Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Volverán las oscuras golondrinas

No sé que encadenamiento de sucesos, qué magos que manejan hilos oscuros (El asesinato del alma), hace que en este momento en Argentina cada día haya un crimen espantoso, pero también extraño, lleno de misterio (Nuevas sendas en las montañas), lo que me lleva a leer esas noticias (El rumor como sustituto de la noticia).

Cuando yo era muy joven descubrí un cuento de Katherine Mansfield que trataba -¿lo recuerdo bien?- del caso de alguien juzgado por el envenenamiento de su mujer, seguido por los diarios ingleses, que había despertado la pasión del público lector.

En el cuento uno de los personajes servía elegantemente el té bajo una glorieta, mientras leía el periódico que narraba el juicio, y hacía algunos comentarios agudos, pero no más allá del dulce de naranja y las tostadas.

Sin embargo, pronto empezó a discurrir sobre el tema yendo un poco más lejos, se dejó llevar y tal vez expresó algunas incoherencias.

Estoy segura de que ese personaje, esa mujer, era la misma autora, Katherine Mandfield, que le decía inolvidablemente a su pareja -el crítico Middleton Murry- en el atardecer de aquel cuento, palabras inolvidables.

No tengo a mano el cuento, sólo recuerdo sin precisión algunas frases. Ella sentía que aunque todas las pruebas estuvieran en contra de aquel marido, no se debía anticipar un veredicto como si se tratara de un juego de azar; que uno debía tomar la realidad lo más en serio posible y sin apuestas.

Pero la mujer que había servido el té bajo una glorieta decía además que no ignoraba quiénes eran los verdaderos asesinos: todos aquellos, miles, que seguían apasionadamente las instancias del juicio.

Con lo que concuerdo plenamente, ¡oh bella Katherine!, pero agrego que son esos miles, y vos misma, y yo.

Ahora quiero aventar esos males con antiguos poemas de amor. Fumo en penumbras, no soy nadie, no aspiro a nada, la brasa del cigarrillo es el ojo de algo que me mira desde mí misma con mirada crítica, diciéndome que quien fuma en penumbras no es nada, ni ojo, ni fuego, ni mirar.

Llena de miedo, me siento frente al cuaderno para escribirles a ustedes alguna cosa que nos distraiga del horror. Pienso en mis primeros amores poéticos, Bécquer y Neruda. Sé que nada puede alentar desde esta página, sólo el recuerdo del amor.

Volverán las oscuras golondrinas

Cuando era niña repetía con ardor que sí, que volverían las oscuras golondrinas. No sé a cuáles, de mi alma, me refería, porque todavía no había conocido el amor.

De adolescente, ya con novio en ristre, traicioné a Bécquer con Neruda.

Sin cansarme decía día tras día el “Tango del viudo”, como si yo fuera la viuda de algún amor insoportable: “Y qué desoladores me parecen los nombres de los meses, y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene”. Se ve que yo quería sufrir, de amor precoz.

De adulta tal vez los traicioné a los dos, a Neruda y a Bécquer.

Me llevaron otros sueños por otros caminos; nunca, eso sí, dejé de convocar a los poetas.

Bécquer y Neruda eran una sustancia hecha de mis primeros y confusos amores, sustancia que había quedado en el fondo de mí, donde se guardan las cosas más preciosas.

Sustancia hecha no sólo de fantasías de amores y traiciones sino también de inocentes rebeldías y de la luna llena.

Tal vez Pablo y Gustavo pusieron el lápiz en mi mano, pero esa mano era tan joven, y por lo mismo frágil, que no podía sostenerlo.

Ahora que soy madura, casi vieja -”La Otoñal” de John Donne me gustaría ser-, ellos vuelven con fuerza a enseñarme de nuevo que el corazón no puede estar vacío: hay cantos que vienen desde lejos, pero el sonido nunca muere, el eco no desaparece.

De Bécquer no recuerdo exactamente el momento en que estuve sentada frente a un libro suyo.

Sé que mi madre nos llenaba de Bécquer las horas de la infancia, y que en general elegía los versos que tenían algo borrosamente cómico: “Pasó con su madre/ qué rara belleza…”, pero también en ocasiones nos endilgaba: “Al brillar un relámpago nacemos/ y aun dura su fulgor cuando morimos/ tan corto es el vivir. / La gloria y el amor tras que corremos/ sombras de un sueño son que perseguimos/ Despertar es morir”.

Neruda llegó como a mis quince años, por teléfono. Una amiga entrañable, Laura Gentile, que murió a los 25 años a manos de la Triple A que existía en mi país, me leyó: “La noche está estrellada y titilan azules los astros a lo lejos”. Después encontró para mostrarme un álbum de los poemas más juveniles de Neruda, y, en la época en que nadie decía “malas palabras”, ella leía con fruición, por teléfono -transcribo el fragmento que recuerdo:

“…para que desciendan ellas

las puras y únicas estrellas

de los jardines del amor

en caravanas impolutas

sobre las almas de las putas

de estas ciudades del dolor.”

