Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Misterios de dos niñas, o de tres

Nos sentábamos en el umbral de la casa con una muñeca en cada mano, mi amiga Lila y yo (La Socialización fuera de la Familia).

Éramos tan chicas que las muñecas debían tener poco peso, eran de trapo (Historia de las muñecas de trapo).

No las amábamos demasiado, eran un juguete más que nos habían dado para salir a la puerta (Los juguetes de los niños), mirar pasar los autos sin cruzar nunca la calle, y observar -eran los tiempos en que las niñas y los niños, por más pequeños que fueran, salían tranquilamente a la calle, con la única advertencia de no cruzarla (La neomicrohistoria).

Cuando crecimos otro poco las muñecas crecieron con nosotras, se hicieron más bonitas, con cuerpos y caritas que no eran de trapo sino de cerámica -o porcelana, tal vez, un día de delirio de nuestros padres.

Las otras chicas del barrio se acercaban a elogiárnoslas, como las madres de unos niños elogian a los niños de otras madres.

Llegó un tiempo en que el amor por nuestras nenas de mentirillas nos hizo pedir a cada abuela un regalo grandioso: un vestido para nosotras y otro para nuestra muñeca, iguales (¿Se enamoran o se identifican los adolescentes con el otro?).

Laurita y yo teníamos un vestido a rayas azules y blancas con canesú marinero. Lila y su muñeca vestían de suaves florecitas rosadas (Características y principios de la creatividad).

Como dos pares de mellizas asimétricas, nos instalábamos en el umbral (Madurez e inmadurez).

Nos parecía que la gente que pasaba nos observaba con admiración (Autoestima en estudiantes).

A mí me parecía que la Marilín de Lila era más bonita que Lila misma. No sé qué pensaba ella de Laurita y de mí.

El amor maternal que fingíamos o practicábamos todas esas tardes se fue rarificando.

Terminó convertido en verdadero amor.

Para mí, Laurita hablaba y me decía cosas hondas, elaboradas filosóficamente, pero no cuando estábamos allí sentadas con Lila y su muñeca.

Para Lila, Marilín era bailarina clásica, pero no practicaba cuando estaba yo presente.

Ni Lila ni yo dudábamos de la verdad de nuestros sueños; yo imaginaba bailar por las noches a su Marilín, y ella contarme largos cuentos a mi Laurita.

Pero ya llegábamos a tener diez años, no éramos tontas tampoco, sólo dábamos amor sin consecuencias. Estoy segura de que ni Laurita ni Marilín sentían el menor cariño por nosotras; al menos esa era una sospecha bien fundada.

De a poco, me fui convenciendo de esto último. Un día me atreví a revelárselo a Lila.

El tremendo secreto estalló en medio del silencio de la calle, porque en esa ocasión era de siesta, y no pasaban ni fantasmas.

Los fantasmas, en Santa Fe, la ciudad de mis jóvenes años, respetan las costumbres. Es decir, duermen la siesta, por ejemplo, especialmente en verano.

Lila gritó y lloró el tiempo suficiente como para que se abrieran todas las ventanas de la cuadra y asomaran blancos camisones con mujeres indignadas adentro.

Lila se calló.

Estuvo diez minutos lánguida, cinco triste, y al minuto final me reveló que ella ya había sospechado aquello de que las muñecas no tenían alma, pero no quería ni siquiera decírselo a sí misma.

Entonces empezamos a salir a la puerta solamente a mirar, sin muñecas ni nada que entorpeciera nuestras manos.

¿Y qué vimos?

El misterio de cuando no hay viento

Lila lo vio primero, y era casi como no ver nada.

Apenas un montoncito de papeles hechos añicos.

Podía tratarse de esos panfletos con propaganda de jabones que solían repartir en mi época, y eso era lo más seguro. Casi no daba ganas de levantar nuestras colas regordetas del umbral e ir a recogerlos; permanecían allí, no había la más mínima brisa que los desapilara.

Era más bien tarea de empleados municipales recogerlos; los barrenderos aparecían de vez en cuando con una escoba y una pala. Pero la calle estaba sucia no sólo de esos blancos fragmentos, y nadie había limpiado nada.

