Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Página de un momento de vacío

Estoy sin inspiración (¿Inspiración o retórica? Una mirada al sesgo de la creación literaria), sin éxtasis (Dioniso, el Dios del Vino).

¿”Melancolía que a la poesía conduce”? (Poemas de José Ángel Buesa).

Definitivamente, no.

Pero “Todos los caminos conducen”, dice H. A. Murena (Literatura argentina: entrevistas).

Lo dice así, tan sugestivamente. No a Roma (Roma, la huella de un gigante), no al cielo ni al infierno (Mitos mexicanos). Sólo conducen, y es verdad.

Verán como ayer por la tarde algo me condujo…

Verán cómo es productiva la pereza (Ángeles, Demonios y el Cerebro: La neurociencia aplicada).

Lo verán si soportan la página que sigue (Diez virtudes para ser feliz): serán conducidos.

Aquel que lo logre que me cuente hacia dónde.

Página de un momento de vacío

Imagino las múltiples posibilidades de cambiar. Lo hago con entusiasmo, con énfasis, y eso es raro porque comienzo por detalles minúculos, como escribir con letra más pequeña, que es lo que estoy tratando de hacer en este momento.

También es raro porque cambios como este -el de la letra- me aseguran al parecer otros muchos, los traen anudados.

Lo importante del caso es que no busco mejorar sino cambiar, y también que parece que estoy segura de que con sólo cambiar mejoraré.

Una vez establecida entre mis costumbres una letra pequeña, no pienso en escribir. Sólo en que cuando escriba habrá alguna que otra ventaja -aunque siempre lo importante es que yo tenga una letra más chica y no otra cosa.

Pero sí, indudablemente ahorraría papel -aunque mis cuadernos empezarán a tener varias páginas en blanco.

No es que me alegre el ahorro de papel en mi fantasía perezosa, ni por mis propias finanzas ni por la ecología del planeta.

Apenas si mi fantasía distingue dibujadas más bella y cuidadosamente mis palabras, con lo cual les conferiría cierta importancia a las mismas, si es que acaso existieran -y parece que sí, esta página es prueba.

La que sigue a mi fantasía de cambiar el tamaño de mi letra es el cuidado de mi cuerpo.

Empezaría por ir al médico, costumbre abandonada hace algunos años, por numerosas frustraciones contra el arte de la medicina.

Pensar esta idea me lleva mucho más tiempo que la anterior, ¿cómo empezar?

Lo de la letra no se sale de los límites de mi cuaderno; ir al médico es extraordinariamente complicado.

Primero debería hacer averiguaciones desde casa, por teléfono -que no muy a menudo funciona en estas latitudes-. Quizás antes debería hacerlo por correspondencia -allí podría ejercitar mi nueva caligrafía.

Tal vez sólo bastaría el teléfono, sin embargo, si lo sorprendo en el instante en que funciona: pedir turno en mi obra social para un médico clínico.

El clínico me mandaría un chequeo, lo que significa cierta cantidad de análisis de laboratorio. Deberé pedir turno en lo de un bioquímico para esos análisis, y tampoco es tan simple; me pedirán que vaya a recoger las instrucciones previas y los frascos donde se depositarán las muestras.

Después vienen los días de los análisis, el ayuno, el buscar los resultados, temblando por si sale algo; el pedir turno otra vez para el clínico, y llevárselos.

En esta parte no termina todo, en realidad es donde todo empieza.

Existen varias posibilidades de continuar la historia de las revelaciones de mi cuerpo.

Si los resultados de los análisis consignan algo serio o moderado, el clínico me derivará a un especialista. Allí me ordenarán todo tipo de pruebas, más especializadas.

Si todo está bien en los análisis, mi médico clínico, y también yo, empezaremos con una oscura sospecha: los resultados fueron cambiados por los de otra persona -y ya estoy haciendo letra de gran tamaño, me olvidé del primer cambio- o no los realizaron con los suficientes recursos o seriedad, ya que a mi edad no es para nada probable que mis pruebas sean las de una jovencita.

En estas dos bifurcaciones debo empezar por los azares posibles de la primera: uno de los análisis no dio bien, el de la glucosa supongamos.

