Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Una mujer desesperada

Me alegró encontrar entre las sombras (El valor alegría), entre los residuos de mi vieja poesía, el retrato de dos o tres personas que quiero, el retrato de mí cuando era niña, y el de mi más que amada niñera -o nana, como la llaméis (La descripción: huérfana literaria).

Me dije: -En este tiempo de desencanto, cuando mi mano ya no escribe y mi alma ya está desentonada -¿o será pasajero el desencanto y la inmovilidad de las letras? (Posmodernidad y desencanto)- sería bueno pasarles a ustedes, mis amigos, esos fragmentos de esperanzas tristes.

Cuando tenía unos treinta años me preguntaron si había leído a Olga Orozco (Romanticismo, Literatura Romance). Y no; pero fue entonces cuando la leí. Y esa lectura hizo que me fuera volando en una escoba a vivir en Buenos Aires, donde ella vivía (Historia de la Recoleta-Buenos Aires-Argentina) . Sin ningún deseo de dar a conocer lo que yo escribía ni nada (Entre escritura pedagógica y literatura pedagógica): sólo el deseo de hablar y ser respondida por los ojos de Olga y por su voz increíble (Conversaciones con el ermitaño).

Pero de esto hace mucho tiempo, tanto que ahora ya ni siquiera vivo en Buenos Aires, pero tampoco volví a mis pagos nativos; estoy en las montañas de Agua de Oro, esperando que nieve, por el momento. Y lo cuento porque son mis antecedentes, o “los” antecedentes, de los humildes poemas que paso a transcribir:

Esos fragmentos

(Esta era la niña)

Amable es esa niña que vive en mí en silencio

y se confunde, con sus ojos de brisa, con el viento.

Suave es ese perfume que la nostalgia de ella sopla sobre mi cara,

pone en mis manos como dándome el alimento que daré a los pájaros

o las semillas que daré a la tierra.

Brillante es esa niña que se estaciona entre las frutas del invierno

y roe el corazón de la manzana, sonámbula de muchas noches en las que ella fue la reina,

en las que fue la estrella que desde lejos parece hermana de la luna.

Humilde es esa niña que tiene en la frente aquella flor llamada pensamiento

y en la sangre aquella rosa de los jardines en desorden

adonde crece de la hierba más alta la canción más alta hasta los cielos;

amable, brillante, humilde, está en el trébol,

está bajo los tréboles vampiros.

(Esta era la Nana)

Paisajes hace tiempo bajo la luna abandonados con un escalofrío;

las cosas bellas están en su lugar, las cosas frías y las cosas horribles

ocupan su sitio. Una niña encalmada abanica con blanco mirar cada objeto;

no digan que soy yo, cese la tempestad de las visiones, dejen que muera dentro de mi infancia

y que el tiempo no llegue hasta mí, la que ahora soy. Mi nana se llamaba Teresa

y era oscura y caliente, con una estrella de placer en la sonrisa

y dientes de reír y versos aprendidos a medias en portugués y a medias en idioma de niñería;

mi nana se llamaba Teresa y me oigo decirlo como en sueños, ya que de ella

ni siquiera sé hoy si murió o si sigue siendo la novia de la estrella más alta,

la señora de la piel más azul; ni siquiera sé hoy si existió o la formé con carne de recuerdos soñados

y lo que me escucho decir de esta mujer puedo decirlo de la muerte y de la vida.

Paisajes hace tiempo bajo el alba abandonados, debajo del cristal de todas las historias,

debajo de una piedra con un nombre, y la brisa que pasa con su hamacar solemne y la cara que siente la caricia

y las manos que tocan y el perfume guardado de los mitos, los pájaros y el sol

–he sentido el perfume del sol, es una verdad sin metáforas ni sueños,

es un decir apenas, sin fantasmas.

(Este era el proyecto)

Cuando esté solitaria y muy abandonada

voy a escribir una novela tallando cada persona de mí,

cada gesto de los que hicieron antes quienes me aprobaron;

conviviré con ellos y comerán mi luz

de rosas apacibles en grises tardes, con un poco de mi envidiable alegría.