Claro que ninguno de estos son los versos más representativos de Pablo, pero yo los guardo en mi propio museo, como él guardaba en el suyo, por ejemplo, mascarones de proa.

Envío

Besos de amor poético, y un pedido: ¡mándenme alguna cosa que me despierte del todo!

Mora

Monografias

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Comentarios

6 respuestas a “Volverán las oscuras golondrinas”
  1. Jose Itriago dice:

    Salimos tratando de no despertar al perro. Lenta y silenciosamente nos adentramos en una tarde plácida, donde la luz del sol poniente dibujaba contra el piso formas hermosas cuyo significado, así como el de las nubes, tratábamos de descifrar. A veces uno ve las sombras, otras las luces. Son figuras que se complementan. En nuestro caso las dos hacen la calle, que queda en un segundo plano: se convierte en un bastidor sobre el cual se dibujan figuras geométricas alternadas con la de árboles despeinados, antenas que producen dedos que señalan a algún sitio: la puerta de una casa y uno podría pensar que es una invitación, que allí te esperan; o señalan una ruta, la misma que seguimos o, todo lo contrario, la que nos invita a devolvernos, a encerrarnos. Pero las luces y las sombras están íntimamente imbricadas, una razón de la otra.

    Volví al tema de cómo se llena la vida mediante los deseos que no se realizan, o que ya no se realizarán jamás, complementados con los logrados. Es, después de todo, un dibujo igualmente imbricado, que tiende a ser plano. El valor de vida de lo irrealizado, por más que se haya desarrollado en la mente, debe ser igual a lo hecho, a lo real.

    A poco de andar, obedeciendo a una brisa peregrina que pasaba después de cumplir alguna penitencia, ahora liberada y por lo tanto, cayendo de nuevo en la misma falta de impertinencia crónica, la misma impertinencia que la obliga a acariciar y a murmurar sentencias que no son de este mundo, ella me dijo:

    - La poesía es la transparencia. No la ves, no debes verla. Pero gracias a ella se dibuja en nuestro piso un paisaje quizás irrepetible, que si pudiéramos plasmar con los más finos pinceles, bastaría para llenar los museos del mundo.

    Le dije:

    - La transparencia es la vida misma. Quizás con nombres que el hombre le ha inventado. Pero es la transparencia. Y no creo que haya contradicción: la poesía es la vida. Es cada calor del cuerpo, cada palabra hermosa, los cantos, las sonrisas. Se hace aun más intangible cuando es ilusión, sueño, espera. Esperarte sabiendo que vienes es vida, pero es la más bella estrofa que me puedes escribir.

    Ella siguió caminando en silencio, quizás por temor a que ese paisaje, donde nuestra propia sombra caminante también pincelaba el trayecto, pudiera interrumpirse. Al cabo, ya llegando al cruce, donde el sol casi se apodera de todo lo que es calle, me dijo:

    - Pero el dolor también es poesía. La misma muerte es poesía

    Nos sentamos debajo de un ceiba centenaria, recostados en sus enormes raíces que sobresalen como poderosos brazos de titanes enterrados y le dije:

    - La muerte es la poesía. Arropa a la vida, que es poesía y le da su sentido. Sin la muerte poco o nada valdría la vida. Todo ha de ser efímero para que adquiera valor. Alguien dijo que la vida es el instante que hay entre el relámpago y el trueno. A veces nos parece muy largo, pero es porque estamos acostumbrado a su brevedad.

    Y ella cerró:

    -Hoy hablamos de Gustavo Adolfo Becquer ¡que apenas vivió 34 años! y quizás, en un paisaje como este fue que dijo:

    Aunque el viento en los ángulos oscuros
    de la torre silbara,
    del coro entre las voces percibía
    su voz vibrante y clara.

    Una voz, solo una entre tantas. Igual nosotros, cada uno oye una sola voz. Pero no estamos seguros si de verdad dijimos algo o es el viento que silba entre las ramas. Ni siquiera estamos seguros que paseamos, tan solo que quizás queríamos hacerlo.

  2. Joise Morillo dice:

    Saludos querida ¡despierta!

    Landru, europeo, de traje oscuro pero no negro, elegante y simple a la vez. De verbo fluido, principalmente, en el marco de la seducción, la conquista, regodeabase en atrapar con sus encantos verbales a damas ansiosas y deseosas de amor, viudas, solteronas, abandonadas, incautas e ingenuas, pero eso si, con ahorros, algo en los bancos, los bolsillos o mejor en una caja oculta en un rincón de sus casas, lo cual, bajo el encanto de sus versos, solía descubrirse a sus inquisiciones.

    Luego, dinero en mano, procedía con la ejecución mortal en contra de su victima de turno, a la que desaparecía en la atmosfera como el humo negro de la chimenea de su antro.

    Despiadado y brutal, refinado y sutil con la daga o el cordel en los cuellos de sus conquistadas, todo un rufián, pulcro y grotesco para matar.

    Posabase, la daga, filosa
    y un cuello interrumpía sus pasos
    sangre fluía, mucha, copiosa
    mientras con risa contaba los pedazos.

