Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Cuento erótico II

…Luna se atrevió a seguirla solamente porque en medio de la arena entrevió una baldosa de su patio.

A Luna no le extrañaba que le hablara en su idioma, en castellano (Origen y evolución del castellano), estando, como estaban, seguramente, en un país remoto y de idioma remoto, ya que consideraba que al traspasar la tela se encontraba en un sitio donde todo lo desconocido se hacía conocido, todo entregaba su secreto y todo lo deseado se hacía posible (Del morir al vivir). Lo que juzgaba fascinante era el modo como le había hablado ella, las palabras que había elegido para expresarse, que concordaban perfectamente con su aspecto, una concordancia tan extremada que parecía poco natural, y se dijo orgullosamente mientras la seguía: “Yo he creado esto” (Héroes).

La mujer se acercó a una carpa de colores que refulgía en el desierto, miró a Luna y corriendo una tela la invitó a pasar (El libro del desierto).

-Es la segunda tela que se rasga -dijo, sonriéndole a Luna que sonreía porque estaba diciéndose lo mismo.

“El adentro es el afuera del afuera”, fue lo primero que se le ocurrió pensar a Luna para contarse lo distinto que era ese mundo del interior de la carpa (Discriminación). El calor no existía ya, aunque tampoco el frío. Era una ola de tibieza manchada en partes por señales de algo menos que frío, sólo fresco. Sólo frescura tibia e inmensidad existían adentro de la carpa, que era mucho más grande por dentro que por fuera. Era infinitamente grande, acaso más grande que el desierto (La metamorfosis. Una metáfora de Kafka).

La mujer la tomó de la mano como si Luna fuera una niñita y empezaron a recorrer la carpa. Había perdido toda resistencia, estaba en un estado de abandono y recordó: “El Paraíso, es decir abandono” (Llegando al paraíso), y en eso vio un pedazo sombreado de la tina del patio, para caer de inmediato en preguntarle el nombre a la mujer:

-Mi pensamiento es pensar en ti -respondió ella (El pensamiento).

También esta respuesta le resultaba conocida, o quizás era la voz, lejanamente conocida. Caminaban hacia unos bultos dorados que estaban a lo lejos. Luna no se cansaba, pero sabía que habían hecho kilómetros.

De pronto la mujer dijo en francés:

-Regarde-moi, je n’ai plus peur…-y estaban donde estaban los bultos, que eran magníficas mujeres sabiamente doradas por el sol, desnudas y de ojos oscurísimos, acostadas sobre una alfombra.

Las risas eran finas, inocentes.

La mujer levantó un brazo y Luna vio debajo de la túnica abierta su extraordinaria ropa.

Era un corset escarlata, no rojo, de encaje, cubierto por lentejuelas negras. Los dibujos del encaje subían como llamas de la cintura al nacimiento de los senos que se salían del corset y mostraban las dos brasas del centro redondas y pintadas con carmín en el centro, a la vez.

Luna no pudo soportar el reclamo del brazo levantado y la carne cremosa que entreveía, y se arriesgó a abrazarla.

Pero la mujer dijo no con una sonrisa, moviendo simplemente la cabeza, y utilizó el brazo levantado para señalar el grupo de mujeres.

Luna recordó que lo que deseaba esa noche era un hombre, o muchos hombres, mientras observaba la sombra de un árbol que se posaba sobre la pared final del patio, adornada asimismo por una santarrita, mientras se acercaba hacia el montón de damas, como quien entra suavemente al mar.

“Creo que son demasiadas”, se dijo con pesar, pero sintió la onda de caricias que llegaba desde un enjambre de dedos ansiosos, y las risas preciosas, y la seda, la seda, la sedosidad de aquella fruta exótica.

No eran más de cinco o seis mujeres, pero parecían muchas más por la movilidad tenue de sus cuerpos, por el color uniforme de la piel y los ojos y por el parecido sorprendente de las caras. Tanto que decidió que podía definir el asunto como si se tratara de un cuadro o de una escultura, dándole un título: Las partes de lo único, y en un momento en que el principio del goce se lo permitió se corrigió a sí misma: Los múltiples sentidos, y en otro momento creyó que esas mujeres constituían simplemente La mujer, el nombre que le sonó mejor.

