Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Archivo de Enero, 2015

Tocar, oler, dar vuelta las hojas

Recibí entre los comentarios una inquietud de Oswaldo Ordonez:

“Se dice que con el avance tecnológico se está perdiendo interés por la literatura y sus géneros. Y que el oficio de escribir está devaluado. ¿Será verdad, querida Mora?” (La pasión de escribir).

Ya estaba a punto de contestar a Oswaldo con mi estilo desprolijo y desbocado, cuando comprendí que su pregunta merecía una respuesta un poco más elaborada (Leer es aprender).

Me puse a andar por entre medio de libros que ponderaban en uno y otro sentido “el avance tecnológico”, y descubrí en algunos -tan “antiguos” que Internet no era todavía una completa realidad, y databan de 1982, 83, 84 (Ciencia y tecnología en la edad media)- ciertas curiosidades sobre la historia de las computadoras (Historia de la Computadora).

El padre de las computadoras modernas fue Charles Babbage, un romántico profesor de matemáticas inglés que repartía sus devociones entre Ada, condesa de Lovelace, su novia, y un instrumento de su invención conocido como Máquina Analítica (Generaciones de computadoras).

Ada escribía en su diario paso a paso los progresos de la invención que Charles le relataba, y lo animaba a seguir perfeccionándola (El Amor).

Esos fragmentos de su diario fueron publicados mucho después con el título Observaciones sobre la Máquina Analítica del señor Babbage.

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El misterio del cuarto amarillo revisitado

Lo mejor para el crimen literario es la alta sociedad, las mansiones y los palos de golf (La sociedad democrática). En la actualidad hasta pueden reemplazarse los palos de golf por lustrosas pelotas de fútbol (El fútbol como manifestación del capitalismo). O por marcadores amarillos que subrayen elocuentes frases de escalofriantes presentaciones judiciales (Protocolo y glamour).

En realidad no hay nada extraño en estas preferencias: el alma humana resiste las peores atrocidades regadas con buen vino, trajes de diseñador y lugares hermosos (Las virtudes y el acto voluntario). No es posible imaginar una historia de Agatha Christie, por ejemplo, en un espacio sórdido y mal iluminado.

Pero Agatha Christie ya no es tan leída (La novela policial). La vejez arrebata algunos libros, aunque nunca su esencia.

Tampoco son actualmente demasiado disfrutadas esas perlas cultivadas de la novela policial, que llegaron a considerarse un subgénero de la misma: aquellas en las cuales el asesinato se comete en un lugar cerrado con llave y sin ventanas al que es imposible acceder y también es imposible salir (Dos cuentos).

Tal vez el ejemplo más antiguo -y fundador de la serie- lo constituya el de “Los crímenes de la calle Morgue”, de Edgar Allan Poe (La novela policial). Ya dijo Borges que de este cuento escrito en 1841 “procede todo el género policial: Robert Louis Stevenson, William Wilkie Collins, Arthur Conan Doyle, Chesterton, Blake y tantos otros”. No nos resulta nada raro que prevalezcan los ingleses.

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Mutantia: soy y no soy Charlie…

Tengo en mis manos una revista única (Los Medios de Comunicación Social).

Me la alcanzó un amigo llamado Mario Alassino, que entre otras cosas es abogado, pero cuyas otras cosas son quizá más importantes, como sus incursiones por la ecología, la filosofía, la política y la literatura (Bush nunca leyó a Tolstoi y a Rousseau).

Pero yo ya la había tenido en mis manos cuando recién nació, alcanzada por otro amigo llamado Jorge Cappato. Jorge es director general de la Fundación PROTEGER, que “promueve junto a comunidades ribereñas y rurales la conservación de la biodiversidad y el manejo sostenible de recursos naturales, el uso de energías limpias y renovables y el acceso a aguas seguras”. Jorge recibió el Premio Global 500 de Naciones Unidas y fue seleccionado como Emprendedor Ashoka en 2010. Después le perdí el rastro a mi viejo amigo, que además es poeta (Interludios de psicobioética).

¡Tuve en mis brazos a Mutantia cuando acababa de nacer!

Está igual, apenas un poquito amarilla, pero ojalá a nosotros, los humanos, la madurez física nos produjera nada más que ese elegante tinte amarillento.

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Dejemos que el universo atraviese los días

Dejemos entrar al universo en nuestra humilde casa. El mundo no tiene límites y es parte de ese universo que tampoco los tiene (El Universo).

Si hay un jardín, y aun cuando no lo haya, leer un poema como este -de Ts’ Ch’ung Chih, del siglo XI- nos hace sentirnos leves como flores (Fiestas de febrero):

“Amor

Mi casa está cerca del mar, la tuya en la otra orilla. Las lágrimas que te envío llegarán a ti con la marea”.

_____

Hay momentos más propicios que otros para provocar “epifanías”, como los días de Navidad, o el día que llegaron los Reyes de Oriente, hayan llegado o no (Hum, homo, humus, humanus).

Veo a un niño de pie, estático frente al Árbol.

No es que piense en regalos, porque hace una hora los recibió, y ya sus ojos y sus manos los gastaron. La fiesta se acabó, y él está pisando los papeles que fueron envolturas de regalos, brillantes, coloridos; el Árbol está decaído, melancólico.

El niño estático tiene algo que también es sagrado; parece que se hubiera interrumpido su ser y hubiera creado, yéndose, el espacio.

Un espacio que todo lo abarca, hasta las más antiguas navidades.

No se puede dejar de pensar en religiones que enseñan que, cuando está todo cumplido, asoma el alma y se la ve.

Me parece ver el alma de este chico que sueña. Pronto va a amanecer y se mezclarán el sol y la luna, su corazón y su cerebro, para continuar el trabajo de ir creciendo (Juego, conocimiento y cultura).

En breve, porque es muy breve el tiempo humano, sus juguetes y sus sueños de juguetes habrán desaparecido y otros sueños y otros juguetes los reemplazarán (Premisas para una nueva humanidad).

Quizá cuando sea mayor este niño se dedique a la astrofísica, y sus juguetes, entonces, no variarán demasiado (La teología de la relatividad).

Quizás a la medicina, y su caja de plástico con inyecciones falsas y falsos ungüentos tampoco varíe diametralmente (Medicina mágica, científica y homeopática)

Pero si es humanista, si se dedica al alma humana como su estatismo parece indicarlo, todo, en verdad, se hará humo o recuerdo (Humanismo y cultura).

Sus juegos empezarán a ser auténticos juegos sin necesidad de juguetes que los acompañen.

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