Un endocrinólogo al que soy derivada comprueba si tengo diabetes.

Luego de los estudios, si éstos dan negativo, el especialista se preocupará: ¿por qué la glucosa dio alta o dio baja en las primeras pruebas? Algún síndrome hay; mientras se esperan los resultados de otros estudios relacionados con el resultado negativo, yo me obsesiono buscando en Internet diversos y temibles síndromes.

Si las pruebas de laboratorio, en cambio, resultan positivas, tengo diabetes, y alegremente me preparo a afrontar el tratamiento. Después de todo, a mi edad… Y a seguir con mis cambios.

Pero no; el endocrinólogo se preocupa también en este caso. Si bien la diabetes es una enfermedad que, bien cuidada, no tiene muchos riesgos en la tercera parte de la vida, existe un síndrome, otro síndrome, común en las mujeres posmenopáusicas, que reúne tres enfermedades, una de las cuales es la diabetes.

Hay que hacer dos estudios más, de alta complejidad, para estar seguros.

Si resulta que tengo esa enfermedad que reúne a tres y cuyo nombre no recuerdo, otra vez me preparo para el tratamiento y para, cuidadosa, permanecer en salud,  afrontando mis cambios de letra, de vida y de hábitos. No es para tanto. Sólo tengo que pensar en un cambio de letra, un cambio de rutina alimentaria, y seguir hacia donde me conduzcan… los cambios diminutos.

Si no tengo la triple enfermedad, sino sólo diabetes, de todos modos el endocrinólogo me indicará el tratamiento, me recomendará no dejar de concurrir al clínico a menudo y me enviará al psicólogo, es posible que influido por la reacción obsesiva que observó en mí cuando habló de los síndromes.

Pero si nada de esto ocurre, el clínico pide la repetición de los análisis y los análisis vuelven a dar bien, entonces es posible que los doctores me dejen tranquila para seguir con mis fantasías planificadas en tiempos de pereza. ¡Dios, qué libertad!

El tercer cambio incluirá peluquería, manicuría, compra de ropa nueva y maquillaje. También inscripción en un gimnasio.

El cambio número tres, aunque no lo parezca, es mucho más complejo y más profundo que el segundo, y ni hablar que el primero.

Ya estoy a un paso de olvidar quién fui.

Envío

No seguí copiando la página escrita en tinta azul real porque me dio vergüenza tanta frivolidad aburrida. Y, además, la letra cambió desde un comienzo bellísimo a unas garrapatas estiradas y sólo legibles por mí.

Tengo una respuesta para Tere Labastida, que pregunta respecto del crimen de Camila O’Gorman: “¿Y los asesinos cómo quedaron?”. Pues los asesinos formaron parte importantísima de la historia de nuestra patria, todos aquellos que querían la muerte de Camila y los que firmaron la sentencia, ya se tratara de Don Juan Manuel de Rosas o de su enemigo que despotricaba desde Chile, Sarmiento. Son algunos de nuestros próceres.

Ahora, al terminar esta nota tan poco notable, me pregunto si no hubiera sido mejor escribir sobre mi viaje a mi ciudad natal, Santa Fe, que hice el fin de semana, sobre la visita a mis hermanos y sobrinos y el encuentro con mi hija y con mi nieta Lola. Sobre mi corazón que se quedó bastante rengo por no poder encontrarme con Antonia, mi nieta de catorce años -pura música ella-, que vive en Paraná, una ciudad muy cercana a Santa Fe.

Los abrazo, los quiero. Cuídate José, cuídate Joise.

Mora

Monografias

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Comentarios

8 respuestas a “Página de un momento de vacío”
  1. luis enrique ochoa choc dice:

    ahorita que leia sus lineas, estaba almorzando yque interesante como toca el tema y afronta lo de tener que ir al medico, yo la felicito porque es lo que a muchos nos cuesta hacer y tener que aceptar que tenemos que ir con esa personita que a veces no agrada por lo que tenga que decir y siga asi porque lo de la caligrafia igual yo quisiera tener un letra fenomenal pero por mas que lo intento no logro mejorarla, pero que bueno que no solo yo tenia esa forma de ver las cosas suerte y un saludo desde GUATEMALA,la tierra de la eterna primavera, de MIGUEL ANGEL ASTURIAS NOBEL DE LITERATURA, Y ARJONA

  2. Jose Itriago dice:


    Haruki Murakami, en Danza, Danza, Danza, dice:
    “Las cosas, sin embargo, no terminan tan fácilmente. Cuando alguien le pide algo a la vida (¿quién no lo hace?), la vida le exige muchos más datos, más información. Le exige más puntos para poder trazar una imagen clara. Si no, no se obtienen respuestas.”