Aunque no pudo ser clara y estar lúcida durante mucho rato, porque aquellas mujeres, de quienes no conocía nada más que fragmentos de sus rasgos -y ahora ella estaba con los ojos cerrados- la habían recostado sobre la alfombra mórbida y la acariciaban punzándola con una delicadeza de flor, o, mejor dicho, como si ella fuera una flor muy delicada.

Abrió los ojos -abrir los ojos era uno de sus gestos de cuando iba a estar todo cumplido- e iba a rasgar la tela verdadera, pero en lugar de mirar cara a cara al placer miró primero una pequeña nube que saltaba por la pared del patio y enseguida miró a la mujer parada muy cerca de donde estaba ella con las otras damas.

La sultana, algo así le parecía a Luna que era, se había cerrado la túnica y con una sonrisa decía no simplemente moviendo la cabeza, y esa era una orden a las demás mujeres, era el mandato que ellas obedecían por el cual en el mismo momento dejaron de moverse y se quedaron desinfladas, extáticas, apenas vivas y con una visible pérdida de belleza y de color, sobre la alfombra, junto a Luna.

La mujer, acercándose, recitó: “La hermosura física pronto se marchita, pero…” y le extendió la mano levantándola, como si levantara el tallo de una planta muy frágil. “…la hermosura inmortal es más alta que el cielo de los cielos”, dijo Luna elevándose, completando la frase que nunca había escuchado y que, no obstante, le parecía haber escuchado. Y la había completado a la perfección, porque la mujer decía que sí en silencio, moviendo la cabeza hacia delante y con una sonrisa.

Luna volvió a sentir su gracia casi divina cuando le dio la mano, y atravesando el sitio que había estado cubierto por las mujeres y la alfombra, que ahora estaba vacío, siguieron recorriendo la carpa.

-¿Dónde están las demás? -preguntó Luna. Aunque en el momento en que la formulaba su pregunta fue como si perdiera fuerza y no esperara ser respondida, porque la mujer se había acercado tan cerca de su cara que casi tocaba tanto perfume y tanto enigma, y suponía que no estaba excitada (¡y tan furiosamente!) por la situación anterior sino por el contacto, por la proximidad de esta mujer que tenía debajo de la túnica una ropa tan rara, y debajo de esa ropa, con seguridad, una desnudez perfecta y luminosa, como la que había atisbado por las aureolas pintadas de carmín, y en la cara los ojos más profundos, dulces y esquivos, serenos y sensuales.

Ante este oleaje de palabras pensadas, Luna se quedó silenciosa. Eran sus propias palabras las que la arrastraban, sin remedio, sin remedio posible, hasta donde nada se podía cumplir; ni el amor, ni la vida, ni las visiones ni los viajes.

Miró tristemente la pequeña sombra redonda que había saltado por la pared del patio, que venía hacia ella en la forma de su gato, Azul de nombre porque ella lo había bautizado así por rebeldía, porque era blanco.

Miró después a la mujer, que le daba la mano y le decía:

-Todo lo que puedes pensar, con un beso solo lo puedes decir.

Y Luna se arrojó a aquella cara perfumada, besándola, y se escuchó decir “si fuera abeja me perdería en el círculo de tus ojos cerrados, de flor en flor, entre los suaves aromas de tu cara”, pero la mujer se escurrió de sus brazos repitiendo: “con un beso solo, con un beso solo”, tal como le había dicho.

Y reflexionó que estaba otra vez enredada en las palabras como en otra tela enmarañada, y que ésta era la más difícil de desenredar. La mujer la contempló un rato, deteniéndose, y dijo sí de la manera que Luna ya sabía, aunque quizás asentía a algo distinto, y continuaron caminando. (Continuará.)

Envío

Hoy mando mil perdones -y ramos de violetas secas.

