Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Archivo de Abril, 2015

Polka

Estoy algo enferma (Psicología de la salud); tal vez, o muy seguramente, me operen (Economía de la seguridad).

Recen por mí (El poder de la oración), pero nunca se asusten (Sobre el miedo). Suelo renacer vestida de perro o de gato, a veces de delfín.

Mientras me pongo bien para escribirles, reciclo esta nota que escribí cuando murió mi amiga Polka.

No puedo decir “mi perra” Polka, ni mi “mascota”. Ella era y es mi amiga, como lo es y lo será Topita, mi acompañante actual.

Perdón por si alguno se ofende. Pero uno ama sin formato de persona o de animalillo, uno ama simplemente…

Polka

No era la sombra de un amor que encandila con vestido de fuego (Crónicas de una pasión). No era un canto que golpeaba, era un canto que se oía dentro del alma (Canto a la vida). Ella era la que pasaba por el haz de la luna con un hueso entre los dientes y lo dejaba justo en mi ventana (Claves de luna).

Era una loca enamorada negra que desplegaba pañuelos de magos, o que creía desplegarlos, jugando con las luces del jardín y tropezando con las rosas (El Hechicero Inexperto). A mí me parecía que cuando ella, enorme, aparecía tan negra entre la hierba, empezaba a funcionar por contraste el telar de todas las blancuras, llamadas paraíso (Llegando al paraíso).

O bien nos juntábamos de noche en el jardín -nuestro amor era estrictamente platónico (El Banquete. Platón… )- y éramos sopladas por el viento, tropezábamos jugando a aterrorizarnos con los ojos de la noche (El borde de la noche).

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Ciencia, historia, dolor, poesía y almas desnudas

No sé nada de ciencia, no sé nada de nada, pero me parece que hay un lugar puntual de la ciencia donde comienza la filosofía, y tal vez la poesía (Ensayo sobre filosofía y lenguaje).

En la Antigüedad todo se englobaba bajo el término filosofía (Alma platónica); eran hipótesis la astronomía (Astronomía con Ordenador), y también la teología (La teología como ciencia).

Yo pienso que ahora es a la inversa; incluso dentro de la poesía se intenta demostrar los alcances y los límites de la ciencia (¿Qué es esa cosa llamada ciencia?), que otra cosa no es Frankestein por ejemplo, aunque se haya extendido muy ampliamente el término ahora, y no tan ampliamente si consideramos la historia: ¿qué son cien o doscientos años?… Digo que tal vez en Frankestein (El Mal y el hombre moderno) y su creadora-Mary Shelley-  se encuentre el origen o la metáfora perfecta de lo que quiero expresar.

Lo que se demuestra cien veces sin lugar a error, es ciencia. La filosofía está compuesta de maravillosas hipótesis, y es posible que sea tan atrayente por eso mismo, ¿quién demostrará algunas de ellas?

Digo que filosofía es otra vez parte de, por ejemplo, la física (El reposo y la nada).

Hay miles de teorías que explican el universo un enorme cuerpo compuesto de once, doce o miles de universos, “paralelos”.

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Recreo: un cuento repetido

Pensaba escribir sobre varios misterios de la vida de Carlos Gardel, algunos ya resueltos (Guía de Buenos Aires).

Y sucede que me levanté bastante mal de salud, bastante ñañosa (La Longevidad).

Entonces se me ocurrió una idea: les mando un viejo cuento que ya salió alguna vez en este sitio, como para que hagamos un recreo (Ingeniería del ocio y el uso del tiempo libre).

A Gardel lo dejo para luego, él siempre en el futuro está mejor… (Porque nunca es demasiado).

Gardel es un fantasma y esta niña también (El Fantasma del Teatro Municipal):

El cuento

I

Yo era una niñita con trenzas rubias y mejillas redondas, sonriente, hasta que me di cuenta de que algo no andaba bien en casa, conmigo.

Mis padres solían llevarme al médico, a diferentes médicos, a menudo.

Cuando tenía cinco años, los médicos dijeron: es una niña especial, que sueña mucho, y torcieron el gesto.

A esa edad me intrigaban las fotografías colgadas en las paredes de mi casa: eran en blanco y negro, en algunas aparecía mi mamá en una rara posición, como  meciendo a un bebé; en otras mi papá estaba inclinado y sostenía lo que podrían ser las manitas de un niño, parecía ayudarlo a dar sus primeros pasos.

En la escuela aprendí a escribir, y ya a los siete años escribía donde encontrara sitio.

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Nosotros los esclavos

Uno puede quedarse pensando mucho tiempo cuando lee en el Popol Vuh (Popol Vuh):

“¡Que aclare! ¡Que amanezca en el cielo y en la tierra! No habrá gloria ni grandeza hasta que exista la criatura humana, el hombre formado”.

También, al leerlo, uno puede ser Carlos Drummond de Andrade y escribir un poema llamado “Especulaciones alrededor de la palabra hombre”, que ya alguna vez citamos en este espacio (Literatura universal).

Al ser el Popol Vuh, según se dice, un compendio de sabiduría, uno puede llegar a pensar que el deseo expresado aún no se ha cumplido: aún no amaneció, aún no se formaron la gloria y la grandeza, ni la criatura humana… (La Naturaleza Humana).

Y no es gratuito decir -o gritar- lo que antecede. De que nacemos y morimos esclavos no caben dudas (La esclavitud heredada).

Cada uno de nosotros aporta su grano de arena de esclavitud al pensamiento (El pensamiento), al corazón o a la materia de que estamos hechos o que nos rodea.

Pero para hablar de esclavitud, comencemos por la más grotesca, esa que parece que los siglos y la “civilización” apagaron pero que está tan fresca y rozagante como en su día primero (Humanismo y Poder).

No nos remontemos a los orígenes, sólo observemos ahora mismo, y un tiempo antes que nosotros, y también el presente y la terrible esclavitud de las drogas y la trata de blancas y los niños violados.

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La ciencia de la luna

Los siglos tienen sus objetos preferidos, de odio y adoración. Objetos que pueden ser la pólvora o un planeta, un espejo o un vidrio o una planta (La pólvora).

-Al mencionar a una planta se me acaba de ocurrir que nada sé de la historia de las plantas decorativas, cuándo empezaron a usarse, o si hay venenosos secretos detrás del tema- (Las plantas).

Pero para hoy surge la luna (Origen de la Luna).

Tanto se ha cantado a la luna desde que empezó el romanticismo (Romanticismo) -o sea, mucho antes de que se acuñara el término- que sería bueno analizar la versión más científica de esos mismos siglos en los que la luna acompañaba solícitamente a Arlequín (La máscara desde los griegos hasta O’Neill).

La ciencia de la luna en la Edad Media

Mientras los trovadores se afanaban por encontrar el camino de la doncella bella y llevarle un espejo (Historia de Francia), es decir una luna, los investigadores científicos eran mucho más serios. Opinaban que la gente nacía y moría bajo su influjo material (Método Científico).

En los campos del hermoso medioevo (Cultura medieval) -y digo hermoso porque veo los campos rodeados de construcciones románicas y góticas y de romances locos de amor- la luna dictaba desde arriba -o tal vez desde abajo, o desde el costado izquierdo o el derecho, ya que muy bien no se sabía de movimientos de los astros ni de las leyes de la gravedad- la sentencia de muerte.

La eternidad de los que morían en luna llena estaba asegurada. La forma perfecta en la naturaleza es el círculo y quien muere debajo de un círculo perfecto de luna llena será bendecido: “Dios es un círculo  cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna”, dictó Hermes Trismegisto y avalaron Pascal y Borges.

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