    Si no se está en capacidad de suministrar los puntos requeridos, el sistema, cualquier sistema, negará la solicitud.

    Es terrible eso de tener que dar datos y más datos, de llenar esos formularios imaginarios, pero imprescindibles, para ordeñar una sonrisa a la vida. Al final, con mucha más frecuencia que la deseada, están incompletos y la vida sigue por un camino diferente, una nueva entrada al sistema que requiere otros cuestionarios, cada vez más complejos, más inquisitivos. Además, no hay marcha atrás. Se pierde tiempo tratando de suponer lo que hubiera pasado de haber contestado correctamente o lo cerca que estuvimos de hacerlo.

    La vida se hace exigente. Antes era igual, pero la velocidad con que andábamos era muy superior a la formulación de las preguntas y las pasábamos de largo. Ahora, lentos como somos, resuenan y nos atormentan.

    La pregunta puede ser, como el caso que nos plantea nuestra amada Mora, un examen de sangre. Podríamos eludirlo –antes lo hacíamos- pero ahora, por más que lo diferimos, se presenta como una medida necesaria para hacerle una rendija nueva a la vida que llevamos, para sacarle esa sonrisa que buscamos. La angustia del examen, de sus resultados, no es tan grande como la obstinada presencia de tener que hacerlo.

    Pero las preguntas son muchas, disparos al azar, sorpresivas. Te desnudan a pleno sol en el medio de la calle. Cubren todo lo que crees que es la vida, con la gente que conoces, con tus cosas, con tu pudor, con tus esperanzas. De pronto estas tratando de razonar por qué esperas algo que, después de todo, siempre te ha llegado, siempre lo has recibido.

    Tienes el recurso de escribir con letra tan pequeña que solo sea legible con un microscopio, como esas biblias escritas en un frijol, algo tan pequeño que para leerlo primero hay que saber lo que dice. Es una buena salida.

    Cuando te lo rechacen por incompleto lo dejas donde esté, no importa, será imperceptible para el resto y tú seguirás por otro rumbo, descifrando el camino. Tiene sentido.

  3. EDELMIRO P dice:

    CUANTAS REALIDADES PERFECTAMENTE “COMPARTIBLES”, QUE NOS SON COMUNES A MUCHOS DE NOSOTROS.
    ME GUSTA LA PROFUNDIDAD DEL ANALISIS
    EDELMIRO
    edelmiroperez@gmail.com

  4. Joise Morillo dice:

    Una sola piel

    Como puedo surcar vuestro mar
    Desposeído del remo del amor
    Del verbo de vuestro mirar
    Adoleciendo por vos del candor.

    Sin la bahía sin la rada;
    Y un tanto olvidado ¡oh temor!
    Que mi pasión sea replica de nada
    Demasiado frío y nada de calor.

    No sois doncella, menos vetusta
    Mas amo vuestro garbo
    Creo conseguiros justa
    De vuestro placer me haré cargo.

    Calma Tenorio, calma trovador
    Apaciguad vuestra temperatura
    Conquistar con ternura es mejor
    Haciéndolo así la tendré segura.

    Dejadme cruzar vuestra ensenada
    Dejadme libar vuestra miel
    Tomad mi humor por nada
    Tengamos los dos una sola piel

    Os ama
    joise

  5. Joise Morillo dice:

    Mora, Saludos, interesante propuesta estética.

    El individuo humano, naturalmente mantiene, posee, un instinto de conservación permanente y se define mediante el constante deseo de mantenerse seguro, prudencia y, las más diversas manifestaciones de instinto de conservación, Darwin le asigna una interpretación genuina y convincente en derivación de sus acepciones:

    “la supervivencia de los mas aptos”

    Es como asegurar la evolución de la especie y mantener un cambio perenne, de otro modo en la superación de la sociedad ante la civilización cambiante.

