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por Mora Torres

 

Sueños con pesadillas

En una época, los sueños eran mi auténtica arte poética individual (Sobre verdad y mentira de la filosofía de Nietzsche), como querían los surrealistas (El tiempo de las vanguardias artísticas y políticas). Soñé tantas cosas románticas, grotescas, humorísticas, imposibles, posibles, en tiempos diferentes (La Historia Compleja), me remonté al primer hombre, al último, al que está por dejarnos, a la mujer de un cacique de tribu (Tierra Indígena).

Sí, una noche yo era la mujer de un antiguo cacique, y tal vez había sido raptada y estaba allí mirando cuando entraron con la víctima que habían capturado (Teogonía) -era una civilización tan vieja, que tal vez fuera la primera del mundo o que tal vez ni siquiera existió (El nuevo mundo: Civilización y barbarie).

Pero a las víctimas las obligaban a entrar cantando y bailando en la toldería, o lo que fuera, las carpas, el caserío (Fiestas y danzas tradicionales de Venezuela).

Yo vi entrar a una, pasó a mi lado.

La canción que llevaba en sus labios estaba dirigida a todo mi pueblo (Canciones y greguerías), a todos los que mirábamos con curiosidad y expectativa: “Aquí llega la comida”, decía la canción.

Leyendo mucho después artículos de antropología (¿Qué es la antropología?), descubrí que, en efecto, ese era el modo como las víctimas que iban a ser ofrecidas en sacrificio -y después devoradas- se presentaban en tiempos muy remotos a sus posibles comensales, pero cuando soñé este sueño, o pesadilla, yo era una niña analfabeta, por pequeña.

Y aunque era una niña analfabeta, en el sueño hablaba un idioma completamente estructurado, recuerdo sus vocales largas y cortas según fuera que uno preguntaba, afirmaba o gritaba. Y era una mujer, no una niña. La mujer del cacique.

Él me llevaba té de cardo en un cuenco de barro todas las mañanas, para el desayuno.

Yo era feliz, y en ningún momento me compadecí de la comida que me servían en la fiesta después del sacrificio.

Cuando desperté, intenté contar este sueño a mis padres y a mis hermanos, pero las palabras no nacían, tenían el impedimento de los cuatro o cinco años que yo apenas tenía.

Lo recordé mucho después, cuando, como expliqué, estuvo a mi alcance aquel artículo.

No digo que semejante historia sea una premonición, ni nada parecido.

Pero sorprende el contenido de nuestra mente, sabia.

Otros soñares

El que se lleva la corona de entre mis sueños -y creo haber relatado ya varios en este espacio, algunos hace mucho tiempo, por lo que espero no repetirme- es uno que describí apenas terminé de despertarme. Intenté suavizarlo con imágenes poéticas, y quedó así:

Cuando anochece, el espejo se rompe, y las lastimaduras del espejo van a decirme algo. A medianoche empieza a aparecer una zona de cosas olvidadas sobre cada fragmento. En uno hay una margarita, en otro unas tenazas. Hay, aparte, una mandrágora en el futuro, esperándome en una mano que todavía no aparece en el sueño.

Luego entierro hilos blancos. Nada más fantasmal para un fantasma que esos hilos blancos. Cierro mi cofre de costura y adentro han quedado hilos mezclados que juegan a formar palabras, frases con que llaman fantasmas, con que asustan a los niños fantasmas. Me levanto de la cama y entierro en el jardín algunos hilos blancos. El jardín está en llamas. En la quietud el fuego entierra vestidos de mujer, como celebrando mi propio funeral.

Mora

Monografias

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Comentarios

4 respuestas a “Sueños con pesadillas”
  1. maria ana paredes dice:

    muy bueno

  2. RUTH CASTELLANOS dice:

    Me he sentido identificada con este articulo, ya que desde que soy muy niña sueño cosas que antes eran incomprensibles para mi pero que desde hace mucho tiempo para acá tienen sentido. Es increíble pero sueño hacer cosas que nunca he hecho y que probablemente nunca haré, sueño que manejo autos de carrera, cuando en realidad me aterra la velocidad, sueño también que vuelo y le temo a las alturas, pienso que puede ser que en mis sueños me desahogo de mis temores, pero también sueños momentos terribles, situaciones espeluznantes que en muchos casos se han hecho realidad. Sueño demasiado que siento que mi cerebro esta en una actividad constante, tanto que me levanto como si nada hubiera descansado, incluso en ocasiones voy mirando por la ventanilla de un auto y me suele pasar que viene a mi un sueño corto y me sobresalto, es casi como soñar despierta.

