Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Archivo de Abril, 2014

La señora distinta (homenaje a una actriz)

Mis queridos:

Ayer murió Norma Pons, una vedette argentina de las de antes, talentosa, que demostró al final de su vida que también tenía genio para actriz (Exitosas mujeres de América Latina), y fue esplendorosamente la Bernarda de La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca (Concepción de la tragedia).

Frecuentó la televisión, pero no los programas-basura.

Y fue reconocida, premiada y alabada en sus últimos días. Su caso no es precisamente el de “cinco segundos de fama”.

Mientras lloraba la esplendidez de esta señora (Duelo, muerte y desaparición), yo, ayer, encontré uno de mis cuentos viejos; lo debo haber escrito hace unos treinta años. La protagonista es también una señora antigua, pero la antítesis perfecta de Norma Pons, de humanidad tan cálida (El espectáculo de la vejez).

En homenaje a ella lo copio –reconozco que como homenaje es bien extraño, pero “me nace” así.

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Cuento erótico III

…Y reflexionó que estaba otra vez enredada en las palabras (Las palabras ocultas en la inteligencia), como en otra tela enmarañada, y que ésta era la más difícil de desenredar. La mujer la contempló un rato, deteniéndose, y dijo sí de la manera que Luna ya sabía, aunque quizás asentía a algo distinto, y continuaron caminando (Ciudades virtuales - Relaciones virtuales).

Se acercaban a un biombo que estaba en mitad de la carpa. El biombo crecía de manera sorprendente a medida que ellas se acercaban (Las diferentes percepciones), y cuando estuvieron enfrente era tan grande como la carpa, como el desierto, y llegaba hasta el cielo tal vez, pero no tanto, porque miró a la mujer y ésta dijo:

-Votre regard me trouble -y se tapó la cara con una parte de la túnica, descubriéndose de nuevo; Luna entonces quiso golpear su puño contra el biombo, tratando de romperlo (El deseo de la seducción) pero la dama, recuperada de su turbación, hizo ademán de abrir una ventana y, efectivamente, una ventana se abrió mientras decía:

-Yo soy aquí la que rasga los velos (La Mujer y el Nuevo Paradigma Femenino) -y del techo de adentro del biombo colgaban figuras que Luna pudo ver.

No colgaban del cielo sino de algunos metros hacia arriba, hasta donde los ojos le permitían distinguir, e iban descendiendo hacia el piso como visiones que se acumulaban y se tocaban, una sobre la otra y una al lado de otra.

En esta ocasión encontró hombres además de mujeres, pero hombres que estaban tan absortos, tan concentrados en lo que hacían, que parecía imposible que alguno saliera por un rato de su ensimismamiento y llegara a mirarla.

“No importa”, pensó Luna, “haré de espía o de voyeur“.

Estaban vestidos de una manera bastante anticuada, y sus parejas eran mujeres vestidas de ese mismo modo.

Cada pareja flotaba en un espacio único, particular y solitario, adentro del conjunto.

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Cuento erótico II

…Luna se atrevió a seguirla solamente porque en medio de la arena entrevió una baldosa de su patio.

A Luna no le extrañaba que le hablara en su idioma, en castellano (Origen y evolución del castellano), estando, como estaban, seguramente, en un país remoto y de idioma remoto, ya que consideraba que al traspasar la tela se encontraba en un sitio donde todo lo desconocido se hacía conocido, todo entregaba su secreto y todo lo deseado se hacía posible (Del morir al vivir). Lo que juzgaba fascinante era el modo como le había hablado ella, las palabras que había elegido para expresarse, que concordaban perfectamente con su aspecto, una concordancia tan extremada que parecía poco natural, y se dijo orgullosamente mientras la seguía: “Yo he creado esto” (Héroes).

La mujer se acercó a una carpa de colores que refulgía en el desierto, miró a Luna y corriendo una tela la invitó a pasar (El libro del desierto).

-Es la segunda tela que se rasga -dijo, sonriéndole a Luna que sonreía porque estaba diciéndose lo mismo.

“El adentro es el afuera del afuera”, fue lo primero que se le ocurrió pensar a Luna para contarse lo distinto que era ese mundo del interior de la carpa (Discriminación). El calor no existía ya, aunque tampoco el frío. Era una ola de tibieza manchada en partes por señales de algo menos que frío, sólo fresco. Sólo frescura tibia e inmensidad existían adentro de la carpa, que era mucho más grande por dentro que por fuera. Era infinitamente grande, acaso más grande que el desierto (La metamorfosis. Una metáfora de Kafka).

