Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Las ruinas encantadas

Leí una historia de las hermanas Brontë en Haworth, ese lugar espectral donde vivieron, escribieron novelas como Cumbres Borrascosas o Jane Eyre (Un lenguaje estetizado) y murieron allí, las tres, en plena juventud, en la casa de la vicaría (Ensayo sobre el libro Jane Eyre).

Cuando terminé de leer este diario interior, su vida en cartas, diarios y otros escritos, y vi al severo padre de familia -el pobre y culto vicario de Haworth- enterrarlas y permanecer vivo, solo en la vicaría, hasta los ochenta años, con el recuerdo de sus talentosas hijas flotando por la casa, me ganó la nostalgia (Los significados de la literatura). Es raro el término nostalgia, porque uno tiene nostalgia de algo que vivió en el pasado, y yo no viví en el siglo diecinueve ni entre los pantanos del lugar, pero fue como si lo hubiera vivido, tanto como cuando cierro el libro llamado Gente de la Edad Media y me invade la melancolía (Inmigración y literatura: la nostalgia).

Son una nostalgia y una melancolía casi felices; es el encanto de las cosas que pasaron y que tal vez pasaron por mi alma y por la de todos ustedes, donde yacen los siglos que creemos no haber vivido y que Jung llama inconsciente colectivo (Arquetipos).

¡Cómo el pasado nos conmueve! ¿Por qué?

Según Montaigne (Principales corrientes de la filosofía), que la infancia mire adelante y la vejez atrás era el significado de las dos caras de Jano (El conflicto de las Pascuas). Escribió: Que los años me arrastren si a bien lo tienen, yo procuraré que no lo logren sino a reculones; y en tanto que mis ojos puedan reconocer aquella hermosa primavera muerta, a ella los convierto a sacudidas; si de mis venas y de mi sangre escapa, al menos no quiero desarraigar su imagen de la memoria:

Hoc est

Vivere bis, vita posee priore frui  (Poder gozar de la vida pasada es vivir dos veces - Marcial)

Platón ordena a los ancianos la asistencia a los ejercicios, danzas y juegos de la juventud para regocijarse en los demás con la flexibilidad y belleza del cuerpo, que en ellos se desvaneció, y para llamar a su recuerdo la gracia y beneficios de esa edad llena de verdor.

A los ancianos pertenece soñar, a los jóvenes mantenerse en la buena reputación y en el mejor designio: ellos marchan … y nosotros volvemos, las leyes mismas nos envían a nuestro retiro. Yo no puedo hacer menos que proveer a esta edad de juguetes y niñerías como a la infancia se provee: por algo recaemos en ella.

Causalidad casual

Pensando en este tema, en la gloria de los bellos recuerdos y también en cómo la gente, a veces, se empeña en llevar a los ancianos hacia el país diurno, el presente, y hasta les recrimina esa vida que tienen que mira para atrás, busqué en Monografías.com un artículo que coincidiera de alguna manera con lo que yo siento.

Y encontré la perfecta coincidencia en un antiguo colaborador del sitio, que creo que es antropólogo e historiador, y, aunque no se atribuya a sí mismo ningún adjetivo literario, es un excelente escritor.

Se trata de Fernando Jorge Soto Roland y, en este caso, de su nota llamada Lugares Abandonados-La encantadora decadencia de las cosas-.

En este escrito no sólo hay tumbas egipcias, templos y gimnasios griegos, sino, lo que maravilla y hace recordar esas fotografías que nos tomamos en las estaciones de trenes antiguas, hay hoteles, hospitales, fábricas y manicomios -en Buenos Aires, seguro que Soto Roland lo sabe, hay una cárcel abandonada que puede visitarse, y que es un curso de antropología que puede seguir en los viejos graffitis de los presos.

Invito a leer la nota.

Envío

Hoy no mando saludos sino fragmentos de un poema de Leopardi, que también tiene que ver con el tema de hoy, si se le busca la vuelta. Me gusta tanto, siempre me gustó tanto, que querría enviarlo sin mutilaciones, pero como es un poco largo, mutilaré lo menos posible:

La noche del día de fiesta

(…)

Festivo el día fue; de sus alegres

diversiones reposas, quizá piensas

en cuantos te admiraron o en aquellos

que te agradaban; mas de mí, cuitado,

no te acuerdas. Yo en tanto me pregunto

cuánto habré de vivir (…) ¡Ay, por la calle

no lejos oigo el solitario canto

del menestral que vuelve a hora avanzada

tras sus solaces, a su pobre albergue,

y la tristeza del corazón me oprime

al pensar que en el mundo todo pasa

y apenas deja rastro. Las alegres

horas cesaron ya, y al día festivo

sucede el vulgar día; el tiempo borra

todo humano accidente. ¿Dónde hoy

el eco está de los antiguos pueblos?

