Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Rarezas de un ladrón de ciervos y conejos

En 1582 un joven de 18 años, hijo de un carnicero arruinado y de una mujer de también arruinado linaje, abandonó su pequeño pueblo inglés y viajó a Londres para escapar de la justicia (Renacimiento y sus representantes).

El joven era sensible; el lugar donde nació influyó en su raro conocimiento del latín de los árboles y flores; un todavía sin nombre amor por la poesía lo volvió frágil y lleno de gracia, rimador y enamorado (Carta a los adolescentes infames).

También influyeron en él las malas compañías y los abismos de su alma transgresora (La imperfección como terapia). De modo que hay papeles antiguos que confirman que “era muy dado a todo género de malicias: robaba ciervos y conejos, particularmente a Sir Lucy, quien en muchas ocasiones lo hizo azotar y a veces prender, hasta que lo obligó a abandonar su pueblo, no sin gran ventaja para el mismo ladrón” (Psicología social: El señor de las moscas).

El joven ya se había casado cuando se fue a vivir a Londres, pero la aventura que quería protagonizar no le permitía trasladarse con mujer y con hijos.

Antes de partir, escribió para el viejo Sir un verso satírico, no muy bueno y bastante intraducible.

Dicen que en Londres consiguió trabajo: cuidaba en la puerta de los teatros los caballos del público refinado, hasta que fue admitido como criado en una de esas compañías farandulescas.

Allí aprendió el oficio, no de escribir sino de reescribir obras de teatro. “Reciclaba” obras ajenas, y lo hacía de un modo talentoso, tan talentoso que aprendió a redactar las suyas propias, tan talentoso que las suyas propias fueron quizás el mejor teatro y la mejor literatura del mundo -el “quizás” es tramposo; todos los juicios de valor suelen ser exagerados en arte, pero en el caso que nos ocupa la frase debería estar escrita sin “quizás”.

En su testamento legó su “segunda mejor cama” a su mujer, Ana Hathaway, y ninguna otra cosa, lo que dio mucho que hablar entre la gente.

Él escribió su propio epitafio, que todavía perdura y reza:

Buen amigo, por Jesús, abstente

de cavar el polvo aquí encerrado.

Bendito sea el hombre que respete estas piedras

y maldito el que remueva mis huesos.

Murió en 1623 en el pueblo donde nació y adonde había regresado, Strat-ford-upon-Avon, y nadie se atrevió a remover sus huesos. Pero, aunque no sé si es leyenda, se dice que junto a él enterraron un gran número de sus obras inéditas.

De todos modos, ya Hamlet y una buena cantidad de personajes eternos hablaron por él.

Mora

Monografias

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Comentarios

4 respuestas a “Rarezas de un ladrón de ciervos y conejos”
  1. Joise Morillo dice:

    Querida Mora, Saludos.

    Duda no me afecta al decifraros algo tan sencillo y de emblemático el personaje, pues, el pilluelo de Avon ese que nombráis, es el creador también del Mercader de Venecia, Romeo y Julieta, etc. Pues:

    Willian sera su gracia y Shakespeare su linaje…LOL

    Luego habrá epístola de él.

    Os ama

    Joise

  2. Jose Itriago dice:


    Lo mejor de traer a Shakespeare al salón de Mora es que nos obliga a cumplir con el maestro. A veces pasan los años y nos olvidamos de los grandes que nos hicieron la vida mejor con sus genialidades. En este sitio hemos revisado a unos cuantos. Hoy le toca al amigo William.

    Sería fantástico dominar bien el inglés para saborear mejor sus elaborados juegos de palabras, cruce de ideas, dobles significados y la belleza de su lenguaje, que tenemos que conocer sujetos a la calidad del traductor. Pero es una tarea ardua.

    También estas revisiones de los grandes nos sirven para descubrir muchas obras que no hemos leído, quizás porque no gozan de la popularidad de las otras o porque esas otras, siendo tan importantes, las opacan.

    Sus poemas, objeto de análisis enfermizos para descubrir aspectos de su sexualidad, son de gran belleza. Es difícil elegir uno para añadirlo. Así que lo escojo al azar:

    Cuando en sesiones dulces y calladas
    hago comparecer a los recuerdos,
    suspiro por lo mucho que he deseado
    y lloro el bello tiempo que he perdido,

    la aridez de los ojos se me inunda
    por los que envuelve la infinita noche
    y renuevo el plañir de amores muertos
    y gimo por imágenes borradas.