¿Sería realmente un papel de ofertas?

¿O sería algo más delicioso, como las indicaciones de un ladrón para asaltar alguna casa, el mapa de un tesoro en el que ya no creíamos o una carta que nos descubriera el secreto de un asesinato cometido en el barrio? Porque entre secretos y mentiras, ya habíamos empezado a leer a Agatha Christie.

¿Sería -lo más emocionante- una carta de amor?

Bastaba con levantarse y recoger los papelitos y eso hicimos, pesadas y remolonas.

En cuanto los tuvimos en la mano, lo que costó muchísimo porque no eran más que hebras, nos dimos cuenta por vocales y consonantes sobresalientes que se trataba de una auténtica carta.

Estábamos fascinadas, y aunque se tratara simplemente de una carta de amor de lo más común, ya era mucho. Era inclusive muchísimo más que descubrir un crimen, sin olvidar que el amor mismo casi siempre era un crimen entre lenguas filosas y conciencias angelicales.

Nos propusimos reconstruir lo escrito, como dos arquitectas del infierno en pueblo chico, que es una cosa grande.

El revelado

Mucho más excitante que estar en esos lóbregos laboratorios donde se revelaban las fotografías, mucho más dificultoso que armar cualquier rompecabezas de cartón e incluso que resolver un crucigrama, la tarea nos reportó ansiedad, curiosidad enorme, profundas recaídas en la desesperanza.

Robábamos rollos de cinta transparente engomada de los escritorios de mi casa, y más de los de la casa de Lila, porque su madre era maestra.

Nos reuníamos en patios alejados, en casa y en lo de Lila existían todavía esos “fondos”, así llamados por ser la parte grande que quedó sin construir y se usó para siempre como patio, jardín o juntayuyos.

Cada vez que formábamos una palabra, festejábamos con una barra de chocolate extraída de las viejas despensas donde el chocolate se guardaba para los cumpleaños en invierno.

Descansábamos leyendo cuentos de hadas, para inspirarnos, o novelas de amor ultraprohibidas para nosotras, que conseguíamos en los dormitorios de nuestras madres.

También hojeábamos diccionarios: toda una preparación para ser espías algún día.

A veces nos parecía descubrir que la carta era tonta, pálida, aburrida. Y que nosotras nos estábamos jugando la vida por algo que no valía la pena -después tropezamos con esta misma piedra muchas veces, mucho mayores.

Dejamos de hacer las cosas que habitualmente hacíamos, y estábamos juntas todo el tiempo Lila y yo, lo que en nuestras familias sonó a complot, conspiración, a algo que preparábamos, extraño.

Fuimos perseguidas como los primeros cristianos.

Bueno, no nos echaban a las fieras ni a las llamas, pero debíamos vivir en algo así como catacumbas para ocultar al sol nuestro secreto.

¿Qué secreto?

¿Y si no era un secreto?

¿Pero si era un secreto escabroso, magnífico? No, no debíamos abandonar la empresa.

Habíamos conseguido armar unas pocas oraciones inconexas y nada prometedoras, pero lo habíamos conseguido, cuando se abrieron las ventanas de nuestro cuarto-estudio-laboratorio alquímico, y una tormenta como nunca apareció: un tornado. Atinamos a pisar cada fragmento suelto, perdimos algunos. Lo de ese viento malicioso nos alertó sobre lo peligroso de nuestra misión, sobre lo frágil.

Cualquier cosa podía suceder hasta tanto descifráramos el contenido de la carta.

Tomamos precauciones más estrictas.

Cada noche la carta y sus pedazos, puestos en una bolsita, descansaban debajo del colchón, del de Lila o del mío, intermitentemente.

Una mañana Lila fue a buscarme para ir juntas a la escuela. Traía novedades.

Me dijo:

-Mis sábanas amanecieron con sangre.

Inmediatamente pensé en un asesinato relacionado con el críptico mensaje que ocultaba bajo el colchón.

-No -dijo-. Mi mamá me explicó que ya soy señorita.