¿Dónde la voz de los famosos padres,

la fuerza y esplendor de aquella Roma

que sojuzgó la tierra y el océano?

Todo es paz y silencio, todo muere,

y del ayer se olvida pronto el mundo.

En la edad juvenil, cuando en los días

festivos más se goza, contemplando

el fin de uno, dolorido e insomne,

me agitaba en mi lecho, y ya muy tarde

un cantar que sonaba en el camino

y a lo lejos moría poco a poco

el triste corazón me desgarraba.   (Traducción de Miguel Romano Martínez)

Monografias

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Comentarios

3 respuestas a “Las ruinas encantadas”
  1. Joise Morillo dice:

    Hola querida, saludos.

    Sócrates (Platón en Fedón) habla a sus colegas filósofos acerca del cultivo del alma para la inmortalidad, y del perjuicio que el cuerpo le produce, limitándole, concebir la pureza y la verdad mientras se esta vivo.

    “Ya es tiempo de que explique delante de vosotros, que sois mis jueces, las razones que tengo para probar que un hombre, que se ha consagrado toda su vida a la filosofía, debe morir con mucho valor, y con la firme esperanza de que gozará después de la muerte bienes infinitos.(…) Los hombres -el individuo humano- ignoran que los verdaderos filósofos no trabajan durante su vida sino para prepararse a la muerte; y siendo esto así, sería ridículo que después de haber proseguido sin tregua este único fin, recelasen y temiesen, cuando se les presenta la muerte.(…) Salvo un punto que ignoran, y es por qué razón los filósofos desean morir, y por qué son dignos de la muerte. La muerte, ¿es alguna cosa? ¿No es, la separación del alma y el cuerpo, de manera que el cuerpo queda solo de un lado y el alma sola de otro? ¿No es esto lo que se llama la muerte?

    Veamos queridos amigos, si piensan como yo, ¿les parece digno de un filósofo buscar lo que se llama el placer, como, por ejemplo, el de comer y beber? ¿Y los placeres del amor?

    Respecto de todos los demás placeres que afectan al cuerpo, ¿creéis vosotros que deba buscarlos y apetecer, por ejemplo, trajes hermosos, calzado elegante, y todos los demás adornos del cuerpo? ¿Creéis que se deben estimar o despreciarlos, siempre que la necesidad no le fuerce a servirse de ellos?

    Les parece entonces, que todos los cuidados de un filósofo no tienen por objeto el cuerpo; y que, por el contrario, procura separarse de él cuanto le es posible, para ocuparse sólo de su alma. Así, pues, entre todas estas cosas de que acabo de hablar, es evidente que lo propio y peculiar del filósofo es trabajar más particularmente que los demás hombres en desprender su alma del comercio del cuerpo.

    (…) ¿Qué diremos ahora de ciertas cosas, como la justicia, por ejemplo? ¿Diremos que es algo, o que no es nada?
    ¿Y no podremos decir otro tanto del bien y de lo bello?
    ¿Pero habéis visto vosotros estos objetos con vuestros ojos?
    ¿Existe algún otro sentido corporal, por el que hayáis percibido alguna vez estos objetos, de que estamos hablando, como la magnitud, la salud, la fuerza; en una palabra, la esencia de todas las cosas, es decir, aquello que ellas son en sí mismas?
    ¿Es por medio del cuerpo como se conoce la realidad de estas cosas?
    ¿O es cierto que cualquiera de nosotros, que quiera examinar con el pensamiento lo más profundamente que sea posible lo que intente saber, sin mediación del cuerpo, se aproximará más al objeto y llegará a conocerlo mejor?

    (…)La razón no tiene más que un camino que seguir en sus indagaciones; mientras tengamos nuestro cuerpo, y nuestra alma esté sumida en esta corrupción, jamás poseeremos el objeto de nuestros deseos; es decir, la verdad. En efecto, el cuerpo nos opone mil obstáculos por la necesidad en que estamos de alimentarle, y con esto y las enfermedades que sobrevienen, se turban nuestras indagaciones. Por otra parte, nos llena de amores, de deseos, de temores, de mil quimeras y de toda clase de necesidades; de manera que nada hay más cierto que lo que se dice ordinariamente: que el cuerpo nunca nos conduce a la sabiduría.