    Opuesto, pero en la variedad de las conductas y de las formas de comportamiento, incluyendo manías, vicios y enfermedades mentales tenemos variadas formas de manifestarse, psicopatías, esquizofrenias, sicosis, etc. Entre ellas se podrían ubicar la Hipocondría. Por otro lado entre la obras de arte emblemáticas que han criticado y denunciado las miserias y desmanes de estos pacientes de diferentes manifestaciones de conductas son: Moliere y Kafka, Moliere con ” El enfermo imaginario” despliega las ironías mas ridículas y perturbarte hasta el punto de hacer miserables a sus parientes con sus mezquindades, tampoco Kafka se queda corto en su primer apéndice de Metamorfosis “Un artista del Hambre” el mas patético de los ejemplos de perdida d autoestima. Empero, antagónico a su romanticismo original, cátedra de absurdos nos otorga Honoré de Balzac con “La Búsqueda de lo absoluto”.

    Pues bien la salud es primordial, la idea es no crearse pánico, y enseriarse con la parte del diagnostico y la cura, seguir los argumentos e indicaciones del doctor y, hacerse chequeos periódicos.

    Os ama
    Joise

  6. Tere Labastida dice:

    Mi querida Mora, gracias por la respuesta de los responsables de esa atrocidad. En cuanto a las dudas de hacerte un chequeo clínico, te daré el consejo que me da mi terapeuta de medicina alternativa, ” El que busca, encuentra ” Te platico mi experiencia personal: Me encontraba en visperas de mi consulta semestral con la cardióloga que me controla la hipertensión arterial, cuando me empecé a sentir muy cansada y con mucho sueño ademas de ya tener cinco días con dolor de cabeza; como tenía que llevarle una química sanguínea de 27 elementos, fuí al laboratorio y después de tres piquetes lograron sacarme sangre de una mano, recogí los resultados y acudí a mi cita. Cuál va siendo mi sorpresa al ver que no solo tenía el colesterol alto,(hipercolesterolemia) sino también el ácido úrico y el calcio (hipercalcemia) y por su fuera poco la presión alta; como te podrás imaginar me quedé estupefacta y ella más, al grado que me mandó un medicamento adicional a los dos que ya tomo, para bajar la presión de emergencia. Regresé a casa y esa noche tomé el nuevo medicamento y así lo hice por tres días, cuando de repente empecé con angustia, taquicardia y tensión nerviosa, llamé a mi médico y me dijo que suspendiera de inmediato el medicamento porque seguramente me había bajado de golpe la presión, que estuviera en reposo absoluto tres días y que enseguida la fuera a ver. Entonces en ese espacio vacio de no poder hacer nada me puse a reflexionar sobre las posibles causas de toda aquella descompensación y así vino a mi mente una preocupación que había tenido y que me provocó una pasajera depresión que casi nunca he experimentado y ahora duró aproximadamente una semana. Por supuesto se me bajaron las defensas y mi organismo se alteró. Una vez identificado el conflicto, estaba en condiciones de darle acuse de recibo y solucionarlo, para lo cual opté por la técnica del Ho´oponopono, creada por un médico en Hawai, y que consiste en repetir esa palabra o bién en español: “Lo siento, por favor perdoname, gracias, gracias, gracias.” así mismo hice ejercicios de relajación; de tal manera que cuando acudí nuevamente a la cita me había curado. Estoy en espera de que transcurra un mes para volver a realizar los análisis de control, de todas maneras me impuse una dieta para bajar todos los niveles altos, y ahora te puedo decir que me siento de maravilla. Te invito a reflexionar con estos datos: Cada célula de nuestro cuerpo reacciona a todo lo que dice nuestra mente. La negatividad es una de las razones que más debilitan el sistema inmunológico. El cerebro al organizar una enfermedad, nos dá más tiempo, más oportunidades de superar y así, definitivamente dá más oportunidades de vivir. Aunque nuestro inconsciente conozca el origen del conflicto, el camino que lleva a su solución hace indispensable que antes se exprese a través de la emoción, se verbalice y una vez concretada se comparta y se comunique. ” Cuando comprendamos que la enfermedad se produce por nosotros, lograremos entender que la curación debe ser un acto sobre nuestra vida y no sobre nuestra enfermedad” Para concluir quiero regalarte las palabras de Osho: ¡ Aprende a reir ! La seriedad es una enfermedad. La risa es de una belleza tremenda, te da ligereza, te da alas para volar. Y la vida está llena de oportunidades para reir. Sólo se necesita tener sensibilidad. Crea situaciones para que los otros se rian contigo. La risa debería ser una de las cualidades más valoradas y más cuidadas de los seres humanos, porque solamente los seres humanos pueden reir, los animales no son capaces. Reprimir la risa es destruir una cualidad humana. Gracias por dejarme compartir esta experiencia de vida. Recibe saludos cariñosos de tu amiga a la distancia, Tere Labastida.