Perdones porque no pude enviarles el cuento hasta el final; es demasiado largo para este sitio, me parece.

Ramos de violetas secas, porque Luna me los dio para ustedes.

Abrazos

Mora

PD: ¡Ah, y tuvimos la luna roja, la luna se puso colorada, diría Fabi!

Monografias

Si le ha gustado esta entrada, por favor considere dejar un comentario o suscríbase al feed y reciba las actualizaciones regularmente.

Comentarios

8 respuestas a “Cuento erótico II”
  1. Mirta Beatriz Gariglio dice:

    Antes fueron los rusos, portentosos; los ingleses, las osadas inglesas sobre todo; los notables y atribulados norteamericanos de la “generación perdida”.Leerlos era vagar por mundos lejanos. Comprensibles,deseados, hermosos, temidos, dolorosos. Pero lejanos.
    De pronto me topé con otro universo no lejano: negado. Con La ciudad y los perros, Los ríos profundos, Redoble por Rancas, Cien años de soledad y tantos más no vagué en soledad por mundos imaginarios y remotos. Comencé a conocer y a amar a Latinoamérica. Dejé de ser lectora pasiva para sentirme parte de esa realidad desmesurada, transfigurando el tiempo, confundiendo lo real con lo soñado, asomando la memoria milenaria de los pueblos. Toda la realidad. La realidad es mágica y múltiple. El indio, el negro, el mestizo, el criollo. Los ríos, las piedras. Y todo el tiempo: ayer, hoy y mañana; siempre y nunca.
    Y el don de la palabra que construye e inventa todo. ¡Qué escritores!
    Gracias Gabo por tantas horas de riqueza, de placer y de complicidad.
    Mis cariños.
    Perla

  2. Jose Itriago dice:


    El gran Gabo se fue a otra dimensión, otros encuentros con lo insólito, otras caricias para cuerpo cansado.

    Nos dejó mucho. No solo su inmensa obra, sino también su impronta, guía de tantos que le siguieron y lo siguen. Nos dejó el orgullo de ser latinoamericanos. No hay país que no haya recogido algo de su cosecha y lo haya sentido compatriota. Todos somos de este Macondo cotidiano que él nos retrató con su magia.

    Le decimos adiós con el corazón agradecido al maestro, al narrador, al cronista, a quien todos sentimos como amigo cercano.

  3. Joise Morillo dice:

    Querida, saludos cordiales y, eroticus est. + reconocimiento a Gabo,

    ¡Vuestros labios como miel

    Tocar con mis manos vuestra deseada piel
    sería lo mejor que podría disfrutar
    también, saborear la miel
    cuando vuestra boca logre besar.

    Os amo querida,
    como nunca jamás había amado
    prometo complaceros con mi vida
    ¡al teneros, de una vez, a mi lado!

    Haceros el amor, será lo más preciado
    y gustosa, disfrutéis conmigo
    quiero, pasemos ese momento deseado
    haciendo en ti, vuestro tibio abrigo.

    Gabo

    Al hablar de la literatura latinoamericana, encontraremos, igual que en todas las disciplinas teóricas, científicas y filosóficas, una extensa diversidad de corrientes de interpretación, pensamientos, modelos y métodos, que, además de Universales; en nuestro mundo iberoamericano han dado origen a fusiones de corrientes para obtener un coctel genuino y propio que va mas allá de lo ecléctico para concebirse original y propio de nuestra identidad literaria.

    Tenemos en nuestro haber artistas de la narrativa, la novela, en fin de la literatura, tan grandes o más que muchos de otras latitudes, autores que universalmente se han inspirado en conflictos políticos, sociales y económicos que elevan la temperatura del clima intelectual. Entre ellos tenemos a: Mario V. Llosa, Rómulo Gallegos, Jorge Luis Borges, Octavio Paz, Juan Rulfo. Otros de la pedagogía como Paulo Freire de Brasil.

