Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Camila O’Gorman o la poesía en acción

Cuando pienso en castillos (Casas Encantadas), en vampiros (Esperanto: Más allá de la voz de los vampiros), fantasmas o en lúgubres historias de amor (Concepción de la tragedia), siento que hay un lugar donde todas esas cosas se amontonan, están desparramadas y tienen vida propia.

Después de todo no es un lugar, es un siglo; pero Einstein, nacido en esos días, podría aclarar mi confusión (El sueño de Einstein).

Amigos: les presento un fragmento, una astilla, del siglo diecinueve, acá, en América latina (Condición de la mujer durante el siglo XIX en México), en Argentina puntualmente (El caudillismo argentino del siglo XIX).

Camila O’Gorman o la poesía en acción

Hacia 1828, en Buenos Aires, nació una niña en la familia que componían Adolfo O’Gorman y Joaquina Ximénez Pinto.

Esa niña, veinte años más tarde, iba a darle al pueblo una lección de amor, a la leyenda una figura nueva, finalmente iba a reunir, aunque en un mismo odio, a unitarios y federales, las dos furias que en ese momento asolaban la patria. La convertían en un canto a la muerte.

Las señales fúnebres estaban claramente en todos lados: huesos sembrados en los campos, cabezas colgadas en los atrios de las iglesias, biblias encuadernadas en cuero humano cuyas hojas pasaban los dedos más devotos.

Todos estaban solos y todos tenían miedo de su sombra, la traición era el alimento cotidiano.

Pero Camila creció entre sedas y canciones.

Su padre, amigo del gobernador Don Juan Manuel de Rosas, la introdujo en sus salones.

Ella bailó y soñó y se hizo amiga íntima de Manuelita Rosas, la hija del Restaurador -acaso, para Camila, el restaurador de la muerte, entre otras cosas.

Manuelita, La Niña, ya era una leyenda en esta patria, contrastaba con su padre como si la hubieran vaciado en blanco de algo negro; un pedazo de Rosas lleno de luz y simpatía, que intercedía en lo posible contra abusos y crímenes.

Volvamos a Camila O’Gorman: el nuevo párroco de la Iglesia del Socorro, el joven Ladislao Gutiérrez, era amigo de su hermano Eduardo; habían estudiado juntos en el seminario de los jesuitas, y provenía del Tucumán.

En el patio principal de la casa de los O’Gorman Eduardo le presentó el cura a Camila.

Esa tarde todos los jóvenes jugaron al gallito ciego; las hermanas y hermanos de Camila, Manuelita Rosas, Camila, Ladislao y algunos otros vecinos.

Desde esa tarde y por algún tiempo más, Camila y Ladislao estuvieron en el cielo.

Era a principios de 1847 y la ferocidad había crecido y habían crecido la muerte, el miedo y los fantasmas, más los dogmas y las convenciones sociales.

Todo debía parecer cristalino, en especial en los hogares, en especial en las iglesias.

Los sermones hablaban de un amor que los fieles no entendían, porque no era ni siquiera amor abstracto, era puro rencor disfrazado.

Pero el respeto era la esencia, excepto el respeto a la vida de los que estuvieran en contra de tal respeto.

Había un cura, conocido de Ladislao y de Camila, llamado Miguel Gannon, especialista en esta retórica de patíbulo.

Mientras esto ocurría, Camila y Ladislao tomaron las brasas de su amor, tomaron unos caballos en medio de la noche, y huyeron.

Era el 12 de diciembre de 1847; por suerte hacía mucho calor.

Se fueron a la ciudad de Goya, en la provincia de Corrientes, gobernada por unitarios, los opositores de Rosas.

Allí, por unos meses, el paraíso se doró más todavía. Camila y Ladislao fundaron una escuelita y empezaron a enseñar a leer y escribir a los niños y a los viejos de Goya.

Trabajaban juntos y eran maestros adorables; el amor nos hace así.

Tan adorables que Camila no sintió que le faltaban las fiestas y los bailes; los invitaban a todos los que había en el pueblo.

A principios de agosto de 1848 los invitaron a una riña de gallos -pequeña escena de muerte que se reproducía en los festejos.

Camila bailaba en el salón; Ladislao observaba en el patio los movimientos de los gallos.

Una voz lo sacó de su ensimismamiento: “¿Cómo se encuentra, Padre Ladislao?”.

La gente miró asombrada, Ladislao no era cura ni tampoco se llamaba así, era el marido de la maestra, Valentina.

La gente, por muchísimo tiempo, no supo más qué sucedió, y no vio a la pareja nunca más.

Los llevaron para fusilarlos a los Santos Lugares del Restaurador.

