Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Archivo de Noviembre, 2013

Vida y muerte de Ricardo Fort: ¿el placer es sagrado?

Alguien que he leído y citado en abundancia dice que “lo vivido siempre corre el albur de incurrir en lo pintoresco; Macbeth está muy lejos de ese peligro” (Macbeth).

No tengo claro qué es lo pintoresco en su connotación negativa. El diccionario sólo dice en su tercera acepción: “fig. estrafalario, chocante”.

Dudo un poco de que las brujas -Las Tres Parcas- y Lady Macbeth no sean estrafalarias y chocantes (La versión individual). ¿Exactamente qué habrá significado para mi amado Borges la palabra “pintoresco”?

Observo la realidad de ayer, de hace un momento. La observo en mi país como podría observarla en cualquier lugar del mundo, pero yo sintonizo, o más bien “pesco”, noticieros argentinos (Humor y distensión en los noticieros de hoy).

Cuando la tragedia se mezcla con lo estrafalario o lo chocante ya nada es pintoresco sino terrible (La Tragedia de Akira Kurosawa).

La vida de los bufones en las cortes fue terrible, y eran en general inteligentes, no se lo merecían (Historia de los payasos). Pero claro, nadie “merece” nada, bueno o malo (De Sade a Freud: el mal como un deber kantiano).

La vida de los “pintorescos” en la actualidad decae rápidamente; mueren jóvenes como morían los galanes de la Belle Époque, pero con menos distinción (Durkheim).

Un cantante de rock al pasar, un actor que demostró talento en una publicidad, suelen morir por ese instante de gloria.

Antes de ayer, en Buenos Aires, alguien que tenía el alma llena de imágenes, de esplendores, de autos, de luces de teatro, de hombres y mujeres bellos y felices y una fábrica de chocolate como Charlie murió a los 45 años en medio de dolores atroces. Se llamaba Ricardo Fort por si alguno de mis amigos extranjeros no lo conoce -pueden buscarlo en Google.

Fue muy dura la bala de su muerte que impactó sobre todos los televidentes de su vida. Todos los que seguían día a día ese espectáculo.

Y la pelea entre fans, admiradores, detractores, amantes, ex amantes y su multimillonaria familia continuó y continuará hasta el fin de los días, hasta que el sol choque con la tierra.

En la última entrevista que le hicieron a Fort en su cama del sanatorio, el periodista le preguntó: “¿Lo llamó su familia, lo llamó su mamá?”. Y el respondió: “No, ninguno. No me creen“.

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Síntomas

Esta santa que enhebra hilos blancos para coser un vestidito de fiesta, es ella (Todos santos en Sorata). Entre sus dedos pasaron los días, comiéndose entre sí (Abandono de la tercera edad en la familia).

Sus dedos escribieron también cantos de amor, de muerte, de frío (Amor).

Ella estuvo en todas partes, fue un puñado de piedras arrojadas pero además una enorme roca plantada en el desierto (El libro del desierto).

Ahí llegaron los visitantes amorosos.

Se pregunta otra vez qué es el amor. No quiere ser moralista ni sabia ni decir ingenuamente que el amor es este vestidito que está cosiendo para su nieta (Los valores humanos).

No son los pelos blancos los que le impiden la falsedad, ni ninguna costumbre de no mentir.

Es como si naciera recién que quiere saber qué es el amor para llevárselo a la tierra de la noche, o de la nada, cuando muera (“El gesto de la muerte”…).

Y escribe entonces un largo un inútil tratado para estudiar lo que fue el amor en ella, más allá de su vida amorosa (Autobiografía: la experiencia personal en la elaboración literaria).

Antes reflexiona de dónde viene, quién es, ella misma quién es. Extraño no saberlo con certeza.