Serán amados después de hora en banquetes donde la mansión es el papel

y los sirvientes serán aquellos con los que nada acordé, los amantes serán

quienes lograron para mí ese instante de miel y perduración en el segundero del tiempo

y la bella seré, a pesar de muchos.

Al fin podré llorar seriamente mis dolores

y ser feliz con el color de todos los cielos

y asombrarme de la ternura o del vacío en el vacío

en verdad mío, en verdad muy antiguo.

Una vieja mujer apoltronada, una vieja mujer de rango negro

se abanicará en el sillón, hurgando con sus lápices de infancia el interior de los paisajes,

y un niño con un rollo de fotografías en negativo

adivinará los personajes.

Envío

Quería escribirles una carta a todos ustedes, mis escritores-lectores. Pero no pude, no me salió. Estos versos son la carta que no les mando, desde el pasado y desde ahora. Con mi agradecimiento más antiguo, de cuando yo era agradecida…

Besos

Mora

Monografias

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Comentarios

7 respuestas a “Una mujer desesperada”
  1. William Hermel Batallas Cueva dice:

    Me gusta, por tratarse de una construcción clara, sencilla, llena de inspiración y profundidad de pensamiento. Son propios de una inspirada académica ajena a la improvisación. Felicitaciones sinceras.

  2. isabel salcedo dice:

    Me recordó mi infancia… en la que he estado urgando casi sin desearlo…para deshacer los nudos que…si…lamentó…se han alborotado en mi cuerpo…me recordé de mi nana mulata…nana nodriza de enormes dientes blancos…y me acordé de mi balanceandome en el columpio del patio y jugando con las chirimoyas del viejo arbol…las cosas bellas estaban en su lugar y luego también las “cosas” horribles.
    Parece que si dejé algunas migas en el camino…a ver si logró porfin regresar y recupero lo que es mio…

  3. ismael monge dice:

    Claro que resultaba imposible leerlo y no identificar alguno de nuestros momentos lejanos de nuestra infancia. Es como un recreo forzado a cada verso, a cada evocación tejida con sentimientos sublimes y con la esencia de la madurez . Agradezco la oportunidad de compartir con Mora.

  4. Jose Itriago dice:

    El mar nocturno, azogue en los platos de los mineros buscadores de oro. Movimientos lentos, manos negras, blancas, amarillas, ojos inyectados que esperan el brillo opaco de una pepita. Esperanzas cosidas una tras otras: ferrocarril que conecta con la estación del vacío en los escasos descansos, unas horas apenas de sueño, sueño vigilante: no perder el puesto, proteger el poco peso de lo logrado.

    Cuidarse es no mostrar la emoción el día que llegará, quizás en años o apenas en horas.
    Los que se fueron ¿habrán encontrado o solo fue la desilusión? Mejor creer que se fueron escondiendo su discreto hallazgo, no con las manos vacías y la enfermedad galopante. No.

    Como azogue es este mar que contemplo en mis recuerdos. Los paisajes abandonados bajo la luna y un escalofrío que me recorre el entumecido cuerpo. Si. Las cosas horribles de nuestra imaginación enfebrecida toman el lugar del horizonte, tan difícil de discernir a la hora postrera del día y de nosotros. Mis manos negras una vez acariciaron las ternuras de la niña, algodón para cicatrices sempiternas (se heredan, las cicatrices se heredan y heredé tantas…) pero el algodón de las manitas blancas que hurgan son bálsamo. Su recuerdo hoy, ante la noche que nos llegó, es lacerante, abre las espitas que creía cerradas y un manantial de lágrimas surca la soledad de los fracasos, ilusiones abortadas que fueron peldaños de sobrevivencia.

