Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Archivo de Septiembre, 2014

Otro cuento para ustedes (última parte)

Recibí de José la continuación más espléndida de mi cuento del miércoles pasado. Recibí de Joise unas lecciones de literatura impartidas por Platón (Biografía de Platón).

Recibí de jóvenes que escriben como príncipes elogios y zalemas (La figura del héroe en dos cuentos de Andersen). Y me quedé esperando a Celestino (Niveles de la amistad).

Pero también recibí una sorpresa (Matemagia: Magia y Matemática) entre los comentarios: el de José María Gil, a quien de todos modos yo había convocado.

Aunque… lo convoqué porque hacía mucho que no lo “veía” y lo extrañaba, pero no pensé recibir algo así como una confirmación desde los cielos (Por favor, miénteme…).

Es decir, mi narración, al menos para mí, es del todo fantástica y nada tiene –o tenía en el principio- que ver con cuestiones más profundas, esotéricas…

Pero, ya escrito y publicado el cuento, el día anterior a recibir el comentario de José María, yo, aburrida, había buscado en internet, con cierta displicencia, algo que me entretuviera (Influencia de los videojuegos).

Y encontré 13 lecciones del Kybalión (Naturaleza y propiedades del pensamiento).

Leí con interés; desde mis 20 a mis 40 años había husmeado alguna forma de lo divino en todos los sitios que me fue posible; desde la quintaesencia del ocultismo hermético hasta los libros de Fulcanelli. Y alguna vez emergí de una de esas lecturas con ciertas convicciones. Pero el tiempo pasó y, mientras leía ahora el Kybalión, algo dijo en mí, o yo misma dije: “¡Qué feliz sería si pudiera ahora creer en algo, correr apenas, como dice el texto, el velo de Isis! Necesito urgente una confirmación”.

Así llegó la colaboración de José María. Me desconcerté, ¿qué tiene que ver mi ingenuo relato de cajitas de música y caleidoscopios con lo que cuenta él, inteligente, y no un buscador holisqueante como yo?

“Como es abajo es arriba”, me dije. Además, la ley de gravedad está a mi favor, reuniéndome con todos ustedes.

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Otro cuento para ustedes

Tocaron el timbre y vi detrás del vidrio ahumado una silueta singular. Era la de un hombre muy alto, vestido de negro y con una valija (Amenaza sobre Londres “La valija”).

Dudé antes de abrirle, pero mi curiosidad pudo más que cualquier advertencia (Introducción al Pensamiento Científico); así, tras la puerta, parecía un dibujo de novelas infantojuveniles (Literatura infantil y juvenil) –la palabra infantojuvenil alguna vez me pareció un crimen aplicada al arte de escribir, pero finalmente llegué a estar de acuerdo  con quienes la inventaron después de leer algunos relatos y poemas cometidos por autores de literatura juvenil (Cultura, arte y sociedad).

Casi sin darme cuenta él estaba sentado en mi living, extrayendo su mercadería con mística de vendedor (El capital de la vida)

Aparecieron unas cajitas de música (La importancia del juego).

-¡No -dije con voz chillona y señalando las paredes de mi casa-; en todos estos estantes hay cajitas de música de épocas diferentes, algunas ya no andan, pero las odio a todas!

-¿Odia la música? –preguntó desenfadadamente.

Iba a explicarle que lo que odiaba era la estética de las cajitas, no la música, pero, una vez descubierto el oficio del caballero que estaba tras la puerta la curiosidad me abandonó y quise despedirme rápido.

Dije que sí (La música ante el ser humano).

-¡Odia la música! –exclamó-. Y pensar que me recomendaron a usted como una compradora sensible… (¿Déficit de atención o superávit de sensibilidad?).

-¿Quién me recomendó? –pregunté enfurecida contra el abstracto amigo que me habría dedicado esta broma.

-No lo recuerdo bien, fueron varias personas.

-¡Yo no tengo enemigos en este pueblo! –grité convencida.

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El espectáculo

No hay nada más precioso que mirar (Sensación y percepción), que ya no ser parte (El cruce del Jordán). Entonces se guardan en nosotros los tesoros y los paisajes, Yo ni siquiera me asomo.

Tranquiliza, pruébenlo (Camino hacia la Serenidad).

Atender es la palabra precisa. Atender al mundo silenciosamente; cada hoja que cae es entonces un sonido, o cada estrella que aparece una señal (Alicia detrás del espejo).

La mejor edad para empezar a atender es ésta (El ser adulto y sus características). Ya alguien nos quitó casi todo. Pero hay algo que no puede quitarnos fácilmente: el espectáculo (La vejez: el último poema).

Estos son ejercicios de mirar:

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El hilo de vidrio, y Seferis

Ya he dicho en ese mismo espacio que sin las palabras (La semántica del reggaetón) el mundo se empobrecería de una manera trágica (Evolución del yo social) -siento ahora la distancia entre el murmullo del mundo y el vocablo que elijo. Hablo como un ciego perdido en un bosque de signos tanteando las palabras para encontrar alguna que lo explique (La semiología: ojos para leer el libro del mundo).

Uno, mejor dicho una, tiene definiciones varias, aprendidas en miles de años, pero esas definiciones rodaron, se gastaron y terminaron oxidando los objetos del pasado que las rodeaban y que eran nuestra única base, nuestra única tierra firme (La Investigación Histórica).

Llegamos a lo más alto de nuestra edad con esas definiciones de ocasión, esas frases hechas que nunca desciframos del todo porque no nos pertenecen (La convivencia y el conflicto).

Debemos enterrar las antiguas partituras y, quizás, hasta elegir otro instrumento (Fundamentos teóricos de la comunicación).

Nunca más el temor, aquel temor, temor de no volver de la belleza de decir, como si hubiéramos violado a la belleza. Como si letras desesperantemente vírgenes nos esperaran en otro alfabeto, en otra casa de citas, en otro parque de la juventud (Belleza).

Ahora la hermosura es para más allá de la vida y, como dije antes, yo sólo recostada en mi caja de muerta puedo hablar.

Pero existen otros modos de encarar la verdad, y para los ateos y para los creyentes son ambos: el sueño y la oración. Yo pido en sueños que los ladrones que hay en los espejos me devuelvan la niña cuyos ojos ven más allá de la esperanza.

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