No era sólo cuestión de principios: entre los federales, hasta el padre de Camila pedía degüello, y los salvajes unitarios hablaban; Sarmiento escribía en El Mercurio de Chile que la tiranía de Rosas había llegado a corromper el corazón de las mujeres de buena familia.

Y sin embargo, en las buenas familias de Buenos Aires, el único corazón incorruptible era el de Camila, quien negó haber sido violada -tenía ocho meses de embarazo- y aseguró que fue ella misma “la iniciadora del romance y la ideóloga de la fuga”. Declarar lo contrario hubiera sido su salvación.

A Camila y a Ladislao los fusilaron la mañana del 18 de agosto de 1848.

A Camila le dieron antes a beber un vaso con agua bendita, para bautizar al hijo, ya por nacer, que llevaba en su vientre.

Enrique Molina escribe en el prólogo de su libro Una sombra donde duerme Camila O’Gorman:

“…La ejecución de Camila O’Gorman constituye el acto más inhumano y arbitrario de su largo gobierno (el de Rosas), una compulsiva determinación de poderes negativos, el sello de una actitud antivital. Ante él, su víctima asume todas las aspiraciones de la poesía. En una sociedad donde imperan a la vez el odio y las virtudes domésticas, Camila encarna las virtudes de la pasión, las virtudes de la locura, el honor del amor”.

Grandes abrazos emocionados -¿a quién no lo emociona el personaje valiente de Camila, y el de su amante que quizá perdió el alma por amarla también?

Mora

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Comentarios

10 respuestas a “Camila O’Gorman o la poesía en acción”
  1. Jose Itriago dice:


    Un brillo acerado. Agresivo. Es lo único que se puede vislumbrar. El resto es confuso. Hay gente, cosas, es un ruido, una distracción.

    Ayer, cuando me deslizaba por esta misma vi que la gente, algunos deslizándose también, pasaban sin ver. Nadie quiere ver, me dije, y traté de no ver. Pero no. Fue imposible. Esa capacidad de no ver es inconsciente, va naciendo en las personas de una manera tan natural que se hace parte indisoluble de ellas, como una pátina. Pero ayer yo sí que veía cada detalle. Me detenía a cada paso descubriendo la factura de los bloques en la pared, de las marcas de la palustra en el cemento liso. Imaginando las manos expertas de los albañiles, todas callo, pero artistas en fin, que fueron construyendo las paredes hasta convertirlas en lo que estaba viendo, ahora sucias, con grafitis y publicidad vieja, ya inútil, anunciando eventos de pasadas temporadas, candidatos que nunca fueron electos, ahora lejos, muy lejos de todo aquello. Pero iba leyendo cada párrafo de esa historia. Los demás me tropezaban y ni siquiera levantaban la vista para descubrir el obstáculo en que me había convertido, allí tan lento, lerdo, para abajo y para arriba.

    Fui imaginando que había una historia, un cuento. Lo que hacía falta era hilvanar cada tres pasos con los siguientes. Sanyo con Víctor Rodríguez, candidato seguro para la Alcaldía de Baruta y después el grafitis GCYM en grandes letras con AutoCyclone. Pero también Sanyo con AutoCyclone con Víctor y GCYM tratando de participar o evitar que ambos se entendieran. Tardé una hora en recorrer las cuatro cuadras que faltaban para llegar a algún sitio. Cuatro horas deslizándome entre discursos tejidos con intenciones dudosas y yo interpretándolas.

    Por eso estoy aquí de nuevo. Porque soñé una historia coherente, digo yo, que le daba sentido a esas cuatro cuadras, pero tengo que verificar, ordenar la secuencia. Esa historia me reveló un brillo acerado, sin conexión alguna con su entorno, agresivo y ahora es lo único que puedo ver. Encontré un brillo y ya es imposible ver algo más. Peor que imposible, es banal. Me balanceaba entre la historia, la que interpreté o soñé, ya no estoy tan seguro y ese brillo noble y hermoso que se desprende de ella o que está formulada en textos y figuras, aparentemente dispuestas al azar, esperando que su movimiento se detuviera ante mis ojos para ser descubierta. Me alegré de tanta suerte, de haber encontrado tan rápido mi brillo, cuando, me parece, los demás, los que pasan ojerosos, ceñudos, no han podido encontrar los de ellos. Quizás ni siquiera saben que lo están buscando, que deben leer su entorno, tener una fe gigante en que está ante sus ojos.

    Es hermoso. A pesar que es brillo de cuchillo, asociado con muerte y desolación, con venganzas, con ultrajes. Es muy hermoso. Giré alrededor de su luz, de su atracción, que se hizo corpórea. Tenía peso y lo sentía como quien carga un fardo de pesares, un peñón desubicado, lejos de sus montañas, en una incursión urbana, tal vez para tener algo que contar a los entumecidos amigos milenariamente inmóviles. Es verdad, no podía con él. Mas es el final feliz de una historia terrible, lo único que quedó después de la humareda de la pólvora, el brillo del despegue final hacia la luz.

