Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Archivo de Enero, 2014

Intimidades y retazos - Diario psicoanalítico

Encuentro un cuaderno que escribí con anotaciones para antes y después de una sesión con mi terapeuta (El proceso de la terapia) -apenas alcanzo a distinguir, en lo remoto (El viejo en la historia), con cuál de los muchos que tuve; pero sí, esta profesional se llamaba, espero que se siga llamando, Patricia; era el año en que yo cumplía los 45… (Las cartas estaban echadas).

Antes de transcribirlo transcribo algo que escribió Catherine Millot sobre Gide (La evolución del Francés), en apariencia el más compuesto y sociable de los escritores franceses y en realidad uno de los más misteriosos, el “apóstol de los homosexuales” (La Homosexualidad en la Ficción Argentina):

“El encuentro con Marc, en quien, por primera vez, convergían el amor y el deseo, y la crisis resultante en sus relaciones con Madeleine, tuvieron una repercusión decisiva en la vida de Gide y en su obra. En adelante, la escritura (La escritura) fue totalmente consagrada a la divulgación de su intimidad, al punto de arrasar la tradicional noción de vida íntima. (…) Muy pronto cada mínimo detalle de su existencia cotidiana se convirtió en el objeto potencial de una publicación. Sus amigos comenzaron a temer que lo que ellos decían fuera inmediatamente difundido. Él había entrado en una era nueva: la de la parresia, la manifestación inagotable de la verdad. En ese movimiento de exteriorización sin fin se abolían las oposiciones ordinarias entre el adentro y el afuera, lo público y lo privado. Gide se convirtió en totalmente éxtimo. Roger Martin du Gard (Literaturas), lo mismo que la mayoría de sus amigos, trató desesperadamente de disuadirlo de la publicación de Corydon“.

Si Gide, me digo, no hubiera sido tan íntimo, tan éxtimo, mejor, nos hubiéramos perdido quizá Corydon, quizá Los monederos falsos, o quizá todo Gide, que no podía escribir de otra manera.

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Relato redoblado III -con enigma…

¡Dudé tanto! (Ser o no ser. La duda de Hamlet).

¿Seguir transcribiendo el cuento largo-novela-folletín? (Corriente Literaria Realismo).

Se veía que a José Itriago no le gustaba, pero también se veía que no sabe esperar, que es un poco ansioso (Los estados de ansiedad y de angustia). Pero ¡se trataba tan luego de José I, uno de mis más distinguidos caballeros! (Francisco de Miranda, el Caballero de la Libertad).

Dudé como quien duda del cielo y el infierno y de figuras ominosas que los pueblan (Poesía de Santa Teresa. Del logocentrismo a la otra lógica).

¿Sabes, José, cuántas páginas tuve que leer con inexpresable aburrimiento hasta que empezó, para mí, la verdadera narración de La Cartuja de Parma, de Stendhal, uno de mis “libros de cabecera”? (El realismo y el romanticismo como movimientos literarios).

No puedo compararme -esta aclaración es hasta ridícula- con Stendhal, pero cuando encontré después de muchos años mi Relato redoblado me sorprendieron algunas cosas: que jamás en mi vida me propuse escribir algo con contenido social, y que sin embargo algo de eso tenía (Historia y literatura), más adelante; que me había anticipado, además, no a Stendhal pero sí a noticias policiales sobre el maltrato femenino (Abuso y Maltrato en contra de la Mujer), y dos o tres cosas más.

¡Yo, tan humilde, defendiendo “mi obra”! (Spinoza: la política de las pasiones).

Aunque sí la defiendo: algo aporta de nuevo; también hay unos ojos limpios que no son los ojos limpios de una vieja maestra que reniega del sexo y detesta “la pornografía” (Pornografía - Un problema).

Aparte, la idea del folletín, de que el que quiera publique una especie de, en este blog, es buena.

Fabiana: ¿puedes continuar la tuya, la de los chinos, cuando vivías en una Ciudad Gris? Me dio curiosidad… Y Joise con sus devociones filosóficas…

¿Y tú, José, puedes continuar? -advierte que para ti utilizo el elegante “tú”, que no usamos en Argentina. Pero eres tú. Tú mirando por la noche la tierra de las sombras y la luna, sin interés particular.

Todos los que me escriben están en mi corazón, y los imagino uno por uno, una por una, como dice Cristina…

Pero tú eres mi corazón (y que nadie perciba fantasmas.)

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Relato redoblado II

Deliciosos (Cocina de Lima…) los comentarios al post anterior, pero sólo José Itriago respondió al desafío de comenzar un relato por entregas (¿Ya está listo?) .  Y me contrapunteó, como si fuéramos dos payadores (Literatura Gauchesca). Me deslumbró. A los demás les agradezco de corazón y sigan comentando, comenten lo que quieran, lo que se les ocurra, aunque no esté el tema dentro de mi nota lo que ustedes escriben es siempre, siempre, muy interesante y a veces hasta curioso, extravagante, lleno de creatividad (La creatividad). Estoy orgullosa del blog que conforman conmigo, estoy orgullosa de haber conseguido lectores y escritores de “vuestra” talla, para no escribir en argentino “de la talla de ustedes”. Los amo y los espero, es como si TODOS tuviéramos un taller literario (Cómo concibo un taller literario…), de filosofía (Qué es la filosofía), de historia (La ley periódica de la historia…), etc., abierto aquí. Gracias.

Relato redoblado (parte II)

¿Quién llevó mis manos a elegir la novela que me iba a revelar todo eso? Me parecía asombroso, después, que me dijera todo, porque ni más ni menos era la historia de una vieja y nada más. Me revelaba todo porque tenía que ver con destinos de gente, porque una cosa me pedía en mí que hiciera por salir de mi cárcel, y mostraba, por ejemplo, las cartas que Estefanía escribía. Para que hiciera algo parecido para buscar a alguien.

