Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Archivo de Noviembre, 2012

La amistad y la alegría

Las cárites son las diosas de la alegría, entre los griegos, y las cárites y las musas se presentan casi siempre juntas (Mitología griega). Las cárites seguro alegran más aún la fiesta, el vino, el baile, y todo aquello que recogen las musas como alimento para sobrevivir (Los Tiempos Hipermodernos).

De cualquier modo las diosas de la alegría (La risa como terapia) no existieron sólo para los griegos o romanos, sino que arrancan de la misma raíz de la tierra con que fuimos creados, arrancan de la raíz del primer humano sorprendido por el arco del cielo (Filosofía de la naturaleza).

Llámese Cárite o llámase sol, noche de luna, primer beso soñado, la alegría es una de las primeras compañías de la gente, la que impulsó a arar los campos, a implantar la semilla y a enamorarse (Fiestas de febrero).

Ayer fue el cumpleaños de Elsa (Sabemos que somos el Milagro de Dios). Cuando nos abrazamos sentí que oscurecíamos. Sentí que éramos dos bosques que fueron muchos brazos amados. Que seguían estando nuestros brazos, y que las dos nos erguíamos como árboles y seguíamos fuertes y felices.

No es hermoso ser viejo pero tampoco es hermoso ser joven: la maravilla es la vida entera (Juegos de lenguaje y mundo de la vida). Nuestras figuras bellas encogiendo como telas antiguas, nuestra amistad llegando a ser de una especie muy rara, probada por los años como ese vino de los dioses.

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Las ruinas encantadas

Leí una historia de las hermanas Brontë en Haworth, ese lugar espectral donde vivieron, escribieron novelas como Cumbres Borrascosas o Jane Eyre (Un lenguaje estetizado) y murieron allí, las tres, en plena juventud, en la casa de la vicaría (Ensayo sobre el libro Jane Eyre).

Cuando terminé de leer este diario interior, su vida en cartas, diarios y otros escritos, y vi al severo padre de familia -el pobre y culto vicario de Haworth- enterrarlas y permanecer vivo, solo en la vicaría, hasta los ochenta años, con el recuerdo de sus talentosas hijas flotando por la casa, me ganó la nostalgia (Los significados de la literatura). Es raro el término nostalgia, porque uno tiene nostalgia de algo que vivió en el pasado, y yo no viví en el siglo diecinueve ni entre los pantanos del lugar, pero fue como si lo hubiera vivido, tanto como cuando cierro el libro llamado Gente de la Edad Media y me invade la melancolía (Inmigración y literatura: la nostalgia).

Son una nostalgia y una melancolía casi felices; es el encanto de las cosas que pasaron y que tal vez pasaron por mi alma y por la de todos ustedes, donde yacen los siglos que creemos no haber vivido y que Jung llama inconsciente colectivo (Arquetipos).

¡Cómo el pasado nos conmueve! ¿Por qué?

Según Montaigne (Principales corrientes de la filosofía), que la infancia mire adelante y la vejez atrás era el significado de las dos caras de Jano (El conflicto de las Pascuas). Escribió: Que los años me arrastren si a bien lo tienen, yo procuraré que no lo logren sino a reculones; y en tanto que mis ojos puedan reconocer aquella hermosa primavera muerta, a ella los convierto a sacudidas; si de mis venas y de mi sangre escapa, al menos no quiero desarraigar su imagen de la memoria:

Hoc est

Vivere bis, vita posee priore frui  (Poder gozar de la vida pasada es vivir dos veces - Marcial)

Platón ordena a los ancianos la asistencia a los ejercicios, danzas y juegos de la juventud para regocijarse en los demás con la flexibilidad y belleza del cuerpo, que en ellos se desvaneció, y para llamar a su recuerdo la gracia y beneficios de esa edad llena de verdor.

A los ancianos pertenece soñar, a los jóvenes mantenerse en la buena reputación y en el mejor designio: ellos marchan … y nosotros volvemos, las leyes mismas nos envían a nuestro retiro. Yo no puedo hacer menos que proveer a esta edad de juguetes y niñerías como a la infancia se provee: por algo recaemos en ella.

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La muerte en buena compañía

Estaba buscando material que me hiciera posible hablar con ustedes de la muerte, no sólo como un poeta desesperado sino también como un hombre o mujer de ciencia, digamos (La historia de la ciencia, o el avance del hombre por la senda de lo contraintuitivo).