    No es cosa que todos puedan ver. Parece mentira. He tratado de mostrárselo a varios y me han visto con extrañeza. Como si no es verdad que está allí. Ahora me duele desprenderme de esas calles, me molesta que la noche cambie su altanera tonalidad a una modulación de las sombras. No acepto que peguen nuevos carteles, que le añadan apéndices a la historia que ya conozco, como si me trataran de vivir distinto. La verdad, ya no sé qué hacer. Solo esperar que no tumben las paredes para construir un edificio, lo cual es casi imposible en esta ciudad.

  2. Joise Morillo dice:

    Saludos querida Mora. impresionante relato.

    No tenia idea de tal historia ¡como ignoro muchas otras! Ahora bien, si quisiera opinar que: el dogma y la ignorancia se juntan para perpetrar tales actos de injusticia –por decir algo favorable, que no se merecen- humana. Al contrario, son muy humanos esos actos derivados de la intolerancia y el prejuicio, este, es el síntoma de esa moral infundada, o mejor, fundada en preceptos errados donde el fanatismo, el radicalismo, se tornan en inquisición, y el honor se centra en una suerte de tributo al falso pundonor, plagado de vicios y en función de una falsa o simulada dignidad. Donde no existe un ápice de razón en función de amar al prójimo en su más mínima expresión, por ende, mucho menos moral.

    Empero, al fallar de tal modo la dignidad, la honestidad, la bondad y el amor propiamente dicho, no podemos encontrar, jamás –valga la expresión- moral. Mas si, falta de humanitaridad, con esto, aunque no comparto la filosofía nihilista Eracliteana; me aboco a la semántica para colocar tal actitud, definitivamente, humana demasiado humana plagada del mas elevado prejuicio y sin el mas mínimo apego al desenvolvimiento civilizado del entendimiento humano y sus sentimientos naturales.

    En conclusión, extremadamente absurdo por el grado de criminalidad que: testigos de toda índole, incluso parientes enajenados, jueces y verdugos -trogloditas- comparten en contra de victimas “culpables solamente de quererse amar”.

    Os ama
    Joise

  3. dagoberto Bolivar Viveros dice:

    Hola amigos, estoy emocionado con la publicación de Mora Torres de Camila O’Gorman una conjugación de de novela romántica y la poesía en una época de contradicciones políticas, publicaciones como estas es lo que se necesita para incentivar al público joven hacia la buena lectura. Gracias

  4. ARTURO MORENO TZINTZUN dice:

    Hola es necesario que contengan un sentido mas directo hacia el lector, que influyan

    las expresiones de los actores en las obras escritas, con textos y figuras. no pretendo decir que sea

    un cuento de poesías con caricaturas peros si algo mas centrado hacia la imaginación del lector

    joven. es muy hermosa su públicación gracias y suerte.

  5. HECTOR DANIEL DE ARRIBA dice:

    Deseo hacer unos pequeños aportes, en rigor a la verdad histórica.
    María Camila O’Gorman nació el 9 de julio de 1825, falleciendo fusilada a los 23 años.
    Su novio, pareja o marido -como ella lo decía- se llamaba Uladislao Gutiérrez.
    No fueron identificados en una riña de gallo.
    Cualquiier interés consultar mis libros.
    Desde ya muchas gracias.
    Prof Héctor Daniel.

  6. hector luis garcia magnan garcia magnan dice:

    Hola como están todos espero que bien les ruego que me disculpen la ignorancia de no saber sobre la vida de importante personaje de la literatura Argentina, de verdad me dejo impactado su historia de su vida junto a el amor de su vida , bueno yo no soy un letrado , pero a veces me gusta leer un poco y
    me intereso este bello ejemplo de vida y entrega al AMOR , me gustaría mucho que el profesor me indicara como puedo tener la opción de de leer algún libro suyo que aclare esta bella historia , los saludo desde CHILE , IQUIQUE ,

    SALUDOS AL PROFESOR . HECTOR DANIEL DE ARRIBA

    al Sr: DAGOBERTO BOLIVAR VIVEROS
    ARTURO MORENO TZINTZUN
    JOISE MORILLOZA
    Y POR SUPUESTO A JOSE ITRIAGO

    P.D. LOS SALUDO CON RESPETO Y LES PIDO UN GRAN FAVOR SI PUDIERAN INDICARME DONDE ADQUIRIR ESTA BONITA Y MARAVILLOZA HISTORIA PARA DISFRUTARLA Y COMENTARLA
    CON MI FAMILIA Y AMIGOS ACA EN CHILE , CORDIALMENTE DESDE IQUIQUE ,CHILE REGION DE TARAPACA HECTOR LUIS GARCIA MAGNAN