    Porque, ¿de dónde nacen las guerras, las sediciones y los combates? Del cuerpo con todas sus pasiones. En efecto; todas las guerras no proceden sino del ansia de amontonar riquezas, y nos vemos obligados a amontonarlas a causa del cuerpo, para servir como esclavos a sus necesidades. He aquí por qué no tenemos tiempo para pensar en la filosofía; y el mayor de nuestros males consiste en que en el acto de tener tiempo y ponernos a meditar, de repente interviene el cuerpo en nuestras indagaciones, nos embaraza, nos turba y no nos deja discernir la verdad.

    Está demostrado que si queremos saber verdaderamente alguna cosa, es preciso que abandonemos el cuerpo, y que el alma sola examine los objetos que quiere conocer. Sólo entonces gozamos de la sabiduría, de que nos mostramos tan celosos; es decir, después de la muerte, y no durante la vida.

    La razón misma lo dicta; porque si es imposible conocer nada en su pureza mientras que vivimos con el cuerpo, es preciso que suceda una de dos cosas: o que no se conozca nunca la verdad, o que se la conozca después de la muerte, porque entonces el alma, libre de esta carga, se pertenecerá a sí misma; pero mientras estemos en esta vida, no nos aproximaremos a la verdad, sino en razón de nuestro alejamiento del cuerpo, renunciando a todo comercio con él, y cediendo sólo a la necesidad; no permitiendo que nos inficione con su corrupción natural, y conservándonos puros de todas estas manchas, hasta que Dios mismo venga a libertarnos. Entonces, libres de la locura del cuerpo, conversaremos, así lo espero, con hombres que gozarán la misma libertad, y conoceremos por nosotros mismos la esencia pura de las cosas; porque quizá la verdad sólo en esto consiste; y no es permitido alcanzar esta pureza al que no es asimismo puro. He aquí, mis queridos amigos lo que me parece deben pensar los verdaderos filósofos, y el lenguaje que deben usar entre sí.

    ¿No lo creen como yo?

    Os ama

    Joise

  2. Jose Itriago dice:

    Siento nostalgia del futuro que he vivido contigo
    Se interpone entre los dos, esa nostalgia mía.
    Más allá de más allá, más allá de nosotros y nuestro tiempo
    hay un silencio bello, de matices violetas, mullido y perfumado
    Allá, más allá de todo, van mis pensamientos a flotar.

    Se acabaron las palabras: ¿para qué decir?
    Es la hora del silencio bello
    Se acabaron las palabras: es la hora de soñarte
    Al fin, después de tanto y tanto.
    más allá de más allá, más allá de todo, te sentí, te seguiré sintiendo.

    Florece la espiga de tu trigo
    las estrellas y el manantial de aguas arcoíris,
    sonrisas, risas alegres, que compartirás conmigo
    un diamante en tu río, una perla en tu ostra

    Te estoy sintiendo
    Y entre violetas distingo el perfil de tu cuerpo
    Siento el olor de tu piel, la beso, la acaricio
    y me lleno de ti, más allá de más allá, más allá de todo
    mientras el silencio se preña de ternuras

    Déjate ver espléndida, luz de tu aurora
    déjate sentir bella, brisa de tu madrugada
    déjate descubrir una vez más en tu dorada hora
    deja, déjate llevar por la vida.

    Quiero que estés como sola: frente a mi, junto a mi adosarme a ti,
    sin violar tu silencio
    …tu aceptación callada
    llevarte a un sueño mío o entrar a un sueño tuyo
    pero te sigo acariciando y tu cuerpo es tan real y tus calores son tan reales
    que me cuesta entender esta nostalgia por el futuro que vivimos.

  3. Joise Morillo dice:

    Hola querida Mora y, los otros. Eros en las ruinas encantadas

    Nuestros corazones

    Me encanta vuestra inconsciente postura,
    pero mas, vuestro lapsus orgasmico
    opaca mis sentidos disfrutando tal figura
    por vos, mi vida es un sueño magico.

    que hondo vuestro deseo
    que largo mi suspiro
    dispensadme vos, morfeo
    mientas, a ésta, yo la admiro.

    que importa la apatia,
    de los mas confundidos
    teneros de frente es mi alegria
    y mejor si estamos uno en el otro hundidos.

    os beberé de succiones
    os comeré bien impulsado
    descansaran nuestros corazones
    cuando los dos hayamos acabado.

    Os ama
    Joise



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