Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Via Regia (asociación libre, o libérrima)

Hay mujeres y hombres que caminan por el camino real (Amar y sufrir en grande). Mirando desde arriba, un ángel de excelente vista (El Secreto de los Ángeles) los ve llevar trozos de metal, papel, bandas de cuero, larguísimos listones. Y todo para un acto que todavía no tiene nombre: escribir (El problema memoria-historia). Entran y salen dejando o alzando cargamentos. Más tarde, en la mesa, en la vereda de un café, olvidan un escrito, o lo completan.

Desde arriba no se piensa: ¡cuánto trabajan las hormigas, qué organizadas son! Arriba se es cigarra, son cigarras los ángeles (Poemas de Andrés Eloy Blanco).

Ahora encuentro un papel en la página 117 de un libro que es anuncio del pasado: este papel es mi futuro del pasado (Concepciones filosóficas naturaleza del enigmático universo del tiempo), un recado para quien sería yo leyendo por segunda vez el libro con ojos viejos. El libro se titula Tierna es la noche y es de Scott Fitzgerald (Ernest Hemingway).

Y recibo el papel, y escribo sobre él mi tinta nueva, ésta la dejo para alguien, este ahora papel escrito de seda en otra página, la última. Dice así:

Una hija de alemanes a quien llamaron Consuelo en homenaje a España nació en el Peñón de Gibraltar que era de los ingleses.

Consuelo, mi tatarabuela, encontró en el barco que la traía a mi tatarabuelo, un músico nacido en Como, Italia, el lugar del vino azul.

En la brillante y pobre Catedral de mi ciudad, Santa Fe, se casaron, esa iglesia donde había sido expuesta hacía poco la cabeza del caudillo Francisco Ramírez como trofeo de Estanislao López.

No sé mucho más de mis tatarabuelos pero yo estoy aquí, soy uno de sus sueños tejidos en el barco.

Tampoco recuerdo cuándo escribí la esquela amarilla que está dentro del libro, pero la relectura de Tierna es la noche y de sus protagonistas -llamo protagonistas de la novela al autor, Francis Scott Fitzgerald, y a su mujer, Zelda- me lleva a escribir lo siguiente, así como mi escritura los lleva a ustedes a flotar por el río del tiempo, y a enviarme joyas de los colores de José María, Rafael, Pablo, Elizabeth, Joise, José, Julián, Fabiana, Juan, Rosy. ¡Gran arcoiris que me deja perpleja y llena de emoción!

Tierna es la noche

Se tiraban desde un acantilado sobre un lago semivacío, con peligro de que en el transcurso de su caída el lago terminara de secarse y ellos se rompieran como los espejos vanos y gloriosos de un sueño. Después él escribía sus novelas con fragmentos de la belleza de Zelda, con fragmentos de la locura de Zelda, de los perfumes y de los suaves cosméticos de Zelda, con retazos de piel de marta y de visón empapados en un claro champán.

El pelo de Zelda era dorado, de un dorado que no se había dado en los humanos hasta el momento, las crónicas de la época mencionaban la cabellera rap, y Zelda danzaba dentro de sí misma en un baile de máscaras con música de su cuerpo, con amor a su cuerpo, no a Scott, y corregía las partes donde los borradores de éste no eran perfectos en:

la hermosura de Zelda, sus amores, sus preciosas alianzas y disputas.

Los ojos de ambos, alabados en todas las revistas de moda, eran espejos colocados con tanta precisión que ella veía en los ojos de él la imagen de ella que se había formado en sus propios ojos y que los de él habían reflejado,y quizá viceversa,  porque el amor es sagrado, porque el amor es una isla, porque el amor es una flor del propio corazón enamorado del propio corazón.

Tierna es la noche, de Francis Scott Fitzgerald, es una de las novelas que yo más padecía en mi juventud. Y digo padecía porque la amaba, y junto a la novela en sí amaba a su autor y su trágica vida, y amaba a Zelda, su mujer, que había prendido fuego el manicomio donde estaba encerrada y había muerto en el incendio.

Envío

Todo lo que escribí se trata de fantasmas que se me aparecen por la noche, como si estuviera volviendo a ser niña. Tengo un poco de fiebre por una gripecita, y las imágenes brotan en caos, pero al fin de cuentas, brotan para ustedes, musas y musos.

Me gustaría que este abrazo pudiera envolverlos a todos y traerlos junto a mi corazón.

