Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Para contribuir a la confusión un poco más

Me pareció deliciosa la discusión hermenéutica (Hermenéutica)  entre mi amado caballero andante, Joise, y Gabino Francisco Ramírez Sánchez, de quien espero tanto como de Joise (Amistad civil en Aristóteles).

Hoy, por ejemplo, quizá yo no le resulte tan sencilla a Gabino (Dulce María Loynaz: lengua y poesía). Y es que, tal como le refirió mi otro caballero de estos caminos virtuales y tal vez mentirosos, José Itriago, el lugar al que llegó está erigido para escribir lo que uno verdaderamente tenga ganas de escribir; sin compostura, sin exigida ortografía ni sintaxis (Producción de textos). Uno, en definitiva, es como puede, y poder hablar aunque sea con interjecciones o monosílabos ya es algo (Los roles en nuestra vida). Pienso en esto hasta como una ayuda solidaria que nos podemos dar unos a otros (El concepto “solidaridad”); escucharnos tratando de descifrarnos (Herencia y Ambiente).

Este es un espacio donde todo el mundo puede decir lo que piensa aunque no piense nada, señor Gabino! Y la primera que lo hace… soy yo.

Por ejemplo, ¿no le parece absurda mi siguiente reflexión, o tal vez no absurda, sino Vacía? (Albert Camus).

Se trata de un dolor infinito  y desconocido que me atravesó hace tiempo, cuando fui con Elsa, Mane, Ignacio y Guillermo a un muelle de pescadores en el mar, una tarde.

Los cornalitos en la red y la poesía

Había algo tembloroso, plateado, que vivía como yo, o un poco menos. Estaba herido en la red, luminoso en la parte del sol, muriendo lo viviente, mientras yo sentía el dolor de morir, igual al mío. Mientras la vida me amenazaba con sus quejas y una sirena que vi entre las olas gritaba y la tempestad le respondía.

La poesía me dijo que eran trozos vivos de un cuerpo que hay que armar; cada pedazo tiembla y a veces, sin embargo, hay que matarlo, aunque uno muera de matar ese fragmento tembloroso de algún cuerpo.

O quizás éste a continuación resulte más ridículo aún:

No di mi flor

No fui un naranjo ni di rosas. Ahora la primavera sabe que es razonable que al estar aquí, tocada por su risa y a veces saludada por los pájaros, mi cuerpo envejecido no haga nada más que beber el sol y estarse quieto bajo las notas de la lluvia.

Y que antes de escribir el comienzo de un cuento que no llegó a ser cuento ni nada, yo haya escrito:

Hay la distancia entre el murmullo y el vocablo que elijo, hablo como un ciego tanteando las palabras o como un mudo que mira la verdad; por mis ojos y por mis manos ruedan joyas en lo oscuro, caras cuyo resplandor vela la carne, y el pasado cuya condición oxida los objetos. Hay la distancia, aunque sea sutil, entre caer y descender, y la distancia es el único horizonte.

Comienzo del cuento que no llegó a ser cuento

Cuando murió la señora del segundo piso, la que le cosía los vestidos -Madame Tijeras le decían en el edificio- fue cuando decidió mudarse. La mujer tomó la costumbre de aparecérsele, y, lo peor, cercarla con insinuaciones de muerte. Había tenido Madame Tijeras una casa de modas mucho antes de dedicarse, empobrecida, a coser para afuera; estaba loca, y ahora, también estaba loca en el más allá.

Madame Tijeras va abriéndose paso con sus manos por la tenebrosa materia astral. Hay un bollo de reliquias de muertos que conforma una especie de nube; Madame lo desenvuelve y entre los aullidos que hay allí, pasa. Ella no piensa casi nada en lo de antes, pero le gusta, ahora, jugar. Tiene el poder de asustar a su vecina, una joven que siempre le pareció extraña (¿Continuará?)

Y en los alegres días en que el amor solía asomarse

Sonido del aparecer el amor, la música no es negra sino roja, y entonces se distrae la presencia y se sabe, se escucha, se dedica el vivir. Uno vuelve de sí con cabellos de loca aguamarina, ojos de más mirar que entrecruzan el mar con el amor y en la piel el perfume de algo nacido, musical, no dicho del todo por temor de muerte.

Pero también se vuelve de volver, se vuelve de cabellos y mirar, de puro ser, de puro respirar fresco, se vuelve repto, roto el pelo, sin ojos la mirada, muy cercano a lo seco, lo durmiente, lo durmiente cercano de morir. Pero también se vuelve de morir, hacia otro sonido, otra nota, otro don, hasta el final cuando el sonido de aparecer el desaparecer se fija cuando yéndose se cae, y no se sabe entonces la música, el silencio, la partitura oculta, la partitura sola, solitaria.

Envío

Hoy les envío un breve recuerdo.

Era el 1° de julio de 1974. Éramos muy felices y muy pobres, mi marido y yo. Esperábamos un hijo para ese mismo mes. De pronto, por la tarde, todas las campanas de todas las iglesias -que en Santa Fe son muchas- empezaron a repicar muy lentamente: había muerto Perón. Y después por tres días estuvimos envueltos en la neblina fúnebre; el televisor sólo pasaba imágenes de miles de personas que pasaban por un segundo junto al féretro del presidente, lloraban y saludaban, y eso era todo.