Si todo tiene que estar en orden ha pensado muchas veces que si Van Gogh vestido con su traje de viejo de la bolsa, el que solía usar a menudo, llamara a su puerta, no le abriría (La vida amorosa de Vincent Van Gogh). Y es porque nació en un prolijo y simétrico pueblo donde los pecados son motas de polvo y la virtud tan solo significa que cada uno ocupe su lugar.

Y los hogares son pequeños paraísos organizados y las calles forman manzanas perfectamente cuadradas de cien por cien.

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El patio de la escuela

Dice Montaigne en uno de sus muchos ensayos (Qué es y qué no es un ensayo)  y entre otras muchas cosas quizá más eternas (Sistemas de educación), que “me acontece frecuentemente en las conversaciones alicaídas y deshilvanadas, de pura fórmula, emitir y responder ensueños y torpezas ridículos e indignos de una criatura, o bien mantenerme silencioso con obstinación verdadera, inhábil e incivilmente. Mi manera natural de ser es soñadora y contribuye a que dentro de mí mismo me recoja, caracterizándome además una ignorancia absoluta y pueril de algunas cosas de las más comunes”.

Es decir que Montaigne (Guía de literatura) , el gran Montaigne, me da el pie para que hoy no diga nada sino, sencillamente, los ametralle con poesía (Análisis del diálogo “Ion o de la Poesía”, de Platón).

Los ametrallo con poesía y mía, que es más duro de sobrellevar, porque, finalmente,

¿Quién no vive hechizado? (Hechicería e Imaginario Social).

Están los objetos que se transforman en pura alegría (El valor alegría), como figuras hechas sólo de contornos eléctricos guardadas en la mente para una operación alquímica (Literatura y Alquimia); está lo que no es siquiera objeto inmaterial sino materia de ángeles, como despedidas en que la tristeza fue tan espléndida que perduró, esa tristeza cercana de la dicha cuando es serena y alta.

Quien dice adiós con sonidos de seda dice más bien un canto sin olvido ni tregua, dice un recordar para siempre, memoria a la altura de instrumento noble, memoria de la música (Música).

Entre los muertos no hay hechizos sagrados. La magia resplandece viviente en las operaciones de los magos que despiertan cada mañana a los pájaros de la luz y a las rosas de inventar amor, locura, pasión y ritos extremados, la poción de vino vuelto azul, el veneno de la ilusión de amar, veneno de serpientes del estío. Grandes letras eses recostadas en el corazón del sol.

El hechizo se compone de ardor y resplandores, de roces que consiguen una brasa; la muerte está vacía. Las letras que componen la familia de palabras de la muerte: morir, muertos y otras, tienen un peso inútil. Lo que vive es lo que cuenta, aun atravesado, destruyéndose; lo que huye, lo que es de nube, vive.

Por eso la serpiente que repta sobre un alma parte sus colores en los colores de la sombra o la pena pero inscribe el dolor en esa vida.

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El talento, ¿se aprende?

La inteligencia es un don (La inteligencia), el oído es un don (El oído y la música), los ojos son un don.

Pero yo, con mis pobres ojos miopes, he visto -o creído ver (El ojo)- más que muchos cuya visión es aguda como la de un águila (Conociendo los sentidos).

Sin viajar pueden recogerse piedras preciosas (El gran viaje hacia la silueta tan distante); en cualquier parte hay paisajes de amaneceres y atardeceres y noches alucinadas (…Si quieres viajar la mejor nave es la Lectura).

El dibujo de la sombra de las plantas es un alfabeto que se aprende, y el despuntar de un brote nos enseña a renacer (El bosque herido. Cuento ecológico).

Cada lugar es una lección de estética y la belleza se descubre escarbando. Cada lugar es el sitio de aventurarse hasta el fondo del abismo, de ser poeta y comer las migas de la vida y las manzanas de los dioses y de sentir con todas mis personas que por ejemplo el bosque es una de mis personas.

Entonces, quizá, los ojos no son un don si no están llenos del deseo de ver que les aporto, y la inteligencia tampoco lo es si no navega, vate sus alas, vuelve, se entromete.

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