Habíamos soñado tanto con ese momento, antes de nuestras confabulaciones, con ese momento en que uno, de golpe, se convertía en otra persona, en un adulto, creíamos, que el fuego de su relato me incendió. Dejé de pensar por unas horas en la carta.

Fuimos a la escuela y Lila fue la estrella entre otras niñas.

Confieso cierta envidia y cierta melancolía.

Fuimos a la casa de la abuela de Lila a hacerla partícipe de la buena nueva, como dos ángeles.

Tomamos chocolate en hondos cuencos, y comimos una tarta de moras y manzanas.

La abuela se alegraba pero ya lo sabía.

-El problema es con el colchón, es difícil sacar esa mancha -dijo la abuela.

Allí nuestra aventura corrió un peligro inexpresable, por eso nos acordamos.

Pregunté con la voz temblorosa a la abuela, si sabía que había hecho la madre de Lila con el colchón.

-Está en el patio de atrás, lavado con agua muy fría y tratando de secarse con este sol -me contestó.

Corrimos a la casa de Lila.

Vimos el colchón, preguntamos. La carta y sus fragmentos ya no existían para nunca más, se los había llevado o se los estaba por llevar el basurero. Eran unos meses de nuestra propia vida que se llevaría en ese carro.

No nos recuperamos enseguida, estuvimos mucho tiempo sin saber qué hacer, sentadas en el umbral de casa.

Ya no teníamos edad para cargar con nuestras muñecas mellizas y ser blanco de miradas complacientes y buenas.

Ya teníamos los suficientes granos en la cara para que nadie nos mirara como a dos muñecas de porcelana.

Pero aun en tan desgraciada situación, se nos ocurrió una idea gloriosa.

Envolvimos el brazo izquierdo de Lila con cintas blancas de enfermería, a modo de yeso, y lo mismo hicimos con mi brazo derecho. Codo a codo de yeso, sentadas en ese triste umbral.

La gente que pasaba nos miraba con compasión, al menos. Pero nos miraba mucho.

Envío

Este envío va directo al cielo: debo agradecer a mi mamá esta historia. Ella, a los cinco años, se enyesó, no sé cómo, y se sentaba a mirar pasar la gente por la calle detrás de una ventana. La gente la miraba y la compadecía.

Mi mamá, que parecía tenerlo todo en esa época de su vida, lo que no tenía era la conmiseración de sus congéneres.

Y se ve que uno puede tenerlo todo, pero si eso falta, falta la alegría.

Pero, además, besos terrenales para todos mis amigos lectores.

Mora

Monografias

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Comentarios

14 respuestas a “Misterios de dos niñas, o de tres”
  1. José Rogelio Bejarano dice:

    Hermoso relato, me hizo recordar mis años de niños con “mi mejor amigo”, siempre tenemos un “mejor” amigo que es el compinche de nuestras correrias… un abrazo Mora

  2. Joise Morillo dice:

    Amantísima Mora:

    Reflexionáis, la peor miseria es desestimarse a si mismo, creerse inferiores. sea cual fuere el motivo, es también crear un escenario en función de dar lastima.

    Matan, producen violencia, atentados, se pintan, es innumerable las cosas que el individuo con voluntad de participar, exteriorizarse, hacerse conocer, fomentar histrionismo, aparecer en escena, hace para cumplir con ese dese escenográfico, al contrario de otros que tienen miedo escénico, se desviven, incluso hay aquellos que para hacerse notar incurren en el suicidio.

    Ya hemos comentado acerca de seres que rayan en el narcisismo, también desarrollan medios para hacerse notar.

    Sencillamente es una condición natural que se desarrolla mas en una clase de individuos que en otras, siempre latente en el inconsciente humano, esperando la oportunidad de emerger al exterior, que se frustra a medida de una integridad de carácter maduro y elevado ante las miserias que podrían enajenar la inteligencia casi siempre no cultivada e, in exenta de prejuicios.
    Esta inquietud natural presente siempre en los albores (auroras) de la adolescencia y muy peregrinos en el ocaso de la juventud. Que aclaro, la juventud fenece cuando el individuo deja de producir, y vive en el productivo hasta que se muere.