  3. José María Gil dice:

    Hola Mora:
    Sabes de sobra que cada semana visito tu blog. Normalmente me siento satisfecho con la simple lectura de tus editoriales. Tus escritos vienen a llenar de alguna manera un pequeño vacío literario semanal que han generado poco a poco estas visitas, sin alterar la paz que merezco por edad ni la rutina de mis costumbres actuales. En otras ocasiones, sin embargo, lo que escribes despierta en mí la necesidad de “meter baza” y dejar algún comentario para desgracia de tus lectores más estilistas. Tu editorial de hoy me proporciona una de esas escasas ocasiones.
    ¡Los sueños!,…¡ahí es nada!…
    Influido, sin duda, por la obligada carga académica de mi profesión, no puedo dejar de contemplar los sueños desde una perspectiva psiquiátrica, aunque me gustaría ser más aséptico en mis apreciaciones. Quizás por ello tiendo a indagar en los posibles motivos de cada sueño cuando ello es posible y a valorar, probablemente sin profundizar lo suficiente, en los detalles que permiten encasillar a cada sueño en una tipología de acuerdo a unos patrones preestablecidos para poder acertar en esa clasificación.
    En relación a lo dicho, el último sueño que refieres es de los “importantes”. Por ello su recuerdo queda vivo en la mente y lo puedes seguir recordando con toda su crudeza, aunque en su primera descripción intentaras suavizarlo como tú misma dices. Y es también curioso que se cumpla en tu caso aquello de que “los sueños importantes desencadenan la actividad poética en las mentes propensas a ello”.
    Los sueños que más se recuerdan son precisamente “los importantes”, ya que se suelen recordar enteros. Hay otros sueños, como los “recurrentes”, que a pesar de que se repiten varias veces en el transcurso del tiempo, nunca nos dejan entrever el final en sus recuerdos…
    Yo he soñado muchas veces que conduzco un vehículo de ruedas (no sé muy bien si es un automóvil) que no se deja dominar por los esfuerzos que hago sobre el volante y que indefectiblemente acabará por despeñarse, sin que ello llegue a ocurrir nunca. Es un típico “sueño sin final”…
    Mi principal fallo es que, aunque he aprendido a estudiar y evaluar los sueños, no he logrado nunca interpretarlos y mucho menos con acierto, por lo que pienso que no te puedo servir de gran ayuda en esta ocasión.
    Procura ser feliz.

  4. Joise Morillo dice:

    Hola querida, en algunos sueños -desde afuera- creo haberme visto en mi propio feretro
    a lo cual no he dado la importancia que quiza sea innecesaria, pero ¿quien sabe? , ¿Quizá los psicologos? ¡ veremos!

    Derivado de esto me digo y, a la parca que me visitará tarde o temprano, y a la cual no he invitado.
    ni invitare. Mas cuando llegue le dire. Quiero lo mio.

    ¡El sepulcro!

    Acariciadme muerte con vuestra dulce paz
    Dejadme susurrar mi último trino,
    Que jamás oiré.
    Tenedme en vuestro eterno regazo
    Absorto sin trémulos
    Solo y, circunspecto en mi féretro
    Aunque no sea de ébano
    Ni tejidos de terciopelo
    Creo haber sentido morir feliz
    No por mí mismo ¡que lo merecí!
    Sino, por la felicidad de quienes me amaban
    Que no quiero tristes,
    En vez sonrientes y orgullosos
    De mi muerte noble y pura
    Detened sus llantos
    No dejéis que conciban espantos
    Que yo, gozoso y dócil
    Ocuparé mi posesión
    Única y absoluta
    El sepulcro.

    Os ama
    Joise



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