Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Ciencia, historia, dolor, poesía y almas desnudas

No sé nada de ciencia, no sé nada de nada, pero me parece que hay un lugar puntual de la ciencia donde comienza la filosofía, y tal vez la poesía (Ensayo sobre filosofía y lenguaje).

En la Antigüedad todo se englobaba bajo el término filosofía (Alma platónica); eran hipótesis la astronomía (Astronomía con Ordenador), y también la teología (La teología como ciencia).

Yo pienso que ahora es a la inversa; incluso dentro de la poesía se intenta demostrar los alcances y los límites de la ciencia (¿Qué es esa cosa llamada ciencia?), que otra cosa no es Frankestein por ejemplo, aunque se haya extendido muy ampliamente el término ahora, y no tan ampliamente si consideramos la historia: ¿qué son cien o doscientos años?… Digo que tal vez en Frankestein (El Mal y el hombre moderno) y su creadora-Mary Shelley-  se encuentre el origen o la metáfora perfecta de lo que quiero expresar.

Lo que se demuestra cien veces sin lugar a error, es ciencia. La filosofía está compuesta de maravillosas hipótesis, y es posible que sea tan atrayente por eso mismo, ¿quién demostrará algunas de ellas?

Digo que filosofía es otra vez parte de, por ejemplo, la física (El reposo y la nada).

Hay miles de teorías que explican el universo un enorme cuerpo compuesto de once, doce o miles de universos, “paralelos”.

Hay otras que juegan con las serias leyes de la gravedad; parece que ésta no alcanza a explicar cómo se sostienen los mundos en el espacio, y se plantean posibilidades. En esas mismas posibilidades nacen el sueño y la poesía.

Anoche estuve leyendo La balada de la cárcel de Reading, aquel largo poema en prosa en el que Oscar Wilde nos cuenta su estadía en el infierno, un infierno no lleno de gracia como el de Rimbaud, un lugar de cemento y de mugre donde todos los hombres matan lo que aman:

Ya no llevaba su guerrera escarlata porque la sangre y el vino son rojos y sangre y vino había sobre sus manos cuando lo encontraron con la muerta. (…) Caminaba entre los reclusos con un traje gris andrajoso y descolorido y una gorrilla en la cabeza. Pero no he visto nunca a un hombre mirar tan ávidamente la luz del día.

No he visto nunca a un hombre contemplar con mirada tan anhelante ese toldito azul que los reclusos llaman cielo…

Después, antes de dormirme, tomé un libro mucho más actual y leí su contratapa.

Me defino como creyente en todas las religiones, como No feminista y como sudamericana, a diferencia de Marie Darrieussecq.

A Marie, desde anoche, la conozco por la contratapa de su libro Zoo, en donde deja caer algunas definiciones precisas. Y la conozco, además, porque ¿quién no conoce un poco más de aquellas personas que se definen como nuestras antípodas?

Bienvenida, M. D., voy a leerte en estos días.

Pero a pesar de haber renunciado a leer de inmediato a Marie, mi pensamiento se pasó a otros caminos, y todo para no dejarme dormir: pensaba, no sé por qué, en María Antonieta.

María Antonieta tenía una granja donde sembraba sus vegetales preferidos y sus rosas, y tenía unas vacas que ordeñaba al amanecer. Ella jugaba a ser una campesina. Pero jugaba en serio, no es caprichoso el verbo, jugaba como los niños juegan a ser reyes en sus cuartos secretos, aunque sus verduras eran como de oro y sus vacas como de abrigos de visón.

De todos modos el mantenimiento de esa granja y otras menudencias le costó la cabeza, para resumir un poco, porque a Luis XVI le cobraron otras deudas, no la de vestidos de campesina sino gastos de relojería, por ejemplo.

Es que la sencillez atrae, en algún momento hasta los reyes quieren experimentarla.

Mora

Monografias

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Comentarios

4 respuestas a “Ciencia, historia, dolor, poesía y almas desnudas”
  1. Joise Morillo dice:

    Un argentino, Doctor en filosofía miembro de una universidad prestigiosa de Canadá, Mario Bunge, Habla de ética y ciencia, describe la importancia de mantener una psiquis lucida para poder desarrollar cualquier proceso productivo sano y fuerte para el bien común.

    O sea para él, un suicida es un inmoral, imagínense que pensara de un criminal, un pedófilo, ejemplo un asesino en serie, los corruptos en los gobiernos, habla de un caso desagradable es el científico que vende sus conocimientos a gobiernos para destruir sociedades y pueblos, eso es algo que un filósofo o un poeta seria lo último que haría, en caso de sobrevivir por hambre, les aseguro que si le dan la opción de suicidarse no lo hacen, en cambio lucharan con su medio, su arma, es la razón, la escritura, la denuncia o la crítica. Aquellos, pistolas, fusiles puñales y lo peor; sicarios, a los que llama Platón: zánganos de todas partes, por dinero hacen el trabajo sucio, los corruptos en el gobierno son criminales en son aquellos que derrochan como pródigos lo que no es de ellos. ¡Qué triste!

    Os ama
    Joise

  2. Jose Itriago dice:


    Estoy escuchando la Sinfonía No.1 de William Walton del siglo XX. Es la respiración profunda y acompasada de la naturaleza. La siento y me cuesta diferenciar los dos mundos que alternativamente representan: exhalar o renunciar. Entusiasmo y fragmentación. Nota a nota.