La mujer la tomó de la mano como si Luna fuera una niñita y empezaron a recorrer la carpa. Había perdido toda resistencia, estaba en un estado de abandono y recordó: “El Paraíso, es decir abandono” (Llegando al paraíso), y en eso vio un pedazo sombreado de la tina del patio, para caer de inmediato en preguntarle el nombre a la mujer:

-Mi pensamiento es pensar en ti -respondió ella (El pensamiento).

También esta respuesta le resultaba conocida, o quizás era la voz, lejanamente conocida. Caminaban hacia unos bultos dorados que estaban a lo lejos. Luna no se cansaba, pero sabía que habían hecho kilómetros.

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Cuento erótico

En el post pasado -una gran locura donde la mano escribe sin inhibiciones y los oídos escuchan (Wilhelm Reich)- tuve el apoyo de tres de mis mejores amigos (Amistad civil en Aristóteles)

José Itriago -digo y escribo y sueño su nombre con el apellido, no como si el apellido fuera un segundo nombre-, a quien no he visto nunca en persona, pero cuya presencia, si es que hay un modo de decirlo, está conmigo siempre. No sólo por su fuerza de escritor (Mi complejo de escritor).

Joise, a quien sí tuve el gusto de conocer en inolvidable reunión que realizamos en bar de Buenos Aires. Aparte de todo lo que es, de estudioso y filósofo, Joise se ha ganado hace mucho el título de “mi caballero andante” (Don Quijote de la Mancha).

Y Fabiana, que también estuvo en esa reunión, como con Joise suelen recordarlo. Fabiana es una dotada del dibujo y la pintura, una original del alma, una artista verdadera. Alguna vez veré si puedo rescatar de mis disfuncionales máquinas computadoras algunos dibujos que me ha enviado y mostrárselos a todos (Realismo: formas y expresiones).

Para todos aquellos que estén leyendo este post, pero muy en especial para mis tres amigos mencionados, transcribo uno de mis cuentos eróticos más ingenuos -de mi “época rosa” (Época rosa de Pablo Picasso…).

Tiene la propiedad de hacer pensar en cuestiones livianas y ágiles como cabellos de ángel. Ojalá sea una medicina para el que la necesite (Fenómenos psíquicos).

Advertencia: es un poco largo y quizá la última parte deba enviarla por separado, no estoy jugando a si quieren o no leerlo, es así.

Un pedido: el que tenga ganas, póngale título. Solía llamarse “Luna en el cielo”, pero no me termina de gustarme.

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Via Regia (asociación libre, o libérrima)

Hay mujeres y hombres que caminan por el camino real (Amar y sufrir en grande). Mirando desde arriba, un ángel de excelente vista (El Secreto de los Ángeles) los ve llevar trozos de metal, papel, bandas de cuero, larguísimos listones. Y todo para un acto que todavía no tiene nombre: escribir (El problema memoria-historia). Entran y salen dejando o alzando cargamentos. Más tarde, en la mesa, en la vereda de un café, olvidan un escrito, o lo completan.

Desde arriba no se piensa: ¡cuánto trabajan las hormigas, qué organizadas son! Arriba se es cigarra, son cigarras los ángeles (Poemas de Andrés Eloy Blanco).

Ahora encuentro un papel en la página 117 de un libro que es anuncio del pasado: este papel es mi futuro del pasado (Concepciones filosóficas naturaleza del enigmático universo del tiempo), un recado para quien sería yo leyendo por segunda vez el libro con ojos viejos. El libro se titula Tierna es la noche y es de Scott Fitzgerald (Ernest Hemingway).

Y recibo el papel, y escribo sobre él mi tinta nueva, ésta la dejo para alguien, este ahora papel escrito de seda en otra página, la última. Dice así:

Una hija de alemanes a quien llamaron Consuelo en homenaje a España nació en el Peñón de Gibraltar que era de los ingleses.

Consuelo, mi tatarabuela, encontró en el barco que la traía a mi tatarabuelo, un músico nacido en Como, Italia, el lugar del vino azul.

En la brillante y pobre Catedral de mi ciudad, Santa Fe, se casaron, esa iglesia donde había sido expuesta hacía poco la cabeza del caudillo Francisco Ramírez como trofeo de Estanislao López.

No sé mucho más de mis tatarabuelos pero yo estoy aquí, soy uno de sus sueños tejidos en el barco.

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