    Así, afligido por remotas penas,
    puedo de mis dolores ya sufridos
    la cuenta rehacer, uno por uno,
    y volver a pagar lo ya pagado.

    Pero si entonces pienso en ti, mis pérdidas
    se compensan, y cede mi amargura.

  3. Joise Morillo dice:

    Querida Mora, en agosto del 2013 me acuerdo en un post, vuestro cumpleaños, que dicho sea de paso no lo recordamos, pero, deseo, grandemente sigáis cumpliendo muchisimos mas, para poder seguir disfrutandoos; me referí a vuestro pilluelo británico. Tambien:

    ¡Como venezolano traje a colación lo dicho en esa oportunidad!:

    Para mí es y será muy refrescante, ubicarme en la literatura de mi pais y sus ilustres, pero para ser critico de verdad debo ir más allá de la estancia tórrida de Andrés Bello, Guzman blanco, Cecilio Acosta, Romulo Gallegos, Incluso nuestro Miembro de numero de la REAE Rafael M. Baralt y muchos contemporaneos, entonces referirme universalmente a un maestro del drama, la tragedia y su sublime concepción erótica, la del Bardo de Avon, Shakespeare, es toda una gracia y poder hacelo me honra. ¡No obstante la detracción le tilde de plagiário!

    Shakespeare podría ser la inspiración de Kafka y Camus por denunciar lo irónico y absurdo de lo que manifiesta la conducta humana, principalmente en el desenvolvimiento social y familiar, basado en sus relaciones de lujuria, vanidad y avaricia, aunque también refleja la triste realidad del abuso del poder, la intriga y la ambición de poder desmedida junto a un fetichismo exuberante mas la canalla politica y sus desmanes criminales. Hamlet, Macbeht

    El bardo de Avon, fue favorecido desde su infancia incluso, por el mecenazgo, pero fue saliendo de su pueblo natal para Londres que, Sir Chamberlain lo acoge a sus huestes teatrales e incluso le hereda, su después quemado Globo Theater, el cual fue también altamente subsidiado por su mecenas posterior, el rey Jacobo I.

    Nuestro Bardo concibe el amor, de alta figura, no obstante terrenal totalmente y, sin la espiritualidad clásica de lo griegos, pero emblemática por la pasión y fuerza de su drama.

    “Hasta en la muerte de un pajarillo interviene una providencia irresistible.” Shakespeare (dixit).

    Romeo a Julieta, ACTO II - ESCENA II

    ¿Qué luz es la que asoma por aquella ventana?
    ¡Es el Oriente!
    ¡Y Julieta es el sol!
    Amanece tú, sol, mata a la envidiosa luna.

    Está enferma, y cómo palidece de dolor,
    pues que tú,
    su doncella,
    en primor la aventajas.

    ¡No la sirvas ya más, que ella te envidia!
    Su manto de vestal
    es verde y enfermizo,
    lo propio de bufones.

    ¡Aléjalo de ti!
    ¡Es ella, sí, mi dama!
    ¡Es, ay, mi amor!
    ¡Si al menos ella lo supiera!
    Habla y no dice nada.

    Más, ¡qué importa!
    Lo hacen sus ojos, y he de responder.

    ¡Mi esperanza qué necia,
    pues no es a mí a quien habla!

    Dos estrellas del cielo
    entre las más hermosas
    han rogado a sus ojos
    que en su ausencia brillen
    en las esferas hasta su regreso.

    ¡Oh, si allí sus ojos estuvieran!
    ¡Y si habitaran su rostro
    las estrellas la luz de sus mejillas
    podría sonrojarlas como hace el sol
    con una llama!

    ¡Sus ojos en el cielo
    alumbrarían tanto los caminos
    del aire que hasta los pájaros cantaran
    ignorando la noche!

    Mirad cómo sostiene su mano la mejilla.
    ¡Fuera yo guante de esa mano,
    para poder acariciar su rostro!”

    Shakespeare.

