Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Soy un puñado de piedras arrojadas

Respondo con poemas a los poemas que me enviaron (Entre poemas, canciones y otros géneros).

Si me mandaran piedras, piedras preciosas o semipreciosas o las hermosas piedras que encontramos en cualquier camino, diría que soy un puñado de piedras arrojadas que vuelven hacia ustedes (Las “PiE Dras”).

Que a cada uno le llegue su partícula (Creación de partículas cosmológicas).

Que le cante al oído como si estuvieran cantando el ruiseñor de Keats y Keats mismo (La incertidumbre del poeta).

Que no hay poetas mayores ni menores sino pasiones por las que se arroja todo lo demás, o no se arroja nada y no hay pasión (La pasión de escribir).

Mi José, mi Joise, mi Celestino, cómo me gustaría mirarlos a los ojos.

Y a Perla, a Tere, a Judith, a Mariolga.

Los cuadernos de la dicha

Bella

Es una muñeca más importante que cualquiera,

sus ojos móviles ocultan enigmas inmortales (Thomas Kuhn)

-vanas reiteraciones en realidad, pero que nunca se movieron del espejo

desde los siglos de los siglos-;

envejecer -pues ella ha preparado su vejez

como un canasto de flores, con un curso de ikebana que comenzó en la infancia-

es acomodar los crisantemos de la manera más amable posible

así como controlar el brillo de la mirada, la curva de la sonrisa

como un einstein propio del universo donde el espacio-tiempo es menos aún que una pregunta (Teoría del tiempo y el espacio),

es sólo insoportable.

Bella, qué sobrecarga del destino

ser una joya imperturbable cuando se sabe

que más allá del corazón nada es piedra sino carne y sangre sin controles

devastadas en un segundo por el huracán de un día;

y si de pronto decidieras envejecer

sin ciencia, como cualquier antigüedad,

lo más difícil sería el aprendizaje

de nuevos signos entre los que aparecerían los del amor

o sea el perfume de una marca desconocida,

químicamente vulgar, casi seguro,

poco adecuado para la robe que llevas puesta,

y los de la verdad, que todo lo marchita con su luz,

aunque la verdad, la verdad, está muy lejos;

mejor sería decidirse pronto

ya que el último amante ha sido atrapado por el agujero de los sueños

y allí está, únicamente falta que aprietes el botón

que lo haría navegar por las cloacas;

“yo puedo darte espejos que te muestren cómo se balancean las sombras,

te daré de comer en la boca con una cuchara de plata,

la luna es más hermosa que tú y podremos verla juntos, podríamos oler

el perfume que crean los instantes de dicha”,

dice un mensaje hallado en un lecho de excrementos.

Arte poética

También a mí me gusta la poesía con forma de columnas exóticas,

una tiene tantos compartimientos como un palacio

y las partes de mi palacio halladas tienden a preferir

doncellas en pisos de ajedrez,

también a mí me gusta la poesía

como una vieja enagua hecha jirones, más que desnuda

vestida como una fotografía de Lewis Carroll,

una niña horrorosa y asustada cuya fealdad la alumbra,

con ojos que miran hacia el diablo,

y la vacía poesía de los Mc Donalds

con sombras plastificadas e infiernos de fuego joven;

allí la verdadera tristeza está presente

y todos estamos, entonces, presentes;

no sé por qué te niegas a comprender

que todo es un cuaderno de verdadera poesía

donde Góngora arrastra rubíes como una cruz

y el Gólgota de otros es un fino diamante que talla rebanando,

ni tampoco por qué

no escribes nada en el cuaderno.

Canciones para el príncipe Rabearívelo

Leído que hube

Rabearívelo,

latino entre melanesios,

suicida entre muchos,

soñador de tóxicos,

en la antología,

prometí que no iba a morir otra vez este poeta

por lo que ya mismo

“zumbarán cosas irreales

irreales a fuerza de existir demasiado

como los sueños”.

Madagascar, Madagascar

Yo canto con un fruto de la muerte

Madagascar, Madagascar, y es Buenos

Aires, Buenos Aires

tumba de todos los poemas

óxido mortal

pero asilo propicio

de toda la poesía,

tambor mortal

de la letra que sale de mi sangre en todos los instantes

abiertos en heridas

la realidad teje moradas grises,

apenas nido para pájaros sin música,

pero llueve

hasta nieva en diciembre

en mi carne

en mi sangre.

