Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

La salud de los enfermos

Hace un tiempo largo escribí la siguiente nota para ustedes:

Como le hemos tomado prestado el título de nuestra nota a una narración de Julio Cortázar, lo primero que recomendamos –para resarcirnos y porque nos resultó interesante- es el trabajo “Cuentos de Bestiario”, de la argentina Vanesa Belotti, quien nos presenta a los personajes de este autor, ciertamente con su inefable dosis de locura. Y la locura es el tema que pretendemos presentar hoy.

La enfermedad que llamamos locura ha impresionado a eminentes ciudadanos y aldeanos humildes. Los ha impresionado bien o mal: hay “locos” que han devenido en dioses del Olimpo y “locos” que han sido condenados a terribles tormentos sólo por ver el mundo de otro modo.

En el fondo de la bolsa de la historia están las cenizas de quienes, además de locos, fueron genios, y de los cuales nunca sabremos nada.

Por supuesto que fueron rescatados algunos de ellos: Van Gogh; Holderlin; Caravaggio; “el divino castrato” Farinelli, cuya voz alcanzaba el oído de los ángeles, y hasta Juana la Loca y algunos otros de épocas más actuales, como el escritor y artista plástico español Santiago Rusiñol, “el pintor de los jardines de España”. Pero no muchos más.

Sin embargo, la cultura y el arte han sido construidas, o al menos modificadas, por la visión de estos “enfermos ejemplares”.

Éste es el tema de hoy, y en primer lugar hemos seleccionado un trabajo que nos llamó la atención antes de leerlo por su enfático comentario al pie, firmado por “Rodoloza” y que afirma: “Sin desperdicios. Amplitud en la justa medida, precisión en los conceptos, claridad para el entendimiento de cualquiera, ordenamiento adecuado”.

El ensayo al cual pertenece el sobrio elogio es “Los trastornos del estado de ánimo”, que nos envía el Dr. Jean-Claude Dijon Vasseur desde México. Está más bien dirigido a profesionales de la psiquiatría y la psicología que puedan diagnosticar y/o diseñar un tratamiento, más que rescatar de la historia a una personalidad que parece sombría y es extraordinaria.
Pero, como creemos que sugiere nuestro lector-comentarista (“claridad para el entendimiento de cualquiera”), es quizá conveniente que la leamos también nosotros, legos en la materia, ya que en algo ayudará a nuestro entendimiento.

Luego, ya situados en lo que conocemos un poco más, recomendamos el análisis literario del libro Elogio de la locura, de Erasmo de Rótterdam, llamado “Moriae Encomium. La burla al dogma de poder”, de María del Carmen Saldarriaga Muñoz, de Colombia. Y el capítulo 4, llamado “Biografía de Desiderio Erasmo de Rótterdam”, del trabajo “Humanismo”, de Eduardo L. Haiek.

Para terminar queremos recordar unas palabras del escritor italiano Giovanni Papini en Espía del mundo, en el apartado “Cordura de la demencia”:
“En ciertos casos –raros, aunque no mucho- la mayor cordura consiste en seguir la inspiración y el impulso de lo que corrientemente se llama locura. Si tomamos en cuenta las diferentes acepciones de esta mal afamada y calumniada palabra, podría avanzar un poco más todavía y afirmar que las cosas más admiradas del esplendor vital no son sino chispazos de demencia. La pasión amorosa es pura insensatez para los frígidos y para los eunucos. La osadía, tanto física como espiritual, es para los mediocres, que son mayoría, nada más que desvarío. El entusiasmo, y muy especialmente el entusiasmo poético, parece acceso de furor o delirio a quienes viven según ordinaria administración. (…) Cuando un hombre recobra la salud hasta el punto de no caer nunca en ninguna de tales crisis de demencia, puede renunciar a la vida, porque la vida humana sin el amor, la osadía, el arte… no es más que una partida contable y fisiológica que no vale la pena registrar y mucho menos prolongar”.