    Os ama
    Joise

  4. Rafael Gálvez dice:

    Me parece muy interesante e inesperada la versión que trae Mora de la juventud de Shakespeare. Y a propósito de Hamlet, quiero compartir con ella y sus amigos lo que pienso acerca de un pasaje del Acto V (la escena del cementerio) y que envié a Eduardo Casar, uno de los conductores del programa televisivo “La dichosa palabra” que se transmite en México los sábados a las 20 horas por Canal 22:

    Hamlet y el sepulturero

    Buenas noches, Eduardo:
    Anoche que veía La dichosa palabra en que hablaban de Shakespeare, recordé un pasaje de Hamlet (Acto V) que me ha llamado mucho la atención. Me gustaría que en el próximo programa en vivo hablaran de este pasaje, pues hay en él un juego de palabras característico de Shakespeare que se presta a entenderlo mal, como me parece a mí que ha sido.
    Se trata del momento en que Hamlet, platicando con su amigo Horacio ante una sepultura en la que va a ser enterrado el cuerpo de Ofelia, le dice que va a hablar con ese irrespetuoso sepulturero que había estado jugando a los bolos con las calaveras (doy, en términos generales, la traducción corriente, y pongo en cursiva la traducción que me parece dudosa) [ Estoy viendo que esta copia de mi envío a Eduardo no respetó las cursivas que puse al dicho de Hamlet "Tú mientes en ella" y a "tú mientes", y no sé cómo reponerlas ]:

    Hamlet .- ¡Oye, tú! ¿De quién es esa sepultura?
    Sepulturero.- Mía, señor.
    (Enseguida canta dos versos de una canción).
    Hamlet.- Yo creo que, en efecto, es tuya, pues estás dentro de ella [ you lie in it ].
    Sepulturero.- Tú estás fuera de ella [ You lie out on it ], señor, y por eso no es tuya. Por mi parte,
    yo no yazgo en ella [ I do not lie in it ], y sin embargo es mía.
    Hamlet.- Tú mientes en ella [ You do lie in it ], al estar ahí dentro y decir que es tuya. Es para
    los muertos, no para los vivos; por eso, tú mientes [ you lie ].
    Sepulturero.- Es una mentira viva [ It's a quick lie ], señor. Se escapa de mí y se vuelve a vos.

    Se trata, como se ve, de un juego de palabras con el verbo to lie. aunque también hay algo de
    connotativo en la expresión “es mía”, porque al contestar así el sepulturero supone que Hamlet es algún supervisor del cementerio que está vigilando el trabajo de los que limpian las fosas, y Hamlet, tendenciosa y malignamente (pues quiere molestar al sepulturero por su falta de respeto con las calaveras), interpreta “es mía” en el sentido de “yo la habito”. Por eso dice enseguida: “Sí, seguramente es tuya, ya que estás ahí adentro”. El inteligente sepulturero, al escuchar esta frase de Hamlet, capta inmediatamente el giro que el malicioso Hamlet está dando a su respuesta (”es mía, señor”), y entonces le contesta, recalcando el sentido que él mismo había dado a “es mía” : “…yo no yazgo en ella, y sin embargo es mía (puesto que me tocó a mí limpiarla)”. Pero Hamlet vuelve a la carga, en su propósito de molestar (sustituyo ahora la traducción corriente por la que yo creo ser la correcta):

    Hamlet.- Sí que yaces en ella [ You do lie in it ], al estar ahí dentro y decir que es tuya…

    Pongo en cursiva Sí (en la frase en español) y do (en la frase en inglés) para recalcar el énfasis que se le quiere dar, ya que Hamlet está empeñado en contradecir lo que el sepulturero le acaba de decir: “… yo no yazgo en ella…” Sin embargo, aunque dicha traducción concuerda muy bien con lo que se acaba de argumentar, Hamlet continúa diciendo algo que al parecer ya no concuerda:

    …Es para los muertos, no para los vivos; por lo tanto, yaces.

    Esta conclusión se justificaría si el sepulturero estuviera muerto. Pero esta dificultad se resuelve fácilmente con sólo recordar el empeño de Hamlet en molestar. Y nuevamente el inteligente sepulturero capta de inmediato el sentido malicioso de las palabras de Hamlet, al espetarle:

    Esa es una mentira viva, señor [ a quick lie, sir ]; se escapa de mí y vuelve a vos.

    con lo que le quiere decir que si fuera cierto que él está muerto y que, además, sueña que limpia su propia fosa (esto último parece estar implícito en la frase de Hamlet), entonces también se debe decir que Hamlet yace muerto en su tumba y sueña que habla con un sepulturero, es decir, tendrían que compartir ambos el mismo sueño. Ya sólo queda justificar eso de “estar muerto y soñando”, lo que se logra recordando aquel verso del célebre Monólogo de Hamlet:

    Morir, dormir, tal vez soñar…

    En fin, estimado Eduardo, me gustaría que comentaran esto que les comparto en el próximo programa de la dichosa palabra.

    Esto es lo que quería compartir contigo, Mora, y con tus lectores.



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