  7. carlos zarate dice:

    La lectura da la impresión autobiográfica, pero al continuar uno observa que solo se han cambiado los nombres, las fechas y los lugares. No deja de ser una historia conmovedora, romántica por momentos, violentistas, políticos, religioso, social y cultural, sin embargo, Camilia sale airosa como bien la maquilla, eso hace que la historia sea atractiva e interesante. Me agrada el estilo variado, ameno, divertido y de suspenso, porque no se sabe qué continúa, aunque uno puede adelantar el final cosa que nos permite hacer en literatura.
    Felicitaciones.
    Carlos Zárate Loayza
    Prof. Área: Comunicación

  8. Mirta Beatriz Gariglio dice:

    Gracias Mora por traerlos a la memoria!
    La fatalidad propició el encuentro de dos seres en un tiempo y un lugar equivocados. Lo que pudo ser una simple historia de amor se transformó en objeto de un absurdo escarmiento moral y en prueba irrefutable del poder del llamado Restaurador de las leyes y el orden.
    De nada valieron la belleza y los modales de niña de sociedad; de nada sirvió la entrañable amistad de Manuelita; nada significó aquel ser amado floreciendo en su vientre…
    Intentaron el amor en libertad y los regresaron como reos a la cárcel, engrillados, separados.
    ¡Seducción! ¡Rapto! ¡Sacrilegio!-cuchicheaba por los salones la doble moral.
    ¡Pena de muerte!- sentenciaban implacables unitarios y federales a coro, entre el fuego cruzado de sus diatribas.
    Mucha tinta corrió a favor y en contra de estos adversarios. El subjetivismo fue feroz en muchos casos.
    Existen novelas históricas que describen costumbres y ambientes de la época rosista. Como lo es la “Amalia” de José Mármol donde a través de una dramática historia de amor el autor da su visión sobre los acontecimientos histórico-políticos de entonces.
    Lo que ocurrió con Camila y Wladislao no es ficción, es una porción de nuestra historia. Es un desacierto entre los tantos desaciertos de nuestra historia. Demoledor por las características de los personajes, absolutamente ajenos a toda intriga o avidez política. Fueron culpables de ser jóvenes y de desafiar el “órden”.
    Conocer este fragmento del pasado quizá nos lleve a ahondar en nuestra historia: sin restricciones ni expoliaciones, sin coto ni censuras.
    Si a la historia la construimos todos día a día, qué mejor que edificar sobre un buen cimiento!
    Mis cariños.
    Perla

  9. Tere Labastida dice:

    Querida Mora: Conmovedora e impactante historia nos regalaste en esta ocación, sobre todo por ser verídica ¿Y los asesinos cómo se quedaron? ¿por haber dado con ellos, por haber perpetrado un crimen vil, que dió gusto a los moralistas y católicos fanáticos? a ellos les quedan que ni de anillo al dedo las palabras de Mario Benedetti “Ustedes, los mandarines de la tortura, los distribuidores del castigo, los que se cebaron en el prójimo indefenso, ¿cómo pueden soportarse en el insomnio, regocijarse en el cariño de su madre? Lo más asqueroso de su cochina memoria es su imitación de vida. Casi todos dicen ser devotos. ¿será que acaso creen que su Dios es un desalmado, un feroz,un iracundo? Ustedes, los que hieren, los que fusilan, los que arrojan cadáveres al mar, los que no pueden ni con su sombra, los que dejaron la conciencia en el desierto y el futuro en el pasado,¿son tan cobardes como para colgarse en el pecho una medalla o abrazar a sus hijos sin el menor escrúpulo? Por favor, miren hacia arriba, atraviesen las nubes, y luego dejense caer caer caer. El suelo los espera con la muerte, no la de todos sino una más roñosa.” Saludos afectuosos a todos.

  10. maria jose lopez dice:

    Querida Mora,
    es una historia muy triste, y aquellos que les arrebatarón la vida muy crueles ( bajo su piel
    no habia seres humanos por su falta de humanidad, ni tenian corazón por su nulo sentir
    tenian piedras.) Cuantas veces se cometen atrocidades,autenticas barbaridades, en nombre
    de Dios. El hombre es el unico responsable de sus actos y los que cometierón tan horripilantes
    hechos poco conocian a Dios ( hicierón uno a su imagen y semejanza, que pensara y actuara
    como ellos, sacado del lado más oscuro y profundo….de los abernos,y se escudarón en él.)
    Dios es AMOR, por lo que todo aquello que sea AMOR no es pecado, Camila y Ladislao se
    amaban, sus verdugos no sabian amar.

    Os quiero
    Maria Jose



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