    Por otro lado el hastío, el aburrimiento y la falta de ocupación, conllevan a ese desmembrar de cordura que es inventar para hacerse notar. Sin embargo en la inocencia del niño, una actitud similar a la del adulto escénico, es como el soñar las soluciones, recrearse en la fantasía de un mundo idóneo pero desconocido al cual quería construir en la medida de sus posibilidades, todo es bello y feliz hasta el fin de la inocencia. Es lo que sustenta a Víctor Hugo al referirse al pilluelo de París en la vieja alma de la Galia de “Los miserables”:

    “El pilluelo se divierte porque es un desgraciado”

    Os ama
    Joise

  3. CANDIDO Ramírez dice:

    Historia muy dinámica, la autora, lo va llevando a uno de la mano para leerla completa, ademas de un suceso cotidiano, la misma lo convierte en algo educativo, gracias por escribir con sencillez y claridad, me permite recomendar a los lectores, este relato, saludos desde México.

  4. Júdith Mora V dice:

    Estoy sentada en mi escritorio, en el consultorio… desde la ventana se ve el cielo encapotado y viendo como llueve a baldazos - como me diría alguna vez alguien de tu tierra, y tu tierra, a quien amé- la lluvia ayuda a divagar jajaja- lo que hace que mis pacienticos se queden resguardaditos en casa, y yo tenga la dicha de poder leerte, aun con letras diminutas pues lo hago desde el teléfono “inteligente” jeje…

    Comencé a leer tu relato y no se me hizo difícil identificarme, yo armaba si TODA una historia alrededor de mis juguetes, siempre, a veces eran tan truculentas que divagaba en los sueños que me inventaba y se me pasaba la hora del juego sólo soñando la historia (soñar despiertos en una de las características principales y mâs comprometedoras del Déficit de Atención jeje) Pero tu relato me dejó con ganas, quería saber qué decía esa carta, será que lo de curiosos (o chismosos) se nos da por naturaleza? y no me refiero a la curiosidad puntual, esa que nos permite el desarrollo de la inteligencia, sino a esa que nos pica y con la que luchamos (yo particularmente lo hago, en ejercicio de control del ego jajaja) por saber de la vida y quehaceres de otros…

    Mientras te leía, escuchaba a Jean Tiersen, el compositor de la música de aquella hermosa y extraordinaria película llamada “Amelie”, y le encajaba perfecto, tanto tanto, que al terminar de leer me quedé pensando en cómo quedaría de estupenda esta tu historia si alguien la desarrollara como corto animado y con este tipo de música… Diantres, volé, y alto, hoy jajaja

    Como siempre, un enorme placer leerte, aunque sea a letras chiquitas y los deditos pulgares como rodillos de máquina de escribir, de aquí, pa’ allá, de aquí, pa’ allá…

    Besos muchos y grandes tocaya bella… abrazote a Elsa.
    <3

    P.D.: perdón por cualquier error, es jod… corregir jajaja

  5. Júdith Mora V dice:

    Sigo pensando en la carta jajaja… Jose el bello debería desarrollar la trama de la carta, una historia de amor inconcluso, de alquien que al final no pudo con el compromiso, se acobardó jajaja, qué fâcil es el ejercicio de la proyección psicológica jejeje

    Ey, los quiero y extraño, Blanca, Soco, Jose, Joise, Vancho, Osvaldito, Celestino y quien se me olvide, besos por montones con olor a flores frescas… (con Celes y Karlita me hablo a menudo, por eso ko están aquí jeje)

    Ahora si, me fuí jajaja

    :*

  6. Júdith Mora V dice:

    Morita… por qué “o tres”?

    Bello Jose, desarrolla la carta con tu lápiz fantástico jejeje

    :*

  7. Jose Itriago dice:

    He estado fuera del grupo por muchas razones. De todas maneras lo sigo. La salud no siempre ayuda y la situación del país es desastrosa.