Lo que más temía él no era que leyera ni encendiera la luz, aunque eran graves esas cosas, sino que me acostara con otro. Yo lo dejaba que pensara en esa posibilidad porque lo único que me distraía de vivir con él era ese miedo, un poco, que yo le tenía, como si fuera un ogro de los cuentos de la tía Estercita, pero sabía perfectamente, yo, que no me acostaría con ningún otro hombre porque no me gustaba.

Enamorarme sí podía, aun con el peligro, pero acostarme no porque no me gustaba que me arrancaran la ropa y me tiraran en el piso o en la cama y me hicieran doler; no entendía cómo a algunas mujeres sí.

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Relato redoblado

Fueron tan cálidos, tan apretados los saludos que ustedes dejaron en mi blog, que empecé a sentir nostalgia de las cartas antiguas (Inmigración a la Argentina: Cartas).

De las cartas-cartas.

Esas que venían en un sobre donde estaba escrito mi nombre y que yo abría con tanta ansiedad que a veces rompía el papel y tenía que reconstruirlo, armarlo como un rompecabezas de los niños (Juegos tradicionales para fortalecer la identidad cultural de los niños).

Entonces me acordé de las viejas cartas que había escrito en mis aún más viejos cuadernos, con intención de pasarlas en “hojas de avión” y enviárselas a mis amigos, y no lo había hecho. Tenía un tesoro, una mina de oro de cartas viejas por enviar (La danza de la muerte).

Me pareció una buena idea mostrárselas a ustedes, con las debidas correcciones protectoras de la identidad del destinatario y aclaraciones de códigos secretos (Fernando Pessoa: corazón de nadie. A su propio encuentro). Lo bello de esas cartas es que levantan antiguas casas donde yo ya no vivo; resucitan a mis amigos y parientes más queridos, porque todavía no habían muerto cuando las escribí, y estaban presentes, frescos, vivos en cada letra (Relación entre el pasado y el presente).

Sin embargo, sucedió que no me atreví a dejar tanto de mi alma en exposición, sobre el papel virtual que iba a enviarles y que no sólo les llega a ustedes, queridos míos.

Sucedió que empecé a avergonzarme de dejar ver tantas cosas de mí, casi como Eva cuando se percató de que estaba desnuda en el Paraíso. Pero no comí la fruta del árbol del conocimiento del bien y del mal, ojalá hubiera tenido esa oportunidad…

Sencillamente, buscando cartas en mis cuadernos encontré una curiosa novela corta o cuento largo, que me llamó la atención porque yo había olvidado ese escrito (El olvido está lleno de memoria).

Se trataba de alguien que había leído por primera vez en su vida una novela, y que se había fascinado tanto que, o bien se estaba transformando en la protagonista de la novela que había comprado por casualidad, o le vivía la vida al personaje, o se la había llevado a vivir con ella en su casa, de manera invisible, para planear juntas una fuga -¡con esa mujer hecha de letras de imprenta!

Como es algo larga la narración -es una novela corta hasta para nouvelle y larga para cuento, aunque para mí son otros los instrumentos para medir esas cuestiones-, transcribiré la primera parte, y luego posiblemente la segunda, y si tengo algún éxito de taquilla, con la tercera, en un futuro miércoles.

Me encanta el folletín (La telenovela se tiñe de colores), las remotas narraciones por entregas que solían salir en el periódico antes de que todos naciéramos, costumbre que puede transplantarse a un blog. ¿Qué les parece si hacemos todos un esfuerzo por resucitar el folletín? ¿Y qué les parece José I., Joise, Celestino, Fabi, Agustín, Patricia, Júdith, José María? ¿Lo intentarían? Cada comentario sería un fragmento de relato… ¡Manos a la obra!

Acá les mando el comienzo de mi

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Una Voz

Es él.  Tiene algunas dudas que ensombrecen la mirada. Gira su cabeza, me mira, se me acerca, roza la seda de mi blusa: es de color azul celeste, tiene forma de nube, se mezcla con la seda de mi blusa. Es el 2014, el nuevo año (Cómo prepararse para un año nuevo). De pronto una voz grave y muy fuerte dentro de mi sueño dice, como si se tratara de una novedad: “Las paralelas se unen en el infinito” (Realidades paralelas y la percepción de la realidad).

La voz, no él, el año, me despierta (Despertar de Conciencia). Así sería -casi no me atrevo a escribirlo- la voz de Dios; sonaba como si lo fuera (Bendiciones).

Estoy sola -realmente sola- en mi casa tan grande, que es toda de vidrio y está rodeada de montañas, y no tengo con quién comentar mi sueño (¿Existe realmente la soledad?). Topita me mira con ojos asombrados y verdes, pero ella entendería más a sus congéneres que a mí: no soy su ama, soy su amiga aunque conoce pocas palabras de mi idioma, apenas las más dulces (Terapia ocupacional asistida por mascostas para la población de ancianos).

De pronto se me ocurre que sí tengo con quien “comentar” mi sueño (Sueños y sus configuraciones más comunes).

Cierro los ojos y tanteo una fila de libros -me queda un poco de polvo en la punta de los dedos; en estos días tendría que limpiar la biblioteca más que soñar (Los siete pecados capitales. ¿Insubordinación de los deseos a la razón?).

Tanteo la fila de libros y todavía con los ojos cerrados elijo uno, y todavía con los ojos cerrados lo abro y señalo un lugar.

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