Estábamos sentados muy juntos, Matías y yo, en un sillón pequeño. Desde mi vientre enorme un movimiento del pequeño Ignacio resultó en un puntapié a su papá. Nos reímos. Más allá de todo, nos sentíamos viviendo un momento histórico singular. El 24 de julio Ignacio nacería y, además, todas las historias empezarían a cambiar, las familiares y las de la Argentina.

Para Joise y Gabino, con cariño

Mora

Monografias

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Comentarios

6 respuestas a “Para contribuir a la confusión un poco más”
  1. Gabino Francisco Ramírez Sánchez dice:

    Muchas gracias por los comentarios, me da gusto el que le agradara mi aportación. espero poder participar con mi opinión, en la medida de que el tiempo me lo permita, en otras publicaciones en su blog.
    En lo que respecta a las reflexiones que nos hace el favor de compartir, le diré que no me parecen en lo absoluto ridículas, ni mucho menos absurdas o vacías, “Los cornalitos en la red y la poesía”, “No di mi flor”, “Y en los alegres días en que el amor solía asomarse”, me parecen unas poesías muy sencillas, pero sumamente agradables y “Comienzo del cuento que no llegó a ser cuento” (sentí el estilo como el de Doña Isabel Allende y en mi opinión debería algún día acabarlo) y su “Envío”, son pequeñas narraciones vivenciales, claras y concisas. Le agradezco mucho el que nos las haya dedicado, es un honor, saludos….

  2. Fernando Rosso dice:

    Me imagino, estar ” …bajo las notas de la lluvia.” Muy lindo.

  3. Joise Morillo dice:

    Hola querida Mora.

    Les adoro, y a vos.

    Frases de dulce laberinto y ludo, exquisitas, justo el sendero, que no lleva. Empero, raudo, es el fin, onírico y terso de encontrar querido.

    Amo vuestro pulcro tejer, letras y prosa, cual jardín celeste en Edén y armonia ocular, tangible. Amo vuestro garbo espíritu, de fina, dócil, fuerte y enérgica pluma, antes en alones Blancos o no, vivos y beneficiados por ser para tan digna mano.

    Así también horondo por vuestra generosa voluntad, y no dadiva ni complacencia, se de honor ofrendado a un mortal, que, ante vos inmerece.

    Por esa virtud disfruto y comparto vuestro cosmos.

    Os ama
    Joise

  4. Mirta Beatriz Gariglio dice:

    Mora, amigos: tantas cosas mueren antes de nacer o, acaban antes de empezar…Como nos lo cuenta el musical Conrado Nalé Roxlo en “Se nos ha muerto un sueño”
    Carpintero, haz un féretro pequeño
    de madera olorosa,
    se nos ha muerto un sueño,
    algo que era entre el pájaro y la rosa.
    Fue su vida exterior tan imprecisa
    que sólo se lo vio cuando asomaba
    al trémulo perfil de una sonrisa
    o al tono de la voz que lo nombraba…
    Mas qué te importa el nombre, carpintero,
    era un sueño de amor, tu mano clave
    pronto las tablas olorosas, quiero
    enterrar hondo el sueño flor y ave.
    ¡Al compás del martillo suena un canto!

    “No vayas al campo santo,
    porque los sueños de amor
    no mueren, se muda en llanto
    su forma de ave y de flor”

    La vida es un collar de sueños sucesivos :alcanzados, malogrados, duraderos, efímeros… Renacemos, seguimos soñando. Lloramos y volvemos a amar. Y recordamos—
    Mis cariños.
    Perla

  5. fabi risso dice:

    Mora, me imagino que Madame Tijeras tendrá tela para cortar…, encore?

  6. Jose Itriago dice:


    Volver. Caminamos buscando los rastros de nuestros pasados felices, evitando cuidadosamente tropezar con los otros, hoy ajenos, enterrados y aunque también se vuelve de morir una y mil veces, ésos enmascaran el rastro que deseamos encontrar.
    Lo encontramos en los aromas donde los más finos perfumes fueron tapizando las paredes, hoy descascaradas, de las alcobas donde la piel brilla en la penumbra suave, vestida tan solo de olores. No se precisa de más. Volvemos al cobijo de sus cortinas guiados por el Cuarteto No 15 de Beethoven, que se esparce como el humo azul de tu cigarro: las volutas misteriosas chocando con algún rayo de luz que nunca sabremos de dónde vino, pero que el cello sigue atentamente.
    A veces creo encontrarlos en algún crisantemo de oro que hace de portero a un patio íntimo, cercado de piedras hermosas, pintadas de musgo (hoy, empequeñecido, también quiero volver para rozar imposibles mientras te doy un edelweiss, la flor emblemática de las alturas) El patio no tiene más techo que algunas ramas extraviadas de una ceiba. Adentro estamos bajo el sol filtrado que dibujan acertijos sobre tu piel que trato de interpretar para predecir un futuro que nunca existirá.
    Pero volvemos a los presentes. Seguimos errando de un sitio a otro. Quizás nos crucemos alguna vez. Ojalá podamos reconocernos. Tal vez te encuentre por tu aroma. Debe ser lo único inmutable. El resto es demasiado movedizo y extrañamente, parece que ahora quiero estabilidad para analizar, repensar, catar. En el presente caminamos buscando los rastros de los pasados felices dibujados por un cello que interpretas tú. Hasta allí lo entiendo, pero en mi círculo retorno siempre al principio, que es, naturalmente, el mismo final.



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