    Sin embargo, es Gabriel García Márquez, quien se comprometió profunda y políticamente a favor de los pobres, los débiles y contra la opresión nacional - colombiana y de otros países latinoamericanos- contra lo que concibió como la explotación económica extranjera. Además de su producción propiamente literaria. García Márquez desarrolló una intensa actividad periodística. Aunada a una prolífica y peculiar narrativa la cual entrega al lector un universo propio, una realidad mágica: Macondo, Un pueblo creado por su imaginación. Cien años de soledad, una novela, un cuento, que arrastra al lector a un extraño lugar donde se dan cita lo milagroso y Io más puramente real en un espléndido vuelo de Ia propia fantasía, fabulas desmedidas y hechos concretos que surgen del fondo del pueblo, alusiones literarias, descripciones palpables y a veces opresivas realizadas con la precisión del periodista de oficio. Donde, situaciones dramáticamente reveladoras, peripecias cómicas y grotescas únicamente pueden ser inventadas por la más arrolladora fantasía o la desvergonzada realidad.

    Entre sus anécdotas narrativas y su poder de observar la miseria y la virtud del individuo se cuenta la siguiente:

    “Viajando con el presidente Hugo Chávez Frías, después de una reunión con los presidentes Castro y Pastrana desde La Habana a Caracas, a menos de quince días de su posesión como presidente constitucional de Venezuela por elección popular. Algo que me impresionó fue el poder de su cuerpo de cemento armado. (…) Después de sus narraciones y anécdotas, llegando, me estremeció la inspiración de que había viajado y conversado a gusto con dos hombres opuestos. Uno a quien la suerte le ofrecía la oportunidad de salvar su país. El otro, un ilusionista, que podía pasar a la historia como un déspota más.” Gabriel García Márquez. RIP.

    Os ama
    Joise

  4. CARLOS LOOR dice:

    Es dejarse llevar por lo inmenso de la palabra y de la imaginación del sentimiento.
    Saludos…..

  5. fabi risso dice:

    En esta tarde lluviosa, levanto la taza en alto,
    y brindo con té de frutos rojos de Macondo,
    por el Gran Maestro Gabriel García Marquez!

  6. Joise Morillo dice:

    Amor platónico (Socrates)

    Poro: (el hijo de afrodita) la opulencia, la arrogancia, la vanidad. Penia: la nobleza, miseria, la fortaleza, lo vil.

    Las dos fuentes del erotismo, comulgando conciben el amor.

    “Lo erótico” ¡se siente o no se siente! Por ello, al entrar en el ámbito del amor se están concibiendo dos fuentes de emanaciones, unos, le conciben de la capacidad autónoma de cada individuo y sus carácter e independencia, que todo lo hacen para lograr que ese sentimiento genere bienestar; mas al que aman que a ellos mismos. Mientras que otros solo se abocan a la dependencia, al lado fácil vivir del o de los amantes, por ello en esta consideración de las cosas tiene más merito quien da amor que el que lo recibe.

    Os ama
    Joise

  7. fabi risso dice:

    Su falda clara, con arrugados y sutiles pliegues, me sonríen de frente cuando los miro, también tornean su cuerpo algo húmedo por partes, se nota, y eso me exita.
    Pero, devo confezar algo, después de un poco, caí en la cuenta que se trataba de un frío Maniquí, o caliente, no sé …!, pero hueco, y vacío de esperanza, pienso, para que me contenga a mí, persona , y a mi fantasía huérfana, por Hoy.
    Su sombra, caliente,sonríe siempre…

  8. Francisco Munguia dice:

    Impresiones sobre el “Cuento erótico”, especialmente el II:
    Después del I, se queda uno esperando la resolución en el siguiente. Ahora, después del II, no se puede eliminar fácilmente una evocación de algún cuadro de Leonora Carrington o de Remedios Varo con esta narración, llena de una fijeza que es movimiento porque no está en lo que está… Como las aspiraciones suspiradas, pues, de Carrington o de Varo Vamos por el final?



Deje su comentario

Debe para dejar un comentario.

chatroulette chatrandom