga (Religiones).

Pero muy cerca de Florencia, Italia, en un pueblito llamado Collodi que es apenas una mancha sobre la ladera de una colina (Ciudades y escritores), un hombre dio a luz dentro de un libro algo bastante más amable que el Golem, un muñeco de madera viviente: Pinocho, claro.

Se trataba de la primera vez que el escritor tomaba la pluma -o la madera del lápiz- para engendrar literatura; él era o había sido periodista y volvió a Collodi para intentar escribir un cuento para niños.

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El trasvasamiento

Esperen un momento, y lean la parte lírica de lo que les envío (La poesía lírica). Cuando lleguen a un subtítulo llamado “El trasvasamiento”, allí, justo allí empieza el cuento que puede interesarles (El cuento de terror).

El hacedor de la poesía pretende ser aceptado por la gente, como si su tentáculo, que él ha hecho visible y muestra con orgullo, pudiera ser aceptado en buena sociedad (Estatuto de poeta).

¿No ha advertido los estremecimientos de la gente cuando un pulpo, por cualquier motivo, les anda caminando por un brazo? (Corazón de Sur Infinito).

¿Y tampoco el rechazo de la gente de menor cultura por los frutos de mar? (La maldición de Yavé).

Este hacedor cree que sus descripciones sobre los jardines del mar y las luchas crueles de los peces entre las rocas más profundas pueden integrarse convencionalmente a una charla de sobremesa. Y no. Con el agravante de que esto es sólo una metáfora: él no es un buzo de las profundidades sino de los abismos de la altura (Pepina y sus Historias en isla Humos). Los peces que menciona fácilmente podrían ser catalogados como ángeles en cualquier enciclopedia… (Diccionarios y enciclopedias).

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El experimento, con pedido de auxilio

Empecé a escribir nomás El experimento, esa novela (La novela) que me inspiraron sucesos muy viejos de los cuales hablé en el post pasado (Ana Karenina).

Tenía un cuento redondo y cincelado para poner en lugar de estos apuntes de futura novela (El cuento literario o la concentrada intensidad narrativa), pero quiero consultarles a ustedes la validez de una historia tan antigua (Pepina y sus Antiguas Historias). Los años en que ocurre –lo comprobé- no pueden modificarse (Los frágiles cimientos del presente). Ellos tienen toda la fuerza de aquella edad de feministas (La nueva polarización), anarquistas (Antología Libertaria) y científicos locos (Saint-Simon).

Este es el comienzo -con entrecomillado y todo pretendería que se imprimiera

La primera noticia que tuvo de su propia rareza era esa música que se posaba en el fondo de sí misma, que estaba siempre allí.

La segunda, su dentadura. Dientes y muelas de blanco y agudo vidrio, para los que ningún odontólogo tuvo explicación –ahora quizá la ciencia la tendría, pero esto ocurría a fines del siglo diecinueve.

La tercera, su letra.

De modo natural, escribía con un dibujo de nudos celtas que nadie le enseñó, pero que más tarde observó en los Libros de Horas guardados en los monasterios medievales que visitó.

Después compró las réplicas de esos incunables en librerías modernas, y vio que los monjes dibujaban las letras como ella: primero dos puntos, luego tres, de nuevo dos, de nuevo tres, y así hasta unirlos y decir alguna palabra en tela o en papiro.

Pero ella desde que aprendió a escribir hacía nudos celtas con las letras. La maestra se intrigó demasiado y se le acercó: ¿en su casa le habían enseñado esa caligrafía?

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Carta a la psicóloga forense

Como siempre, en mis viejos cuadernos encuentro relatos nuevos (Fragmento del diccionario de la evolución). Quiero decir, me he olvidado de haberlos escrito alguna vez… (La memoria y el olvido).

Esta, al parecer, es la historia de una joven que está presa (Prontuario criminal).

La joven le escribe a la psicóloga que le han asignado (La psicología y la psiquiatría forense), y a la vez conversa con Clara, que es sencillamente una estrella, en el cielo, con la que charla desde que era una niña (Astrología Religiosa).

Nada más bizarro (Esquizofrenia).

Nada más inocente (Judas ¡Inocente! -Ensayo).

¿Compartimos?

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Experimentos

Supe de un crimen cometido en los años ‘30 (El cine argentino en la década del 30), en Buenos Aires o en Madrid, no recuerdo muy bien (Historia de Madrid) -leo sobre tantos crímenes que se me confunden los lugares (Investigación criminal)

Una mujer mató a su hija de 18 años, con la que había hecho un experimento (El experimento de Milgram: El mal que hacen los hombres).

La había parido, en aquella época, sin padre visible; la había educado en latín, en inglés, en alemán (Simón Bolívar y la educación).

La muchacha era famosa en el mundo entero, era La Virgen Roja -también marxista y feminista (La historia que cambió la Historia).

Cuando el experimento se enamoró, la experimentadora no pudo soportarlo (El perfume del amor).

Aparte, el experimento era poeta y escribió, antes de morir tan joven:

¿Somos o no? Mis manos parecieran acariciar la luz, y las olas arrojan objetos hacia mí, los espejos devuelven el misterio de un rostro y estamos juntos tú, yo y otros que no somos.–

En el morir se encienden los ojos como si hubieran enlazado otra mirada. ¿Cómo saber quién pliega el alma como un vestido nuevo, para otra fiesta, o junta las cenizas del alma?

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