    Siento los olores de la tierra húmeda de los bosques. Siempre he soñado bosques y mares, ambos poderosos. Este bosque que me toca ahora- y quizás todos los bosques- lo forma infinitas direcciones parecidas, cada una marcada por el color de una corteza. Reconozco una gran Ceiba, un Samán, el perfume de algunos pinos. Pero evado retener los colores o las formas. Mi certeza para andar la ruta está marcada por los compases de la Sinfonía, con su tiempo finito. Toda creación es demasiada breve y si queremos vivirlas, nos tocará su breve espacio. Me dejo guiar por la brújula de los cobres hasta aquél túnel, el que que quiero creer que me llama y me conduce a mis temores, porque sé que ellos, mañana quizás serán mis alegrías. Otra vez, después de andar unos pocos metros pierdo toda orientación. Al frente, atrás, a los lados solo hay troncos de árboles y ahora todos son de la misma gran Ceiba y como camino zigzagueando, no sé si al seguir retorno o paso a otro destino. Quizás, después de todo, esté frente a un único árbol que no rodeo, sino que me rodea; suponer que es uno quien gira es la solución simple: después de todo estoy inmóvil o más inmóvil que cualquier otra cosa, pero ese suponer que giro confunde lo importante, lo banaliza con sensaciones equivocadas. Lo pienso, mientras en los bordes que se hacen agudos, tasajeados, a cada vuelta leo mi propia partitura de supervivencia: la convivencia con mis dudas. Trato de encararlos: interpretar cada resquicio, cada cuña, darles una coherencia que determine si tienen origen, cualquier razón lógica de ser. El esfuerzo me resta este poco oxígeno disponible que me toca respirar y me acuesto entre hojas, ramas e insectos.

    Hay un rumor de agua de suave transcurrir, solo un nervio de agua de este bosque mío, tan propenso a sentir. Quizás nació conmigo, rumor compañero hecho de la simplificación de todos los mares que amo y temo mezclarlos con las voces amadas, voces que hace rato llaman pero que digo que no entiendo, me niego entender. Es parte de mi impermeabilidad de hoy, de este aislamiento creciente, tan solo una reacción ante ruidos que tratan de sacarme de la concentración que con tanto esfuerzo por fin había creído alcanzar.

    Trato de reencontrar los compases de Walton y los percibo lejanos. Me gana la idea de que sus sonidos me están abandonando y cuando atraviesen el bosque entero, quedaré solo oyendo los insoportables rumores de mi propia mente: no los podré evadir más.

    Resbalo y veo un claro. Es estrecho y permite una visión cenital entubada. Quizás en este caleidoscopio encuentre paz y quizás, por fin, he llegado a donde debía estar y permanecer haciéndome parte del bosque, pero Walton me insufla, me obliga a pararme sobre mis pies otra vez y a pensar cuál debe ser el camino. Son todos tan iguales. Pero abandonar el claro es demasiado. Piden demasiado, en vez de dejarme aquí tan tranquilo viendo un toldo azul a ciertas horas y después alguna estrella o algo que se le parece. Después de luchar tan duramente por permanecer en mi claro de intimidades vividas y revividas tantas veces, me voy enterando que no me he parado, quizás ni siquiera movido, que solo yo oigo mi música a través de un minúsculo dispositivo que había “cargado” alguna vez, quizás previendo el momento. Me lo quitan porque debo dormir sobre dormir y dormir y seguir durmiendo. Walton se fue de pronto. Quizás mañana alguien tenga la consideración de volver a encenderlo y en el mismo punto. Si no tendré que salir en su búsqueda.

  3. Joise Morillo dice:

    Querida, Un lapsus.

    Johns Hopkins, fue un abolicionista y filántropo norte-americano con mucho mérito, del siglo XIII, trabajó para y por la medicina y su aplicación en los Hospitales, a los cuales les financiaba sin fines de lucro, todo en cada lugar que le tocaba ejercer sus funciones como inversionista que era.

    Quien habla de expansión del Universo y de la desaparición potencial de la especie humana es
    Steve Hawking, físico ingles minusválido por una enfermedad de expoliación fisonómica, pero con una lucidez escalofriante…

    La relación entre ambos es el aporte que han dado a la humanidad, aun cuando han tenido diferentes limitaciones –el primero de carácter Social, el segundo de carácter fisico-.

    Con relación a las mascotas, actualmente hemos inyectado –para los insectos parásitos- a Mio y a Susy, dos perros de razas menudas, simpáticos pacíficos, y son buenos guardianes, atentos a todo.

    - Si por mi fuera, en vez de angustiarme en su cuido (son de mis hijos) les hubiera dejado libres, pero lo más seguro es que pasen hambre o los mate un automóvil antes que los encuentren y los vendan algunos vivos por ahí, el Mío y Susy, valdrán algunos 200 dólares C/U.

    - Si fuera por mí, los vendiera y regalara el dinero a una fundación veterinaria… ¡Creo que es mas ZOOFILO!

    - Tambien, a lo mejor, me compraría la version de Tristán e Isolda en español. ¡Aunque me gustaría aprender Aleman!

    Os ama
    Joise

  4. linda verlliui dice:

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