Mora

Monografias

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Comentarios

4 respuestas a “Via Regia (asociación libre, o libérrima)”
  1. Jose Itriago dice:

    Me duelen las notas del Adagio del Cuarteto Op. 127 de Beethoven. Sabes, tengo fiebre , lo que aumenta mi sensibilidad. Quieres aliviarme, pero tu esfuerzo es inútil. Puede ser peor: que provoques el reinicio de todo. Ya no quiero depender de nadie, prefiero sentir ese dolor mientras floto entre las notas, para tratar de entenderme conmigo mismo; al menos será algo auténtico, algo presente, no un apéndice de los pasados, de los muchos pasados que creo haber tenido y que tú ves como uno, como el tuyo y el mío, te digo.

    Y tú me dices: siempre te ha dolido.

    Quizás los pasados felices nacieron de sueños, sueños que hoy solo yo creo que son reales. No sé. Pero al recordarlos como ciertos les doy vida, los hago parte mía, los confundo en mi maraña de vivencias y deseos entremezclados, filtrados y mejorados que conforman esta vida. Sé también que a veces fui feliz sin temer perder el instante que vivía. Desde que llegaste siempre temí la huida y no puedo vivir lo que estoy viviendo. Tienes una fugacidad que no puedo encarar. Pondero nuestros pasados, no los eludo. Pero cada uno, en su presente, tuvo una dosis envenenada de despedidas, que parecieron que eran para siempre. Por eso me aferro a los pasados felices, aun cuando sean irreales, más hoy, acervados con la fiebre, sin que sea posible establecer su ilación

    Y me dices: esa fugacidad que mencionas le da valor a los momentos que vivimos. Siempre has querido un porvenir seguro y nunca entendiste que todo se haría tediosa rutina. La libertad de irme o de que te vayas, ese ir y venir, la inestabilidad, valora nuestras oportunidades.

    No, no habría fisura alguna para la rutina. En nuestras relaciones no cuenta la desazón o la tranquilidad, hay más que todo eso, o podría haberlo: la vida cálida, la respuesta oportuna, la mirada donde puedo perderme, perderme en tus ojos de miel, te replico

    Afuera llueve. El rumor de la lluvia sobre las hojas del jardín es balsámico. Contra toda lógica de enfermo, salgo a caminar descalzo en la acera. El agua no me parece fría. Oigo a decenas de sapitos portorriqueños que cantan la vida. Poco a poco los deseos se extinguen y descubro que ella no está. Quizás no estuvo: la recreo una y otra vez. Pero debo cuidarme: cuando pierda su memoria perderé mi espacio, quedaré reducido a los límites de mi propio cuerpo.

    Siento hierbas húmedas que se pegan a mis pies, veo los brillos de tus ojos en cada gota y las sigo en un lento caer frente a mi, tan lento que podría contarlas. Me encuentro nuevamente con el Adagio de Beethoven. No sé si interpretado por la lluvia o es que nunca salí de mi estudio. Pero lo oigo formado por tus labios que me llueven en la piel mojada.

  2. Joise Morillo dice:

    ¡Vuestra locura es mi abstinencia!

    Quiero solapar mi encantamiento
    observando, platónico, vuestros encantos
    mas, lo sensual de vuestro monumento
    de emoción me dan quebrantos.

    ¡Diva no!, Impoluta criatura, fulgurosa
    la cadencia de vuestra cintura;
    mis pupilas agudas, mi vista agota
    luego, el ansia de poseeros en mi, premura.

    Es caverna, es sensible vuestra belleza
    en ella vive: la hermosura, el honor
    es inteligencia, no entelequia;
    la virtud que fomenta vuestro amor.

    Ahora quiero, libar vuestro humor
    ¡las flores son nada; en vuestra presencia!
    sin vos no hay miel, ni candor
    vuestra locura es mi abstinencia.

    Os ama
    Joise

  3. fabi risso dice:

    En la humedad, que es mucha por la lluvia que cae casi perpetua
    Te apareces dibujada con el dedo, que es uno
    Uno que divaga entre bromas y bronquios acolchados de inflamación,me tiro, y me dejo llevar, flotar y fluir, imaginándome un contra luz de sol teatral, en Finlandia
    Mis manos, las dos, yá sin razón de ser, buscan excavar y encontrarse con aquellas fotos y retratos tuyos que inútilmente se desaguan en un vidrio esmerilado de tiempo, como papel amarillo, guardado en el Cosmos hermético de las Almas
    No sé si decirte Adios…
    para volver a decirte Hola….
    Hasta otro Dibujo imaginario

  4. Rosy Dominguez dice:

    Un saludo y un agradecimiento a todos por compartir sus escritos, gracias a Mora por incluirme en el grupo que flota alrededor de este blog, yo también soy un sueño pensado en un barco….. Rosy



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