Gracias por los poemas que me envían, y por leer los míos… Un abrazo transparente y especial para José María Gil.

Mora

Monografias

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Comentarios

6 respuestas a “Soy un puñado de piedras arrojadas”
  1. Ana Elba Campos Fuentes dice:

    Las piedras que regresan serán las recompensas del camino o todo aquello que sembraste en la vida, podrán ser recuerdos y hechos pasados que por ironía de la vida regresan cual bumerán.
    Si regresan a tu vida piedras precios serán los éxitos bien merecidos.

  2. Jose Itriago dice:

    Eres un puñado de piedras preciosas. Piedras de brillos maravillosos, que reconfortan y siembran anhelos nuevos.
    Eres un sueño que soñamos todos.

    Hoy quiero que seas reina de los sueños dorados,
    que seas reina.
    Quiero verte y sentirte reina de los sueños dorados,
    sentirte reina.

    Déjame imaginarte:
    no me digas, no me expliques.
    Déjame imaginarte
    para que seas reina, para sentirte reina

    No me enseñes:
    Déjame intuirte.
    No te desnudes:
    Déjame presentirte

    Sé hoy como has soñado ser.
    Sé una reina de sueños dorados.
    Sé igual y distinta.
    ríos y lluvias y mares y vientos.
    Sé tú, que eres bella
    y llénanos de ti para soñar tu sueño.

  3. Joise Morillo dice:

    Para una futura desposada.

    El fragor de vuestra mirada
    Como la sutil de un sueño de ángel
    penetra profundo;
    como de cariño deseada.

    dispersando felicidad en mi alma
    ¡ea! tierna y de dulce candor
    cual doncella entre las fibras del tejer
    como armando su ajar para entregarme amor.

    he descartado poquedad en mirarme
    más bien lumen intenso que me informa
    de vuestras caricias nunca saciarme
    y que el espacio entre nos, mas corto se torna.

    he aquí también, mi amor impoluto
    que desposada disfrutareis
    hasta que la providencia nos cubra de luto
    mi amor siempre tendréis.

    Os ama
    Joise

  4. José Gómez Apologista Hortothomountha dice:

    Dios te bendiga Mora gracias por tus poemas creo que tienes talento para redactar una película.

  5. Mirta Beatriz Gariglio dice:

    Piedra y camino.
    Más allá de tus poemas viajeros. Si fueras un puñado de piedras (literalmente) arrojadas y devueltas a su origen; sé, en qué sitios podría hallarte aquí. Sin titubeos.
    Serías un canto rodado brillando de sol en el río Quemquemtreu. Una de las “piedras que hacen ruido al rodar” al decir de los mapuche. ¿ O Mora no hace ruido al rodar?
    Serías también una partícula de piedra en la piedra del Piltriquitrón, nuestro milenario cerro “colgado de las nubes”. Al que inevitablemente veo todo el tiempo al levantar la mirada, por el que camino a veces y al que suelo cantar los versos de Giménez Agüero a su Chaltén :
    …”hermano de mi vigilia quiero ser cerro
    para ganarte en alturas de piedra eterna
    quedando siempre de pie sobre la tierra”
    Y allí estarías…Cantando en el fluir incesante del río cristalino y silenciosa, omnipresente en la montaña.
    Arroja tus piedras lejos, con fuerza, con pasión!
    Mis cariños y deseos de paz.
    Perla

  6. José María Gil dice:

    Algo en lo que has escrito, Mora Torres, me ha hecho recordar algunos intentos poéticos de juventud, cuando en nuestra rebeldía pensábamos que aquellos poemas podrían llegar a perdurar en el tiempo.
    ¡Vana ilusión!…pues el materialismo que llegaba a nosotros con los primeros trabajos que nos ayudaron a sobrevivir primero y a prosperar después, fue matando poco a poco aquella rebeldía poética apenas nacida. Así, partiendo del tiempo, del espacio y del silencio escribí algún día:

    Mi pluma es el arco
    de un sonoro violín
    que en el tiempo
    va desgranando acordes,
    en el espacio
    va dibujando notas…
    notas que se arrancan de las negras cuerdas
    para plasmarse, armónicas,
    en la blancura intacta
    de un rollo de pianola.
    En el papel sin fin
    mi deseo se llama en el tiempo
    “sinfonía acorde”.
    En el espacio…,
    sinfonía impresa.

    (Valencia, Febrero de 1967)



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