Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Un asesino está por confesar

Hay palas que se mueven sin hacer mucho ruido, y eso me llega en la noche, en secreto; son los que entierran como yo (Secretos del Vaticano).

Soy vidente de otros asesinatos que los míos (Desdoblamiento y visión en vigilia), tengo sentidos como antenas colocadas en mi cuerpo y quizás en mi alma, pero ése no es el tema de este relato, sólo lo mencioné para nombrar de paso esa gran soledad y esa oscuridad de cuando me acuesto y trato de dormir aunque haya muchas horas, tantas y tantas que me invaden el sueño (Vida retirada, soliloquios y complejos).

Antes de dormirme por fin, quiero hablar con quien está a mi lado en la cama, pero mi voz se arrastra, repta, no alcanza a escucharse, yo no logro escucharme inclusive. Y ni siquiera sé con seguridad si hay alguien a mi lado en la cama cada noche (El Pozo y La Metamorfosis). Sospecho, pero no quiero tocar, que en la oscuridad pone bultos que simulan su cuerpo y cree engañarme; bueno, me engaña porque no quiero tocar (Sigmund Freud, un profeta de la sospecha).

Misterio es todo, pero yo quiero ser misterio, especialmente para usted, Detective. Y quiero armar y desarmar el misterio, es decir revelarle algunas cosas, o tal vez todo aunque no linealmente, usted armará su juguete, sabrá quién soy o creerá que el asesino es -o que yo soy- alguno de mis vecinos o vecinas (Nuevas sendas en las montañas).

Mi mano está escribiendo sin tormento, sin amargura; vacilo de repente como una bailarina comiendo de sus pies; recojo la manzana prohibida (Lolita).

Éste es mi corazón que voy a darle, usted va a saber de él, de su carne podrida; voy a confesar de algún modo…

Una advertencia: en los espejos hay niñas que me miran pero yo no soy esas niñas ni tampoco el ladrón que las roba, Comisario (Relatos X).

Voy a hablarle de un crimen y voy a hacerlo de un modo especial; haré para usted una novela en la que pueda descifrar ese crimen y quién soy o fui yo que asesinó (El arte del asesinato político, una novela policial).

En el silencio se siente miedo de verdad, cuando me están hablando esos recuerdos, mis manos que acarician el cuello de alguien y algo de dolor y de placer, esos recuerdos constituyen mi propia novela policial que releo: yo no habré escrito mucho pero he hecho mi propia novela con hechos tan reales, con puntadas de tanta realidad.

Nos mudados a este edificio en donde sucedieron los hechos hace 10 años, y yo, sé que suena horrible, ya traía la idea de matar. Pero primero éramos un grupo de amigos; en cada departamento vivía un amigo o amiga o una pareja de ellos.

Voy a tratar de descubrir la vida de cada uno de ellos, incluyéndome. Esa es la idea que se me ocurrió: que usted, Inspector –o Detective, o Comisario, no sé muy bien en realidad, pero imagino la persona a la que me dirijo-, me descubra, que este manuscrito sea una guía, llamémosle manuscrito para darle antigüedad, llamémosle novela para darle personalidad, como prefiera usted.

Ante todo quiero seguir divirtiéndome, sé que esto lo estremecerá. Pero a la vez quiero cumplir con un inexcusable deber ético: confesar. Sólo que usted deberá saber oírme.

Voy a describir, como creo que ya anticipé, cada departamento de este sector del edificio, como creo que era y se vivía allí en la época en que cometí el crimen. Cada departamento “sospechoso” tal como lo imagino y lo imaginé entonces, porque conozco y conocí muy bien a cada uno de sus moradores; ya le he dicho, todos somos o fuimos amigos; vinimos a vivir acá por un pacto de amistad y por ayudarnos en la soledad –aún en pareja la soledad nos ataca. Vinimos porque acá vivía alguien que era nuestro amigo, o que era un matrimonio o pareja amiga, y que a su vez había venido a vivir acá porque tenía un amigo, una amiga –o una pareja amiga.

Somos ocho personas, más la víctima.

Ocupamos entre todos tres pisos, entre los departamentos A y los B.

La víctima, usted es probable que ni siquiera tenga idea de que existe; y nadie más que yo tiene idea de que es o que fue una víctima.

Víctima de la muerte está claro que lo es, pero no suele pensarse de este modo, y aunque se piense, no es éste el modo de decirlo.

Como desde los años que estamos acá hay dos muertes entre nuestra gente, y ambas en apariencia naturales, usted deberá descifrar aparte cuál de esas muertes es el asesinato.