Mora Torres

Monografias

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Comentarios

3 respuestas a “La salud de los enfermos”
  1. Joise Morillo dice:

    Excelente análisis muy peculiar, Todo depende del cristal con que miréis

    Que mi poema se llene de silencio.
    Que mi poema arrastre todas las cosas, sin ruido.
    Y la tormenta, sin visiones.
    Que traiga todas las cosas callándolas y borrándolas.
    Que la espuma sea mi casa y mu ataúd.

    M. Torres.

    Para la literatura, en este caso infantil, Carroll en “Alicia en el País de las Maravillas, nos presenta un sombrerero que utilizaba el mercurio para ciertas propiedades de recubrimiento de oro en sus productos; es una forma de contrarrestar el genio con la locura, sin embargo hay mucho de cierto que en otrora se ha utilizado en la industria química y de orfebrería tal producto peligroso. Los alquimistas “genios” más que de las ciencias naturales, de la astucia, han llevado al caos la vida de muchos, incluso de emperadores -Qin Xi Huang, emperador chino- que enloquecidos o enajenados por la idea de inmortalidad o curación de males, se tratan con la formula supuestamente maravillosa del mercurio, por lo cual sucumben o, padecen sin saberlo de serios trastornos como sucedió a A. Lincoln con su masa azul.

    Balthazar Claës , en “La búsqueda de lo absoluto” de Balzac, convierte su genio científico en una obsesión alquimista que lleva a él y a su familia a la miseria y, convirtiéndose para todos no en un ferviente investigador sino en un loco prodigo, una visión de lo absurdo a la inversa de Kafka y la contraposición de la ignorancia contra el mal uso de la sabiduría con el engaño de Cien años de soledad de G. G. Márquez.

    La ficción va de la mano con el supuesto absurdo, la demencia, sin lugar a dudas es producto de una obsesión incontrolada que quien le padece linda en la creación de ficciones y conductas absurdas, derivadas de fenómenos traumáticos en la siquis con alteraciones físicas cerebrales que pueden ser perentorias o no. Moliere tiene otro ejemplo absurdo con su ficción en “el enfermo imaginario” y Camus en el mal entendido donde la perversidad, la codicia, el trauma social y la venganza hacen del individuo el más cruel asesino entre las especies.

    La codicia enajena, transforma las mentes, traumatiza, enloquece, El tío y la madre de “Hamlet el príncipe de Dinamarca” del Bardo de Avon (W S), se convierten y convierten a Hamlet en asesino, quien sino Hamlet es el culpable de la muerte de Ofelia, demente, traumatizada. El arma una gota de mercurio en el oído de un Padre anciano, el móvil el sexo y la política (el poder).

    La locura es hermosa en la faz de un orate que observa un avión, lánguido y pálido del hambre, su vista perdida con una paz inquietante en su conducta, dócil y sublime por obra de la naturaleza en una mente que radica en un cerebro débil y desnutrido. Y terrible en mentes traumatizadas por el narcisismo dañino y la ambición como la voluntad de poder del malo de Nietzsche.

    Definitivamente querida Mora la literatura denuncia la demencia y la trastorna en conducta ambigua, o bizarra ante lo que creemos los dizque sanos es lo normal. Bunge en “ética y ciencia” llama al suicida inmoral. Derrida, destruye lo establecido como patrón literario con la etimología, en la lingüística y en función de un deconstruccionismo producto del uso de: la paradoja, la metáfora y la metonimia, Rorty, alaba sin hacer énfasis de explicar ¡porque! Lo conveniente de lo irónico. ¿Serán todas estas obras, producto de la demencia, o de la denuncia de la miseria humana? Ni hablar “de la vida es sueño”, o del gran teatro del mundo.

    La poesía, utilizada apropiadamente, también enseña.

  2. Joise Morillo dice:

    Fe de erratas, mi ataúd por mu ataúd

  3. Luís Armando dice:

    Me gusta, lo disfruto mucho. Las personas que nos brindan su talento literario, hacen un bien que deja a nuestro espíritu en un estado de agradecimiento por los seres humanos, muchos de cuales hasta son desconocidos para uno. Gracias
    Luís - El Maitén - Chubut



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