Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

La ciencia de la luna

Los siglos tienen sus objetos preferidos, de odio y adoración. Objetos que pueden ser la pólvora o un planeta, un espejo o un vidrio o una planta (La pólvora).

-Al mencionar a una planta se me acaba de ocurrir que nada sé de la historia de las plantas decorativas, cuándo empezaron a usarse, o si hay venenosos secretos detrás del tema- (Las plantas).

Pero para hoy surge la luna (Origen de la Luna).

Tanto se ha cantado a la luna desde que empezó el romanticismo (Romanticismo) -o sea, mucho antes de que se acuñara el término- que sería bueno analizar la versión más científica de esos mismos siglos en los que la luna acompañaba solícitamente a Arlequín (La máscara desde los griegos hasta O’Neill).

La ciencia de la luna en la Edad Media

Mientras los trovadores se afanaban por encontrar el camino de la doncella bella y llevarle un espejo (Historia de Francia), es decir una luna, los investigadores científicos eran mucho más serios. Opinaban que la gente nacía y moría bajo su influjo material (Método Científico).

En los campos del hermoso medioevo (Cultura medieval) -y digo hermoso porque veo los campos rodeados de construcciones románicas y góticas y de romances locos de amor- la luna dictaba desde arriba -o tal vez desde abajo, o desde el costado izquierdo o el derecho, ya que muy bien no se sabía de movimientos de los astros ni de las leyes de la gravedad- la sentencia de muerte.

La eternidad de los que morían en luna llena estaba asegurada. La forma perfecta en la naturaleza es el círculo y quien muere debajo de un círculo perfecto de luna llena será bendecido: “Dios es un círculo  cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna”, dictó Hermes Trismegisto y avalaron Pascal y Borges.

Los pieles rojas representaban en cambio a su divinidad con el círculo del Sol Emplumado -la femenina luna para entonces se había transformado en un bravo varón, en recuerdo de Egipto quizá.

Pero la luna es mujer como el agua que corre, por eso cambia continuamente de forma, y cuando alcanza el círculo engendra muertes y nacimientos.

Lo interesante de esa Edad Media que yo vislumbro oscura pero hermosa es que la luna era la fuente de costosas medicinas, más costosas que las que se preparaban bajo el sol.

No, no se curaba con piedra lunar, se curaba con momio. Un preparado surgido de las momias.

Paracelso, ni más ni menos que este eximio médico de la antigüedad, explica que las momias de su receta exclusiva eran de varias clases, de seis clases más precisamente.

Aunque la momia que importaba más, la más lujosa y cara -por ser su producto un fuerte medicamento que hasta podía componer a un moribundo- era la de los ahorcados.

Si el jarabe fallaba, era porque tales ahorcados fueron condenados siendo inocentes. Les tocó una mala justicia, pero no eran lo suficientemente criminales…

Si el trabajo estaba bien hecho y el criminal era de los buenos -bueno como criminal, es decir, de lo más malvado- se conseguía un óleo suave que, bebido por el paciente, expulsaba todo humor maligno, reunía las resistencias espirituales y dejaba como nuevo al enfermo. A estas afirmaciones agrega literalmente Paracelso que “la sexta clase de momia se hace con corpúsculos o emanaciones espirituales que irradia el cuerpo vivo sometido a la luna llena, aunque no podemos tener una idea muy clara con respecto a la forma de obtenerla”.

Para preparar pociones impecables de momio debían conseguirse excelentes muertos, y la luna del día en que murieron seguía ciertas reglas estrictas, según la enfermedad que se deseaba curar.

Estos médicos antiguos tienen un no sé qué bizarro. Gelio, por ejemplo, considera que existe una peligrosa rivalidad entre la luna menguante y la cebolla.

Cuando la luna va empequeñeciéndose, la cebolla va echando brotes parecidos a dientes y capaces de enfurecer y comer las entrañas de quien desprevenidamente se alimentó con una buena ensalada de cebollas. Por eso Gelio prohibió que la gente de su lugar natal las consumiera.

Por otra parte es casi obvio que la cebolla hace mal, basta pensar en las lágrimas que ha sembrado a lo largo de la historia -y ahora justo me acuerdo de las “Nanas de la cebolla” del inmortal Miguel Hernández, y entonces cambio de parecer respecto a la señora vestida de capitas y que no es nada más que capitas.

Más allá de la digresión, Plinio informa que las hormigas dejan de trabajar cuando hay cambio de luna, y retoman sus labores cuando el cambio está realizado completamente, y Van Helmont, famoso charlatán pero, como se advierte, buen médico, recomienda que lastimes bajo la luna llena a tu enemigo, así la herida no se cerrará nunca.

Ya todo el mundo sabe, en el pequeño mundo medieval, que no debe exponer comestibles y en especial carnes a la luna, cuya luz envenena.

Envío

Nanas de la cebolla

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

Miguel Hernández

Es con mucha emoción, amigos míos, que les envío el poema de Miguel, para que lo recuerden.

Mora

Monografias

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Comentarios

4 respuestas a “La ciencia de la luna”
  1. Joise Morillo dice:

    Besos y abrazos queridos. ¡A los demás, También!

    Mi abuela materna –muy ocurrente por cierto- decía cuando observaba una conducta dudosa o errática en una persona, una entidad individual, este es lunático, en un sketch, una actriz cómica que actuaba de orate, cuando la abordaban por sus desmanes respondía no yo no soy lunática, ni estoy loca, yo lo que soy es planetaria. Pues bien para mucha gente asociar la actitud, o conducta díscola, se le considera fuera de órbita o sin control.

    Mi madre cuando alguno de sus hijos se mostraba “raro” decía amaneció con la Luna. Quiere decir que: Si derivado de ciertas fuerzas magnéticas e inercias orbitales parece ser que los astros ejercen cierta injerencia en las conductas de los seres de la tierra, de toda índole –a mi no me lo crean- pero la sabiduría popular tiene ciertas afirmaciones al respecto, y hay Bibliotecas con millones de volúmenes al respecto. Lo cierto es que el que nace barrigón ni que lo fajen Chquito.

    Loco es loco…

    Os ama
    Joise

  2. Lizbeth MoragaGuevara dice:

    Hola ?Antes yo no creia en la influencia d la luna.Hasta el dia q m internaron
    De emergencia por que estaba en los dias d parto ,d mi primer hijo. Observe a
    las demas mujeres y varias parieron y en esos dias d luna, llena tuve mi alumbramiento
    fue una tremenda experiencia . Y ahors creo fervientemente la influencia d la luna.

  3. José Gros dice:

    Precioso, lunero, cascabelero articulo. El Hermes -lo de trismegisto, tres veces grande, es un titulo auto-concedido, como el de conde de Lautreamont o la corona ‘imperial’ de Napoleon-, viene a ser un alias de Mercurio, protector del comercio, pero analogo a Caco en la proteccion de los ladrones. Nombre hermoso el de Saturno, pero es un dios, cuidao con el!.

  4. linda verlliui dice:

    Gracias, hace poco he estado buscando información sobre este tema para las edades y el suyo es el más grande que he descubierto hasta ahora. Pero, ¿qué pasa con la línea de fondo? ¿Está usted seguro de la fuente?
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