Acá algunos tienen –tenían, ahora ya son adolescentes- niños; no sólo las parejas “constituidas”. Hay una muchacha que ahora es una mujer adulta sola con un niño. Tal vez usted no la descubra porque ella le habla al niño como si éste fuera un hombre, y el niño le habla a ella de un modo que tampoco es de niño.

Pero he sembrado pistas. Por ejemplo, yo una vez quise dedicarme a la pintura. Pinté un cuadro que no está nada mal. Lo tengo en mi cuarto, pero imagino que habrá muchos cuadros en cada casa, y que todavía puede haber más ahora, con el paso del tiempo.

La víctima no tenía un cuadro en su cuarto, pero ahora quizá pueda tenerlo. Digo que tal vez alguien puso ahora un cuadro en lo que era su cuarto, no lo sé.

El cuadro que yo pinté tiene nombre, pero ese nombre no está escrito en ninguna parte y sólo yo lo sé. Se llama –y ahora lo sabe usted también- “Los enamorados en el Obelisco”. Pero nada en el cuadro indica que esos que están allí estén enamorados y que ese fondo blanco que se ve sea el Obelisco, por eso no creo que lo descubra mediante esta pintura.

Si entra en mi casa, si entra en mi cuarto y ve presidiendo nuestra cama matrimonial ese cuadro, tampoco lo reconocería por el nombre, aunque, por otra parte, es el único nombre que le cabe. Lo pinté con amor, con nostalgia y hasta con odio por una tarde que me dejaron plantada. Con ternura también.

Aunque muchos de los sospechosos o de los que están a punto de ser sospechosos tienen un cuadro en la cabecera de la cama, o lo tenían. En algunos debe estar sólo el rectángulo desteñido de la pared.

Yo amo los cuadros, pero también los libros, a veces me acerco a la biblioteca bastante escasa como quien se acerca a beber. La brisa que empuja a Dante al paraíso es Beatriz.

Me refiero a Dante y a Beatriz porque mi lápiz se atasca, pierde fuerza, cuestión que no le achaco a los años –y ya diré por qué- sino a un entumecimiento temporario de las emociones.

Pero, Detective, ¿qué es la “inspiración”, quién es Beatriz?

Envío

Continuaré este relato, si ustedes quieren y la imaginación no me abandona… Aunque ustedes mismos podrían continuarlo. ¿No me ayudan?

Les mando tintas de todos los colores junto con mis abrazos

Mora.

Monografias

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Comentarios

6 respuestas a “Un asesino está por confesar”
  1. isabel salcedo dice:

    Siempre sincronizada y a la hora justa llega con su misiva…en ella el mensaje claro y la brisa -que solo puede ser cósmica- por la certeza temporal, donde la velocidad de la luz es encargada de la palabra…bien no es acaso el verbo el origen del Todo?, y no antecede entonces a la luz e incluso al Sonido? (superado por el Sonido Interior)…
    Dejo de lado estas cavilaciones gratas porque ya me parece escuchar la voz de nuestra querida Lorena,
    los violines la escoltan maravillosamente:

    “Dirigé tu Alma hacia el oceáno, dirigé tu Alma hacia el Mar…Cuando la obscura noche parezca interminable…please remember me…A pesar de que compartimos este humilde sendero solos que frágil es el corazón! Regala a estos pies de arcilla alas para volar para acariciar el rostro de las estrellas,sopla vida en este débil corazón…levanta este velo mortal de miedo…please remember me…
    En esta oración de Dante encuentro el reflejo de mi propia voz…. La Bella Dama para mi es:

    De rostro invisible y pies sigilosos -pero perceptibles-…Viene solo por las noches y a veces se queda con insistencia para encontrarse con la Aurora…Tímidamente tras la puerta espera…aunque en su arrebato parece traer la brisa de todas las Eras.
    Siempre trae una promesa como una flor entre manos y esta promesa avanza en cada ocasión con otra nueva…el corazón se agita grandemente pero mis manos áun esperan su regalo.

    Al Amanecer su visita ha dejado una Estela…

    Todas las dádivas parecen rodearla…sospecho que su sonrisa es Eterna…
    Sospecho que sus brazos son infinitos y que todas mis sospechas se confirmarán sin tiempo, mientras tanto la melodia del gaitero me acompaña y ella…. va a comprar una Escalera al Cielo.

  2. Joise Morillo dice:

    Mora, Cordiales saludos a vos y a todos he aquí, lo que identifica la estética aun cuando el sentimiento del autor no comulgue del compendio escrito.

    ¡Estoy podrido!

    Veo, la inocencia, sin fueros
    vos niña, expiación disidente
    sufrir deseo veros
    Yo, asesino indecente.

    Que importa, si el gobierno me absuelve
    como acólito nefasto soy suficiente
    mis crímenes al mandamás resuelve
    mi locura parece inconsciente.