    Hoy podemos decir que en Venezuela hubo fraude electoral. Son muchos los hechos que demuestran la parcialidad del órgano garante de las elecciones, antes, durante y después de las votaciones. Pero también las restantes instituciones demostraron y lo siguen haciendo sin vergüenza alguna, una parcialidad que impide asumir que es o fue un proceso transparente. Los países benefactores del continuismo oficialista, en especial los latinoamericanos, se apresuraron a reconocer los muy cuestionados resultados. Los intereses en juego valen más que el decoro y el respeto a la voluntad de los pueblos. Todavía hay petróleo y muchos dólares.

    Mientras tanto, desarmado y atacado por las armas pagadas con el erario público, el pueblo sigue resistiéndose a una imposición fraudulenta. Pero que no quepa dudas: esta será la pauta para muchos de los países del área. Los “gobernantes” han hecho demasiado dinero para poder soltar el poder. Seria cambiar lujos y poder por cárcel: imposible.

  8. celia balderas dice:

    Hola Mora, que hermosas historias, que forma de hacernos leerlas, te felicito y te deseo que sigas teniendo exito, y que el creador te siga iluminando para que sigas escribiendo, gracias, gracias .
    tu lectora celia.

  9. adulto mayor dice:

    Recordar es volver a vivir, una frase muy trillada pero de cierta efectividad, me hace pensar cuando me regalaron un tanque hecho de lata de leche y pintado, ahora se que no era un buen regalo, todos los juguetes que representan armas que matan, no deberian ser entregados a los niños, logicamente que ese tipo de juguetes en la mayoria de casos no influye en su desarrollo, pero si hay un no muy pequeño porcentaje que se aficciona a este tipo de juegos e influye despues en su vida adulta.
    En cuanto a que diriges tu envio al cielo, ojala escribieras un tema al respecto, porque crees que tu mama esta en el cielo o que tambien podemos ir al infierno, que te induce a pensar asi, ¿o solo sigues el rumbo que nos inculcaron cuando asistiamos al catecismo escolar? . Creo en un Dios, porque la ciencia aun no puede probar otra cosa, la evolucion sigue siendo una teoria y los millones de fosiles encontrados demuestran que no existe tal evolucion, que los restos “humanos” del hombre de cro-magnon o de Neanderta no son humanos (en wikipedia se detalla muchos fosiles) y entre ellos asi como en los fosiles de los demas animales no se ha encontrado un vinculo que demuestre dicha evolucion, mas parece como un gran laboratorio donde se han probado con diferentes especies donde a intervenido un diseñador. Los mismos cientificos se dividen entre creacionistas y evolucionistas,
    Pero de ahi a creer que el alma sobrevive a la muerte y que se va al cielo o al infierno, ¿en que se basa? El libro que guia nuestra creencia espiritual es la biblia, y en ella se habla de una resureccion para un juicio, si vamos al cielo o al infierno al morir, ¿para que vamos despues a ser resucitados para ese juicio? ademas, que me envien al quemarme una eternidad , eternidad, eternidad, por sesenta, setenta u ochenta años de pecados, seria un castigo excesivamente y muy excesivamente injusto. Yo, personalmente no le serviria a un Dios asi. Es mi opinion, ojala algun dia digas la tuya.