    Son minutos apenas de descanso, de dudar en seguir. La batea entre las piernas, bien sujeta. Antes, cuando bateaba en la orillita de los desechos, la que me habían dejado quizás por compasión o por temor a un maleficio –ahora sé administrar los temores de mi cuerpo enclenque- en las vueltas y revueltas veía su cara, la de mi ángel, que perdí por amarlo tanto. Pero ya no. Solo agua amarilla, sin reflejos, gracias a Dios.

    Por estos sitios no hay ni flores, cuanto menos jardines. Pero yo viví en uno, les digo a los pocos que tienen que oírme. Y es que ya no se pueden dar el lujo de gastar fuerzas en moverse. Es algo que se aprende. Hay que saber ahorrar el esfuerzo. Tampoco se habla mucho. A veces creo que les estoy contando mi vida extraña allá, tan lejos, entre jardines, con comida todos los días, agua limpia, ropa planchada y un sol para cuidar, pero no, la estoy pensando, como pienso en esta oscuridad el mar de azogue y la noche que se lleva el paisaje y puebla la vista con los fantasmas del pasado. Me hablo a mí misma para distraer la soledad entre tanta gente sola, que ninguna sirve de consuelo a la otra. Al menos aquí me puedo escuchar sin que nadie me crea loca, sin que me supongan intenciones malas.

    A veces me canto canciones de mi isla -maldita la hora en que la dejé- me acuno con las mismas nanas que le cantaba a mi bebé. A veces me cuento viejos cuentos para oírme, nada más que oír mi voz, cascada, débil y tan fuerte que fue. Mi voz se confunde con rumores de río y el oleaje silencioso de mi mar de azogue y no sé si lo hablo o lo estoy pensando. Da lo mismo.

  5. Joise Morillo dice:

    Amada Mora, Ser feliz lleva implícito, quererse a si mismo, sin rayar en la egolatría, saber y conoocer la virtud propia es: alejarse de la mezquindad, principalmente, porqe comulga con la filantropía. Propia y en funcion de los otros.

    No hay lugar, ni momento para abandonarse al desespero

    Creed no sentiros muy abandonada
    si escribís una obra inspirada en quienes os han amado
    o tallando personas que aman a otros,
    incluyendo cada gesto de quienes os reconocieron vuestra virtud;
    o mejor si compartís con ellos vuestro pan y lumen,
    vuestro jardín floreado de rosas, jazmines, todas las tardes aun las lúgubres,
    las cuales sin duda haréis alegres.

    Vuestros banquetes serán la tertulia y comunión con quienes amáis o habréis amado
    en templo de oro, ellos serán, no vuestros siervos repudiados, sino, vuestro acicate
    para vivir, luego no tendréis nada ni nadie que despreciar
    todos a quienes habréis amado os darán la miel, momentos eternos de dicha y placer
    vuestra ingenua vanidad, será, como dadiva de la providencia, concedida.

    No habrá dolores solo seréis ser feliz, hermosa como un arcoíris de un solo y único
    cielo
    vuestro vacío en el vacío, será el éxtasis que otorga la felicidad
    vuestra única, de ti misma, que ahora os conocéis como lo que sois.

    Una mujer de tiempos antiguos, prolija y genuina, una mujer de estirpe y abolengo de
    arte, de sillón relajado, de anécdotas y paisajes,
    luego en vuestra memoria, vuestro
    amigo niño y, ambos, disfrutando los recuerdos de seres que habéis amado.

    Os ama
    Joise

  6. Cony Leon dice:

    Hola Mora tiene algunos años que recibo tus escritos; no me habìa registrado correctamente para poder hacer comentarios, te digo que tus correos son de mis favoritos y los guardo para leerlos como algo valioso y en soledad porque generalmente me hacen llorar de alegrìa, de nostalgia, de tristeza o de cualquier sentimiento.

    Mil gracias por alegrar o conmover mi vida

    Te quiero

  7. alexander solano dice:

    hoola .. me encantan tus escritos,y disculpa si no estoy al tanto.pero es que vivo en una zona rural y no poseo internet..os quiero



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