    Sorprendida, ella la ninfa, el sátiro, vil
    como la noria el viento removía
    algo fúnebre de su mente salía
    mas, él, muertes, haría mil.

    Os ama
    Joise

  3. orlando lugo dice:

    A veces nosotros los seres humanos juzgamos a nuestros semejantes, sin saber a fondo el porqué suceden las cosas, simplemente decimos sucedió aquello, hagamos esto, juzgamos las consecuencias, pero no prevenimos las causas, no quiero justificar con estas palabras lo que sucedió en esta narrativa, solo la utilizo como ejemplo de una posible reflexión, escrito esta en la Biblia “QUIEN ESTE LIBRE DE PECADO, QUE TIRE LA PRIMERA PIEDRA”.

  4. isabel salcedo dice:

    PARECE QUE TU QUERIDA MORA ME HAS DESPERTADO!
    ..:: SALUDOS ::..

  5. Andres Rodriguez Espinoza dice:

    Siempre leo todas las monografías que me envían, y es un de los portales que más visito todos los días, aquí toda la información que quiero aprender la encuentro, hstoria, ciencia, tecnología, por lo tanto muchas gracias por su información gratis, ya que no se tiene que pagar nada por ella,

    Por lo tanto siempre que me envíen las monografías las recibiré, y quedaré muy contento con todo lo
    que me envien, de nuevo gracias, suerte en su labor cotidiano.

  6. Mirta Beatriz Gariglio dice:

    Durante el tratamiento del último asesinato resonante en Argentina escuché a un psiquiatra que comentaba que estos casos tan expuestos pueden actuar como disparador en algunas personas que presenten algún desajuste interno y/o alguna propensión para cometer hechos similares. Decía que hay médicos y biólogos que están estudiando a la violencia como una enfermedad contagiosa, como una infección que se propaga en condiciones propicias. No soy experta pero creo que algo de eso hay. Me pregunto por la seguidilla de mujeres quemadas con alcohol, por la “moda” de trompearse a la salida de los boliches, por las olas de suicidios, etc. Culpo bastante a la TV y a los tele-espectadores aunque, creo que éstos cuando el consumo es constante y a tal grado son inimputables.
    Y hablando de contagios y obsesiones…
    Alrededor de los trece años entré en un mundo especial de languidez y abulia que por un tiempo me dejó un tanto al margen del carril social. En esa época había comenzado a copiar en un cuaderno gordo que tengo frente a mí, todo tipo de poemas.
    Los que memorizaba y llevaba siempre en mi mente eran similares: los que hablaban de la quejumbrosa e incesante búsqueda del amor que no llegaba nunca aunque pasaran las estaciones; que se mezquinaba ante las caricias perdidas que rodaban…rodaban. Los que describían a jóvenes macilentas, amarillas y con ojeras, enfermas, presas de ese juego cruel de búsqueda y desengaños. Los que cuando el objeto de amor se perdía, el afectado sentía hojas de acero en sus entrañas o moría devastada porque el desmemoriado se había casado con otra.
    Existían otras poesías pero, a mi qué me importaba que el General Quiroga fuera en coche al muere o que zumbaran las balas en la tarde última o que el toro de la reyerta subiera por las paredes! Yo me alimentaba de aquellas y de la vida y de la muerte de sus sufrientes creadores. Porque además estaban sus biografías. Francisco López Merino era uno de mis predilectos. Él pensaba en su muerte y el alma se le llenaba de estrellas: “Mientras tanto la muerte no llega…/ pienso en ella/ y en mi alma florece de emoción una estrella”. Y a los 23 años eligió “rehusar todas las mañanas del mundo”escribe en la dedicatoria su amigo JLB. Cuando Alfonsina se arrojó al mar (el 25 hicieron 75 años) yo sé que no fue a buscar ningún poema nuevo: fue a dormir, tenía dos sueños y uno no se le cumplió.
    Creo que me encontré con ellos muy temprano, que coincidió con un estado anímico no muy feliz de mi parte y que es probable se haya incrementado por mi obsesión. La sensibilidad exagerada me situaba en un lugar vulnerable. Entreveía al amor como algo inalcanzable o excesivamente doloroso y al futuro como una aventura donde tenías mucho más para perder que para ganar. No culpo a la poesía ni a los poetas, ellos expresaban sus vivencias artísticamente. En ese círculo enfermizo de melancolía yo los buscaba para vivir con ellos sus aflicciones que no eran las mías.
    Por suerte la vida siempre ofrece múltiples alternativas y, un día salí de esa manía pesimista y empecé a interesarme por otras cosas:estudio, deportes, amores más reales con rosas y espinas.
    Hoy leo todas esas poesías y las aprecio, son bellas, no me confunden. Forman parte de mi vida.
    Inevitablemente y por suerte:
    “Mientras el corazón y la cabeza
    batallando prosigan;
    mientras haya esperanzas y recuerdos
    ¡habrá poesía!”
    Mis cariños
    Perla



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