  7. Mirta Beatriz Gariglio dice:

    Mora: veremos hacia adonde me conduce tu “página de un momento vacío”.
    Pienso en una persona a punto de convertirse en sexagenaria.(Mm… no me gusta la palabreja. Y si hablo de seis décadas me acuerdo de Arjona ¿se animaría Arjona a escribirle a la señora de las seis décadas? ¿Me animaría yo a leer esa letra?). En fin,convengamos que a esa altura un ser vivo ha pasado por distintos accidentes y averías corporales.
    Como ser humano responsable de sí mismo me someto a controles de salud: sólo los imprescindibles. Sin embargo, cuando no me queda más remedio (frase oportuna) caigo al médico e invariablemente me encuentra algo nuevo y crónico: algo con lo que forzosamente deberé convivir por siempre y por ende con uno o más fármacos “ad hoc”.
    Osea que, a lo largo del tiempo he ido sumando dolencias con las cuales parece que convivo perfectamente porque los síntomas desaparecen como por arte de magia a poco de anoticiarme de cada padecimiento y casi sin necesidad de los potingues.
    En realidad, lo primero que hago al traspasar la puerta y abandonar el consultorio es preguntarme a mí misma sobre cómo llegué a encontrarme en ese estado, qué está pasando conmigo y qué he hecho mal o dejado de hacer. Y… siempre hay algo. Entonces me aboco a resolver y decidir cuestiones, quizá no tan complicadas pero que estaba obviando o negando.
    Esto ya implica cambios en mi cabeza, en la relación con los demás, etc. Luego, vienen los otros cambios “anudados”: rever dieta, sueño, actividades físicas e intelectuales, descanso, recreación; los que emprendo con gusto porque hay mucho para elegir y la cruzada tiene un fin valioso.
    Ir al médico me sacude y me intima a ocuparme de mi persona.
    Por ahora, le voy ganando al negocio de la medicina y a la industrias farmacéutica que tratan por todos los medios de convercerme de que soy “algo” cuya existencia depende pura y exclusivamente de su potestad.
    La medicina es arte. Pero no ésta que se adueña de nuestros cuerpos y vidas, que nos paraliza de miedo y nos da vuelta los bolsillos.
    Resumiendo: paso por la mesa de entrada pero me resisto a la procesadora.
    A propósito, los cambios estacionales también me parecen fantásticos y sanadores. Comparto con ustedes una vivencia del día 18, justo antes del inicio del invierno.

    Amaneció nevado
    En silencio nevó toda la noche,
    copo tras copo
    sobre cipreses,
    sobre radales,
    sobre maitenes,
    sobre los ñires,
    sobre las lauras,
    sobre los coihues,
    sobre chinchines.
    El paisaje es una foto en blanco y negro.
    El frío
    me invade,
    me golpea.
    Tiene olor
    a frío.
    Hasta el tiempo parece suspendido.
    En el bosque
    mis huellas
    van dejando
    una senda.
    Soledad.
    Silencio.
    Como en el bosque dormido de los cuentos.
    Mis cariños.
    Perla

  8. charmante charmante dice:

    Enhorabuena por tu blog! Y lo más importante, gracias a que el contenido de lo que siempre me hace feliz! . Saludos

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