Antes que nada quiero decir, sin embargo, que los “poetas desesperados” frecuentan a la muerte no por ninguna metafísica sofisticación, sino porque a ellos los “desesperan” cuestiones tales como el amor y lo perecedero, lo que preocupa a todos -poetas y no poetas- desde el insondable principio de los tiempos (La pasión de escribir).

Poetas, filósofos, pensadores, científicos, se han ocupado de gritar con voz fuerte, o de pronunciar con voz normal, o de susurrar apenas, el nombre de la muerte, desde que el mundo es mundo (Las imágenes de la muerte).

Sólo hoy se les pide callar. Mirar para otro lado. Cantar a la vida y fabricarla, o prefabricarla, en alegres y coloridos escritorios o en alegres y coloridas probetas que hacen nacer, permanecer e hivernar para la eternidad, aunque todo esto sea un sueño, o se haga casi en sueños (Entrenando en tanatología, ¿un apoyo de acercamiento a la muerte?).

Las religiones tratan de algo distinto a lo anterior, tienen que ver con otros lugares del alma de la gente; por más que hablen de la muerte pero la oculten con la eternidad, no puedo estar en contra de ellas porque de lo que trato aquí -o de lo que trato de tratar aquí- es de la negación lisa y llana de la muerte en la sociedad actual. De la muerte física, de la muerte concreta (¿Para qué esconderse de la muerte?).

Aunque las guerras y los desequilibrios sociales se lleven hoy a muchas más personas que en la época antigua, cuando la guerra, el hambre y la peste se inventaron, la gente le da vuelta la cara a su enemiga, no la mira a los huecos de los ojos, no ve su calavera en medio de la fiesta (Calinico o de los Opuestos y los Contrarios).

Y estaba en eso de “recoger material” preferentemente de científicos y poetas mientras cantaba en mí, horadándome, el verso de Darío: “Dichoso el árbol que es apenas sensitivo, y más la piedra dura…”, cuando…

Cuando un pequeño libro de tapas azules apareció entre los míos, detrás de algunos de ellos, en la biblioteca. Pertenecía a mi pareja anterior, tenía dedicatoria entrañable de un amigo, y no sé cómo se había deslizado hasta allí, hasta el detrás de mis libros propios que lo contenían en un cálido nido.

¿Es que él, ese librito, también negaba la muerte?.

Lo tomé entre mis manos y lo arrullé al comprobar su autor, pero yo no lo había leído -y ya expliqué que no leo mucho sino que salpico, ¡oh deshonor!

Pero antes de hablar de este descubrimiento mencionaré, por ejemplo, lo que Freud pensaba de nuestra actitud ante la muerte.

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La casa subterránea

Sé que alguien piensa que es pura egolatría (Amores altamente peligrosos) esta costumbre de llevarlos a mis lugares familiares, a mis lugares más amados (Lugares Abandonados), a los lugares donde una persona que soy yo empieza a formarse en corazón y espíritu (El espíritu y el alma, la mente y el cuerpo).

Pero no es mi defensa: no pienso igual. Es lo único que tengo para ofrecerles: mi propia vida (La Vida)

Enciendo -mientras esto escribo- un cigarrillo (No fumar frente al espejo). En la etiqueta hay fotografías de gente enferma por el tabaco y radiografías de pulmones destruidos (Tabaco).

Sigo escribiendo y frente a mí lo que más veo es el cartel que casi abarca todo el reverso de la caja de cigarrillos: FUMAR CAUSA CÁNCER (Emociones).

No, lo que voy a escribir no se refiere a los daños del cigarrillo ni a la necesidad de dejar de fumar, sólo estoy describiendo mi entorno y, tal vez, ese poco de miedo o de angustia que me rodea, que merodea, mientras escribo (Angustia y miedo).

Una vez soñé con cigarrillos, cuando había dejado de fumar:

Iba por un cementerio prendiendo cigarrillos, convidando a los muertos y, por supuesto, soñando; pero la hierba era más verde que la hierba y el cielo más azul y más blanco el blanco de las tumbas, hasta que el mármol se incendió y vi las llamas por detrás de un vidrio, cada ceniza fue ceniza otra vez -como detrás de un vidrio veo, al despertar, menos radiante el cielo.

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