    Hoy, entre palmas, paredes, gritos
    la noche fría será mi cómplice
    vuestra tortura serán mis ritos
    mi satisfacción no será óbice.

    Calla y muere pendeja
    no veis que muriendo soy ascendido
    tengo que desagraviar muchas quejas
    os mate o no, ¡estoy podrido!

    Os ama
    Joise

  3. Jose Itriago dice:


    Observo cada pieza con exagerada atención. Es un muro viejo parcialmente descascarado que asoma, de trecho en trecho, sus adoquines de barro donde una puede ver los rastros de ramas, hojas y seguramente, si lo deseara, hasta las huellas del artesano que los hizo. Es un muro de adobe que ha resistido el siglo y algo más. Es evidente que trataron de tarrajearlo con yeso y cal, pero el enlucido está dando muestras de cansancio y enseña las vísceras.
    Sigo con los dedos el contorno. No es práctico (como los ladrillos, hechos a la mano del albañil). Es demasiado grande y seguramente muy pesado. Fueron apilados con esfuerzo sobre una argamasa un tanto irregular: a veces muy gruesa, a veces casi una pincelada. También los adoquines son irregulares, así que difícilmente se podía emparejar una hilada.
    En un recodo, casi al final, una mata de cayena explota sus flores rojas sobre ese fondo. Una demostración de vida, un vestido de gala para simular las grietas de los años. Una asociación de las que ahora llaman ganar-ganar: buena para ambas partes. Es así. La cayena, que en un jardín bien cuidado no pasaría de ser una del montón y quizás hasta monte, al cubrir el fondo destartalado del muro viejo se hace importante y el muro, cansado de presumir una solidez de equilibrista en cuerda floja, no muestra sus caries, sino lo útil que sigue siendo.
    Pero estoy impresionado con la historia escrita en el levantamiento del muro. El barro y la paja de cada adoquín se extrajeron de las cercanías, donde ahora hay casas, jardines y calzada. Antes debió ser un descampado quizás hermoso. Quizás se podía observar un horizonte de árboles o montañas azules en la lejanía. Y un buen día, por alguna razón, allí, donde nada había, empezó la construcción. Se hizo una zanja, se medio niveló, se buscaron piedras pesadas (¿cuántas al día?) y se rellenó y luego, con algunos moldes de madera, de diferentes tamaños, algún maestro los fue prensando, para dejarlos secar al sol. Cosa de tiempo, de paciencia.
    Quizás me interese tanto seguir el contorno de cada adoquín, como dar mi mano ciega a un recuerdo para que me la guíe, porque así eran las casas donde nació mi madre. En pleno llano, sin nada ni nadie siquiera cercano, un hombre o una familia decide aprovechar un ojo de agua o una laguna cercana para hacer toda una vida, que ahora es toda una historia.
    Empezó igual, aplanando, haciendo adoquines, buscando la palma de moriche para los tejados y después, cada cosa en su lugar, la casa de los animales, la de los alimentos de tiempo –los que aguantaban meses, como el maíz- los cercados para el ganado y todo se iba armando de la nada y en 20 o 30 años más, cuando le tocaba morir, ya había dejado toda una familia, con ramificaciones cercanas, a menos de una legua. Decía mi madre que los hijos iban construyendo a la distancia de un grito y después lo vimos. La distancia de un grito era como cuatro cuadras de ahora, pero el silencio de la sabana, que separaba al hombre de la tierra, acercaba sus gritos. No es nada nuevo. En Canarias (en La Gomera) construían a la distancia de un “silbo”. Después, con tan poca extensión y menos recursos, las casas se amurruñaron y los isleños tuvieron que irse.
    Alguna vez un tipo tozudo decidió que aquí, donde estoy observando este adoquín, cabía una familia nueva. Y la hizo.

  4. silvana garcia dice:

    Querida Mora gracias una vez màs por los escritos, te confieso que en cada uno de ellos encuentro un poco o mucho de amor,soledad, misterio,dulzura, atrevimiento. Es lo que me lleva a leer y leerte.Mora que Usted provoque en mi las ganas de abrir mi mail para encontrarme con lo que yo llamo puente de imaginaciòn y placer me llena el alma se lo debo. Realmente cada escrito es increible,por ello celebro.

  5. cristina molina dice:

    que lindo sin palabras me vi reflejada en partes por el momento de mi vida en el cual esty pasando..un abrazo

  6. Esmelda Torrez Lopez dice:

    Sra.Mora muchas gracias por esos escritos que nos despiertan esos sentimientos apagados por llegar al alma de cada persona e inspirarnos de amor y ternura.Dios te bendiga y te siga alimentando de esa sabiduria que te caracteriza .



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