  10. Tere Labastida dice:

    LA MUÑECA DE TRAPO
    Querida Mora.- Cuando era niña y cursaba la escuela primaria en sus primeros años,había una maestra de cabellos rubios que ya empezaban a tornarse blancos, que los peinaba en dos delgadas trenzas, porque ya escaseaban, y después con ellas rodeaba la cabeza para anudarlas en la coronilla con una cinta negra; sus ojos de un palido azul, siempre se escondían tras unos anteojos que seguido caían sobre la punta de su naríz; vestía traje sastre de lana café, e invariablemente cuando acudía a la dirección al final del día, arrojaba un gargajo verde, justo al comienzo de los redondeados brazos de una elegante escalera de granito, que nos servía de resbaladín al ponernos a horcajadas en el, cosa que nos asqueaba sobre manera e impedía que siguieramos jugando ahí como cotidianamente lo haciamos las niñas que por se hijas de las maestras teníamos el privilegio de disfrutar. La fama de ésta maestra era la de ser una ogra, trataba a sus alumnas como un gendarme y en su salón no se escuchaba ni el zumbido de una mosca porque también ellas se espantaban. Yo le tenía mucho miedo y no quería cursar el tercer grado con ella, le pedía mucho a Diosito que me hiciera el milagro, pues me aterraba el solo tener que pasar junto a ella. Cuando al fin supe que ella no me tocaría, fuí inmensamente felíz; pero un día ella me abordó en uno de los pasillos de la escuela y me dijo -Teresita, estoy muy triste porque no vas a estar en mi clase y por eso te compré éste regalito para que nunca te olvides de mi- entonces me entregó una preciosa muñeca de trapo negra, con su vestido rojo con bolas blancas y un pañuelo atado a la cabeza del cual pendían dos zarcillos llenos de cuentas de papelillo, de colores brillantes. Mi sorpresa fué mayúscula y mis ojos se llenaron de lagrimas; sólo entonces me di cuenta de la nobleza de su corazón y de lo malvado del mío, que la había prejuiciado de esa manera tan ruín. Al cabo de los años no supe que pasó con mi negrita, pero hace poco, paseando con mi nieto en Xochimilco, en una trajinera, por sus hermosos canales llenos de chinanpas de flores y hortalizas, ví en un puesto de artesanías una linda muñeca de trapo negra, ¡ como la mía ! Hoy descansa sobre mi cama, con su hermoso vestido rojo de bolas blancas, trayendo a mi recuerdo a aquella maestra, que se llamaba Aida, que sin yo quererlo, entro sin pedir permiso a mi corazón. En éste momento ella me mira con sus grandes ojos verdes y yo ya no puedo seguir escribiendo porque mis ojos se han nublado por el llanto. Mora

  11. lelia beatriz modernel unanue dice:

    Este cuento me retrotrajo a mis años de niña en una pequeña ciudad del centro del Uruguay. Claro que estas niñas tenían un permiso que nosotros no.
    Había que dormir siesta, parecía un decreto . Cuando cumplí diez años más o menos me permitieron que invirtiera esas horas en leer, algo que disgustaba mucho a mi hermano tres años menor.
    ¿Puedes creer que aún siguen haciendo siesta?
    En verano parece un pueblo fantasma, así que si quieres tomar un helado cómpralo a la mañana porque hasta después de las cinco casi todos loa comercios permanecen cerrados.
    Cuando llegas a los setenta y un años estos recuerdos te dejan una sonrisa melancólica,
    Gracias

  12. Mayra Alejandra Sanchez Mejia dice:

    Es un muy buen relato!
    contiene muchas cosas que le recuerdan su niñez…

  13. Maria Morales G. dice:

    Hola, buenas noches -me tomo la libertad de llamarla querida Mora - es bendecida al tener esa cualidad de escribir detalles hermosos, que nos trae a la memoria tiempos idos, etapas inocentes de nuestros juegos, de nuestras queridas muñecas.
    me encantó leer la historia misterio de dos niñas o tres; nuestras muñecas son parte de nuestra vida, me hacen sonreir ahorita, al recordar las que tenía, mi familia era muy pobre, así es que mi mamita se las ingeniaba para hacerme una muñeca, luego pudo comprar, eran como de cartón pintado, un poco dura, tiesa, pero linda con un rostro sonriente.
    la apretujaba, la cuidaba y la ponía sobre mi cama, con el paso del tiempo, creo que se cayó fuerte y se rompió, pero todavía queda una foto por allí. Senti mucha pena cuando le enseñé esa foto a mi hija el año pasado, y se rió, asi es se rió de mi muñeca, para ella “eso” no era una muñeca, en fin ya me pasó, total yo fui muy felñíz con mi muñeca de cartón.
    Un abrazo y Dios me la siga bendiciendo.
    hasta pronto.
    Maria Luisa
    Lima - Perú.

  14. Gladys Edith Pinacca dice:

    Mora, me ha fascinado tu relato, y te pido autorización para subirlo a mi blog, sí te parece bien escribime a arielle2318@gmail.com.
    Besos y muchas gracias.
    Mendoza - Argentina



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